Hiii! Aquí un nuevo capi. Faltan tres (sin contar este), so empieza el drama ejem, ejem. ¡Gracias por leer!


CAPÍTULO VII

Te quiero.
Un 'te quiero' es algo muy serio. Mucho. Nadie suelta esas dos palabras a la ligera. Primero, porque conlleva mostrar una importantísima parte de ti, una parte que depende como se trate puede hacerte sentir invencible o hundirte hasta el fondo. Por eso muy poca gente se atreve a correr el riesgo.
Y segundo por la transcendencia que tiene en sí mismas esas palabras, no solo para la persona que las dice, sino también para quien van dirigidas.
Te quiero.
¿Por qué tuvo Dougie que decirte eso? ¿Y por qué tuviste que hacerte el dormido? Si hubiera sabido que estabas despierto, a lo mejor…
Sacudes la cabeza. Eso no importa. Da igual que supiese o no que le estabas escuchando. Si lo había dicho, es que lo sentía.
Tragas saliva. Deberías estar contento. Sentirte halagado. Pero no puedes. Lo único que eres capaz de sentir es una fuerte y dolorosa sensación de culpabilidad. Que te pesa. Que se te clava en el alma. Que casi no te deja respirar.
Te muerdes el labio mientras barres el vestíbulo. Deberías decírselo. Decirle que crees que necesita ayuda con lo de ver fantasmas.
Pero algo te lo impide. Una sensación desagradable y que se sobrepone a la mala conciencia: el miedo a que te rechace por mentirle. A que no quiera volver a verte. A ver la decepción en sus ojos. A que el 'te quiero' pase a ser 'te odio'.
Estás sumido en tus lúgubres pensamientos, así que no te percatas de los pasitos a tu espalda ni de la infantil risita que lucha por ser contenida. Sientes un ligero empujón por detrás y unos brazos rodeando tu cuello, a la vez que algo se te sube a la espalda. Algo no. Alguien. Él.
-Buenos días, Danny.-canturrea Dougie en tu oído, terminando de encaramarse a caballito sobre ti.
-¿Qué haces, Dougie?-preguntas, frunciendo el ceño, mientras él aprieta las rodillas contra tus costados. Te encorvas un poco para soportar mejor su peso. Sueltas un pequeño suspiro, porque, por muy enano que sea, pesa.
Suspiro que ignora de lleno, cerrando más el abrazo en torno a ti y depositando un suave y rápido beso en tu sien.
-Nada. Solo que te he visto tan solito y tan concentrado en barrer que no he podido resistirme a aprovechar la ocasión para hacer de jinete. ¿O acaso te crees que eres el único que puede montar gente?
Zas. Notas como las mejillas se te ponen cual tomates, mientras sientes un cosquilleo en el estómago. Podría ser un comentario inocente. Pero no lo es. Para nada. Sobre todo porque Dougie suelta una risita traviesa contra tu cuello azorado.
-Sa-sabes que en cualquier momento puede aparecer alguien y vernos, ¿no?-dices, después de carraspear, intentando fingir que el comentario no te ha hecho azorar, ni que ha hecho que el corazón te empiece a latir como loco contra las costillas.
-Umm…-su respiración contra tu cuello y sus parpadeos cerca de tu mejilla te hacen cosquillas. Notas como se te está escapando un pequeña sonrisita estúpida. Mierda. Te apresuras a borrarla.-Creo que no me importaría correr el riesgo…
Junta de nuevo los labios con tu piel en un último beso y se baja de tu espalda, soltando un casi inaudible suspiro. No puedes. No puedes con él. Por muy culpable y ruin que sea, no puedes dejar de querer estar con él.
-Creo que debería irme a desayunar.-comenta, estirando los brazos por encima de la cabeza, para después abrir la boca en un bostezo.-Ay, tengo sueño. No me dejas dormir, normal…-esboza una pequeña sonrisa torcida mientras se frota un ojo con el nudillo. Un gesto tremendamente infantil que te hace sentir unas ganas casi irrefrenables y demasiado ñoñas de achucharle y comértelo a besos.
Finges haberte ofendido, llevándote una mano al pecho y abriendo los ojos desmesuradamente.
