Bueeeeeeeno, esto se está acabando. Solo quedan dos capítulos sin contar este, so... Este es un poco más largo de lo habitual, espero que os guste ^^ ¡Gracias por leer!
CAPÍTULO VIII
Vacío.
Es lo único que puedes sentir.
Vacíos los días, vacío el tiempo, vacías todas y cada una de las acciones, vacías hasta las demás personas… Y, oh, sí, sobre todo un doloroso y gran vacío en tu interior.
Aunque, en realidad, sabes que no son todas esas cosas las que están vacías. Eres tú el que está vacío.
Simple.
Punzante.
Vacío.
-¡Danny! ¡Ya estás moviendo el culo y bajando a ayudar!-la voz de tu hermana mayor se filtra a través de la puerta cerrada de tu cuarto. Te lo dice con un tono de voz alegre, pero adviertes el matiz preocupado. Todos lo tienen. Y no solo en la voz. Muchas veces en las dos semanas que llevas en casa los has pillado mirándote con compasión y con preocupación, mucha preocupación. Supones que es algo normal. Antes de irte, estabas todo el tiempo con una sonrisa en los labios, hacías bromas continuamente, no parabas quieto… ¿Antes de irte? No, antes de Dougie.
Y ahora, te pasas los días tirado por ahí, no sales de tu cuarto o de la posada (porque vivís en la misma casa que hace las funciones de posada), apenas comes, y encontrarte sonriendo es más difícil que ver… ¿qué hay que sea imposible ver? ¿Un unicornio? O, mejor, ¿un unicornio lila?
-¡Danny! ¿Danny?-la puerta se abre y asoma la cabeza de tu hermana mayor, Claire. Duda unos segundos, pero acaba entrando en el cuarto y dirigiéndose hacia la cama.
Te tapas la cabeza con la colcha y le das la espalda. A pesar de ello, notas como el colchón se hunde un poco al sentarse y después sientes una ligera colleja.
-Ey, no puedes estar todo el día aquí metido. ¿Sabes?, hay algo que se llama exterior. ¿No quieres venir a verlo? Es fascinante…
Quisieras agradecer sus esfuerzos por animarte, pero te ves incapaz. Todo se ve tan oscuro, que crees que no merece la pena seguir intentándolo.
Después de un rato en silencio, Claire apoya una mano en tu hombro.
-Por favor…-su voz deja esa pose alegre y se vuelve triste y un poco desesperada.-Venga, Danny… Si no quieres hacerlo por ti, hazlo por mí. Por papá y por mamá. No soportan verte así y lo sabes… Lilly y los chicos quiere verte. Te ha echado de menos. No puedes hacerles esto…-cierras los ojos y aprietas la mano en un puño bajo la almohada. Tiene razón. Estás echando a perder lo único bueno que te queda. Porque solo te queda tu familia…
Suspiras y te pones boca arriba, para después incorporarte ante la mirada victoriosa y feliz de tu hermana.
-¡Así me gusta!-corea, dándote un golpecito en la nariz con el dedo.- ¡Este es mi hermanito! ¿Creían que un trabajo fallido le iba a hundir? ¡Pues se equivocaban!
Esbozas una sonrisa, más por ella que por ti, para que no sienta que está poniéndose en ridículo por nada.
Un trabajo fallido… eso es lo que todos creen que te pasa. Que el hecho de que te hayan despedido te ha afectado demasiado. Y tú les has dejado creer que es así. ¿Cómo decirles la verdad? Tendrías que dar demasiadas explicaciones… Explicaciones que ni si quiera tú todavía entiendes.
...
No sabes cómo, pero has pasado de un extremo a otro. De no hacer nada a hacer absolutamente todo. Bueno, todo no. No te dejan hacerlo todo.
¿Y cómo este radical y sorprendente cambio? Muy sencillo. Cuando trabajas, estás demasiado concentrado en hacer las cosas bien. Si estás demasiado concentrado en hacer las cosas bien, no piensas en otras cosas. Porque cada vez que piensas en otras cosas acabas pensando en Dougie. Y si no piensas en Dougie, la vida no te parece tan dolorosa.
