Vale, no sé cómo sonará esto, pero se me había olvidado colgar -.-'''' En fin, como recompensa (y si me acuerdo), hoy subo el capítulo 4 y puede que en un par de días el 5 :D En este capítulo ya se revela parte del misterio, aunque aviso: es MUY rarillo xDDD Pero no podía ser de otra forma viniendo de mí 8)
CAPÍTULO IV
-Oh, venga, ¿no me lo vas a contar?
-No. Ya te he dicho que todavía no estoy preparado para decírtelo.
-Pero, ¿por qué?
-Mira que llegas a resultar cansino, Jones…
-Es que no lo entiendo. Primero me pides que te ayude pero después no me quieres contar el motivo por el que estás tan asustado y te comportas así y bla bla bla…
-Oh, gracias por despreciar así mi problema. Ese bla bla bla es la mejor forma de definirlo, sí.
Ale. Ya se ofendió. Suspiras y dejas de cepillar al caballo. Te vuelves para encontrarte a un enfurruñado Dougie que, con los brazos cruzados fuertemente en el pecho, observa bajo un profundo ceño fruncido y un ligero puchero en sus labios algún punto perdido del establo.
-Venga, no te enfades. No lo he dicho despreciándolo. Solo es… una forma de hacer un resumen.-vale, lo estás empeorando. Pero que mucho. Porque Dougie te acaba de lanzar una mirada de esas que podrían matar. Si a veces estás mejor calladito…
Hacía apenas una semana desde la noche en la que había ido a tu habitación a pedirte ayuda para ser feliz. Tras sobreponerte a la sorpresa inicial, habías aceptado a hacer lo que pudieses. ¿Cómo ibas a decirle que no? Parecía tan desesperado que te parecía muy cruel no intentarlo al menos.
Pero estaba resultando más difícil de lo que creíste. Dougie era reacio a contarte todo lo que le pasaba, lo cual alegabas que necesitabas saber para ayudarle. Te había contado cosas, sí, pero no… "el verdadero motivo", como tú lo llamabas. Aunque, bueno, debías reconocer que algo era algo.
Además, era bastante complicado tratar con él. Se ofendía con facilidad y tú eras un bocazas, que primero hablas y después piensas en las consecuencias. Y cuando él se ofendía, bien podía lanzarte miraditas como la de hacía un momento o decirte cosas realmente feas o poner cara de estar a punto de romper a llorar. Esa era la que más odiabas. Te hacía sentir tremendamente culpable e idiota. Y también te entraban unas ganas tremendas de abrazarlo y pedirle perdón arrastrándote cual lombriz. Cosa, que obviamente, no hacías. ¿Qué pensaría de ti si le dabas así, de buenas a primeras, un abrazo?
-¿Sabes? Odio las fiestas.-Dougie por fin rompe el silencio que se había establecido entre los dos (ya que en el establo no se podía decir que reinara precisamente el silencio, con tantas personas y animales yendo de un lado para otro). Le miras por el rabillo del ojo, fingiendo estar concentrado en tu trabajo.- Son horrorosas. Solo hay que personas que fingen cosas que no sienten y que presumen de otras que no tienen ningún valor, comportándose todos igual. No sé por qué mis padres tienen que organizar esta maldita fiesta. Saben que las aborrezco. Los odio…
Giras sobre los talones y le miras, colocando las manos en la cintura. Niegas con la cabeza y le lanzas una mirada reprobatoria.
-¿Qué te he dicho de eso de odiar a las personas? Además, no puedes odiar a tus padres. Son… eso, tus padres.
Empieza a juguetear con un hilo que se ha soltado de su impoluta camisa blanca. Hace como si no te oyera.
-Aj, a veces eres imposible, enano.-pones los ojos en blanco y vuelves a concentrarte en terminar de cepillar al caballo.
La susodicha fiesta se iba a celebrar la semana próxima, pero los Poynter querían que los preparativos estuviesen ya puestos en marcha. Y también querían que todo, absolutamente todo estuviese perfecto. Por eso estabas tú allí, peinando a un animal como si fuera una princesa.
