Gracias a todos por leer! :D
CAPÍTULO VI~Dougie's POV
En una nube. Estás en una nube. Te sorprendes continuamente sonriendo sin motivo aparente, tienes ganas de hacer miles de cosas, todo te parece brillante y lleno de oportunidades. Oportunidades con él.
Bajas a saltitos las escaleras. Es por la mañana, ni siquiera has desayunado y ya vas a buscarlo. Casi has terminado de vestirte en el pasillo. A lo mejor te estás pasando…
Ha pasado algo menos de una semana desde la fiesta… Desde que te convirtieras en la persona más feliz del mundo. Desde que se cumpliera lo que llevabas deseando varias semanas. Porque sí, lo habías admitido ante ti mismo después de que él te ofreciera tu ayuda, después de que fueras esa noche a su habitación. Después de ver cómo era realmente. Después de contarle tu secreto y que no te tachara de loco. Y tú no querías que fuera tu amigo. Querías que fuera algo más.
Pero, ¿cómo admitir aquel sentimiento? ¿Cómo confesar que… que te gustaba un hombre? Casi era mejor gritar a los cuatro vientos que veías muertos…
Sacudes la cabeza, apartando esos pensamientos de tu cabeza. Ahora todo eso da lo mismo. A fin de cuentas, Danny parece corresponderte. ¿Por qué amargarse pensando que aquello no es para nada normal?
Ya has dado unas cuantas vueltas y sigues sin encontrarle. ¿Dónde se ha metido? No te has levantado tan temprano… Debería estar ya rondando por la casa, cumpliendo las miles de tareas que le mandase Tom…
Decides buscarlo a él, suponiendo que sabrá donde está Danny. Y vuelves a emprender tu búsqueda del tesoro, mientras te va entrando hambre.
-Buenos días.-saludas, cuando diez minutos después lo encuentras en una de las bibliotecas del caserío, colocando un paquete de nuevos libros que han debido de llegar hace poco, encaramado en una escalera de madera bastante alta.
En cuanto te ve, hace amago de bajar, pero le dices que no hace falta.
-Buenos días, señorito Poynter…
Frunces el ceño, aunque esbozas una pequeña sonrisa.
-¿Cuántas veces te he dicho últimamente que me llames Dougie y que me tutees?
Él sonríe, haciendo que le salga ese hoyuelo en la mejilla.
-Perdona, Dougie… ¿Qué querías?
-Ummm.-ahora no te parece tan buena idea esto de preguntarle dónde está Danny. ¿Empezara a sospechar de tu continua curiosidad por él? ¿Podrá adivinar qué es lo que pasa realmente entre vosotros dos? Para nada quieres que pase algo así…- Esto… es que tenía que preguntarle una cosa a Jones. ¿Sabes dónde está?-genial. Eso de inventar tapaderas y disimular se te daba de vicio… Idiota.
Notas como reprime una sonrisa, mientras coloca un grueso volumen rojo en una estantería, para después agacharse y coger del peldaño en el que está otro más fino, leer el título del lomo y buscar con expresión concentrada su lugar.
-Creo recordar que ha ido a la ciudad a arreglar unas cuantas cosas con el señor Poynter… Harry se puso enfermo y no podía ejercer sus funciones de cochero, así que Danny se ofreció para remplazarlo hoy.
Tragas saliva, nervioso. Ya te importa poco que Tom sospeche.
-¿Sabes cuando volverá?-preguntas, mordiéndote el labio inferior.
-Pues me imagino que a última hora de la tarde. Ya sabes cómo son estas cosas, se alargan indefinidamente…
Se te cae el alma a los pies. Última hora de la tarde. Y es por la mañana. ¿Qué vas a hacer tú todo el día?
Le das las gracias a Tom, incapaz de disimular la decepción y la tristeza de tu voz.
¿Por qué Danny se ofreció para remplazar a Harry? Debería saber que así estaría gran parte del día fuera…
Sientes como se forma un gran nudo en tu estómago, a la vez que empieza a formularse en tu cabeza una pregunta aterradora. ¿Acaso Danny se presentó como sustituto para estar todo el día fuera? ¿Para estar lejos… lejos de ti?
