TJM (The Jungle Movie)

Disclaimers: Los personajes aquí presentes no me pertenecen, son propiedad de Craig Bartlett.


Capítulo 16: El Escape.

-Está despertando...-escucho decir a una voz lejana, era muy tenue al llegar a sus oídos...

-¡Despertó!- escucho decir a otra voz, esta se escuchaba más cercana; comenzó a abrir los ojos lentamente, su mirada estaba decaída, con falta de nitidez, muy borrosa.

-Helga, ¿estás bien?- le pregunto Phoebe con un dejo de preocupación en su voz.

-Yo siempre estoy bien... a veces mejor- respondió Helga con una voz que sonaba bastante apagada ante los oídos de sus acompañantes; apenas podía distinguir lo que estaba frente a ella, y su vista se volvía cada vez más nítida a cada segundo que pasaba. Una vez que su mirada llego a su nitidez habitual pudo distinguir a cada uno de sus compañeros a su alrededor, mirándola con una mezcla de preocupación, angustia y terror que se reflejaba a la perfección en cada par de ojos que la observaba. -¡Dejen de observarme! Es extrañamente incomodo...- pidió la rubia mientras intentaba sentarse sobre el espacio de tierra sobre el que se encontraba recostada.

-Solo queremos asegurarnos de que estés bien- le dijo Arnold con su monótona voz, a la vez que se acercaba a ella e intentaba ayudarla a levantarse con ayuda del soporte de su palma sobre la espalda de la rubia, pero esta, quien no gustaba demostrar su fragilidad y era muy orgullosa, no acepto la ayuda de Arnold y retiro su mano bruscamente.

-Yo puedo sola- le dijo fríamente, dirigiéndole una mirada del mismo calibre. Cuando finalmente logro erguirse, lo primero que vio ante sus ojos fue una reja de acero, de un color gris oscuro, miro a su alrededor discreta y solamente con la mirada, sin mover ningún órgano más que sus ojos, ciertamente no importaba hacia donde dirigiera su mirada, a donde fuese que mirara una reja, igual que la primera, se posaba frente a ella -Genial- dijo sarcástica para sus adentros, y se levantó por completo de la tierra de manera tambaleante hasta quedar de pie, sus amigos la miraron angustiados al ver la manera en que se tambaleaba la rubia, lo cual les hacía pensar que el efecto de la droga que le habían dado a oler para dormirla, todavía se encontraba activo, pero a Helga eso no le importó, camino hacia uno de los extremos de la reja, metió los dedos por entre los huecos que tenía esta e intento moverla, pero su intento fue en vano, a lo mucho la abra hecho sacudir unos milímetros, sus piernas y sus brazos se sentían débiles y le pesaban, y al hacer el esfuerzo de caminar y "jalonear" la reja, estos le habían comenzado a punzar de dolor, por lo que, rendida, recargo su peso casi totalmente sobre la reja, sin retirar sus manos del agarre que la tenían prensada.

-Helga, no estás bien del todo, la droga todavía tiene efecto sobre ti, deberías descansar- le dijo Arnold con cautela, ya que sabía a la perfección que no era del todo buena idea llevarle la contraria a Helga y menos mencionar de alguna manera su debilidad, fragilidad o cualquier otro sentimiento de escases que pudiera presenciar la rubia.

Helga solo volteo su cabeza para poderle dirigir una mirada tan fría que, si fuera humanamente posible, hubiera congelado la sangre que corría por las venas del rubio, cabe mencionar que para girarse y hacer ese gesto, tuvo que hacer un gran esfuerzo para luchar contra las punzadas de dolor, que ya le recorrían todo el cuerpo a esas alturas.

Helga intento responder fría y tajantemente al comentario de Arnold, como acostumbraba a hacer, pero el dolor no la dejo mencionar palabra... al sentirse tan débil, tuvo que rendirse ante el dolor y debilidad que sufría en cada uno de sus músculos, y aunque no le gustara admitirlo, Arnold tenia razón, debía descansar.

-Necesito... pensar en un plan factible que nos ayude a salir de aquí, y eso llevara algunos minutos...- dijo la rubia, tratando de justificarse para poder sentarse sobre la tierra con la espalda recargada en la reja sin sentirse avergonzada y sin tener que admitir su malestar.

El sentirse mejor le llevo más tiempo de lo que creyó que le tomaría, ya había llegado la noche y ella, junto con sus compañeros, se había quedado dormida. Arnold, era el único que no había podido pegar ojo en toda la noche, estaba muy preocupado y se sentía impotente, creía que les sería muy difícil salir de esa situación.

En eso, dio las gracias por no poder dormir, ya que si no fuese así jamás habría podido presenciar la conversación que en esos momentos entablaba un grupo de hombres.

-Todavía no termina de prepáralo- comentaba uno.

-¿Qué? ¡Esa mujer lleva los últimos meses intentando preparar ese maldito antídoto!- respondió el otro muy molesto.