-Me dirás que preferías dormir. Vale, vale, no te preocupes, que ya no te iré a visitar más a altas horas de la noche… Ahora me siento un asalta-cunas…
-¡Oye!-te golpea con el dorso de la mano en el brazo.-En primer lugar no he dicho nada de que prefiriera o no dormir, solo que no me dejaste. Y segundo, no soy ningún bebé para que te consideres un 'asalta-cunas'…
Cruzas las manos sobre el palo de la escoba y apoyas la barbilla en ellas, observando a Dougie con una ceja enarcada y una media sonrisa burlona. Después de un buen rato con la mirada clavada en él, te adelantas y le pellizcas la mejilla.
-Ay, el niñito que cree que ya es mayor.-pones la típica voz ridícula con la que se habla a los bebés y a los niños pequeños.-Ay, que cree que no es un enanito gruñón…
Aparta tu mano de un suave manotazo, mirándote con los ojos entrecerrados. Frunce los labios, luchando por ocultar una sonrisa.
-Idiota. Te gusta a ti mucho hacer el tonto, ¿eh?-se frota con mimo la mejilla, haciendo que te entre la risa.- Y yo no soy gruñón.
Le miras con condescendencia, a la vez que te pones a barrer de nuevo.
-Si tú lo dices…
Vuelve a llamarte idiota y a pegarte, echando a andar después hacia el comedor.
-Ey.-le dices, justo cuando va a salir del vestíbulo. Se gira, mirándote con las cejas ligeramente alzadas, esperando. Tú sonríes y le guiñas un ojo.-Ser gruñón es una de las muchas cosas que te hace adorable, no tienes porqué avergonzarte.
Lejos de picarse, ves como se pone colorado y sonríe. Te mira fijamente unos segundos y después desaparece por el pasillo, riéndose.
La sonrisa se te va borrando poco a poco. Intentas concentrarte en barrer. Pero solo puedes pensar en Dougie. En lo feliz que parece. Y en lo feliz que eres tú cuando está cerca. Aunque a la vez te duela.
Niegas con la cabeza. Está más que claro. Por mucho que te convenzas a ti mismo que lo mejor es decirle la verdad, sabes que no lo vas a hacer. Porque sabes que nunca podrás soportar el 'te odio'.

...

-¿Te vas a comer eso?
Dejas de remover con el tenedor los guisantes de tu plato. Harry te mira interrogante, casi relamiéndose. Niegas con la cabeza y empujas el plato hacia el.
-La enfermedad te ha abierto pero bien el apetito, ¿eh?-comentas, jugueteando con unas migajas de pan que hay sobre la mesa.
Los criados coméis en la parte de atrás de la cocina, por turnos. Debéis de ser como siete o así en aquel momento, distribuidos en unas tres mesas de madera. Aunque en esa mesa solo estáis Harry y tú. Normalmente también se sienta con vosotros Tom, pero no hay ni rastro de él.
-Es posible. ¿Qué excusa tienes tú para la falta de él?
Le miras, entornando los ojos. Maldición. ¿Eres tú que eres muy transparente o es él que es demasiado suspicaz?
Abres la boca, exprimiéndote el cerebro para dar con una buena contestación, pero no te da tiempo ni a emitir un sonido, porque en ese momento llega el señor hoyuelos, dejándose caer pesadamente en el banco, a tu lado, y apoyando los codos en la mesa, a la par que suelta un suspiro casi doloroso.
-¿Quién se ha muerto?-pregunta Harry, metiéndose un enorme pedazo de pan en la boca.
Tom le mira con el entrecejo fruncido. Obviamente, no le ha hecho ninguna gracia la broma.
-Nadie.
-Alguna explicación habrá para tal cara de…
-No lo digas. Ni se te ocurra seguir la frase.-la mirada que le lanza parece bastante amenazadora. Al menos desde tu punto de vista.-Es por lo del robo de los diamantes. El señor Poynter está de los nervios.
-Ah, entiendo. Bueno, es normal, ¿no? No se sabe nada nuevo. La incertidumbre es muy mala compañera…
¿Lo están haciendo para desconcertarte o de verdad no tienes ni pajorela idea de qué están hablando?
