Personalmente este es mi capítulo favorito. Ya veréis porque 8) ¿No queríais Pones? Ahí vais a tener Pones xDD ... pero un poquito solo e.e
CAPÍTULO V
La melodía del piano resuena por toda la habitación, suave y rápida. No sabes qué te embelesa más, si las notas melodiosas o la rapidez con la que se mueven los dedos de Dougie sobre las teclas. Consigues apartar unos segundos los ojos de sus manos y los diriges a su cara. Tiene el ceño ligeramente fruncido, en una expresión concentrada. Un mechón de cabello se le ha caído sobre la frente, pero no parece molestarle. Contienes una carcajada al percatarte de que la punta de la lengua asoma entre sus labios, lo que le da un mayor aspecto ya de por sí infantil.
Parece que nota tu mirada sobre él, porque tuerce un poco la cabeza, lo justo para poder observarte de reojo. Las comisuras de sus labios se tuercen hacia arriba en una sonrisa. Se la devuelves, incapaz de no sentir una pequeña presión en la garganta y en la base del estómago.
Sabes porqué sonríe. Se siente a salvo a tu lado. Ahora tiene a alguien que conoce lo que le pasa y que le cree, no como sus padres (porque se lo había contado a sus padres hacía ya años, pero prefirieron creer que su hijo estaba loco y que era antisocial antes de ni quisiera plantearse la posibilidad de que de verdad viera fantasmas). Se podría decir que ahora sí que tiene un amigo de verdad.
Tragas saliva, intentando bajar el tremendo nudo de culpabilidad que se ha formado. Porque lo cierto es que le has dicho que crees su historia. Pero la verdad es que no lo haces. Pensaste en aquel día en el peñasco que lo mejor para ayudarlo era fingir que creías en él. Que después podrías hacer que dejara de comportarse de esa forma. Pero en realidad está confiando en alguien que piensa como sus padres, como todos los médicos, curanderos y demás personajes siniestros al que le habían enviado a lo largo de su vida.
No sabes cuánto más podrás aguantar. Porque cada segundo, cada sonrisa que te regala, cada mirada, cada secreto que te cuenta, se amontonan en tu conciencia como si fueran losas. Y no eres tan fuerte como para cargar con ese tipo de peso tanto tiempo.
-¿Jones? ¡¿Jones?! ¿Dónde te habías metid…?-Tom entra hecho una furia en sala de música. Sin embargo, se calla en cuanto se da cuenta de que no estás solo. O, mejor dicho, qué tú estás con él.- ¡Señorito Poynter!-dice, haciendo un gracioso amago de reverencia. La risa se te corta cuando te enfoca y te mira de esa forma que te hace sentir tan… vago.-Perdone si este individuo-te muerdes el labio conteniendo otra sonrisa. ¿Individuo? Te han insultado muchas veces, pero nunca te han llamado "individuo".-le ha molestado. Debería estar trabajando, pero ya ve que es un holgazán redomado. Hace ya un cuarto de hora que tendría que haberse puesto con Judd en marcha hacía la ciudad para recoger los últimos preparativos, pero…
-¿Van a la ciudad? ¿Puedo ir?-crees que si Dougie hubiera dicho alguna otra cosa como que quería correr desnudo por el jardín (o que veía fantasmas…), a Tom no se le hubiera abierto tanto la boca ni se hubiera quedado… ¿cómo era esa palabra rara…? Ni se hubiera quedado tan ojiplático.
-Pe-pero…
-Por favor.-Dougie se levanta de un salto del taburete del piano y agarra la manga de la chaqueta del hoyuelos.
Y, obviamente, nadie con corazón podía resistirse a la carita que le puso.
En menos de media hora, ya estáis en marcha los cuatro (Tom no se fiaba de vosotros a la hora de "proteger la integridad" de Dougie, así que se había empeñado en acompañaros, a pesar de la cantidad ingente de trabajo que le quedaba por hacer).
