TJM (The Jungle Movie)
Disclaimers: Los personajes aquí presentes no me pertenecen, son propiedad de Craig Bartlett.
(N.A: Perdon, ya tenia el capitulo desde hace dos semanas pero la pagina no me dejaba subirlo, no se porque, pero ya me dejo, espero les guste, y de verdad perdon por la tardanza, pero no fue mi culpa)
Capitulo 5:San Lorenzo.
-Queridos pasajeros, favor de esperar a que el avión se detenga por completo para abandonar sus asientos, gracias- se escucho decir a la azafata en cuanto el avión se encontraba descendiendo en la pista del aeropuerto de Honduras, el vuelo había durado cuatro horas y todos estaban exhaustos y cansados de haber estado tanto tiempo sentados en la misma posición; la mas molesta era Rhonda quien no soportaba la compañía de Eugene, ya que estaba catalogado en la lista de fenómenos de esta.
-Necesito bajarme de aquí, hermana. ¡Ya no lo soporto!- se quejaba Helga, ya que todo el viaje había estado escuchando a Brainy respirar ruidosamente, como acostumbraba a hacer.
-Tranquila, Helga. Ya falta poco- le decía Phoebe tratando de calmarla, en ese momento se escucho el sonido típico que emiten los aviones cuando se ilumina el botón que anuncia que es posible desabrocharse los cinturones de seguridad.
-¡Al fin!- exclamo la rubia, quien no se hizo esperar para desabrocharse el cinturón y levantarse del asiento; para su mala suerte, ella se encontraba en el asiento junto a la ventana y Brainy y Phoebe le impedían el paso.
-Alumnos, les pido de favor, que esperen en sus asientos a que todos hayan salido del avión, no queremos que nadie se extravíe- les pidió el Sr. Simmons quien estaba parado en su asiento dirigiéndose a los niños.
-¡Genial!- exclamo Helga sarcásticamente para luego dejarse caer en su asiento nuevamente; una vez que los últimos pasajeros estaban descendiendo, los alumnos de la PS 118 se levantaron de sus asientos, bajaron sus maletas de mano de los compartimientos y se dirigieron fuera del avión.
-¡Bienvenidos a Honduras!- les decía la azafata en cuanto salían del avión.
-¿Quién se cree que es? ¿La novia del presidente o que?- pregunto Helga, una vez abajo del avión con su mirada dirigida a la azafata.
-¿De que hablas Helga?- le pregunto Phoebe curiosa.
-¿Por qué nos da la bienvenida? ¿Acaso es algún personaje importante de la comunidad Hondureña? No, ¿verdad? Entonces, ¿Por qué ELLA nos da la bienvenida?- pregunto Helga irónica.
-Lo hacen por cortesía, Helga- le dijo un rubio detrás de ella.
-¡Si, como sea!- dijo la rubia tajantemente y se giro sobre su eje para luego caminar hacia al grupo de niños e integrarse a este.
-Bien, niños. Ahora nos dirigiremos a las bandas trasbordadoras a recoger nuestro equipaje. Estén atentos- les dijo Simmons a los alumnos, para luego dirigirse al lugar previamente mencionado.
Los alumnos se posaron alrededor de la banda expendedora a esperar sus maletas, las primeras maletas en salir fueron las de Arnold, Gerald, y Nadine, los primeros ayudaron a la chica a bajar su maleta, la cual era de un tamaño reducido pero bastante pesada.
-Nadine… se puede saber… que traes en esta maleta…- pregunto Gerald entre dientes por el esfuerzo.
-Solo algunas cosas para mis insectos- dijo la chica con una sonrisa, a lo que los demás alumnos la miraron perplejos.
En eso, las maletas de Harold, Sid, Stinky y Lorenzo pasaron por la banda, y poco tiempo después salieron las de Eugene, Rhonda, Phoebe y el director Wartz.
-Déjame ayudarte- le ofreció Sid a Rhonda, quien siempre ah estado interesado en la pelinegra de "alta sociedad", la cual acepto gustosa.
-¡Al fin, alguien me da el trato que merezco!- dijo la pelinegra con suficiencia cruzándose de brazos mientras Sid bajaba su maleta con dificultad.
En eso las maletas restantes; las de Helga, Olga y Simmons, pasaron por la banda, Simmons fue el primero en tomar su maleta, luego Helga y por ultimo Olga se acerco a la banda para tomar la suya, pero Lorenzo se le adelanto.
-Permíteme- le dijo el pelinegro, quien se acerco a tomar la maleta.
-¡Que amable eres! Muchas gracias… -le agradeció la joven.
-¡Guillermo!- grito el director Wartz efusivamente y todos dirigieron la mirada al mismo lugar que el director había dirigido su llamado.