Sin embargo, no se puede estar todo el rato trabajando. Necesitas dormir y descansar. Y son esos momentos los que te asustan porque tu cabeza se pone a pensar y, ¿a dónde lleva todo? Exacto, a Dougie.
Al menos tú familia parece menos preocupada…
-Danny, ¿sabes dónde se ha metido Lilly?-tu padre te pone una mano en el pecho, obligándote a frenar en tu camino apresurado hacia la cocina. Te colocas mejor las dos bandejas repletas de platos y cuencos sucios en los brazos, luchando para que no se caigan.
-Em, no…
-¿Podrías hacer el favor de ir a buscarla?-tu padre se apresura a quitarte las bandejas de las manos. No tienes elección. Sabes que lo está haciendo a propósito, para que descanses un rato. Así que suspiras y asientes con la cabeza, resignado, mientras él sonríe y murmura un ''buen chico''.
Lilly es la pequeña de la familia. El ojito derecho de todo el mundo. A pesar de que siempre esté de aquí para allá, preguntando y distrayendo a los clientes.
Sonríes un poco. Siempre te han dicho que es la que más se parece a ti cuando eras pequeño: inquieta, sonriente y adorable.
Inicias tu búsqueda por la planta de arriba, buscando en vuestras habitaciones. Continúas por el comedor principal de la posada, que en ese momento está más o menos llena.
Los pasillos, la recepción, la cocina, el jardín, el establo… ¿Dónde se había metido?
Estás por empezar de cero de nuevo cuando adviertes una pequeña figura bajo la estructura del pajar, una estructura rectangular, no muy grande, con tejadillo y que está elevado sobre cuatro postes en cada esquina, con un pequeño paso por debajo.
-¿Lilly?-te asomas al paso, buscando a tu hermana pequeña con la mirada.
Y, efectivamente, la encuentras. Pero no está sola. Está hablando con un hombre adulto, de cabeza rapada y un aspecto para nada fiable.
-Perdone, ¿puedo ayudarle?-preguntas cortésmente, apresurándote a coger a Lilly en brazos y mirando al hombre, medio desafiante. No te gusta un pelo ese hombre. Te da… mala espina.
El susodicho sonríe, mostrando orgulloso una dentadura amarilla y desigual, en la cual destaca un colmillo de oro.
-Oh, no. Solo estaba tomando un poco el aire cuando vi a esta preciosa niña sola y creí que a lo mejor se había perdido y necesitaba ayuda. Pero ahora ya me quedo más tranquilo.
Vuelve esbozar una escalofriante sonrisa y se va. Lo sigues con la mirada unos segundos y después la diriges a Lilly, que te observa con ojos inocentes, intentando asi que no le caiga una bronca por escaparse y hablar con desconocidos. Y funciona.
-Ay, Lilly, ¿dónde te habías metido?-tu madre sale de la cocina con expresión enfadada, que en seguida dulcifica. No se le da a tu madre muy bien eso de enfadarse… Te sonríe y te da un pellizco cariñoso en la mejilla como forma de darte las gracias y después se lleva a Lilly dentro.
Y ahora tú no tienes nada que hacer.
Claire está en la barra, charlando con una amiga, ya que no hay mucho trabajo en aquel momento; tu madre está preparando la comida que se va a servir de cenar; tu padre está en la recepción, leyendo tranquilamente el periódico; tus dos hermanos, Alan y David, de diez y doce años respectivamente, están jugando en el establo con vuestro perro, y Lilly está entretenida hablando con su osito de peluche.
Suspiras y te pasas la mano por los ojos. Estás cansado. Quieres dormir un rato. Pero no puedes. No puedes porque cada jodida vez que cierras los ojos ves a Dougie en la oscuridad de tus párpados. Lo ves y eso te recuerda que ya no lo tienes. Que ya no es tuyo. Aunque tú sigas siendo de él… Es una injusticia.
Te diriges a la planta de arriba, dispuesto a volver a encerrarte en tu habitación para compadecerte penosamente de ti mismo, pero alguien baja en ese momento las escaleras a toda carrera y no te ve. Y choca contra ti. Os precipitáis hacia abajo, pero consigues aferrarte a la barandilla en el último momento.
