Creo que iré a dar un voltio por el hotel, a ver si de paso encuentro algo con que abrir mi maleta. Asiento para mí sola. Abro la puerta y salgo. Nada más salir, me encuentro de sopetón a Rosa, con un plumero.
-Hey, Rosa.
-Hombre, señorita Hyde.
-¿Qué está haciendo?
-¿Tú qué crees? ¡Limpiar, qué si no! Pero no sé para qué me esfuerzo, nunca se acaba de quedar limpia. ¡Por no hablar de Louise! ¡Es ella la que ha de limpiar esta planta!
-¿Dónde está Louise?
-Escondida, por ahí, seguramente. Ya le he dicho a la señora Smith que además de que es una cría, no puede hacer nada, y estos días en los que su padre se ha ido, que contrate a un sustituto. Pero claro, ¿Quién vendría a trabajar aquí con esas historias deambulando por ahí?
-Rosa… ¿Qué historias?
-Pues… No sé si debería…
-Vamos, usted lo ha mencionado. No puede dejarme así…
-Yo no…
-Está bien, no me lo cuente.
-Gracias, pequeña.
-Hablando de todo un poco, ¿Y Kya?
-En mi cuarto, está dormida. La pobre chiquilla estaba agotada.
-Llegó aquí sola, ¿O no?
-No. La trajo la señorita February.
¿June trajo a Kya aquí? ¿Por qué? Tal vez deba preguntarle…
-Bueno, no la entretengo más.
-Te lo agradezco.
Rosa baja las escaleras a toda prisa.
-Será mejor hablar con la rubiales.
Llamo a la puerta con los nudillos. June me abre mientras se agita su melena dorada al son del viento. Mierda, me parezco a la lunática de Martina.
-Oh, tú. ¿Qué pasa?
-¿Has traído aquí a Kya?
-¿Quién?
-La niña rubia.
-Ah, esa. Sí, la traje.
-¿No te dijo su nombre?
-Quizás. Yo que sé. La verdad es que no dijo nada, solamente llevaba en el bolsillo un folleto del hotel y la traje aquí, porque también necesitaba un lugar para pasar la noche. Y créeme, si llego a saber cómo era este agujero, no me hubiese ni molestado.
-¿Kya había estado antes aquí?
-Dos y dos son cuatro, ¿No? Si tenía un folleto del hotel, es que sí, ¿No crees, pelirroja?
Otra que se fija en mi pelo. No sé si me gusta o me parece cansino.
-¿Algo más?
-No.
-Pues vale. ¡Adiós!
June me cierra la puerta en las narices.
-Puede que vaya a preguntarle a Kya…
Me callo. Oigo un silbido. Y otro, y otro. ¿De dónde viene? Avanzo por el pasillo. Mis oídos me indican que el ruido viene del cuarto de la ropa blanca.
-¿Eh? La llave no está echada…
Abro la puerta y me encuentro a Louise babeando con una revista de bañadores masculinos. Puaj.
-¡La leche! ¡Estos pijos están para mojarlos en la leche!
-¡Oye!
-¡Ay!
Louise deja la revista en un estante.
-¿Qué haces aquí?
-Debería preguntarte lo mismo, colega. Los huéspedes-o sea, tú- no podéis entrar aquí.
-He oído algo, y como la llave no está echada he investigado un poco.
-Vale, vale, lo que tú digas.
-¿Qué era esa revista?
-Se la dejó olvidada alguien.
-¿Se suele olvidar cosas la gente?
-Montones. Pero tranqui, no me quedo con nada. Se lo doy todo a Smith. Lo guarda en la oficina.
Así que en la oficina.
-Deberías estar limpiando. Lo ha dicho Rosa, que no haces más que escaquearte. Y hablando de tu capacidad intelectual, auriculares, me entregaste un paquete equivocado.
-¿Eh?
-Dos paquetes para entregar y metes la pata hasta el fondo. ¡Así se hace, Louise!
-Tía, no me des la vara. Un error lo tiene cualquiera, ¿No?
-Cambiando de tema, ¿Tú sabes algo de las historias del hotel?
-Ah, eso. No mucho. A ninguno de los empleados les gusta hablar del tema. Solo sé que hace unos 25 años asesinaron a una niña aquí.