-¡Wartz!- saludo un hombre con una sonrisa; era un hombre de avanzada edad, estaría entre los 45 y 50 años, tenia el cabello canoso, casi completamente blanco, tenia una pequeña calva en la parte superior de la cabeza la cual estaba cubierta con un sombrero marrón, su nariz era alargada y un tanto retorcida, y era de complexión delgada; Los dos adultos de cabellera canosa se saludaron con un apretón de mano y luego se dieron un abrazo que termino con un par de palmadas en las espaldas de ambos hombres.
-Niños, el es Guillermo. El será nuestro guía durante nuestra estancia en San Lorenzo- anuncio Wartz dirigiéndose a sus alumnos, quienes saludaron con una sonrisa a su futuro guía.
-Niños, hay que apresurarnos, todavía hay que tomar el camión que nos llevara a San Lorenzo- dijo Guillermo.
-¿Todavía vamos a estar mas tiempo sentados? ¡Ya me duele el trasero!- dijo Harold exaltado, a lo que Guillermo solo soltó una risa discreta.
-Si, estarán sentados una media hora mas- dijo Guillermo pacientemente, a lo que Harold se volvió a quejar, pero esta vez seguido del resto de los alumnos.
-¡Dejen de quejarse! Aprovechen que hoy se sentaron, porque mañana caminaremos mucho- les dijo Wartz. Después, cada quien tomo su maleta y siguieron a Guillermo a las afueras del aeropuerto para después subir al autobús que los llevaría a San Lorenzo.
-Guillermo, me sorprende que te encontráramos en el aeropuerto, se suponía que te veríamos al llegar a San Lorenzo- dijo Simmons, ya una vez que el camión estaba emprendiendo su trayecto.
-Si, es que hubo un cambio de planes y…- comenzó a decir Guillermo hasta que una chica rubia lo interrumpió.
-¡Oye, Memo!- le llamo Helga.
-Me llamo Guillermo- le corrigió el hombre.
-¡Si, como sea! ¿Se puede saber en donde nos vamos a hospedar?- pregunto la rubia poniendo sus manos en la cintura.
-En el hotel Clarion- le contesto el hombre con una sonrisa.
-¿Y es un buen hotel? Digo… una Wellington no puede hospedarse en cualquier lugar…- dijo Rhonda.
-Es mas una reserva natural, pero estoy seguro que el lugar será de su agrado, señorita- le contesto el hombre con una sonrisa, la cual la pelinegra le respondió casi de inmediato.
El autobús continúo su trayecto tranquilamente durante 30 minutos, hasta que llego a su destino. Los alumnos ansiosos bajaron del autobús, tomaron sus pertenencias y se giraron para ver la reserva. La entrada era preciosa; había un camino hecho de roca lisa, rodeado de plantas, que guiaba a la puerta. Pasando la puerta se encontraba una alberca con un puente al medio, y alrededor de este estaban las habitaciones.
-¡Ah!- grito Rhonda -¿Qué es eso?- pregunto con semblante alarmado señalando al suelo.
-Son coatis, Rhonda- le contesto Phoebe luego de haberse acercado a los animales para verlos mejor.
-Lo que sea que son… ¡es horrible!- seguía gritando Rhonda.
-Son animales típicos de aquí, señorita, encontrara una gran variedad de estos especimenes deambulando por San Lorenzo- le informo Guillermo.
-¿y no hay manera de alejarlos de este lugar?- pregunto Rhonda molesta.
-No, señorita- dijo Guillermo.
-¿Qué tal con veneno para ratas? ¿O algo…?- seguía diciendo la pelinegra –siéndole sincera, Guillermo, no me esta gustando nada esto…- dijo la niña haciendo un gesto con la nariz.
-¡Escúchame bien, princesa! ¡Te apuesto a que a ellos tu les das tanto asco como ellos a ti! ¡Déjalos en paz! Y tu, Memo, no te atrevas a hacerles nada solo porque esta princesa es una remilgosa…- dijo Helga, exaltada de manera acusatoria hacia sus interlocutores.
-Señorita Pataki, mi nombre es Guillermo, no Memo. Y no se preocupe, no le hare nada a los animales- le comunico el hombre pacientemente mientras Rhonda giraba su cabeza de manera indignada.
-¡Bien…!- dijo Helga poco convencida, ante las miradas absortas de sus compañeros, quienes nunca habían visto a Helga defender a alguien en días anteriores.
-Bien, como el lugar es pequeño, nosotros llegamos a ocupar casi todas las habitaciones, por lo que el lugar esta vacío- dijo Guillermo.
-¿Eso quiere decir que el lugar es todo nuestro?- pregunto Sid.
-¿Y podemos hacer lo que queramos?- pregunto Harold.
-Si, solo estamos nosotros, Harold, pueden hacer lo que quieran mientras respeten las reglas- les contesto Guillermo.