-¿No puedes mirar por dónde vas?-te frotas el brazo, enfadado y dolorido, porque te ha dado un tirón al tener que soportar tu peso y el de Me-está-persiguiendo-el-demonio-y-por-eso-no-miro-por-dónde-voy-y-me-llevo-a-gente-por-delante.
-Perdona, yo no…
Alzáis la vista en el mismo momento, aunque no hacen falta ojos para saber a quién pertenece cada voz. No… Aquello no puede ser posible… Tienes que estar soñando, porque aquello es demasiado cruel para ser verdad…
-Dougie…
-¿Qu-qué haces aquí?-pregunta con voz temblorosa, después de pegar un salto hacía atrás (alejándose dolorosamente de ti).
Está pálido, muy pálido, más de lo normal. Y también adviertes que está más delgado. Oscuras ojeras nacen debajo de sus ojos, que lucen de un azul grisáceo algo apagado. Y también está el morado de la cara. Tiene un color medio púpura claro, pero se sigue viendo.
Tragas saliva. ¿Por qué tiene que aparecer justo cuando empezabas a fingir correctamente que tu vida se estaba recuperando? ¿Justo cuando estabas consiguiéndote convencer a ti mismo de que no le echabas de menos?
-Vivo aquí.-remarcas, con un poco de hostilidad inconsciente en la voz.
Se pone más pálido. Parece que en cualquier momento se va a romper. Así que igual de inconscientemente estiras la mano para posarla en su brazo. Fallo…
Pega un bote hacia atrás, tropezándose con los escalones y perdiendo el equilibrio. Estiras los brazos para cogerlo, y lo agarras de los antebrazos, tirando de él hacia ti.
De nuevo silencio. Tiembla. Si aquello es un sueño, decides que no quieres despertar. No ahora que Dougie vuelve a estar entre tus brazos. Tan cerca…
Quieres decir tantas cosas que no te sale ninguna, y lo único que puedes es seguir apretando los brazos de Dougie, sin llegar a abrazarlo, pero manteniéndolo cerca de ti.
-Te he echado de menos…-logras articular, tras un rato en silencio.
Él despega los ojos del suelo y los dirige a los tuyos. Parece que va a decir algo que arregle todo, un ''yo también'', alguna palabra que haga que todo volviese a ser como un par de semanas antes, un ''te perdono''. Pero acaba negando con la cabeza y volviendo a bajar la mirada.
-Suéltame, por favor, Danny…
Se te cae el alma a los pies. Y haces lo mejor que se te ocurre en aquellos momentos: rogar.
-Por favor, por favor, Dougie, dame una segunda oportunidad. Déjame decirte lo importante que eres para mí. Te he echado mucho de menos, Dougie… Por favor…-sin soltarle los brazos, te dejas caer de rodillas en el escalón de debajo del suyo, clavando unos esperanzados y suplicantes ojos en los suyos.-Una segunda oportunidad. Solo te pido eso. Si no te convenzo, te prometo, te juro que no volveré a intentarlo. Por favor…
Duda. Se muerde el labio inferior indeciso. Tú aprietas tus manos alrededor de sus muñecas. Parece que va a ceder. O a lo mejor es que tú quieres ver que va a ceder. Tu corazón está corriendo una carrera casi a contrarreloj contra tu pecho, latiendo muy deprisa y muy fuerte.
Solo un sí. Solo pides un sí…
-¡Danny! ¿Puedes sustituirme en la barra? ¡Me marcho con Marion al mercado antes de que anochezca!-la voz de Claire llega desde el piso de abajo justo cuando Dougie abre la boca.
Mierda. A eso se le llama oportunidad y lo demás son tonterías. Resistes la tentación de darte de cabezazos contra el suelo.
Miras a Dougie implorante para que te dé al menos una rápida respuesta. Niega.
-Danny, esto tendríamos que hablarlo con más detenimiento… No me puedes pedir que…
-Esta noche. Cuando se apaguen las luces. En un lateral del jardín, hay un pequeño pajar. Allí podemos hablar con detenimiento, como tú dices. Por favor, Dougie…
Sus dos iris se clavan en los tuyos. De nuevo, azul contra azul. Te muerdes el labio, esperando una respuesta, mientras la voz de tu hermana te exige una contestación a ti.