Te muerdes tan fuerte el labio que por poco te haces una herida. No quieres ni plantearte esa posibilidad. Es completamente imposible. Danny te quiere… ¿no?
Te encuentras tan mal que ni siquiera desayunas. En vez de eso, te dedicas a recorrer como sonámbulo los pasillos y las habitaciones, deseando que el tiempo pase más deprisa. Mucho más deprisa.
Llevas ya mucho rato andando. Pero por fin te detienes. Frente a la puerta de una habitación. No, de una habitación no. De esa habitación.
Empujas con timidez la plancha de madera, que se mueve silenciosamente. Sientes como un súbito calor te invade de pies a cabeza. Al recordar.
Avanzas con pasos inseguros por el cuarto de invitados al que fuisteis a parar Danny y tú el día de la fiesta, bastante más borrachos de los que nunca admitiréis. Se te escapa una sonrisa al rememorar tu patosa carrera por los corredores hasta tropezar con la pata de aquella cama y casi empotrarte con la pared. Pared que acaricias con los dedos antes de dar unos pasos y dejarte caer lentamente sobre el colchón. Pasas la mano por las sábanas. Te da algo de vergüenza pensar que alguien hizo la cama después de que os marchaseis. ¿Habría relacionado aquel revoltijo de sábanas con lo que realmente había pasado allí? Ríes irónicamente en silencio. No. Seguro que quién quiera hizo la cama se imagino qué podría haber pasado. Pero no plantearse si quiera lo que había pasado realmente.
Suspiras. Aunque no es un suspiro igual a los de aquella noche. Parece todo tan distinto… Las sábanas están frías, contrastando con la alta temperatura que debieron alcanzar. Todo está quieto, en su sitio, en vez de dando ligeras vueltas (efecto casi seguro incrementado por la botella de whisky que te metiste entre pecho y espalda). Pero sobre todo no hay besos ni caricias (y lo que no eran besos y caricias…), ni tampoco están los susurros en los que pasaron a convertirse vuestros nombres. Porque ahora estás tú solo. Cuán diferente se ven las cosas cuando las ves en solitario…
-Cariño, ¿qué haces aquí tan solo?-la voz suave y femenina te hace pegar un brinco en la cama. Diriges tus ojos hacia la puerta, donde la frágil silueta de tu madre te observa con media sonrisa en la cara.
-N-nada…-tartamudeas, notando como se te suben los colores. Temes irracionalmente que tu madre te haya podido leer el pensamiento o que pudiera ver lo que había sucedido en aquellas cuatro paredes.
Ella entra en la habitación, con las faldas de su vestido blanco ondeando a cada paso. Se sienta con delicadeza a tu lado, mientras tú apartas la mirada.
Os quedáis en silencio. Un silencio muy incómodo. Aunque, ¿cuándo no ha sido vuestra relación tensa y llena de silencios? Puede que cuando aún eras un crío. Cuando todavía no habías correteado hasta tus padres y les habías dicho con voz asustada que veías ''señores malos que te hacían daño y te pedían ayuda porque estaban muertos''.
-Pareces apenado. ¿No me vas a contar qué te pasa?-levanta la mano para acariciarte el pelo, como si fueses un niño. Vuelves a morderte el labio. Deberías apartar la mirada del suelo y mirar a tu madre. Pero no puedes. Te ha hecho tanto daño… Claro que tú también se lo has hecho. Todas esas veces que le has dicho que la odiabas. A ella y a tu padre. Porque hubo momentos en los que de verdad deseabas que estuvieran muertos. Porque, ¿de qué servían cuando consideraban que estabas loco y, en lugar de intentar ayudarte, te llevaban a ver a loqueros que te hacían más mal que bien? ¿Para qué si no te creían? Ellos, tus padres. Y entonces decidiste que ya no seguirías intentando convencerlos de que veías fantasmas. Te limitarías a dejar que creyesen que tú mismo te hacías las heridas y los moratones para que ellos se sintieran culpables. Que creyesen que en cualquier momento intentarías quitarte de en medio. O quitar del medio a los demás... Y eso solo llevo a que vuestra pequeña familia se fuera rompiendo cada vez más y más… Nunca quisiste que todo acabase así…
-Dougie, cariño… Estos días se te veía muy feliz. ¿Qué ha pasado?-la voz de tu madre suena un poco rota. Así que como por nada del mundo quieres verla llorar de nuevo, la miras. Clavas tus ojos en los suyos, de un gris azulado parecido al tuyo.