Luego de eso, se repartieron las habitaciones; Simmons, Wartz y Olga quedaron en habitaciones individuales; Harold, Sid y Stinky compartieron una habitación; Lorenzo, Arnold y Gerald compartieron otra; Eugene y Brainy; Nadine y Rhonda; y por ultimo Helga y Phoebe. Luego de esto, Guillermo se retiro del recinto para irse a su casa mientras los chicos se dirigían a la habitación que les correspondía, vaciaron sus maletas y acomodaron sus pertenencias en el lugar para luego reunirse en la entrada nuevamente.
-Niños, el día de hoy será libre, pueden hacer lo que quieran SIN SALIR DEL RECINTO- les informo Simmons, a lo que los alumnos solo sonrieron.
-¡Vamos a nadar!- le grito Harold a sus compañeros
-Si- le siguieron todos.
-¿Nadar?- pregunto Helga.
-Si, eso dijimos- le dijo Gerald, y el semblante de Helga se puso serio.
-¿Qué sucede, Helga?- le pregunto Phoebe.
-Nada, este… ¡Nos iremos a cambiar! Nosotras los alcanzamos- dijo Helga rápidamente para luego tomar a Phoebe de la muñeca y guiarla a su habitación ante las miradas absortas de todos.
-Bien, nosotros también debemos cambiarnos- dijo Lorenzo, a lo que todos asintieron y se retiraron a sus alcobas.
Pasados 10 minutos, los alumnos de la PS 118 se encontraban en la piscina, estaban todos menos la rubia y la oriental.
-¿Dónde esta Phoebe?- pregunto Gerald.
-¿Y Helga?- pregunto Lorenzo.
-¡Que importa! Ella dijo que nos alcanzaban después- dijo Sid, para quitarse la playera, correr hacia la alberca y aventarse de un clavado, salpicando a algunos de sus compañeros, quienes se encogieron de hombros y entraron a la alberca junto con el primero.
En ese momento apareció Phoebe.
-¡Hola, Phoebe!- la saludo Gerald con una sonrisa, agitando su mano en alto, desde el interior de la piscina.
-Hola- le saludo Phoebe de vuelta, quien se sentó en la orilla de la alberca y sumergió los pies.
-¿Dónde esta Helga?- pregunto Arnold.
-¡Aquí, zopenco! ¿Qué acaso te volviste ciego de un momento a otro?- escucho decir detrás de el; el rubio se giro y pudo ver a la chica -¡Lorenzo! Hazme un favor- dijo la rubia dirigiéndose al pelinegro que se encontraba detrás de Arnold dentro de la alberca, este se acerco abriéndose camino entre el agua.
-Claro, Helga. ¿Qué necesitas?- le pregunto el pelinegro, la rubia solo se hincó en el borde de la alberca y le susurro algo al oído, los demás solo observaban la escena curiosos; mientras mas hablaba Helga, Lorenzo solo sonreía.
Mientras tanto Arnold se movía hacia atrás por el interior de la alberca, lentamente hasta que quedo situado a lado de su mejor amigo.
-¿Qué tanto le estará diciendo?- susurro Arnold dirigiéndose al moreno una vez junto a el.
-No lo se- contesto Gerald sin apartar la mirada de Helga y Lorenzo.
-¡Será un placer, Helga! ¡Cuenta conmigo!- se escucho decir al pelinegro dirigiéndose a la rubia una vez que esta termino de hablarle al oído.
-Gracias, Lorenzo. Te debo una.- dijo Helga.
-¡OH, claro que si! Y te la voy a cobrar…- dijo el chico con una sonrisa.
-¿Qué? A que te ref…- la chica no pudo terminar su oración ya que Lorenzo la tomo de la muñeca desprevenidamente, y la jalo hacia el, provocando que la chica cayera al interior de la alberca -¿Qué te sucede?- le espeto la rubia molesta, una vez que había retomado aire.
-Sucede, que acabo de cobrarme- dijo Lorenzo con una amplia sonrisa, la chica solo le aventó agua a la cara y luego río ruidosamente; seguido de esto una guerra de agua comenzó entre los alumnos de la 118.
Así transcurrió la tarde, y una vez que los chicos sintieron hambre salieron de la alberca y se dirigieron al comedor.
-Espero que tengan comida decente- decía Rhonda.
-Espero que tengan pudín de limón- decía Stinky con las manos entrelazadas.
-Yo solo espero que tengan COMIDA- dijo Harold, lo que causo pequeñas risas de algunos de sus compañeros, para luego terminar de entrar al comedor.
-Sr. Ya esta aquí- decía un hombre robusto y moreno al momento que entraba corriendo a una especie de oficina oscura.