Sientes la sinfonía de los latidos de tu corazón ir en crecendo. Solo un sí… Solo quieres una segunda oportunidad… Solo un sí…
...
No va a venir.
Es un hecho. No va a venir. Aunque te dio un poco convencido sí en la escalera. Aunque parecía dispuesto al menos a que le intentases convencer.
No va a venir.
Pegas una patada a un montón de brozas con la puntera del pie, mientras chasqueas la lengua. Eres un idiota. Por pensar que te iba a dar una segunda oportunidad. ¿Idiota? No, lo siguiente…
Porque no va a venir.
Te acercas a recoger el farolillo, que trajiste para no estar a oscuras, del pequeño ventanuco que tiene el pajar, pero escuchas un ruidito fuera del pajar.
Te das la vuelta, pensando que es Dougie. Pero no. Nadie aparece por la puerta. Maldices.
Agarras de mala manera el farolillo y de dos zancadas llegas a la puerta. Vas a abrirla pero no hace falta, porque se viene hacia ti. Abres los ojos desmesuradamente, sorprendido. Después razonas y te das cuenta de que ha sido Dougie el que la ha abierto desde fuera.
Reprimes un suspiro de alivio. I
-Creí que no vendrías…-comentas, retrocediendo y dejando la lamparilla en la ventana de nuevo.
-¿Y por qué no debería de venir? Te dije que lo haría. Yo cumplo lo que digo…-dice, remarcando el 'yo'. Genial. No empezamos con buen pie…
Respiras hondo e intentas sonar conciliador. No sabes si entrar directamente al tema o dar un rodeo.
-Eh… bueno… ¿y qué te trae por aquí?-titubeas. Mejor explorar el terreno primero.
Dougie mete las manos en los bolsillos de sus pantalones, en su cara esa expresión indiferente y aburrida que tan bien sabe fingir. Porque está fingiendo… ¿no?
-No creo que te interese.-dice, encogiéndose de hombros y desviando la mirada hacia una pared, como si los clavos de las tablas fueran mucho más intrigantes que tú.
Paciencia.
-Si te he preguntado, es que me interesa.
Parece que vacila. Vuelve a encogerse de hombros y saca una mano del bolsillo para mirarse las uñas como si fueran lo más interesante del mundo.
-Estoy buscando un pozo.
-¿Un pozo?
-Sí, un pozo.
-Pero, ¿por qué? ¿Un pozo es la razón por la que estés tan lejos de casa?-se encoge un poco, incómodo. Entrecierras los ojos.-Saben a dónde has ido, ¿verdad? Lo saben tus padres… Tom, Harry… alguien… ¿no?
No contesta.
-Joder.-sueltas, pasándote la mano por el pelo. Empiezas a caminar, incapaz de estar quieto.
Suavidad. No quieres que se vaya por ser demasiado brusco. Pero sacarle cuatro palabras seguidas que no vayan con dobles afilados significados es difícil…
Así que respiras hondo un par de veces. Si los rodeos no valen, iras directo al grano. Frenas en seco, algo más cerca de él (aunque no lo suficiente cerca para ti) y diriges tus ojos a los suyos.
-Mira, Dougie, lo siento. Lo siento mucho. Siento no haberte dicho que… que no te creí con lo de los fantasmas. Siento haberte hecho daño. Nunca, jamás fue mi intención causarte dolor. Dougie, te he echado mucho de menos. Me he pasado los días pensando en ti; cuando me iba a dormir, mi último pensamiento era para ti y cuando me despertaba creía por unos segundos que estarías a mi lado porque en mis sueños todavía no la había cagado. Luego me daba cuenta de que no, que no estabas ahí, y dolía. Sigue doliendo. No sabes cuanto. Me preguntaba dónde estabas, qué estarías haciendo, con quién estarías… Si me echabas de menos también. Y al pensar que a lo mejor no, que era posible que de verdad me odiases tanto o que no pensases ni siquiera en mí… Me desgarraba por dentro. Tanto que quería morirme. Y justo cuando creía que se había acabo para siempre, vas y reapareces. Como un milagro pero a la vez una maldición. Y, joder, soy idiota, lo sé. Pero sería muy gilipollas sino intento recuperarte. Más hundido no puedo estar. Se podría decir… que el no ya lo tengo. Quiero luchar por el sí. Luchar por ti… -coges aire después de soltar todo sin respirar. Temes haberlo dicho tan rápido que no te hay entendido y que tengas que volver a repetirlo. Aunque vuelves a aguantar la respiración mientras esperas una contestación por su parte.