-Pues a mí sí que me gustan las fiestas.-estaba claro que a ninguno de los dos os gustaba estar en silencio.-Son coloridas y te lo puedes pasar en grande. Mira que en mi pueblo no es que haya grandes fiestas, pero siempre estaba deseando que llegaran. Y tengo ganas de saber cómo se lo montan los ricachones.
Sonríes y vuelves a mirar a Dougie de reojo, esperando que se pique y te conteste. Pero él permanece callado, pálido y moviéndose nervioso el nudo del pañuelo rojo que lleva al cuello.
Decides dejar de acicalar el bicho aquel y te acercas al montón de paja donde está sentado. Te dejas caer a su lado.
-¿Voy a tener que utilizar mis poderes de brujo adivino para saber qué te pasa o me lo vas a poner más fácil y me lo vas a decir?-susurras, clavando tus ojos azules en él, como si quisieras y pudieras ver su interior.
Él duda. Le miras. Y te mira. Y se pone nervioso. Y acaba levantándose de un salto, murmurando un rápido "tengo que irme, perdona", para después salir casi corriendo.
Y tú te vuelves a quedar plantado, sin comprender nada. ¿Qué es lo que haces mal? ¿Por qué justo cuando parece que logras arañar la dura coraza de la que Dougie se rodea, él se cierra y no te deja entrar?
Supones que esas son más respuestas de las que te está permitido saber…
...
-Entonces, ¿no sabes dónde puede estar?
-No, lo siento, rizos. ¿Le has preguntado a Tom? Él siempre anda detrás de él…
Gruñes y le das una patada a una piedra. Harry te observa con curiosidad. Estás seguro de que se muere de ganas de saber qué es lo que pasa entre Dougie y tú.
-Según le pregunté me mandó a hacer no sé cuántas cosas. Está estresado con esto de la fiesta. Debería relajarse. O le dará un yuyu.
Se ríe y después te da unas palmaditas en el brazo.
-Ya se le pasará. Ya sabes cómo es…
Le miras bizqueando un poco.
-¿A quién? ¿A Tom o a Do… al ''señorito Poynter''?-ruedas los ojos. Se supone que tienes que tratar a tus jefes por señor y demás, que es lo más educado y correcto. Pero te sientes incapaz de no sonar sarcástico llamando ''señor''(o su variante diminutiva) a un mocoso más joven que tú.
Harry frunce el ceño.
-Umm… ¿A los dos?
Curvas un poco los labios hacia arriba, en una pequeña sonrisa. Luego te estiras y te vuelves a dejar caer sobre uno de los montones de paja del establo. Hace rato que la gente lo ha desalojado, para irse a ocupar de otras tareas antes de la hora de hacer la cena. Solo quedan un par de personas al fondo y vosotros dos.
Miras afuera, apoyando los codos sobre la paja, ligeramente echado hacia atrás.
-Si no es indiscreción por mi parte,-ya el tonillo con el que lo dice suena a indiscreción…-¿Por qué tanto interés en el chico? Quiero decir… hace nada parecía que lo odiabas con toda tu alma…
-Eh, que yo no odio a la gente…
-… y ahora se te ve todo preocupado porque no sabes dónde se ha metido. Además, pasas mucho tiempo con él. Me refiero, más que los demás (a excepción de su especie de niñera con hoyuelos). ¿Puedo saber la razón? Me corroe la curiosidad, rizos…
Frunces el ceño. Estás por mandarlo a paseo, por decirle que se metiera en sus asuntos y que era un cotilla. Pero esa contestación sería impropia de ti, que siempre eres simpático con todos. Sería una contestación… muy a lo Dougie.
-Pues… No sé. Tal vez es que le juzgué antes de conocerlo. No es tan repelente como quiere aparentar, ¿sabes? Creo que solo tiene un poco de miedo a las personas y a que le hagan daño. Y también creo que necesita un amigo. Todos necesitamos un amigo… ¿no?