-Sigue insistiendo, en que si no la dejamos salir a conseguir lo que le falta, jamás podrá hacerlo, ¿no crees que deberías...?-

-Dejarla salir, ¡sí, claro! para que huya y no la volvamos a ver- le interrumpió sarcásticamente un hombre robusto que tenía una voz grave.

-No creo que fuera de ese modo...- comento una voz con matices graves, un hombre corpulento apareció de repente uniéndose al grupo de charlatanes, la luz de la Luna le daba un aspecto tétrico y bastante aterrador a su rostro.

-¿Qué quieres decir?-

-Tenemos a su hijo, ¿ven a ese chico cabezón de allá?- dijo el hombre señalando hacia el grupo de niños desde el cual se encontraba Arnold observando y escuchándolos atentamente -Es el hijo de Stella y Miles, aunque los dejáramos salir no se irían sin su tan añorado hijo- dijo el hombre burlonamente.

En ese momento Arnold se dio cuenta de que estaban hablando sobre sus padres quienes se encontraban en ese extraño y malvado campamento secuestrados, al igual que él y sus amigos.

Decidió esperar atento hasta que los hombres terminaran de hablar, poniéndoles una atención extraordinaria, ya que no quería perderse ni un solo detalle de la conversación, por si acaso en algún momento decían o hacían algo que le diera una pista sobre el paradero EXACTO de sus padres.


Al día siguiente, Helga se despertó temprano, antes que nadie más, levanto la cabeza y observo a su alrededor atentamente, en eso, un babuino, el mismo que había visto un par de veces antes, se acercó a ella por el otro lado de la reja. En ese momento a Helga se le ocurrió una idea bastante loca, muy al estilo de Curly; se acercó lo más que pudo al babuino, y por entre la reja le susurro algo al oído, el babuino hizo un ademan de haber entendido y salió rápidamente hacia el interior de la selva.

-Debo haber enloquecido. Hable con un mono. ¡Deje nuestras vidas en manos de un babuino!- se dijo Helga exasperada.

Varios minutos después, los demás chicos se despertaron, y Arnold no se hizo esperar, se acercó a Gerald y le comenzó a contar todo lo que había escuchado la noche anterior, Gerald estaba fascinado y a la vez pensaba que su amigo había enloquecido por la idea tan descabellada que se le había ocurrido…

Varias horas después, en la tarde, alrededor de las 3:00 p.m., Helga se estaba empezando a preocupar ya que el babuino aun no regresaba con lo que le había pedido, estaba comenzando a pensar que pedirle algo tan importante a un primate había sido una PESIMA idea.

En ese momento, Guillermo y otros 2 hombres, se acercaron con charola en mano y abrieron la reja.

-Hora de comer, niñ…- el hombre no termino de hablar ya que, interrumpiéndolo abruptamente, un babuino salto a su cabeza y le había tapado los ojos con las manos, el hombre había entrado en pánico y había comenzado a gritar y correr mientras intentaba quitarse al babuino de encima, Helga ante esto solo pudo reír, al menos el mono no se había olvidado del todo de ella; de repente su sonrisa se tornó en una expresión de sorpresa, ya que de la nada, salieron un montón de animales desde la maleza, todos se sorprendieron al ver tal estampida conformada por todo tipo de primates.

-¡Vaya! Me sorprende lo bien que entendió el concepto de "distracción"- se dijo Helga sorprendida.

En ese momento Helga les grito a sus compañeros que había que aprovechar el momento y salir de ahí, y así lo hicieron, se agazaparon para poder salir del lugar sin salir lastimados por los primates.

-¡ESCAPAN!- grito le hombre al que el babuino atacaba en cuanto había podido retirar una de las palmas del primate de sus ojos, pero este le mordió la mano y el hombre se volvió a distraer.

Ante tal afirmación, los maleantes comenzaron a perseguir a los niños con navajas y pistolas en mano, algunos eran tacleados por los simios, pero otros lograban escapar de tal barullo.

La escena era increíblemente extraña ante los ojos de cualquier humano que fuese capaz de presenciarla.

-¡Auxilio! ¡Ayúdenme!- se oyó gritar a Eugene.

Helga y los niños, se giraron y vieron a Eugene levantado en el aire por Guillermo, que lo tenía sujeto, Helga no se lo pensó dos veces, tomo una piedra del tantas que había en el suelo, apunto y lanzo dando justo en la cabeza de Guillermo quien cayó al suelo.

-¡Estoy bien!- dijo Eugene, que había caído al piso junto con Guillermo.

-¡Bien por ti! Ahora, ¡levántate!- le grito Helga.

Eugene se levantó, y salió corriendo tras Helga y los demás.

-¡Esper…!- comenzó a gritar Guillermo desde el suelo, pero un babuino pequeño salto sobre su estómago, sacándole todo el aire de los pulmones interrumpiéndolo y provocándole un desmayo.