Se muerde el labio (ya has conseguido algo, has conseguido arañar al menos un poco su máscara de indiferencia) y aparta la mirada de la tuya, dirigiéndola hacia el suelo. Se estremece casi imperceptiblemente y parece dudar. Que se lo piensa. Como el día del acantilado.
Como no quieres estropearlo de nuevo, te mantienes en silencio, por muchas ganas que tengas de gritar.
Finalmente, Dougie vuelve a mirarte. No eres capaz de discernir nada de su expresión. Tragas saliva y, con ella, tratas de tragar también esas ganas de gritar que van incrementándose más y más con cada segundo en silencio.
-Y si… ¿y si te dijese que no? Que no quiero perdonarte. Que me has traicionado de tal manera que no soy capaz de perdonarte. ¿Eh? Dime, ¿qué harías?
Hundes los hombros y después te frotas con los dedos los ojos, desesperado. Esperas que no sea un preludio de la respuesta final. Porque si lo es…
-No podría soportarlo. Todo perdería sentido.-vuelves a pasarte la mano por el pelo, notando como los rizos se intentan enroscar en tus dedos. Pones una mueca de resignación.-Pero… pero supongo que si es lo que tú quieres, lo que quieres de verdad… No puedo obligarte a estar a mi lado si tú no quieres…
Aparta la mirada, con una expresión… ¿dolida? Parpadeas, creyendo haberla imaginado, porque ha sido solo un segundo…
Sin embargo, esa posible ilusión te hace darte cuenta de que no has dado la respuesta correcta. Cosa que se confirma con el…
-Me lo imaginaba…
… de Dougie, que da un paso hacia atrás. Te apresuras a retenerle, cogiéndole del brazo, antes de que salga corriendo. Intenta zafarse, pero tú aprietas más.
-Suéltame.
-No quiero. No pienso dejar que te vayas así como así.
Te mira con los ojos entrecerrados.
-Haré lo que me dé la gana.-sisea, amenazante. No apartas la mirada.
-Aquí no eres el señor de la casa, déjame que te lo diga. Aquí estamos en el mismo peldaño. Somos iguales.
-Tú y yo nunca seremos iguales. Nunca lo hemos sido.-escupe, poniendo una mueca de desprecio tal que sientes como se te encoge algo dentro. Duele. Duele mucho. Que te recuerde que vivís en dos mundos completamente paralelos. Que tú siempre estarás por debajo de él. Que por sus venas corre sangre noble y por las tuyas… la de un simple campesino. Te hace sentir como si no lo merecieras. Como si él te hiciera un favor estando contigo.
Parpadeas fuerte para evitar que se te empañe la mirada y respiras hondo. Después sueltas bruscamente el brazo de Dougie y retrocedes, levantando las palmas de las manos.
-Está bien. Lárgate. Vete. Huye como haces siempre de todo…-aprietas los puños con fuerza a ambos lados de tu cadera.-Pero si te vas, no vuelvas nunca más.
Parece que ahora es a él al que le duelen tus palabras, pero como tú, decide que el orgullo es más importante que el intento de arreglar lo vuestro.
-Muy bien. No te preocupes, que no volveré. Y no estoy huyendo.
-No, apenas. Tienes miedo de mí y de lo que sientes y eres tan… tan finolis que no puedes rebajarte si quiera a hablarme de igual a igual. Y como no sabes qué hacer huyes. ¿Qué quieres? ¿Qué me arrastre de rodillas ante ti suplicándote perdón? ¿Qué bese el suelo que pisas? Pues no quiero. No quiero porque, ¿sabes una cosa? Yo no fui el único que la jodió. ¿Crees que era fácil tratar contigo, con tus continuos cambios de humor? ¿Qué era fácil tener que cuidar cada palabra, cada gesto, para que no te enfadases e intentases matarte a ti mismo o a los demás? Tú también tienes parte de la culpa.
