-Bah, y encima me muero de hambre.

Llego al restaurante. Antes de llegar, me encuentro con Christian, Melissa y el viejo amargado.

-¡Christian!

Christian no responde y pasa de todo.

-¡Mírame cuando te hablo! ¿Cómo se te ocurre hacer eso?

-¿Eh?

-¡No paras de portarte mal! ¿Quieres hacer el favor de estarte quietecito?

-Papá… Yo… ¡Te odio!

Intervengo para calmar al crío.

-Eh, tranquilo. ¿Estás bien?

-Sí…

-Quién lo diría con esos hipidos…

-¡Sí, hago ruido! ¡¿Tú también me gritarás?!

Christian sube las escaleras.

-¡Christian!

Melissa sigue a su hermano pequeño…

-¿Qué? Es difícil ser padre, ¿No? Mi viejo me lo dice siempre.

-A veces cuesta un poco. Siento que lo hayas tenido que ver.

-No se preocupe. A veces hay que reñir.

-Ya, claro, pero preferiría que no vieran ponerme serio.

-Claro, supongo.

-No nos han presentado. Soy Kevin Woodward.

Bonito nombre, sí señor.

-Me llamo Kylie Hyde, estoy en la 215.

-Ya veo. Oye, por cierto, he visto que hablas varias veces con mi hijo. ¿De qué hablabais?

-De nada en especial. Simplemente me dijo que quiere ir a ver a su madre o algo así.

-Así que ya lo ha dicho…

-¿Y su madre?

-No es nada, solamente asuntos de familia.

-Claro.

-Debo irme.

Kevin Woodward se marcha. A ver si puedo llegar a mi comida. Abro el gran portón para toparme directamente con Louise, que está detrás de un atril.

-Buenas noches…Esto… "Señorita". Bienvenida al Moonlight Grill.

-¡Ja, ja! ¡Eso de señorita no ha estado nada mal! Y más viniendo de ti.

-Vamos, Hyde, no te cachondees de mí, solo hago mi trabajo.

-¿Eres la maître del restaurante?

-Los Smith son unos negreros. Después me toca ocuparme del bar.

-¿Un bar?

-Abre a las 21:00. Aprovechando que hay crío pequeño para dar ambiente, hoy nada de alcohol. Solamente se sirven zumos, batidos… ¿Hace un trago más tarde?

-Depende… ¿Tienes algún zumito de fruta que valga la pena?

-¡Estás de suerte! ¡Es lo único en lo que los jefes no son ratas! Pero si te paras a ver algunas habitaciones… Están asquerosas. 6 meses sin abrirse.

-¿6 meses? ¿Qué habitaciones son?

-Espera, que me estrujo la mollera…. La 214, la 217 y la 220. Están todas horribles, pero los viejos pasan de arreglarlas. Dicen que se pierde pasta.

-Así que la habitación 217 lleva 6 meses sin abrir la puerta… Entonces estará igual que…

-Oye, ¿Qué murmuras?

-Sé qué habitación dices. Allí se quedó la chica que supuestamente se llamaba igual que yo.

-¿Cómo lo sabes? ¿También lo has deducido?

-No, miré el registro de los huéspedes.

-¿Y cómo?

-Me colé en la oficina.

-¿Te estás quedando conmigo? Oye, no puedes invadir sitios prohibidos cuando te venga en gana. Cuando Jenny se entere flipará en colores.

Mierda…

-Oye, relax, Hyde. Si quieres saber lo que se cuece aquí dentro, solo has de preguntarme, ¿Me explico?

-Claramente.

Louise asiente.

-De acuerdo, pues tengo un encargo para ti. Quiero entrar en la 217.

-¿Para?

-Quiero husmear un poco.

-De acuerdo, veré qué puedo hacer. Pero de mientras, vete a cenar, anda. Hoy hay pechuga de pollo con salsa rara de tomate.

-De acuerdo, pues tomaré un par de pechugas de pollo con una hamburguesa grande, patatas fritas y de segundo pasta a la carbonara.

-¡Pedazo de homenaje, colega!

-Tengo hambre.

Sonrío para mis adentros.

-Muy bien, pues puedes ir a sentarte en la mesa del centro. Está preparada.

-Muy bien.

Avanzo hacia el restaurante. Tuerzo un poco a mi izquierda y me topo con Dave a la salida.

-Ay…

-¿Algún problema?

-¡Ay!

-¿No me has oído llegar, no?

-Perdona, Kylie. Es que ha pasado algo que me tiene en trance.

-¿Y eso es…?

-Dime, ¿Nunca te ha odiado nadie?