Quieres decirle lo que te pasa, a pesar de todo. Porque no deja de ser tu madre. Y aunque lo ha hecho mal, estás seguro de que solo buscaba ayudarte. Quieres confesarle tu miedo a que Danny se haya cansado ya da ti. Quieres contárselo y que te diga que estás exagerando, que estás haciendo una montaña de un grano de arena. Pero vuelves a no poder hacerlo. ¿Cómo reaccionaría si descubriese que su único hijo además de loco, está enamorado de un hombre? No crees que pudiera soportarlo…
Así que te limitas a hacer lo de siempre, a rodearte de una tu coraza donde tu madre no tiene derecho a entrar. Por mucho que te gustaría abrirte. Por mucho daño que os ahorraría a los dos.
Así que dibujas en tu cara una perfecta y falsa sonrisa y le respondes:
-Nada, madre. No me pasa nada.
...
-Te he echado de menos.
Es lo primero que dices después de quedarte (por fin) a solas con Danny. Ha llegado hace una hora, pero solo hasta hace unos minutos os habéis quedado solos. A salvo de miradas y oídos indiscretos.
Y te duele ver que eso parece incomodarlo.
-Sí, sí, yo también.
Una opresión en la garganta. Te apoyas nervioso contra la ventana. Miras fuera. Está oscuro. Y el cielo también. Igual hasta hay tormenta. Y estás empezando a temer que a lo mejor no solo la hay fuera…
-¿Tú también? Entonces ¿por qué te ofreciste voluntario para pasar todo el día fuera de casa?-lejos de ti… Le lanzas una mirada reprochadora, y él frunce el ceño. Sigue con sus tareas, limpiando las cenizas de una chimenea que hace rato que está reluciente.
-Yo me ofrecí voluntario para sustituir a Harry. No para pasar el día fuera.-contesta, al rato de que un tenso silencio llenase la habitación.
-Ya…-te cruzas de brazos, adoptando una postura defensiva.-Ahora me dirás que no sabías que tu obra de buena fe te iba a llevar todo el día…
-Joder, Dougie, ¿se puede saber qué mosca te ha picado?-se vuelve, mirándote enfadado. Y eso solo leva a que tú también te enfades.
-¿Qué qué mosca me ha picado? ¡¿Lo estás diciendo en serio?! ¿¡Crees que soy gilipollas?!
-No sé, pero estoy empezando a replanteármelo…-suelta. Y sus palabras te hacen daño. Pero tragas y vuelves a la carga.
-¿Por qué te has ido hoy?-intentas controlar tu voz, que no tiemble, que no suene hostil pero a la vez que suene firme. No lo consigues.
-¿¡Por qué?! ¿Acaso tengo que darte explicaciones? ¿Decirte en cada momento adónde voy y por qué? ¿Pedirte permiso? Ya tengo suficiente con que me andes siguiendo a todas partes…
-¿¡Qué yo te SIGO?!-gritas, apretando los puños tan fuerte que te clavas las uñas en la palma. Quieres romper cosas. Y quieres que retire lo que ha dicho. Luchas para retener las lágrimas en tus ojos.-Perdona si quiero estar contigo. Perdona si siento que me falta algo cuando no estás cerca. ¡Perdona si soy jodidamente dependiente de ti!
Sales de la habitación antes de que pueda abrir la boca, propinando una patada a una silla, volcándola. Intentas por todos los medios secarte los surcos húmedos de tus mejillas. Pero no cesan de rehacerse.
Te encuentras por el pasillo con varias personas, incluido Tom, pero los ignoras. Y sigues corriendo hasta que estás seguro de que no hay nadie cerca. Y después te dejas caer, con la espalda apoyada en la pared, para hacerte una bola. Y rompes a llorar.