-Tengo que reconocer, rizos, que no lo has hecho nada mal… Nunca había visto al crío tan… normal.-Harry se pone a tu lado, habla en susurros, aprovechando que Dougie está un poco más adelante, concentrado en colocarse la graciosa gorra gris que le ha dado por llevar y no caer del caballo en el proceso.
Haces una mueca, mientras te acomodas sobre la silla. Lejos de ser un halago, las palabras de Harry solo hacen que sumirte más y más en tu culpabilidad.
Notas que él espera una respuesta, así que te limitas a encogerte de hombros y soltar un gruñido poco convincente. No te hace preguntas al respecto, pero sabes que sabe que algo va mal. Es demasiado suspicaz para no darse cuenta…
La ciudad es un bullicio de gente. Como el día que llegaste, incluso más. Y, cómo ese mismo día, te vuelves a alterar.
-Ey, venga. No pasa nada.-Dougie te da un suave codazo en las costillas mientras hacéis fintas y maniobras imposibles para no llevaros a la gente que se os cruza por delante. Le miras. Y él esboza una pequeña sonrisa. Y vuelves a sentir la presión. ¿Mariposas en el estómago? No, se asemeja más bien a un tremendo puñetazo.
Pronto entiendes el porqué de tantas personas; ese día hay mercado. Los puestos están colocados en los bordes de la carretera, dejando apenas unos metros entre ellos para que camine la multitud. Termináis dejando los caballos atados en unos postes (con la esperanza de que ningún aprovechado se los lleve), ya que resulta imposible avanzar con ellos.
-Oh, Dios. Hay demasiada gente. ¡Esto es estresante!-bufas, harto de los pisotones y los empujones. Hasta jurarías que alguien te ha tocado el culo. Y sin ser un roce piadoso o accidental…
-La verdad… es que sí.-Dougie se agarra a tu brazo, mirando con ojos nerviosos a su alrededor.
-Deberíamos esperar un rato a que pase la multitud.-propuso (muy inteligentemente) Harry, señalando un pequeño hueco que daba a una plazoleta en la que parecía que se descongestionaba un poco el gentío. Os movéis casi a contra corriente, atravesando la calle, pero lográis por fin llegar a la plazoleta.
Suspiras, claramente aliviado.
-Mejor, mucho mejor, sí, señor.-esbozas una sonrisa y tu mirada se va casi inconscientemente hacia Dougie. Y la sonrisa se te borra. Está terriblemente pálido, con los ojos desorbitados y el labio temblando. Pero qué… Sigues el rumbo de sus ojos, para ver qué es lo que tanto le ha trastocado. Y ves que están fijos en una estructura de madera no muy alta, con dos postes a cada lado y una viga transversal… Un antiguo patíbulo.
Vuelves a mirarle con el ceño fruncido, sin comprender. Pero tus ojos solo encuentran la nada.
Tardas en reaccionar. Los tres tardáis en reaccionar. Y cuando os queréis dar cuenta Dougie ha desaparecido entre el gentío.
-Mierda…-oyes maldecir a Tom, mientras echa a correr, en pos de la silueta de Dougie. Acción que en seguida os apresuráis a imitar, pero, a parte del hecho de que Dougie es bastante pequeño y se escabulle con relativa facilidad entre las personas, corre a un velocidad difícil de igualar.
Miras a tu alrededor. En tu carrera has perdido de vista a Harry y a Tom. Genial.
Un hombre con sombrero de copa te da un empujón y tú trastabillas. Por poco besas el suelo, pero conseguiste recuperar el equilibrio en el último momento. Aunque te ha parecido ver…
Pasas a través de dos puestos para acabar en una estrecha callejuela entre dos edificios que conduce hasta un callejón sin salida. Y allí, doblado a la mitad y echando hasta la primera papilla, está Dougie. No te habías confundido cuando habías visto una mata de pelo rubio corretear hacia el callejón…
-Ey…-susurras, acercándote. Apoyas una mano en su hombro y te agachas un poco para poder verle la cara. Surcos húmedos recorren sus mejillas allí donde han pasado las lágrimas.