-¿Un asesinato?
-Solo son chismorreos, pero la gente se acojonó y el hotel se arruinó. Yo no sé mucho más.
-Vale…
-Deberíamos salir por patas. Tú y yo.
-De acuerdo…
Louise sale escopeteada. Antes de irme le echo un vistazo a un armario metálico que está contra la pared. Está abierto, y allí me encuentro unos alicantes, una palanca y un destornillador. Parecen más viejos que Matusalén, pero me los guardo. Nunca se sabe…
Vuelvo a mi habitación a meditar cómo demonios puedo abrir mi maleta. Voy paseando de un lado a otro. Por suerte los de abajo no se quejaron de ningún agujero. Me quedo mirando una percha que hay fija al perchero. ¡Bingo! Con maniobra de los alicates…. ¡Ya está! La percha se ha transformado en un alambre gordo.
-Puede que así…
Funciona. Forcejeando un poco, mi maleta se abre con un clac. Cojo el dinero de mi cartera y me dispongo a bajar a pagarle a Jenny, pero me suena el teléfono.
-Otra vez el teléfono…
Contesto. Mi padre de nuevo.
-¿Papá?
-Sí, Kylie. Soy yo.
-Qué valiente dándome la cara cuando te has escaqueado otra vez.
-Oye, guapa, no me cuesta nada colgar, ¿Eh?
-Vale, vale, saco de malas pulgas. ¿Qué querías?
-Hablarte un poco más del asunto en cuestión. Ya sabes, mi pasado, por el que no haces más que darme la lata.
-Yo también te quiero.
-Verás, trabajé en la poli de Los Ángeles. Creo que ya te lo he dicho.
-Sí. ¿Qué te pasó? ¿Dimitiste o te echaron a patadas?
-Hm… Creo que empiezo a arrepentirme de haberte llamado.
-Papá, soy mayor. Al menos lo suficiente como para conocer a mi padre. ¿Qué pasa, no te fías de mí?
-Por supuesto que no es eso, Kylie. Es que… Vale, está bien. Verás, antes te he hablado de Bradley. Ambos trabajábamos en un caso para infiltrarnos en una banda de ladrones de obras de arte. La banda en cuestión se llama Nile.
-Nile… Vale, te sigo.
-Pues Bradley se cargó todo uniéndose al lado malo.
-¿Te traicionó?
-Sí, digamos que sí. Cuando me enteré, le busqué por toda la ciudad. Y no creo que te guste saber lo que pasó.
-Adelante.
-Acabé dando con él en los muelles. Le grité que por qué lo hizo. Al final, de lo furioso que estaba, no me di cuenta y le disparé.
-¡Papá!
-Pero no lo maté. Lo sabía muy bien. Asumí la responsabilidad y abandoné la policía.
-Qué fuerte… ¿Pero cómo sabes que no está muerto?
-Aquel tipo que se registró con mi nombre era él. Lo sé por pequeñas pistas que dejó por el hotel. También era el cliente para el que estuve trabajando sin saberlo.
-Papá….
-Mejor paremos aquí. ¿Qué tal tú?
-¿Sabes a quién me he encontrado? A Louise.
-No me extraña, su viejo trabaja en el hotel.
-Ya, pero su viejo no está. Está fuera, así que se queda sola. Me extrañó que me dijera que su viejo se lo contaba todo. ¿Cómo conociste a su padre?
-Prométeme que no se lo dirás a nadie.
-Vale.
-Su viejo se dedicaba al noble arte del carterismo en el metro de Manhattan, y le tuve que empapelar un montón de veces mientras estaba en el Cuerpo.
-¡Vaya!
-Sí. Después me lo encontré trabajando aquí, y claro, me contó por qué dejó las calles.
-¿Y ese motivo es…?
-He de colgar. No hables de esto con nadie, ¿Eh?
-Sí…
Mi padre cuelga. Digiero como puedo esta información y me decido a ir a pagar la habitación. Bajo, pero no hay nadie en recepción, así que llamo a la puerta de la oficina. Jenny me abre.
-¡Hombre, pequeña!
-¿Tiene un segundo?
-¿Vienes a pagar la habitación?
-Así es. ¿Cuánto es?
-Cuarenta dólares.