Él te mira enarcando las cejas y con una media sonrisa. Quieres preguntarle a qué viene esa cara de guasa, pero su…
-A lo mejor está rondando por la zona del estanque. ¿Has mirado allí?
…pasa a ocupar un lugar de mayor importancia en tu jerarquía de atenciones.
Haces un esfuerzo por mantener la compostura y no ir corriendo a mirar y le dedicas una sonrisa a Harry.
-Pues no. Pero voy a ver…
Te das la vuelta, pero antes de que empieces a andar, te vuelve a llamar.
-Ey, Danny. Está bien que quieras ser su amigo y protegerle para que no sufra. Pero ten cuidado. No vaya a ser que el que salga malparado seas tú.
...
El estanque. Qué lugar más raro al que ir… Aunque bueno, si uno tiene un lago en miniatura con peñascos incluidos casi, casi en el jardín, sería normal que te pasases de vez en cuando por allí…
Por el camino (o más bien medio carrera), no has dejado de pensar en las palabras de Harry. ¿Por qué tuvo que ponerse filosófico? ¿No podía hacer una broma y ya está? Cómo le gustaba a la gente decir cosas transcendentales…
Llegas al estanque. No recuerdas haber estado antes por ahí. El pequeño caminito de tierra sigue entre la hierba hasta una pequeña orilla de piedras. Después, tuerce a la derecha y conduce a una pradera más elevada, desde la que nace un peñasco, debajo del cual hay un montón de piedras entre las que se cuela el agua… Y justo en el borde de ese peñasco ves su delgada y pequeña figura.
Si no fuera porqué es imposible, dirías que subiste volando hasta donde estaba Dougie para apartarlo de un tirón del borde.
Con la inercia y el extraño giro que haces para que no se intente escapar, caéis al suelo, uno sobre el otro. O mejor, tú sobre él, que suelta un ahogado quejido y vacía de golpe el aire de sus pulmones.
-¡¿Pe-pero se puede saber qué puñetas ibas a hacer?!-exclamas, abriendo mucho los ojos e incorporándote un poco, lo justo para poder mirar a Dougie a los ojos pero que no se pudiera levantar por si acaso le volvían a dar un ataque suicida.- ¿¡Por qué demonios te ibas a tirar?! ¡Si no llego …
-No me iba a tirar.
-… a pasar yo por aquí!...- callas y frunces un poco el ceño, sin apartar la mirada de los ojos de él. Crees haber oído mal.- ¿Qué?
-Que no me iba a tirar. Antes me he quitado el pañuelo del cuello y lo he perdido. Creí que a lo mejor se lo había llevado el viento hacia las piedras de debajo del peñasco. Pero no está ahí. No… no iba a tirarme.
Bajas unos centímetros los ojos, hasta su cuello. Y, efectivamente, luce descubierto, sin rastro alguno de ese pañuelo rojo. Para tu vergüenza. Tu gran vergüenza.
-Oh, mierda… Yo… Creí que tú…-balbuceas, notando como se te suben los colores. Deseas que se abra un agujero en el suelo y te trague. Y que no te deje salir nunca jamás de los jamases.
Sigues farfullando excusas, hasta que el…
-Me estás aplastando, idiota.
…hace que cierres la boca y te percates que sigues sobre Dougie. Te apresuras a quitarte de encima, maldiciendo interiormente la tardanza de ese agujero.
-Aaay…-suspira él, llevándose la mano a la espalda, mientras se pone de lado.
-¿Te… te he hecho daño?-preguntas con voz preocupada, extendiendo las manos en su dirección.
Te lanza una mirada de reojo de ''No, me has hecho cosquillas. ¿A ti qué te parece?'' que te hace sentir más bobo y susurras un ''perdón'' flojito.