El tono de vuestras palabras ha ido subiendo progresivamente, tanto que casi os estáis gritando. Solo el miedo a que os oigan os frena un poco.
Aunque parece que no va a ser razón suficiente…
-¿¡Qué yo qué?!-Dougie se acerca a ti, furibundo. Te estiras, haciendo notar la clara diferencia de altura. Sus mejillas se colorean de ligera humillación. Ojo por ojo y diente por diente…
-Vaya, ahora resulta que estás sordo, además de estar loco…-en ese momento no piensas lo que dices. Ninguno de los dos lo hace. Y, a pesar de saberlo, las palabras no hacen menos daño.
Dougie se pone pálido y crees que se va a desmayar. Nada más lejos de la realidad.
No ves venir su puño hasta que ya es demasiado tarde para esquivarlo. Impacta dolorosamente contra tu mandíbula, haciéndote trastabillar hacia un lado. No sabes si estás más dolorido que sorprendido. Aunque no te da tiempo a decidirte, porque él se lanza a por ti. Caéis al suelo, hechos un amasijo de piernas y brazos. No quieres pegar a Dougie. Pero no te está dejando casi opción. Sueltas un grito cuando te muerde la mano con la que estabas intentando quitártelo de encima. Forcejeáis, él intentando golpearte y tú intentando sujetarle.
No quieres hacerlo, pero lo acabas haciendo. Le lanzas un puñetazo, que acaba estrellándose contra su cara, haciendo que se desplome hacia un lado, aturdido. Y tú coges aire, agradecido por el respiro. Aunque no dura mucho, lo justo para ver que Dougie se pone a gatear hacia el farolillo. Está tan fuera de sí que temes que intente matarte con él. Así que te incorporas de golpe y lo coges del tobillo (que es lo que te queda más cerca), arrastrándolo hacia ti de nuevo y alejándolo del ventanuco. Y después te tiras encima de él, haciendo que no se pueda mover. Luchas por cogerle los brazos y, tras varios codazos y un par de tortazos de refilón, consigues inmovilizárselos en la espalda.
Se retuerce, intentando quitarte de encima, pero tú eres más fuerte que él. Después de un rato, deja de intentar zafarse de ti y se limita a darse pequeños cabezazos contra el suelo. Suelta pequeños ruiditos, a medio camino entre sollozos y jadeos. Y termina por echarse a llorar.
Se te encoge el corazón. No deberías haber dicho aquello. Aunque él no estuviera por la labor y te hubiera dicho cosas horribles. Joder. Nunca te creíste capaz de hacer tanto daño en tan poco tiempo, de ser tan… cruel.
-Voy a soltarte, ¿vale?-dices, con el tono más suave que puedes poner.
Dejas de sujetar sus muñecas contra su espalda y después te quitas de encima de él con delicadeza.
Al principio no se mueve, pero termina por ponerse de rodillas y después se sienta. No te mira ni una sola vez. Se frota los ojos con las manos, intentando frenar las lágrimas, aunque solo consigue ponerse más nervioso y llorar más.
Joder.
-Eh… eh, venga, no llores, por favor.-quieres abrazarle, pero no sabes si te va a dejar. Tienes miedo a acercarte demasiado y que se vuelva a poner agresivo… Pero no puedes dejarle así…
Le tocas el hombro, vacilante. Nada. Pasas la mano por su espalda hasta llegar al otro hombro y lo atraes suavemente hacia a ti, hasta que su cabeza queda apoyada en tu pecho. Lo abrazas.
-Por favor. No llores. No quería decir eso. Lo siento. Joder… Venga, por favor. Yo…-por mucho que te deshagas en disculpas y súplicas, no para de llorar. En tus propios ojos se empiezan a acumular lágrimas. ¿Por qué eres tan idiota? ¿Por qué justo cuando tienes la oportunidad de arreglarlo todo, metes la pata de tal manera? Solo quieres hacer las cosas bien… Y, casi sin querer, dejas escapar lo último que te queda por decir, lo más difícil de reconocer, lo único que puede redimirte.-Por favor, Dougie. No quiero perderte… Te quiero…
Y como si fuesen las palabras mágicas, deja de llorar. Y se separa de ti para mirarte con los ojos rojos muy abiertos, incrédulo.