Sacas un pañuelo de tela que tenías guardado en el pantalón y se lo ofreces. Tras cogerlo con dedos temblorosos, se limpia los labios y la cara, para después incorporarse lentamente. Tu mano sigue en su hombro. Jurarías que sus ojos se han tornado de un azul grisáceo más oscuro y más brillante. Se muerde el labio inferior e, involuntariamente, le imitas. No se ve a nadie por ahí…
De repente, Dougie suelta un lastimero suspiro y da un veloz paso para abrazarte. Abrazarte muy fuerte. Pasa los brazos por debajo de los tuyos y rodea tu pecho, para después casi clavar los dedos en tu espalda, al cerrar las manos en dos fuertes puños. Apoya la mejilla en tu hombro, su pequeña nariz escondida en el hueco de tu cuello. Pestañea rápido un par de veces, haciéndote cosquillas. En seguida notas la humedad de sus lágrimas impregnando tu camisa y tu piel.
Dudas. Se aferra a ti como si fueras lo único que quedase sobre la faz de la Tierra. Acabas venciendo tu vacile y rodeas torpemente sus convulsos hombros, a la vez que acaricias la base de su cuello. No quieres preguntarle la razón de su precipitada huida, ni porqué se ha puesto así, pero no hace falta, porque él mismo te lo empieza a explicar entre balbuceos.
-Lo-los he visto… Estaban colgando por el cuello… Algunos tenían la cara… los pájaros…-vuelve a sollozar y después sigue tras unos segundos.-Danny, me miraban. Me miraban con los ojos ensangrentados y la piel amoratada y agujereada… Empezaron a gritarme… querían que los bajase de allí… Pero yo… Solo he bajado la guardia un segundo, no tenían que haberse percatado de que podía verlos… -y empieza a llorar otra vez desconsoladamente. Y tú no sabes hacer otra cosa que seguir abrazándolo, deslizando tus dedos sobre su cuello con la intención de calmarlo. Notas su corazón latiendo con fuerza contra tu pecho… ¿O es tu propio corazón el que golpea en tu pecho tan desbocadamente, tan acelerado? Tan culpable.
...
Odias las pajaritas.
-Odio las pajaritas.-gruñes, tirando de la susodicha. Y también odias los trajes. Oh, sí, los odias un montón.
Pero como sirviente de los Poynter debes llevar las dos cosas. Un traje blanco y pajarita roja. Para que los invitados os distingan.
-Venga, no es para tanto. Además, estás muy guapo.
Diriges tu mejor mirada asesina a Tom, que también va vestido con la parafernalia necesaria. Bufas, mientras observas a la cantidad de personas que ocupan la casa de los Poynter. Serán las diez y pico (casi once) de la noche, pero la gente no deja de llegar, y llegar. Matrimonios solos, con críos; señoras, señoritas, señores, caballeros… Eso sí, todos de lo más arreglados. Y, por supuesto, todos nobles.
Divisas desde tu puesto cerca de las escaleras a los anfitriones. El señor Poynter lleva un chaqué y un monóculo, mientras que su frágil mujer porta un traje color verde, que destaca su blanca piel y su cabello rubio. Y, en medio de los dos, con aspecto de lo más huraño, está Dougie. Tiene el pelo peinado hacia atrás y ha prescindido de la chaqueta, sustituyéndola por un elegante chaleco azul grisáceo, a juego con sus ojos.
Ojos que parecen intuir los tuyos y se despegan del suelo para clavarse en tus pupilas. Y parece que en ellos hay escrito algo, una idea que crees captar. Sonríes. Es increíble, pero parece que has desarrollado una especie de lenguaje sin palabras con Dougie.
Te escabulles y te diriges a la parte de atrás de la casa, a fuera. Por allí no hay casi nadie. Hace ya bastante fresco para estar al aire libre. A fin de cuentas, estáis en octubre.
Estabas en lo cierto. En menos de quince minutos aparece Dougie por la puerta trasera. Le silbas para que se percate de tu presencia, ya que te has apartado hacia una de las esquinas más escondidas.
-¿Te he dicho alguna vez que odio las fiestas?-es lo primero que dice, soltando un suspiro. Después te sonríe. Y mira la botella que tienes en la mano con una ceja levantada.- ¿La has robado?
