Bueno, este capítulo ya es más interesante, lo prometo. Creo que es uno de mis favoritos (sí, he puesto creo xDDD ). Y eso :D
CAPÍTULO III
-Puff…-era lo primero más o menos coherente que salía de tu boca en todo el día.
Como habías presupuesto, el no dormir (porque no conseguiste dormirte a pesar de tus malogrados y desesperados esfuerzos) hacía que no rindieses bien.
Es más, eras casi incapaz de mantener los ojos abiertos… te pesaban tanto los párpados… Solo una pequeña cabezadita… No sentaría mal a nadie, ¿no?...
-¡Eh, Jones! ¡Qué te sobas!-y algo mojado y asquerosamente blando impacta contra tu cara.
Abres los ojos al instante, medio perdiendo el equilibrio sobre la rueda del carro a la que estabas encaramando para limpiar el techo del mismo.
Enfocas la mirada mientras abres mucho la boca y frunces el ceño. Harry, que se encargaba de limpiar uno de los laterales, se está desternillando de risa. Y cerca de ti, con las cejas casi juntas en el entrecejo y los brazos cruzados, está Tom (el tipo de los hoyuelos que te tiró al suelo el primer día y que calificó tu culo como ''paleto''). Que te mira con cara de pocos amigos. Que te acaba de tirar una esponja empapada al careto.
-¿Sabes? No te pagan para que duermas la mona.-te dice. No sabes si es producto del cansancio o de verdad tus ojos lo ven, pero adviertes una ligera sonrisa en sus labios y un tonillo divertido en su voz.
Como única respuesta gruñes y te secas la cara con la manga de la camisa, poniendo la mueca de asco más convincente que te sale, cosa que no es demasiado difícil.
-¿Qué desea el señor?-preguntas, bajando del carro de un torpe salto. Le miras. Si tuvieses fuerzas para hacerlo, levantarías las cejas, adoptando una actitud burlona. Pero como no las tienes, te conformas con mirarle impaciente.
-Lleva esta caja al salón de baile pequeño. Y ten cuidado; dentro hay cosas frágiles.
Gruñes. La susodicha caja tiene pinta de pesar una tonelada. Pero las órdenes son órdenes, aunque te las dé un secretario con aires de grandeza.
Escuchas el quejumbroso quejido de tu espalda al izar la caja. Después te encaminas por el sendero que comunica la finca de detrás del caserío con el propio, poniendo todo tu cuidado en no tropezar.
Solo una vez dentro de la casa, extendiéndose ante tus narices aquel laberinto de pasillos y habitaciones, reparas en el hecho de que no tienes ni puñetera idea de donde está el salón ese de baile. En concreto, el pequeño. ¿Es que hay más de uno?
Resoplas, apoyando por unos segundos la caja sobre la rodilla, para después echar a andar por el pasillo de tu izquierda.
No sabes cuánto tiempo llevas caminando sin rumbo fijo por la casa. Solo sabes que los brazos te arden, que tu espalda se vengará de este cruel tratamiento y que el salón de baile se está escondiendo de ti. Para colmo de males, no se ve ni un alma por ninguna parte. A riesgo de quedar como un idiota, preferirías preguntar que seguir dando vueltas cual pollo sin cabeza.
Maldices entre dientes palabras malsonantes e improperios que harían ruborizarse hasta al más bruto de los marineros mientras tuerces una esquina. O, al menos, mientras ibas en proceso de hacerlo.
Notas como la caja se despega de tus manos a la par que inicias una caída de culo hacia el suelo, perdido el equilibrio al chocarte (o, mejor dicho, al ser casi arrollado) por la otra persona que en ese mismo instante tomaba la curva simultáneamente.
-Auch…-te quejas, con la vista un poco desenfocada, ya que te has golpeado la cabeza al caer. Escuchas otro ''ay'' cerca. Enfocas y miras a la persona que te ha hecho caer, que tiene medio cuerpo sobre ti. Y se te pasa el dolor de golpe, siendo sustituido por una mezcla de sorpresa, un poco de miedo y bastante escepticismo. ¿Cómo no? No habías más personas en la faz de la Tierra con las que te podrías chocar que con él. Típico de las novelas…¡Mira tú por dónde! Nunca creíste que pudieras llegar a convertirte en un personaje de cuento…
Suspiras inaudiblemente y te dices a ti mismo que, o te lo tomas como una señal del destino, que quiere echarte una mano, o te pondrás a gritar.