-Aquí tiene.
Le suelto cuarenta dólares a Jenny. Los cuenta, y bien que hace, con cada ratero suelto por ahí. Entre los cuales no me incluyo.
-Perfecto. Ah, y Rosa ya me ha contado lo del malentendido con los paquetes.
-No ha sido nada, de verdad.
-No, en serio. Para agradecerte, tu cena corre de cuenta de la casa. Y no te pierdas lo que hay esta noche en el Moonlight Grill. ¡Pechuga de pollo rebozada con salsa picante de tomate!
-Suena genial.
-Y también te invitaremos a un postre de la casa.
-A propósito, ¿A qué hora abre el restaurante?
-A las 18:00h. Ahora, si me disculpas, tengo que irme. Adiós.
Jenny se marcha por el pasillo derecho. Me viene a la cabeza lo que me dijo Louise antes. ¿Valdría la pena echar un vistazo? Me decido porque sí. Quiero husmear un poco. A ver si lo que me contó de la niña aquella era verdad…
-Bien, está abierta…
Abro la puerta y entro sigilosamente. Nada fuera de lo normal. Una oficina con pinta de… Oficina.
-Veamos qué tenemos por aquí…
Un cajón. Está abierto. Hay una caja de color rojo con una cerradura que parece impenetrable. La agito.
-¿Eh? Parece que contiene algo…
Vuelvo a meter la mano en el cajón. A tientas alcanzo dos llaves. Las dos tienen algo grabado, pero no se distingue lo que es. A ver cómo me las apaño para ver lo que pone…
-Miremos ahora el registro de huéspedes.
Meto la caja y las llaves en mi chaqueta y miro por los cajones del escritorio. Veo una tarjeta de cumpleaños muy vieja en la que pone "Feliz cumpleaños a mi querida Jenny". Qué raro… ¿El viejo Smith le hace tarjetitas cursis a su hija de 40 años? Bah, voy a dejarlo. Diviso un archivador.
-Ajá…
Ojeo un poco. Hasta que encuentro mi nombre escrito en una hoja de inscripción de hace apenas unos meses.
-Se alojó en la 217… Interesante…
Me pongo a pensar a quién le puedo caer mal para gastarme tal broma. Pero no puedo, porque son demasiadas opciones.
-Mejor me piro ya antes de que me pillen y se me caiga mi bonito pelo pelirrojo…
Salgo de la oficina por patas. Estoy pensando cómo puedo leer lo que hay grabado en las llaves hasta que una voz familiar me interrumpe.
-¡Hyde, colega!
Louise.
-¿De dónde sales?
-¿De qué me hablas?
-En serio, tía, ¿Qué hacías ahí dentro? ¿No estarías hablando con Jenny sobre cosas sobre mí o mi viejo, no? Ah, pero qué digo, tú no sabes nada.
-¿Ah, no? Entonces no sé que tu padre era carterista en su tiempo pero se buscó una vida más honrada.
-¡Ah! ¡¿Pero cómo lo sabes?!
-Mi viejo. Pero tranquila, no se lo diré a nadie. Aunque te parezca raro, te aprecio.
-Fiu, no sabes qué peso me quitas de encima. De verdad… Oye, ¿Y qué se cuenta tu viejo?
-Hoy me he enterado de que fue poli.
-¿Tu viejo poli? ¡Hala! ¿Y ya no lo es?
-No. Dejó el Cuerpo cuando un amigo suyo cambió de lado durante una infiltración.
-¿Cómo?
-Sí. Investigaban una banda llamada Nile.
-¡¿Has dicho Nile?!
-Así que te suena, ¿Eh?
-A la cárcel vas a venir a robar. ¡Pues claro que sí!
-¿De qué?
-Nada, nada.
-Habla.
-Tía, no me…
Se oye una voz.
-¡Louise DeNonno!
-Mierda…
-¿Qué haces aquí de cháchara? ¡Has de ayudarme con el restaurante! ¡Casi es la hora de abrir!
-Vale, vale. Chao, Hyde.
-¡Louise!
Louise se escapa. Maldita sea, ya estaba a punto de hacerla hablar. Supongo que puedo preguntarle más tarde.
-Esa Louise no tiene remedio…
-Rosa, un minuto, por favor. ¿Qué tal está Kya?