-¿Qué has dicho?-pregunta, con un susurro.
Y tú notas como las mejillas se vuelven de color burdeos. Pero no desvías la mirada. Quieres que vea que lo dices en serio. Y que no te avergüenzas de ello.
-Que… que te quiero.
Simple. Breve.
Él termina soltando un suspiro, secándose las mejillas con el dorso de las manos. Tras unos minutos en silencio vuelve a hablar.
-Si… si te doy…-frunce el ceño.-si nos doy una segunda oportunidad… Tienes que decirme hasta cuando.
No entiendes.
-¿Hasta cuando? ¿Hasta cuándo qué?
-Hasta cuando vas a estar a mi lado. Sé que no puedo pedirte un para siempre, ya que ni siquiera yo me aguanto a veces...soy difícil, como tú has dicho. ¿Cómo voy a pedirte que lo hagas tú...? Así que no me lo digas, no me digas un para siempre. Pero necesito saberlo. Saberlo de verdad. Cuanto tiempo permanecerás a mí lado. Me gustaría decirte que si solo me quieres para pasar esta noche o para pasar unos días, que entonces no quiero empezar nada contigo. Pero no puedo. Porque pasar un solo minuto contigo me hace más feliz de lo que puedo llegar a ser en toda mi vida. Y, sin embargo, quiero saber cuánto tiempo estás dispuesto a estar a mi lado. Necesito saberlo. ¿Hasta cuándo durará esto? ¿Cuándo te cansarás de mí? ¿Cuándo te tendré que dejarte marchar? ¿Cuándo… ese 'te quiero' dejará de ser solo dos simples y vacías palabras?
Parpadeas otra vez. Deberías pensar lo que dices, pero decides que por esta vez hable solo y exclusivamente tu corazón.
-Yo... Iba a decir que quiero pasar el resto de mi vida contigo, pero creo que no vas a aceptar esa respuesta... Te podría decir que nunca me voy a cansar de ti. Pero parece que quieres una respuesta concreta. Pues muy bien. Te lo diré; te diré lo que quieres saber: cuando el infierno se congele. Entonces. Solo entonces dejaré de quererte…
Como acompañando tus palabras, has cogido su mano y te la has llevado a los labios. Besas el dorso de sus dedos y después le miras. Te hipnotizan las sombras que se forman en los ángulos de su cara debido a la luz anaranjada del farolillo. Sus pestañas tiemblan y una lágrima vuelve a salir de sus ojos, descendiendo por su mejilla lentamente. Te apresuras a atraparla con un dedo.
Dougie abre la boca para decir algo, pero no le salen las palabras. Y tú terminas por facilitarle las cosas.
Te inclinas hasta que juntas tus labios con los suyos. El corazón te revolotea en el pecho cuando te corresponde, rodeando tu cuello con los brazos y enredando los dedos en tu pelo. Por tu parte, acaricias su mejilla y lo atraes más hacia ti.
Necesitas tenerlo. Y ser suyo. Lo has echado tanto de menos…
Quizás por eso el primer beso de reconciliación se va volviendo más y más apasionado y salvaje, como si hubierais estado toda una vida sin el otro, como si estuvierais hambrientos. Y por eso estás tan deseoso de volver a acariciarle y de recorrer cada ínfimo milímetro de su piel que decides que es más fácil reventar los botones de su camisa que intentar desabrocharlos. Vuestras bocas luchan entre sí por colonizar el mayor espacio posible, juegan al escondite para después volver a atacarse.
Y la ropa empieza a cubrir el suelo y vuestras respiraciones a hacerse cada vez más rápidas y sonoras.
Y tan concentrados estáis en hacer que el otro se estremezca, en saciar vuestras ganas del otro, que no advertís los dos ojos que espían desde el ventanuco en la oscuridad.
Ajenos a todo, es como si el mundo se fuera a acabar al día siguiente, como si fuera la última vez… Ojala hubieseis sabido que era muy probable que, efectivamente, aquella fuera la mejor y última vez…
Bueno, ¿qué? ¿Me he redimido por lo del capítulo anterior o no? xDD Se agradecen los comentarios :3