Así que haces de tripas corazón, incorporándote sobre los codos, para luego coger a Dougie por los brazos y apartarlo suavemente de ti, ayudándole a incorporarse también.
-¿Estás bien'?-parece un poco ido y está bastante pálido, lo que acentúa las oscuras ojeras que hay bajo sus ojos… y también el arañazo de la mejilla.
Por fin sube la mirada hasta a ti. Si esperabas un ''bien, no te preocupes, ¿y tú?'' o incluso, a lo mejor, un ''lo siento'', ya te vas olvidando al ver como sus ojos medio azules medio grises se van tiñendo de una cortina oscura de odio y desprecio.
-No me toques.-sisea, mirando tus manos rodeando sus brazos como si fueran dos serpientes. Te dan ganas de pegarle. Por maleducado y repelente. Pero te contienes. Y le sueltas.
-Está bien… No me has contestado a la pregunta…-dices, intentando sonar simpático. Y también tratando de olvidar el estropicio de pequeños trozos de cerámica que se ha formado en el suelo al romperse en añicos la vajilla de la caja.
Te mira mientras se sacude un polvo imaginario del chaleco y de la camisa. Después mira nerviosamente hacia atrás, en dirección al pasillo por el que venía corriendo.
-¿Qué pregunta?-te responde, aflojándose el nudo de la corbata y volviendo a mirar el pasillo vacío a su espalda.
Paciencia.
-Si estás bien.
Ahora te vuelve a mirar a ti, clavando sus iris en los tuyos. Azul contra azul. Frunce un poco el ceño y después eleva ligeramente uno de los lados de su labio superior, dejando al descubierto sus pequeños dientes blancos.
-¿A ti qué coño te importa cómo esté o deje de estar?-contesta, tras varios segundos callados.
Abres desmesuradamente los ojos. Vaya con el señorito. A eso se le llama tener un vocabulario de niño rico y lo demás son tonterías.
-¿Có… cómo que a mí qué me importa? ¡Te has chocado conmigo! Solo preguntaba por cortesía…
-Pss…-te interrumpe. Y vuelve a mirar hacia atrás. Y tú no resistes la tentación de preguntar.
-¿Qué miras tanto? No hay nadie…
Fallo. Te das cuenta en cuanto has acabado la pregunta. Desearías poder arrancarte la lengua de un mordisco, por bocazas.
Dougie te mira con los labios apretados. Y una expresión que, para que engañarte a ti mismo, te da miedo.
-¿¡Pero a ti qué te importa mi vida?! ¡Pareces mi sombra!-tiene pinta de ir a soltar algo más, pero se calla de sopetón, llevándose las manos a la boca. Puedes percibir como se ha encogido sobre sí mismo levemente. Sus ojos se mueven de aquí para allá, de nuevo nerviosos y asustados.
-¿Qué te…?-y su mano se ha movido veloz hacia tu boca, ahogando tus protestas.
-Por favor, cállate. Por favor…-habla tan bajito que casi no le escuchas, pero no hace falta: te vuelve a mirar con esa expresión de súplica, muy parecida a la de la noche anterior. Y tú te callas.
Pasan unos instantes eternos en los que parece que el tiempo se ha congelado… aunque lo que de verdad se ha congelado es el ambiente. Hace más frío y, aunque no se hiela tu aliento como sucedió cuando estabas escondido debajo del piano, notas el efecto de la bajada de temperatura en la punta de los dedos y en la nariz.
Por fin quita la mano de tu boca y suspira, claramente aliviado. Y tú ni tienes ni pajorela idea de lo que ha pasado.
-¿Por qué has hecho eso?
-Por nada.
-Hombre, por nada no creo. Por algo lo habrás hecho.
-No, no lo he hecho por nada en especial.
-¿No me lo quieres decir?
-No.
-¿En serio?
-Que no.
-Pues vale.
-Pues muy bien.
Le miras unos segundos y después te echas a reír. Y él te observa como si estuvieras loco perdido. Y tú te ríes más. A lo mejor sí que lo estás. A lo mejor él te ha pegado un poco de su locura.
-¿Te han dicho alguna vez que tienes una risa realmente… realmente hiriente a los oídos?-suelta Dougie. Sin embargo, no te lo dice con ese tono huraño y repelente. Casi se podría decir… que le hace gracia. Te secas las lágrimas de los ojos y le observas bien. Se acaba de pasar la mano por el pelo, como si quisiera lograr que no estuviera despeinado. Y sus labios se han curvado muy, pero que muy imperceptiblemente hacia arriba, dibujando una fugaz sonrisa. Sonrisa que borra de su rostro nada más que repara en que le miras. Pero, tarde, la has visto. Y debes reconocer que es bonita.