Y estás tan ocupado en eso que no adviertes que la temperatura ha bajado varios grados. Ni tampoco reparas en ese malestar general ni en los breves pinchazos en la cabeza. Y, para cuando lo haces, ya es tarde.
Contienes un grito al levantar la cabeza y ver que un hombre te observa muy cerca. Un hombre con la ropa empapada. Con la piel de un color azulado y los ojos inyectados en sangre. Un hombre muerto.
-Tienes que ayudarme.-es lo primero que dice, con voz rasposa y grave. Recorre los pocos centímetros que os separan y te agarra por los brazos. Con fuerza. Con mucha fuerza. Tanta que sueltas un gemido de dolor.-Tienes que ayudarme, chico. Eres el único que puede hacerlo.
Tú niegas con la cabeza. Y él aprieta más fuerte.
-Me-me haces daño…
-¡Cállate!-lo haces, temblando. El hombre afloja un poco la presión, acercando su cara a la tuya. Clava sus ojos opacos y muertos en los tuyos. Tienes ganas de vomitar.-Tienes que ayudarme. Hace unos días me caí a un pozo abandonado. Tienes que sacarme de ahí. Mi familia cree que les he abandonado. Tienes que sacarme del pozo y decirles que no he hecho algo así. Tienes que…
-Por favor. Por favor, no puedo ayudarte. No… no puedo hacer lo que me pides…-musitas, tan asustado que casi te castañean los dientes. ¿Por qué nunca lo entienden? ¿Por qué se empeñan en buscar tu ayuda? Una ayuda que no puedes darles…
-Sí, sí puedes. Lo harás.-el fantasma clava sus uñas en tus brazos, arrancándote otro sollozo de dolor. Estás seguro de que te saldrá un tremendo moratón. Y también estás seguro de que lo está haciendo a propósito.- Lo harás si sabes lo que te conviene.
Y desaparece.
***
Te ahogas. Te estás ahogando en un lugar oscuro y frío. Hay agua por todas partes y, por mucho que quieres mantener la cabeza fuera de esta, no cesas de hundirte cada vez más y más.
Plop plop plop
Intentas aferrarte a las paredes, pero tus dedos resbalan con las húmedas piedras. Y te hundes. Y no eres capaz de salir. Y das una bocanada intentado conseguir aire, pero solo haces que tragar agua.
Plop plop plop
El ruido se va hacienda más y más fuerte, convirtiéndose en una especie de suaves y amortiguados golpes.
Y entonces abres los ojos, incorporándote de golpe en la cama. Notas la piel empapada de sudor y el corazón latiéndote muy rápido en el pecho.
Una pesadilla… No era más que una pesadilla. Una pesadilla en la que te ahogabas en un pozo. Como el hombre muerto.
Plop plop plop
Pegas un bote en la cama. ¿Y esos golpes? Creíste que pertenecían al sueño…
Asustado, aferras con desesperación el borde de la colcha, clavando los ojos en la puerta de tu habitación. Hasta que oyes un susurro proveniente del otro lado.
-¿Dougie? Venga, Dougie, sé que estás despierto… Te he oído incorporarte.-la voz de Danny no suena muy convencida.-Por favor, ábreme. Quiero pedirte perdón…
El corazón empieza a latirte más fuerte. Te levantas muy sigilosamente, avanzando de puntillas hasta la puerta. Después apoyas una mano en ella. Sientes un cosquilleo en el estómago al pensar que Danny está a centímetros de ti, separado por una lámina de madera. La pregunta es, ¿deberías abrirle?
-Dougie… venga, ábreme. Necesito hablar contigo. Sé que estás enfadado, tienes todo el derecho del mundo a estarlo… Por favor. No quería decir todo aquello. Estaba cansado. Pero no siento lo que dije. Por favor…
Un pinchazo en el pecho. Te muerdes el labio. ¿Deberías…?
Oyes como Danny suspira.
-Igual me equivoco y estás dormido y yo estoy haciendo aquí el idiota en medio del pasillo…-tienes la sensación de que se ha dado por vencido y casi notas como se aleja.