Tuerces las comisuras de los labios en una sonrisa más que pícara, para después dar un trago a la botella de whisky que has cogido de la despensa.
-No… Se podría decir que la he tomado prestada…-le guiñas un ojo (jurarías que se ha sonrojado, pero no logras verlo bien debido a la escasa iluminación) y después le tiendes la botella. Te mira, indeciso.
-Yo nunca he…-calla.-Bah, qué demonios….- y acaba cogiendo la botella, la cual lleva a los labios y da un tremendo trago, que le hace toser.
-Pero ¿tú estás tonto?-le dices, mientras ríes (no lo puedes evitar, debe ser que el alcohol ya ha empezado a hacer efecto en ti) y le das unas palmadas en la espalda.-Esto tiene que ser poco a poco… Las cosas lentas se disfrutan mejor, créeme…
Lento o no, una hora después os habéis trincado la botella entera y ya estáis con la segunda, que habéis ''tomado prestada'' de una bandeja olvidada en una de las salas utilizadas por los invitados y camareros.
-Mira, mira, miraaaaaa.-Dougie alarga la última ''a'' unos cuantos segundos, a la vez que tira de tu brazo.
Habéis subido a la planta de arriba del todo, donde sí que no hay nadie. Lleváis un rato vagando por las habitaciones, riéndoos a más no poder. Es más que obvio que el alcohol os ha puesto contentillos. Quizás incluso un poco demasiado…
-Pero, ¿qué haces?-preguntas, bizqueando, viendo como Dougie se sube de un salto a una gran mesa, cosa que le cuesta casi una buena caída. Por suerte, logra estabilizarse en el último momento. Aunque a ti te ha hecho tanta gracia que empiezas a desternillarte.
-Uuuuuuuuuuh. Que bajito se ve todo desde aquí… ¡hip!-dice, formando con la boca un perfecto círculo para ser interrumpido por el hipido.
-Dougie, por subirte a una mesa no te creas que vas a dejar de siendo un enanito…
Te mira desde arriba, entrecerrando los ojos. Y tú tienes otro ataque de risa.
-Pu-pu-pues ahora me quedo la botella para mí so-li-to.-agarra la botella fuertemente contra su pecho, como si fuera el mayor tesoro del mundo, y echa a correr (aunque a aquello no puede llamársele estrictamente correr, sino más bien avanzar a trompicones a una velocidad más o menos acelerada) por la larga mesa, para bajarse después de un saltito soltando un gracioso ''¡Weeepa!'' Sale de la habitación. Y se lleva la botella. Y tú le persigues entre risas. Y acabáis en una de las habitaciones para invitados, de esas que no se utilizan.
Dougie tropieza con la pata de la cama y se medio estampa contra la pared. Lo acorralas. Ahora sí que no tiene escapatoria, a un lado la cama y al otro un gran armario. Se pega contra la pared, intentando contener la risa.
-¿Que qué?-preguntas, acercándote. Intentas poner una expresión amenazadora, pero no te ha debido salir muy bien porque él suelta una risita. Avanzas lo que queda entre vosotros de golpe, con la intención de cogerlo desprevenido y hacerle cosquillas. Se retuerce bajo tus dedos, a la vez que ríe. Ríe muy alto. Y a ti te encanta. Te encanta la melodía que forman vuestras risas unidas, la forma en la que se lleva la botella a los labios para después ofrecértela con una ceja levantada y una sonrisa cómplice, la manera de brillar de la boquilla debido a su saliva, la fugaz idea de que esta se mezcla con la tuya al aceptar la oferta. La forma en la que te está mirando ahora mismo. Y después sus brazos rodean tu pecho, por debajo de la chaqueta del traje. Y apoya la cabeza en tu hombro. Abrazándote. Como en el callejón.