-¿Qué robo? ¿Qué diamantes?-preguntas, inocentemente.
Y ello solo lleva a que te miren como si acabaras de decir una barbaridad.
-Pero, Jones, ¿tú en qué mundo vives?-dice Tom, con los ojos abiertos de par en par.
En un mundo cuyas leyes se rigen por un crío rubio y necesitado de cariño que cree férreamente que ve fantasmas que te está haciendo a la vez el tipo más feliz y más desdichado de ese mundo llamado Dougie. Eso es lo que deberías haber contestado para ser fiel a la realidad. Pero te limitas a replicar un:
-En este.
-No lo parece… Bueno, la cuestión es que la noticia lleva pululando por ahí desde hace días.
Te ha dejado como estabas. Cosa que advierte seguramente por tu cara de desconcierto. Suspira, resignado.
-Hace unos días hubo un robo de diamantes en el banco de Londres.
-¿Robaron al señor Poynter?
-No, no. Al menos no directamente. Pero no es la primera vez que se cometen esa clase de robos en este año. Hasta ahora eran a pequeños propietarios, nadie les daba mucha importancia. Pero este último… Los diamantes pertenecían a una asociación de nobles de aquí, de Inglaterra.
-Asociación a la que, seguro que te has dado cuenta, pertenece el señor Poynter.-interviene Harry, apartando el plato vacío.-Imagínate el escándalo: una banda de ladrones roba a uno de los grupos más influyentes del país. ¿En qué lugar deja eso a la seguridad de los bancos y demás? Para colmo de males, no se sabe ni quién o quiénes están detrás de esto ni tampoco el paradero de los diamantes.
Cierras la boca, que se te había abierto del asombro durante la historia y sueltas un inteligente:
-Aaaah.
-En serio, Danny, estás en las nubes. ¿Para qué crees que llevaste ayer al señor Poynter a la ciudad? ¿Para hacer la compra?
Notas un ligero rubor traicionero subiendo por tu cuello hasta tu cara. La verdad es que no te habías interesado demasiado en el por qué del viaje. Solo querías… aclarar tus ideas respecto a lo que sentías por el hijo del susodicho. Y para eso, no podías tenerlo cerca. No podías pensar con mucha claridad cuando estaba cerca… Por eso te habías ofrecido voluntario a sustituir por un día a Harry.
Ellos empiezan a hablar de nuevo, pero tú estás sumido en tus pensamientos. Relegas la noticia por lo visto tan importante a un segundo plano, pensando en que no has aclarado para nada tus sentimientos. No te puedes ni imaginar lo cerca que vas a vivir el robo de diamantes. Ni mucho menos lo que te va a costar.

...

Hace frío. No está demasiado nublado, pero hace frío.
Te frotas los brazos para entrar en calor. Deberías haber cogido algo de tapadura.
Sigues el caminito que lleva hacia el estanque. Esbozas una pequeña sonrisa de triunfo cuando ves su silueta recortada en el peñasco. Aunque esta vez está a una distancia prudencial del borde.
-Te encontré.-dices, cuando llegas al lado de Dougie. Suelta un pequeño respingo de sorpresa, pero no dice nada. Se limita a arrebujarse en la manta que rodea sus hombros, tapándose casi hasta la nariz. Te sientas cerca de él, a su izquierda. Tuerce la cara hacia el otro lado. Y tú sientes un pinchazo en el pecho. Pero sigues hablando.
-Te estaba buscando. Estaba preocupado: nadie sabía dónde te habías metido. Entonces se me ocurrió que podías haber venido aquí. Y acerté. Soy un genio.
Tu broma no surge efecto. Te muerdes el labio, nervioso. ¿Qué le pasa? Lo viste un rato después de comer y no estaba de ese humor…
Te remueves un poco, pegándote a él, y le acaricias la nuca con una mano, tiernamente. Se estremece.
-¿No me vas a contar qué te pasa? Si no me lo cuentas, no podré ayudarte. ¿No confías en mí?-una dolorosa presión en el pecho. No está bien. No está bien decirle eso. Pero te rompe el corazón verlo así y no saber el motivo.