-Perfecto… ya saben que hacer…- dijo un hombre sentado en una silla, con un puro en la mano. Después de esto el primer hombre salio corriendo de la oficina para perderse en la penumbra de la selva.
A la mañana siguiente, los alumnos de la 118 se despertaron muy temprano y se dirigieron al comedor, como habían quedado con los profesores un día antes. Pero al no presentarse ningún adulto, los niños comenzaron a preocuparse y se dirigieron a las habitaciones de sus responsables.
-Parece que no hay nadie…- dijo un Gerald nervioso, luego de haber tocado a la puerta del profesor Simmons y no recibir repuesta alguna
-Tampoco contesta Olga- dijo Lorenzo.
-Ni el director Wartz- dijo Sid con la respiración agitada.
-¡OH, perfecto!- dijo Helga levantando los brazos, para luego cruzarlos y recargarse en la pared.
-Será mejor que entremos a cerciorarnos que no hay nadie- dijo Eugene con una sonrisa nerviosa.
-Si… ¿y como planeas abrir la puerta, genio?- pregunto Rhonda.
-Eso es sencillo, princesa- le dijo Helga, quien retiro su peso de la pared y camino hacia Nadine para tomar un pasador de una de sus largas trenzas que conformaban su cabello.
-¡Helga!- le grito la aludida tomándose el mechón de cabello que se había caído a causa de la falta de soporte que le proporcionaba el pasador.
-Tranquila, Nadine. Te lo devuelvo en un segundo- dijo la rubia, para luego con ayuda de sus dientes abrir un poco el pasador, agacharse frente a la puerta e introducir el pasador en el picaporte, para luego maniobrar con este hasta que se escucho un ruido proveniente de la puerta -¡Ya esta!- exclamo Helga triunfante.
-¡OH, vamos Helga! No puede ser tan fácil- dijo Gerald, a lo que la rubia solo hizo un poco de presión con su dedo índice en la puerta y esta se deslizo hacia atrás; el moreno y todos se sorprendieron ante esto, mientras que la rubia solo sonreía placidamente -¡Vaya Helga! ¿Alguna vez fuiste ladrona?- pregunto Gerald sarcásticamente.
-No- dijo Helga.
-Entonces ¿Cómo...?- pregunto Arnold curioso.
-¿Cómo crees que entro a mi casa cuando los despistados de mis padres no están?- pregunto la chica, a lo que nadie respondió.
Luego de esto, los chicos entraron a la habitación y la comenzaron a recorrer por el interior revisando cada rincón.
-No hay nadie- dijo Arnold.
-¡Vaya, que observador!- le victoreo Helga sarcásticamente, a lo que Arnold solo la reprimió con la mirada –Bien, perdedores, ¡busquen algo que nos explique a donde demonios se fueron los adultos responsables de nuestra corta vida y seguridad!- ordeno la rubia, y todos comenzaron a revisar cajones, maletas, etc., y en todo ese barullo Eugene se tropezó y cayó al suelo.
-¡Estoy bien…!- dijo con dificultad, ya que tenia la cara contra el piso.
-Vaya fenómeno…- susurro Rhonda, rodando los ojos.
Sid, se acerco a Eugene, quien seguía en el piso para ayudarlo a levantarse, lo tomo de los hombros brindándole soporte; una vez que Eugene estaba separado del suelo por escasos centímetros, Sid noto un papel sobre el cual Eugene había caido.
-¡Miren esto!- grito Sid tomando el papel y soltando a Eugene ocasionando que el pelirrojo volviera a estrellarse contra el suelo; los demás se acercaron a el esquivando las cosas que se encontraban desordenadamente sobre el piso; y una vez que llegaron a él, el chico comenzó a leer -"No se molesten en buscar a sus acompañantes, no los encontraran tan fácilmente… Si quieren encontrarlos deberán obedecer, necesito que me hagan un favor, encuentren "El Corazón" y les devolveré a sus amigos. No se preocupen, cuando tengan el precio a pagar en sus manos, nosotros los encontraremos a ustedes."- dijo Sid concluyendo su lectura.
Este fue el fin de este capitulo. ¿Que les pareció?
Lo de que Sid le ofrece a Rhonda cargar sus maletas, porque se siente atraído por ella, lo saque del capitulo: "La Habitación de Arnold", a Sid no se le conoce ningún interés particular en una chica, aunque en el episodio previamente mencionado, se observa una foto de Rhonda en el piso de su habitación.
Lo del pudín de limón de Stinky es del capitulo "Helga la Actriz", donde ella se mofa de la obsesión que tiene Stinky con el postre mencionado.
Y no se preocupen, como por culpa de la pagina no había podido subir el capitulo les voy a subir el que sigue justo ahora.
Y a todos los seguidores de mi otra historia "Amistad Accidental" les informo que si va a haber capitulo 7, por petición de ustedes y del congreso de la unión.