-Puff… Me has roto algo, fijo. Ay, qué no puedo moverme… Pero, ¿tú cuánto pesas? Mi espalda…
-Venga, no seas tan quejica. Que no ha sido para tanto.-sus quejas te hacen sentir tremendamente culpable. Apoyas la mano en su costado, con la idea de intentar arreglar la que has armado.-A ver, déjame ver… Seguro que no es nada. Te habrás clavado alguna piedrecita y por eso te duele tanto…-dices, más para librarte del sentimiento de culpa que por qué lo creas de verdad. Él balbucea unas súplicasy unos ''no, qué ya se me ha pasado'' e intenta librarse de tu mano, pero cómo no tiene gran amplitud de movimientos debido al dolor, consigues levantarle el borde de la camisa para dejar al descubierto una pequeña porción de su espalda, dónde dice que le duele. Y te encuentras con un morado del tamaño de un puño.
Y lo único coherente que se te ocurre decir es un:
-Yo eso no te lo he hecho.
Y después un:
-En serio, yo no he sido.
Y ya por último un:
-¿Quién te ha hecho eso, Dougie?
Aparta la mirada y se muerde nerviosamente el labio.
-No… no te lo puedo decir.-susurra muy bajito, tras unos segundos eternos callado.
Frunces el ceño y aprietas los labios.
-¿Por qué no?
Se limita a negar con la cabeza, a la par que sus ojos se humedecen.
-Dímelo. Venga. ¿Somos amigos o no? Los buenos amigos no tienen esta clase de secretos. ¿No confías en mí?-se queda en silencio. Y sientes un pinchazo en el pecho. Pero no quieres darte por vencido. No puedes darte por vencido. Así que extiendes la mano y le apartas el pelo de la cara con dulzura.-Solo quiero ayudarte, Dougie. Eres mi amigo, aunque tú no quieras ser el mío. No sé por qué motivo me ha empezado a importar lo que te pase ni por qué me preocupa tu bienestar, pero, ¿sabes? Me es indiferente. Por favor. Viniste a pedirme ayuda. Déjame ayudarte a ser feliz…
Se muerde con más fuerza el labio. Notas como tiembla un poco. Le miras a los ojos y percibes que se lo está pensando. Que está decidiendo si puede contarte lo que le pasa o no. Intentas decirle en silencio todo lo que no te sale con las palabras. Porque aunque hablas mucho y a todas horas y seas un bocazas, lo cierto es que nunca se te ha dado bien comunicarte. Comunicarte de verdad.
-Es que… Vas a creer que estoy loco… No quiero que pienses eso de mí… No tú…
Te encoges de hombros y sonríes solo un poco, lo suficiente para darle confianza.
-Prueba. A lo mejor te sorprendes. Además, ¿por qué tendría que pensar que estás loco?
Y vuelve a dudar. Y te vuelve a mirar. Y vuelves a sentir ese pinchazo en el pecho. Porque quieres que te lo cuente. Estás empezando a pensar que más bien, necesitas que te lo cuente.
-Son… ellos.-reprimes un suspiro de alivio, porque aunque no has entendido la respuesta, sabes que es un paso de gigante.
-¿Ellos? ¿Quiénes?
Te observa con los ojos entrecerrados. Ves como su nuez se mueve al tragar saliva nerviosamente.
-No… No lo sé. Quiero decir, que no sé quienes eran. Solo que cuando… cuando se dan cuenta de que les veo, quieren que les ayude. Bueno, solo algunos. Otros simplemente me hacen daño. Están furiosos y lo pagan conmigo. Intento ignorarlos, pero a veces es imposible y se dan cuenta de que puedo verlos y oírlos y…
-Espera, espera, para el carro.-interrumpes, atónito. Deseas que tu razón te engañe y estés entendiendo lo que no es.- ¿Qué… qué estás queriendo decir?
Rueda los ojos, para después volver a mirarte con el ceño fruncido. Pero su actitud de enanito gruñón no te engaña. Porque sigues viendo lo asustado que está.
-Jones, mira que a veces eres corto de entendederas. ¿Tan difícil es de entender? Lo que quiero decir es que veo fantasmas. Joder, no era tan complicado…
Tararí, qué te vi :D ¡Gracias por leer!