-Un par de veces. ¿Por?

-¡Es que fue horrible! ¡Me dijo que me odiaba!
-¿Quién?

-Ese crío pequeño.

-¿Christian?

-No sé quién es, solamente me tiró su coche de madera, me gritó y se fue corriendo.

-No te engañes, Dave.

-¿Qué?

-Nunca he conocido nadie al que ningún niño le tuviera manía.

Dave se mosquea de nuevo.

-¡Hm!

Se va enfadado. Tal vez pueda comer algo ahora. Entro en el restaurante y ocupo mi mesa correspondiente.

-Señorita Hyde, aquí traigo su cena.

Tiene una pinta estupenda, la verdad. Huele que alimenta.

-¿A que huele bien? No me extraña, lo he preparado yo.

-Claro…

-Adelante, coma tranquila.

Rosa se marcha. La verdad es que estoy deseando pegarle un buen mordisco a esa hamburguesa tan grande.

Al cabo de unos minutos ya lo he devorado todo. Estaba de muerte.

-¿Ha terminado?

-¿Cómo?

-Si has terminado, te retiraré el plato. ¿Porque has acabado, no?

-Sí, estaba de maravilla.

Sonrío visiblemente. Esto no lo hago todos los días.

-Me alegro mucho, Mira, aquí te traigo tu postre. El mejor de la casa. Tarta Selva Negra.

-Suena genial.

-Espero que disfrutes con el dulce.

Rosa se aleja. Mientras dejo que el dulce de la tarta embriague mi paladar, alguien me interrumpe.

-Disculpe, ¿Señorita Hyde? ¿Podría dedicarme unos segundos?

Martina. Seguro que se muere de envidia por mi tarta.

-¿Sí?

-¿Por casualidad ha visto algo más en la caja en la que venía mi cuaderno?

-¿Algo más?

-En efecto. Algo pequeño.

-Como no especifique, no sé si podré ayudarla.

-Un marca páginas. Venía con mi cuaderno, pero no lo encuentro. Si pudiera revisar de nuevo la caja…

-Claro, en cuanto vuelva.

-Gracias…

Martina se marcha. Que no se me olvide lo del estúpido marca páginas. No quiero oír más quejas de esa panoli.

Acabo de cenar. Me levanto de mi mesa. En una de las otras hay algo. Un coche de madera. Supongo que es el que Christian le tiró a Dave.

-Supongo que puedo devolvérselo más tarde.

Salgo del restaurante. Me encuentro a Louise charlando con Kya. Realmente, Louise parece la única que mete baza.

-Verás, ¿Kya te llamabas? Rosa está ocupada. ¿Por qué no vuelves a su cuarto y esperas allí?

Kya se pone muy triste.

-Ay, no me mires así, Kya, anda. Seguramente Rosa irá a verte enseguida. No te preocupes, ¿Vale?

Kya asiente y se marcha.

-Louise, ¿Ya has conocido a Kya?

-Sí. La pobre parece perdida. Me da mucha lástima. ¿Y sus padres?

-Tal vez sea huérfana.

-¡Ay, pobrecilla! Menos mal que se ha ido a echar un rato, que descanse.

-Sí… Bueno, yo me marcho ya, tengo un par de recados que hacer….

-Como quieras.

Salgo por el gran portón antiguo. Me giro y veo a Kya mirando un bodegón que hay al final del pasillo.

-¡Eh, Kya!

Kya se vuelve ligeramente, pero vuelve a posar su atención sobre el lienzo viejo, triste.

-¿Qué haces?

No obtengo respuesta.

-¿Contemplando el cuadro?

Me dice que sí con la cabeza.

-Yo no tengo ni pajolera idea de todo esto. No es que me desagrade, es que no entiendo nada.

Kya sigue mirándome. La verdad es que la expresión triste no se le borra de la cara.

-¡Aquí estabas!

Oigo una voz femenina tras de mí.

-Oye, Kya, entiendo que quieras ayudarme, pero ahora no tengo nada que tú puedas hacer. ¿Entiendes? Anda, ven, te acompañaré a mi cuarto para que duermas un rato.

Kya dice que sí y empieza a andar un trecho sola, porque interrumpo a Rosa.

-Oiga, Rosa, me gustaría hablar en privado con Kya.

-¿Para qué?

-Quiero llegar a conocerla mejor. No sé, me impacta un poco. ¿Podría ir a hablar con ella?

-Ahora no. Se va a la cama.

-¿Cuándo podría ir?

-Puedes venir a partir de las 20:00h o así. Mi cuarto está a la derecha del vestíbulo.