Sientes un pinchazo al recordarlo. No has querido volver a pensar en aquello. Ni en la desesperación y el miedo que había en la voz de Dougie. Ni tampoco en el hecho de que sigues engañándolo. Te has llegado a plantear la idea de que quizás es cierto, que a lo mejor sí que ve fantasmas. Pero en seguida la has desechado. No. La gente no ve fantasmas. Solo los locos afirman ese tipo de cosas. Pero no quieres, no puedes aceptar que Dougie sea un loco. No tu Dougie…
-¿Sabes una cosita, Danny?-pregunta él con vocecilla infantil, frotando su nariz contra el hueco entre tu cuello y tu hombro. Te estremeces.
-No, no la sé… Pero seguro que me la vas a contar…
Te golpea suavemente en la espalda.
-Idiota... ¿Y si ahora me niego a contártela?
-Umm…-finges dudar. Luego bajas la vista, para encontrarte con sus ojos. Sonríes.-Pues entonces es posible que vuelva a llamar a mis amigas las cosquillas…
-Vale, vale, vale. No hace falta que las llames… Lo que te iba a decir es que… bueno…-vacila y aparta unos segundos los ojos de ti.-Lo que te quería decir es que te agradezco mucho lo del… lo del otro día. Ya sabes. Si no llegas a estar allí, no sé si lo habría soportado más…-abres la boca para decirle que no tiene por qué darte las gracias, pero te interrumpe.- ¿Sabes? Me gustó mucho la forma en la que me abrazaste… abrazas. Me hace sentir bien. A salvo.
Tragas saliva. Vuelves a notar el nudo en la garganta y la presión en la boca del estómago. Culpable.
-Doug, yo…-pero vuelve a interrumpirte. Aunque esta vez no utiliza palabras. Simplemente se echa hacia atrás, con una sonrisa torcida dibujada en los labios y esa mirada que te corta la respiración.
-Dime una cosa, Danny… -su dedo se desliza por tu espalda hasta llegar a tu pecho. Te muerdes el labio.- ¿Te gusta eso de recibir órdenes? ¿O prefieres… llevar el mando? Dime, ¿qué eres?
La pregunta te desconcierta y te hace sonrojar, debido al doble significado que le encuentras. Pero cedes a la tentación. Te unes al juego de Dougie. Porque sabes que no hay cosa que más desees que jugar a su juego…
-Umm… Ya sabes que no se me da muy bien eso de cumplir las órdenes…-pasas la lengua por tus labios, mientras apoyas un brazo en la pared, junto a la cabeza de él.- ¿Y tú, enano? ¿Qué eres?
Se muerde el labio. Notas como se acelera su respiración. Y también notas cómo late tu corazón, fuerte y rápido, en tu pecho. Esperando la respuesta.
-Yo…-suspira contra ti. No te habías percatado de que os habíais acercado tanto. Solo unos centímetros separan vuestras caras… Una distancia demasiado grande… Los ojos de Dougie desde cerca te hipnotizan. Así que bajas la mirada. A sus labios. Sus labios entreabiertos y tremendamente tentadores. Más aún cuando pronuncian en un susurro la respuesta a su propia pregunta.-Yo seré lo que tú quieras que sea, Danny…
Un parpadeo. Y sus labios están sobre los tuyos. Suaves, calientes y deseosos aunque tímidos. Casi pidiendo permiso. Y eres incapaz de denegárselo. Completamente incapaz de decir que no, de apartarte, de parar el beso que se va tornando cada vez más y más pasional. Incapaz de no buscar con desesperación su piel debajo de la camisa, al mismo tiempo que no puedes evitar estremecerte y temblar cuando pasa sus manos por debajo de la tuya, cuando oyes como suspira por ti, por la forma en la que lo tocas. Imposible no empezar a deshacerte de su ropa para después empujarlo sobre la cama. Porque no es que necesites más. Es que lo necesitas todo.
Simplemente, no eres capaz de resistirte a Dougie. Por mucho dolor que te hubiera ahorrado en el futuro. Aunque en el fondo sabes que, a pesar de todo, no cambiarías ni un solo segundo vivido a su lado por nada del mundo.
Pim, pam, toma lacasitos. ¡Gracias por leer y comentar! *hace la croqueta*