Se muerde el labio inferior. Tuerce un poco más la cara hacia el otro lado. Tú no apartas la mirada de él, ni tampoco dejas de acariciarle.
Y entonces suelta un lastimero sollozo y casi te hace un placaje, metiéndose entre tus brazos. Escondiendo la cara en tu pecho. Agarrándose a ti tan desesperadamente que te hace daño.
-Dougie, ¿qué… qué te ha pasado en la cara?-la pregunta sale de tus labios con un deje sorprendido y preocupado. Por eso torcía el rostro. Para que no vieras el morado que cubría buena parte del lado derecho de su cara.
Lejos de contestarte, niega con la cabeza y se acurruca más contra ti.
-Por favor, Danny… dime que no dejarás que me haga daño. Dime que no dejarás que se meta en mi cabeza más. Que harás que se vaya. Que le dirás que yo no puedo ayudarle… Quiero que me deje en paz… Dime… dime simplemente que todo va a salir bien…-balbucea. Notas como tu camisa se va humedeciendo con sus lágrimas.
Parpadeas. Te escuecen los ojos.
Le abrazas con fuerza y besas su cabeza repetidas veces. Ahora crees comprender. De nuevo los malditos fantasmas. Y no puedes. No puedes seguir permitiendo aquello. Permitiendo que se atormente de esa manera por algo que no existe. Que su vida se rija por el miedo constante a una fantasía. No puedes verle sufrir de aquella manera. Ni tampoco puedes vivir con la culpa de que acuda a ti cada vez que está destrozado creyendo que eres la persona que cree en él y que puede recoger los pedazos para rehacerlo. No… No puedes
-Dougie, te prometo que no dejaré que sufras más. Que encontraré una manera de arreglar todo esto…-pegas tu mejilla contra su sien magullada, arrullándolo con tu voz, intentando tranquilizarlo. Lo meces entre tus brazos como si fuera un niño pequeño y asustado. Aunque ¿acaso no lo es?-Todo va salir bien… Solo tienes que confiar en mí… Buscaremos ayuda, ¿vale? Los dos juntos. Pero tienes que poner de tu parte… Si no, no podrás dejar de imaginarte que…
-¿Qué?-se separa de ti bruscamente, irguiéndose. Te mira. No. Te taladra con la mirada… Se ha puesto pálido, muy pálido, lo que hace destacar grotescamente el hematoma de su cara. Sus labios tiemblan.- ¿Has… has dicho que dejaré de imaginar? ¿Has dicho eso?
-Dougie, yo…
-¡¿Lo has dicho o no lo has dicho?!
Su tono de voz te asusta. Pero no respondes. Te quedas en completo silencio, diciéndole con la mirada que lo sientes, que no eres la persona que él creía.
Escuchaste en algún sitio que a través de los ojos se puede ver el corazón de la gente, que son el espejo del alma. Entonces es lógico que si una corazón se rompe se vea a través de los ojos, ¿no?
Por eso no te sorprendes al poder ver con total claridad como el corazón de Dougie hace crack a través de sus empañados ojos azules. Es casi como si se hubiera roto delante de ti un frágil objeto de cristal, puedes ver los pedacitos afilados saltar en todas las direcciones.
-Tú nunca me creíste…-musita él, como si confirmándolo en voz alta fuera menos doloroso. Pero no lo es. Y menos para ti.
-Escucha, Dougie…-gateas un poco para cogerle por los brazos y atraerlo hacia ti, pero retrocede rápidamente, encogiéndose sobre sí mismo.
-No me toques… No me toques.
Dejas caer las manos sobre tus rodillas. Te muerdes el labio inferior. Ahí era dónde no querías llegar… ¿Por qué fuiste tan estúpido por creer que podrías seguir mintiéndole?
-Escúchame, por favor. Puede que te mintiera respecto al tema… al tema de los fantasmas. Pero de verdad me gusta estar contigo. Todo lo que hemos vivido estos días… han sido los mejores de mi vida y…
-¿Cómo te puedo creer?
-¿Qué?