-¿Por qué no sonríes más a menudo?-preguntas, aún a riesgo de volver a enfadarle. Pero necesitas saberlo. Necesitas saber qué puede llevar a alguien a vivir de una forma tan triste a propósito.
Aparta la mirada, fijándola en el suelo. Se muerde el labio unos segundos. Parece que está sopesando algo. Sin embargo, crees que ya has ganado un punto a tu favor, que has conseguido penetrar unos centímetros en la coraza de la que se rodea. A fin de cuentas, no te ha gritado ni te ha mirado mal con la pregunta.
-A lo mejor es que no tengo motivos suficientes para sonreír...-musita, muy despacio, a la vez que frunce un poco el ceño y empieza a juguetear con pedazo de cerámica.
Tuerces la cabeza, confundido. Desde luego, no te esperabas esa respuesta. Dudas unos segundos antes de alzar la mano y podarla en su hombro. Parece que se estremece con el contacto, pero no se aparta.
-Siempre hay motivos suficientes para sonreír, Dougie. Aunque parezca que no.-como corroborando tus palabras, esbozas una sonrisa.-Solo hay que saber verlos…
Clank.La coraza se vuelve a cerrar. Casi puedes oírla cerrarse...
Dougie aparta tu mano de su hombro con brusquedad y te vuelve a mirar con rabia y dolor.
-Te he dicho que yo no sé hacer eso. Tal vez es que no me lo merezco, ¿sabes? No sabes nada de mí, así que no pretendas venir y que todo se vuelva de color rosa y saltemos todos felices como perdices. No todos somos tan felices cómo tú. Asi que, hazme un favor, y vete a restregarle a otro tu asquerosa felicidad y tus sonrisas. Y antes te dije que no me tocases.
Antes de que te puedas dar cuenta, se ha levantado y ha salido corriendo por el pasillo, dejándote a solas con tu sorpresa. Y con una ligera culpa. Y, aunque no lo quieras reconocer, también bastante dolido. Porque, pese a que tú no lo expresarías con esas palabras, sí que había nacido en ti la ligera esperanza de ser el que lograse hacerle sonreír.
...
Creíste que dormir esa noche iba a ser coser y cantar. Pero te equivocaste. Tardaste horas en conciliar el sueño. Y, cuando por fin casi lo has conseguido, unos golpes te desvelan.
Medio sumido en el duermevela que habías conseguido, tardas en reaccionar y darte cuenta de que no es ninguna imaginación tuya, que están llamando a la puerta.
Te levantas de un bote apartando la colcha a patadas. En tu carrera por llegar a la puerta, tu rodilla choca con la esquina de la mesita. Maldices a todo bicho viviente. Ya se puede estar muriendo alguien, que sino te vas a cargar al que ha interrumpido tu sueño (o, al menos, tu casisueño).
Abres la puerta, furibundo. Y por segunda vez vuelven a metamorfosearse tus emociones. ¿Por qué siempre te pasa?
-¿Me ayudarías?-pregunta Dougie, mirándote suplicante unos segundos, para bajar después la mirada hacia el suelo. A pesar de que está todo oscuro, notas como sus mejillas están teñidas de un suave tono rosáceo.
-¿Qué?-preguntas, todavía lento de reflejos. Cada vez crees más a menudo que todo lo que vives debería pertenecer a un sueño…
-Qué… qué si me ayudarías. Dijiste que hay que saber ver los motivos para sonreír.-se abraza a sí mismo, temblando. Vuelve a llevar ese pijama azul y vuelve a ir descalzo. Tragas saliva, mientras él hace un esfuerzo por continuar. Aparta los ojos de las puntas de sus pies y los clava en los tuyos.-Danny… ¿estarías… estarías dispuesto a enseñarme a ver esos momentos? Por favor… Yo…-su voz suena por unos momentos rota. Escuchas como coge aire. Después se pasa el dorso de la mano por los ojos, como si estuviera secándose alguna lágrima indiscreta. Y vuelve a mirarte. No te habías percatado hasta ese momento, pero te gustan sus ojos. Es decir, cuando te miran de verdad, no cuando se disfrazan de esa máscara de odio y desprecio.
Por fin, parece que reúne la fuerza necesaria para decirte lo que ha venido a pedirte.
-Danny, por favor, ¿podrías enseñarme a ser feliz?
Adoro los comentarios, ¿sabéis? xDDD :D