-Bien, así lo haré.

-Si me perdonas…

Rosa se marcha. Subo las escaleras y me topo con Alain.

-Oh, señorita Hyde.

-Hola, buenas.

-Dígame, ¿Qué tal está el restaurante? Espero que la comida esté buena.

-Pues mejor de lo que se imagina. Eso me sorprendió…

-Oh, gracias. Pequeña, querría pedirte un favor, si no te molesto mucho. ¿Podrías dedicarme unos minutos de tu tiempo?

-¿Qué quiere?

-¿Puedes acompañarme al restaurante? Mis piernas están cansadas ya y no me gustaría caerme por el camino.

-Mire, yo no sé si…

-¡Estupendo! Me cogeré de tu bracito si no te importa.

Bah, nadie me escucha. Esto de ser adolescente es muy difícil. Le llevo como puedo a la entrada del restaurante.

-Ya hemos llegado, última parada.

-Gracias, pequeña, creo que ya puedo solo. De verdad, eres una verdadera dama.

-No se confunda, solo le ayudé.

-Sea como sea, te lo agradezco. ¿Qué te parece si te lo agradezco de algún modo? Ya sé. ¿Te gustaría quedar conmigo esta noche?

Aguanta las arcadas, Hyde, aguanta o quedarás como el culo.

-¿Quedar? ¿Con usted?

-Oh, no me he expresado bien. No te preocupes. Solo quisiera invitarte un zumo para agradecértelo.

-Claro, ¿Por qué no? Nunca rechazo un trato gratis.

-¡Qué sinceridad! No lo veo todos los días. Está bien, a las 21:00h quedamos en el bar y te invito a lo que quieras. Ahora debo irme.

Decido irme a mi cuarto de una vez por todas.

-Hyde… ¿Qué haces, matar el gusanillo?

-No, he acompañado a alguien.

-¿A quién?

-Al hombre de la 212. Se llama Alain Parker.

-¡Oh, qué tierno! ¡Kylie Hyde, ídolo de los viejecitos!

A veces Louise me saca de quicio.

-¡Cállate, Louise! Solo hice tu trabajo.

-Cierto. Muchas gracias.

-Oye, he de pirarme.

-Eh, espera. Toma tu boli. Estaba bajo tu mesa. Se te habrá caído.

Recojo una pluma que no había visto en mi vida.

-Pues no, no es mía.

-¿No? Estaba segura de que era tuya. ¿De quién será?

-Ni idea, pero me la voy a quedar, a ver si averiguo de quién es.

-Como quieras.

Salgo a fuera y decido probar con la tiza de nuevo. Tiene algo grabado, pero no se lee. Después de repetir el procedimiento, aparece "Para mi Alissa, con amor"

¿Alissa? ¿Quién demonios es? Tal vez Louise lo sepa. Así que vuelvo a entrar.

-¡Ey, Kylie! ¿Has averiguado de quién es?

-Pone que es de una tal "Alissa". ¿Sabes si hay alguien que se llame así?

-Ni puñetera idea. Preguntaré a Jenny.

-Perfecto. Quédatela.

-Claro, a sus órdenes.

Por fin llego a mi cuarto sin ser interrumpida. Será mejor que no me acostumbre, me dice mi sexto sentido.

-A ver el famoso marca páginas…

Empiezo a agitar la caja con virulencia la maldita caja. Después de un rato, se desprende un marca-páginas azul con una cinta y la imagen de un ángel.

-Supongo que se referirá a este marca-páginas. Ahora se lo devolveré. Pero primero voy a darle el coche a Christian.

Llamo a la puerta de la 219. Me abre Christian.

-¡Oh, eres tú! Mi padre no está.

-He venido a verte a ti. Te has dejado algo en el restaurante.

-¿Qué es?

Le muestro el coche de madera a Christian.

-¡Oh!

-Esto es tuyo, ¿No? Anda, cógelo.

-Gra… Gracias. Me lo hizo mi mamá.

-Debe de ser muy importante para ti.

-Así es.

-Pues no se lo tires a la gente, hazme el favor.

-Sí, lo siento.

-¿Dónde está tu padre?

-No lo sé. He sido malo. Seguro que se ha ido para no verme más, me odia.

-Lo dudo seriamente.

-Bueno, eso no. Pero siempre se enfada conmigo.

-¿De qué trabaja tu padre?

-¿Eh? Es un cirujano, o algo así.

-Un matasanos.

-Tal vez sí. Y mi madre trabajaba en una galería de arte con una tía mía. Y ella…

-No te he dicho nada sobre tu madre….