-¿Cómo puedo saber qué me dices la verdad? ¿Qué no me estás mintiendo? ¿Eh? Me pediste que confiara en ti y lo hice. Joder, lo hice. Por primera vez en mucho tiempo. ¿Y qué descubro? Que todo era una maldita mentira. ¿Qué fue real y qué no lo fue? Me abrí a ti, Danny. Me expuse a ti tal y cómo era. Y creí que tú me aceptabas. No solo una parte. Sino que me aceptabas por completo. Y resulta que no… ¿Cómo he sido tan imbécil? ¿Cómo demonios pude… deje que…?-se le va la voz durante unos segundos. Se intenta secar las lágrimas de las mejillas, pero no dejan de brotar.- ¿Por qué tuve que enamorarme de ti?
Tragas, aunque la garganta se te ha convertido en una fila de cuchillas. El corazón te late dolorosamente en el pecho. Nunca te habías sentido tan mal en toda tu vida. De verdad quieres morirte…
-Doug, por… por favor. Perdóname. Yo no… nunca he querido hacerte daño. Quería decírtelo, pero tenía miedo de que…
-¿De qué, Danny? ¿Eh? ¿De qué no pudieras tenerme? ¿De qué no te hablara? ¿Eh? Tienes razón… Eres un genio. Un puto genio. ¿Pensabas que podrías estar engañándome para siempre? ¿Qué nunca descubriría lo que piensas de mí? ¿Qué crees que estoy loco?
-Doug, no… no te obceques. Nunca he dicho que estés loco. Solo creo que… necesitas ayuda… Quiero ayudarte. Tú me pediste que lo hiciera… Por favor, podemos… podemos arreglar esto, podemos…
-No.
Dos letras. Son solo dos letras. Dos letras que echan abajo todo tu mundo. Quieres hablar, replicarle algo, repetirle hasta que se te rompan las cuerdas vocales que lo sientes, que no quieres perderle. Pero no te sale la voz. Estás perdiendo lo más importante de tu vida y no te sale la jodida voz.
-No.-repite, mientras se levanta. Le observas. Sus ojos son totalmente opacos cuando te miran, su voz vacía de cualquier emoción. Parece que se hubiera convertido en piedra. Y eso te hace daño. Preferirías que te gritara, que te intentara pegar. Pero no soportas aquello. Esa falta de… vida.- No hay nada que arreglar. Ahora me doy cuenta. Nunca hubo nada. Quiero que sepas que para mí ya no significa nada todo lo que ha pasado estos días. Ni tampoco tú significas nada ya.
-Doug…-por fin te salen las palabras, aunque sea con un sonido lastimero y quejumbroso.
-Señorito Poynter.
-¿Qué?
-Para ti, criado, soy el señorito Poynter. O lo era. Porque ya no trabajas aquí. Estás despedido. Será mejor que te apresures a hacer tus maletas. Porque mañana ya no quiero que estés aquí.
Pasa a tu lado sin ni siquiera mirarte.
Respirar. Tienes que respirar. Llevar aire a tus pulmones. Te estás mareando. Todo parece dar vueltas. Y sientes un tremendo vacío dentro. ¿Te sigue latiendo el corazón? Parece que sí, pero no entiendes por qué. ¿Para qué quieres un corazón si no tiene una razón por la que latir?
Te dejas caer hacia delante, apoyando las manos en el suelo, mientras tus rodillas no dejan de temblar contra él. Algo se escurre por tu cara. Algo húmedo y caliente que te hace cosquillas en las mejillas.
Golpeas el suelo con un puño, para después clavar los dedos en la tierra.
En tus oídos no dejan de resonar ese 'te quiero' que te dijo la noche pasada. En tus labios no deja de rememorarse el sabor de los suyos y la forma en la que te besaba. Tu piel no deja de recrear sus caricias y sus besos. Tu cabeza se ha bloqueado en su imagen, en el color de sus ojos, en la manera en la que se curvaban sus labios al sonreír.
Y duele. Duele porque sabes que todo eso, todo lo que tu cuerpo y tu mente se afana por recoger y recordar, ya no lo tienes. Porque lo has perdido.
Has perdido todo lo que merecía la pena tener.


*Sale corriendo de la sala con una horda de campesinos enfurecidos persiguiéndole con antorchas y horcas y con carteles que ponen: 'Fuera los destroza-finales bonitos' *