Tus dedos quitan velozmente el pestillo y abres la puerta casi de golpe. Efectivamente, Danny se alejaba con los hombros caídos por el pasillo. Pero en cuanto oye el sonido de la puerta al abrirse, gira sobre sus talones, claramente aliviado.
-Oh, menos mal. Creí que no querrías verme el careto nunca más…
Suspiras, apoyando la mejilla contra el quicio de la puerta.
-Eres un idiota, Jones. Deberías saber que yo siempre querré ver tu careto paleto y pecoso…
Sonríe, enseñando los dientes. Esa sonrisa que hace que en tu estómago revoloteen miles de mariposas. Esa sonrisa de dientes grandes y que casi no le cabe en el rostro.
Se acerca y hace un gesto con la cabeza, señalando al interior de la habitación. Y tú asientes, apartándote y dejándole pasar. Después cierras la puerta con cuidado de que no haga ruido. Apoyas la espalda en ella, con las manos cruzadas por detrás y observas a Danny.
Vuelve a acercarse a ti, para después acariciarte con el dorso de los dedos la mejilla. Suspiras.
-Dougie, yo… Lo siento… No quería…
-Chhhss.-le interrumpes, para después casi abalanzarte sobre sus labios. Primero se sorprende, pero después te corresponde encantado. Atrapa tus labios con los suyos, apresurándose a colar su lengua en tu boca, buscando la tuya.
Reprimes un escalofrío cuando notas sus dedos buscando los botones de tu camisa de pijama, cuando empieza a desabrocharlos. Apartas una de tus manos de su cuerpo y la llevas a tu espalda, tanteando en la puerta hasta dar con el pestillo, el cual echas. Por si acaso.
Danny deja libres tus labios y baja hasta tu cuello, dejando un rastro caliente y húmedo de besos. Se deshace de tu camisa y tú te das prisa en hacer lo mismo con la suya, aunque te tiemblan los dedos de impaciencia. Así que tras varios intentos lo consigues. Y puedes por fin recorrer su torso sin que nada te lo impida.
Contemplas fascinado las miles de pecas que hay en su espalda mientras él sigue entreteniéndose en tu cuello y con tu oreja. Es como el cielo por la noche. Miles de millones de puntitos. Puntitos que pueden representar muchas cosas. Te gustaría contarlas una a una a besos. Aunque parece una misión tan imposible como contar las estrellas.
Cierras los ojos y pides un deseo, como si de verdad estuvieses frente al firmamento. Aunque se podría que estás frente a tu firmamento. Frente al centro de tu universo.
***
Tienes un escalofrío. Sin abrir los ojos, tanteas en busca de la colcha. Y descubres que estás medio destapado. Además, escuchas un suave zumbido cerca de ti, así como un cosquilleo en la frente. Una respiración.
Abres los ojos. Y te encuentras con su cara a escasos centímetros de la tuya, un poco más arriba. Está oscuro, pero puedes apreciar sus rasgos perfectamente. Te los sabes de has recorrido cientos de veces son las manos y con los labios a lo largo de la noche.
Descubres también su brazo sobre ti, en una postura que te parece inconscientemente protectora y a la vez ligeramente posesiva. ¿Puede una persona pertenecer a otra? Todo apunta a que sí…
Te muerdes el labio, intentando que no se dibuje en tu cara una sonrisa de bobalicón. Fallas.
Te mueves un poco para alcanzar la manta y taparte más, a la par que te acurrucas entre los brazos de Danny. Le observas en la oscuridad, cómo duerme, cómo respira, cómo se mueve su pecho desnudo. Podrías acostumbrarte a eso…
Aprovechas la ocasión para decirle algo que no crees que te atrevieras a confesarle estando él despierto. Algo que llevas un tiempo rondando por dentro y que has intentado ahogar. Algo de lo que ahora estás completamente seguro.
Te inclinas un poco y le das un tierno beso en los labios entreabiertos, mientras susurras un tímido ''Te quiero''. Sabes que no puede oírte. Pero te sientes mejor después de decirlo en voz alta.