-¿Kya, dices? Bien, está más relajada.
-Me alegro mucho.
-¿La conoces?
-No, solamente me pica la curiosidad.
-Ya veo… A propósito, ¿El paquete…?
-Ya está solucionado.
-Ah, me alegra oír eso. Si me disculpas…
Rosa se marcha apresuradamente. Me resigno a volver a mi cuarto. Pensando en mis cosas, me choco con el pizarrín que hay en la entrada del restaurante. No cae, pero mi preciosa chaqueta negra se mancha un poco. La sacudo.
-¡Mierda! ¡Como el viejo Hyde se entere me mata! ¡Le costó un dinero esta chaqueta!
Mientras mascullo todo tipo de blasfemias al tiempo que me limpio la chaqueta se me viene una idea a la mente… ¿Tiza? Tal vez sirva para ver lo que hay grabado en las llaves.
-Probemos a ver…
Paso el dedo de modo que queda impregnado de tiza y cojo una de las llaves al azar. Paso la tiza por toda su superficie y soplo la sobrante. Claramente se distingue una K.
-¿K? ¿Tendrá algún significado?
Repito la operación con la otra llave. Esta vez aparece una B.
-Y ahora "B". ¿Qué relación puede haber entre ambas letras?
Pruebo a abrir la caja con ambas llaves, pero no funciona. No sé que hago cogiendo cosas si no sé qué hacer con ellas.
-Me lo guardo todo por si acaso…
Hora de que Louise cante hasta rancheras. ¿Pero por dónde andará? Dunning sale del pasillo izquierdo interrumpiendo mis pensamientos.
-¿Eh?
-Oh, señorita Hyde, es usted. Ya me han comentado lo del error con su paquete.
Vaya, lo raro sería que nadie se enterara.
-Sí. Un pequeño error, no ha sido nada.
-Me alegro de oírla decir eso.
-Por curiosidad, ¿Sabe dónde está Louise?
-Estará en su cuarto. Pase por aquí.
-Gracias…
Cuando voy a entrar en el pasillo, me encuentro al viejo de antes, el que entró después de mí, viniendo del vestíbulo.
-Disculpa, jovencita, ¿Sabrías decirme a qué hora abre el restaurante?
-¿El restaurante? Cómo no, abre a las 18:00h.
Venía en el folleto. Y luego soy yo la que no leo.
-Debería esperar en su estancia hasta la hora. No creo que deba bajar escaleras para nada.
-Oh, muchas gracias, joven pelirroja.
Nada, pelo mío, no pasas desapercibido ni queriendo.
-Gracias por pararte a conversar un rato con este anciano.
-Nada, de verdad.
-Oh, disculpa, ¿Cómo te llamas, angelito?
Otro que me llama bebé a su manera.
-Kylie Hyde, estoy en la 215.
-¡Oh, tú eres la que está en Deseo! Yo estoy en la 212, la llaman "Ángel".
Supongo que a los yayos les va eso de los nombrecitos. Algo es algo…
-Claro, un nombre genial.
-Sin duda. Gracias por charlar conmigo. He de marcharme. Ah, por cierto, me llamo Alain Parker.
-Me acordaré. O eso espero…
Alain sube las escaleras.
Entro por la puerta del pasillo izquierdo. Llamo a la puerta de Louise.
-¡Hey, eres tú!
-¿Podemos hablar?
-Tía, ¿Qué tripa se te ha roto?
-Quiero hablar de algo, y no quiero que nadie meta las narices en nuestra conversación.
-Qué remedio. Vamos, pasa.
Entro en el cochambroso cuarto de Louise. No sé qué está más limpio, si su cuarto o un cubo de basura.
-Hemos de hablar.
-Puede que te apetezca largar, pero a mí me da palo escucharte.
-Escucha. Cuando me oíste hablar de Nile se te cambió la cara. ¿Por qué?
-Tía, no…
-Louise… ¡No me provoques o haré que cantes como un mariachi!
-¡He dicho que no! ¡No quiero remover en los trapos sucios de mi viejo! ¡Precisamente por eso se largó de las calles!
-Cuéntame. Vamos.