Una vez que todo el grupo se encontró entre la maleza, observando de lejos la "batalla" entre los chimpancés y los maleantes. La escena era tan chusca que los niños no aguantaron más y comenzaron a reír, pero la risa de Helga se detuvo en cuanto entre sus compañeros no encontró a Arnold ni a Gerald…

-¿Dónde está el cabeza de balón?- dijo fingiendo enojo e indignación, pero se escuchaba más que nada preocupada.

-Gerald tampoco está…-dijo Phoebe igualmente preocupada.

-¡Ya lo note!- grito Helga.

-¿Crees que los hayan capturado?- pregunto Stinky distraídamente.

-Si es así tendremos que volver, ¿cierto?- pregunto Sid.

-¿tú que crees?- le pregunto Lorenzo seriamente a la rubia, que tenía la mirada perdida en el suelo.

-Creo… creo… que…- sus palabras se entrecortaban, se escuchaban temblorosas ante la idea de que hiciesen sido capturados, Helga no soportaba aquella idea –creo que si los capturaron ya no tiene caso, aunque volviéramos por ellos no sabríamos en donde los tienen, incluso… ¡ni siquiera sabemos si siguen vivos!- grito Helga, explotando finalmente –¿y si los atraparon y creyeron que eran demasiado bobos y decidieron mejor deshacerse de ellos? ¿Y si les cortaron la cabeza? ¿Puede que les hayan quemado los pies… o por aun, y si los aprisionaron, y los tienen amarrados con cuerdas y cadenas, con grilletes en los pies y encerrados en una mazmorra subterránea llena de ratas? ¡ODIO LAS RATAS!- grito Helga enfadada, preocupada y bastante triste, su voz sonaba bastante débil y temblorosa, como si estuviera a punto de llorar, pero no era así, en realidad era por desesperación y miedo. (N.A: ya sabemos que Helga es una drama queen, jajá por eso le exagere tanto xD).

-¿Y qué vamos a hacer?- pregunto Phoebe con cautela.

-¡NO LO SE! Solo sé que si están muertos, no me lo perdonare ¡NUNCA!- grito Helga muy enfadada, ya con ganas de llorar.

-No sabía que te importáramos tanto…-dijo suspicazmente una voz a sus espaldas.

-¡GERALD!- grito Phoebe muy contenta con una gran sonrisa dibujada en su rostro.

-Hola, Phoebe- le saludo Gerald con un ademan de manos, pero Phoebe no se pudo contener y se lanzó directo a él para darle un abrazo rodeándolo por la cintura –También me da gusto verte- dijo Gerald entre pequeñas risas, devolviéndole el abrazo.

En ese momento Arnold comenzaba a asomarse por entre la maleza hasta que salió por completo quedando frente a sus amigos.

-¿Dónde estabas?- le pregunto Helga exasperada, a lo que Arnold solo logro sorprenderse ya que lo había tomado desprevenido -¡No importa!- dijo la rubia sin dejarlo contestar –Hay que irnos de aquí… ¡Dejen de reírse!- dijo ferozmente al ver a sus compañeros quienes se estaban riendo ante las reacciones previas de Helga, en cuanto esta los fulmino con la mirada, sus risas se detuvieron en seco –Y ustedes dos…- dijo dirigiéndose a Arnold y a Gerald –si van a morir ¡háganlo! Si no, manténganse tranquilos- les grito exasperada.

Luego de haberles gritado algo con muy poco sentido, Helga se dio la vuelta y comenzó a caminar rápidamente y con los puños cerrados pasando por entre sus compañeros, quienes solo rieron levemente, incluso Arnold esbozo una pequeña sonrisa; al no escuchar pasos a sus espaldas Helga se viro bruscamente.

-¿Qué esperan?- les pregunto incrédula.

-En serio, ¿no quieres saber porque nos retrasamos?- pregunto Gerald con Phoebe aun prensada por la cintura.

-Te escucho- le dijo Helga solemnemente con las manos en la cintura.

-Mira- le dijo Arnold mientras se agachaba, abría su mochila, y dentro de esta se encontraba un paquete abultado envuelto en una especia de papel de dudosa procedencia.

-Estoy mirando- dijo Helga retadoramente sin prestar mucha atención, pero después se dio cuenta de lo que era y dijo anonadada –es… ¿lo que creo que es?-

-Si- afirmo Gerald.

-¡Perfecto! Y, ¿esto en que nos va a ayudar?- pregunto irónica.

-Lo sabrás muy pronto…-dijo Arnold de manera misteriosa.

-De… acuerdo…- dijo Helga dudosa, era muy extraño escuchar a Arnold hablar de aquella forma.


Perdón la tardanza, pero ya empecé con la prepa, y tengo clases extracurriculares y todo ese rollo que me quita tiempo, supongo que ya se dieron cuenta o por lo menos tienen una idea de que trae Arnold en las manos… la verdad espero poder actualizar más pronto, entre hoy y mañana actualizo mi otro fic y seguido de eso escribiré el siguiente capítulo de este, ¡se los prometo!

Me di la oportunidad de viajarme un poco con lo del mono que los rescata y eso, jajaja la verdad creo que la historia ameritaba algo fuera de lo normal aunque no demasiado jajajaja