-Mi viejo tenía un colega llamado Danny. Él le dijo a mi viejo que conseguiría pasta para dejar las calles y empezar de nuevo en otro sitio.
-¿Cuál era el plan?
-Robar una obra de arte tasada en millones, venderlo y obtener una pasta gansa.
-¿Del almacén de Nile?
-Eso es. Piensas bien…
-No me cambies de conversación, Louise. Sigue.
-Ese día, Danny llevaba una pasta considerable. Pero entonces un tío de Nile le dio matarile en el almacén.
-¿Y ese tipo era…?
-Danny le dijo a mi viejo antes de morir que era un madero infiltrado. Cuando me dijiste que tu viejo trabajó en ese caso…
-Empezaste a entender, ya veo. Pero mi padre no se infiltró, él se quedó en la oficina.
-Entonces…. Su compañero… ¡Ese fue el que mató a Danny!
-Su compañero se llamaba Bradley.
-Claro, lo que sea. ¡Y le mató por un estúpido pedazo de tela que tenía pintado un ángel!
-¿Un ángel?
-Mira, no soy crítica de arte, pero ese cuadro valía millones, ¿Entiendes? Danny fue a entregar un dinero para Nile. Pero quiso robar el cuadro para venderlo. Ese Bradley le pilló y le cosió a balazos.
-Ya veo… Creo que lo empiezo a entender… Supongo que fue duro para tu viejo.
-Peor. Se llevó un palo de narices y se vino a currar aquí. Por eso no quería que nadie se enterara de su pasado, para poder empezar de nuevo, lejos de aquella vida.
-Tranquila, no soy de las traidoras que va largando a saco matraco.
-Gracias. Ah, otra cosa. Mira esta foto.
-¿Quiénes son los tipos?
-El del medio es Danny.
-¿De dónde has sacado la foto?
-Me la dio mi viejo. Y el de la derecha es ese Bradley. Se hacía llamar J, pero solo mientras trabajaba para Nile. Pero después el supuesto cuadro…
-Desapareció, y el dinero igual. Fue Bradley quien se lo llevó.
-¡Sí! ¿Lo sabías?
-Lo he deducido.
-Buena sabuesa, Hyde.
-Oye, ¿Te importaría prestarme un momento la foto?
-Claro, no te preocupes. Aquí tienes.
Cojo la foto que Louise me tiende.
-Pero devuélvemela, ¿Eh?
-Claro, no temas. Te dejo sola.
-Gracias, Hyde. Nos vemos…
Subo a mi cuarto. Hora de averiguar más… Auricular del teléfono en mano mientras mis dedos marcan el número de mi viejo.
-¿Sí? ¿Quién es?
-Adivina.
-Kylie…
-Premio, Hyde.
-¿Qué pasa, pelirrojilla?
-Me he enterado de algunas cosas sobre tu colega Bradley.
-¿Cómo?
-Indagando por ahí. Louise me ha contado lo de su padre, que mataron a un amigo suyo…
-Lo sé, Danny.
-Pero no me contaste que Bradley fue el que le dio pasaporte al chico.
-Me recuerdas a Ed hablando así.
-No me cambies de tema.
-Simplemente no te lo dije porque tal vez seas demasiado joven para digerir ciertas cosas, ¿Sabes? Cuando yo me enteré, tenía 33 y encima ex policía.
-Soy fuerte, Hyde, no te preocupes por mí.
-No quiero que te acabes comiendo el coco, eso es todo.
-Soy mayorcita, ¿No crees?
-Pero no tanto como te crees. Hazme caso, Kylie. Intenta pasar esta noche tranquila y mañana iré a buscarte. ¿Vale?
-Sí, vale…
Sé de sobras que no pasaré una noche tranquila. Tengo demasiadas cosas en qué pensar y encima estoy agotada. Pero sobreviviré.
-Ahora deberías ir a cenar. Son las 18:00h, ¿No?
-¿Cómo sabes la hora a la que abre el restaurante?
-Me acuerdo de cuando cené en ese hotel. La comida está de rechupete. Aprovecha, preciosa.
-¡Ja, ja! Lo haré. Chao, Hyde.
-Adiós.
Cuelgo el teléfono. A ver si mi padre está en lo cierto y hay algo comestible en este restaurante nuestro de lujo.