Christian entristece…

-Pero vale, cuéntame. ¿Cómo era?

-Era muy mona. Cocinaba muy bien.

-Ya veo.

Melissa sale.

-¡Christian! Vuelve al cuarto, anda. Papá se volverá a enfadar.

-Sí, hermanita.

-Adiós, señorita Hyde.

La puerta se cierra. No sé, todo este asunto me da mala espina.

Me acerca a la habitación de Martina y llamo a la puerta.

-Oh, usted.

-Así es…

-¿Acertó a encontrar mi marca-páginas por un casual?

-Sí.

-¿Sí? Estupendo.

-Por cierto, el marca-páginas lleva un ángel dibujado.

-Conque se ha fijado. Sí, esa imagen me gusta mucho. Es la reproducción de un cuadro muy famoso. ¿No le suena? Es de un pintor del siglo XIX, se llamaba Osterzone.

-¿Osterzone? ¿Y sabe algo de su vida?

-He aquí la cuestión. Siempre ha sido una verdadera incógnita. Tanto su obra como su vida son un auténtico misterio.

Bla, bla, bla. ¿Quién me mandará hablar?

-En fin, le agradezco que encontrara mi marca-páginas. Adiós, estoy ocupada componiendo.

Tanta charla con esa rarita me ha dado sueño. A lo mejor me voy a dormir un rato. No tenía previsto cambiar de planes hasta que oigo ruidos de la habitación 218.

-¿Eh?

Golpeo la puerta.

-¿Hay alguien?

Oigo llorar a alguien.

-¿Hola?

-Ten… Tengo miedo… Está muy oscuro…

Esa es la voz de Christian.

-¿Christian? Esta no es tu habitación.

-¡No puedo abrir la puerta, está todo muy oscuro! ¡Bua, bua!

-¿Estás bien?

A ver si Louise sabe algo de esto.

-Eh, Louise, ¿Está libre la 218?

-Sí, un problemilla con la luz. Los contadores no rulan y no se enciende abrir la luz. ¿Por qué lo…? ¡Mierda!

-¿Qué?

-¡Se me olvidó cerrar la puerta!

-¿De qué narices hablas?

-Antes entré a recoger unas cosas de la 218 y se me pasó cerrar la puerta al salir. Bah, no es nada, ahora lo arreglo.

-Muy tarde.

-¿Tú otra vez? ¡Genial!

-¡No, imbécil! ¡Es muy tarde para hacer algo! ¡Christian se ha quedado encerrado dentro!

-¡Chungo! Eso está negro como un pozo. Además, cuando vea que la puerta no gira, se va a llevar el susto de su vida.

-Ya se lo ha dado.

-¡La madre que me parió! ¡Tenemos que hacer algo, hemos de…! ¡Oye! ¿Has aprobado tecno?

-¿Por qué lo preguntas?

-Tal vez si apañamos la caja de fusibles el niño pueda abrir la puerta.

-Pues saqué un 7.

-Genial, así no tendremos que echar la puerta abajo. Y Jenny no me destripará por olvidarme de la puerta en primer lugar.

-No tienes remedio, Louise. ¿No te lo han dicho?

-Sí, mis profes están de huelga desde septiembre.

Louise me indica el camino hacia el cuarto de contadores. Sí que sabe hacer de guía cuando le hacen el trabajo sucio. Nunca cambiará. Con vaya elementos voy a parar.

-Todo tuyo, Hyde.

Me acerco a la caja de contadores. Hay un par de palancas, pero accionando una a una no pasa nada. Así que me valgo de mis dos manos y… ¡Magia!

-¡Estupendo!

-Ahora voy a ver cómo puedo calmar a Christian.

-Yo mejor me largo.

-Eso, corre antes de que te despelleje. Eres una pieza de cuidado.

Louise se aleja riendo. Subo hasta la habitación 218, pero Christian sigue encerrado dentro.

-¿Christian? La luz ya está encendida. Puedes salir.

-¡No puedo! ¡El pomo no gira! ¡No puedo hacer nada!

¿Y ahora qué? Viejo alambre, vuelvo a necesitar tu ayuda.

-Probemos a ver…

Aunque me he cargado el alambre, la puerta se ha abierto. Veamos a ver si le sonsaco a Christian la razón por la cual se metió aquí.

-¡Kylie!

Qué raro, se acuerda de mi nombre.

-Sí. Ya está, cálmate, he abierto la puerta y ya hay luz.

-Sí, eso es genial…

-¿Qué hacías aquí? Esta no es tu habitación. ¿Te equivocaste?

-No. Vine porque no quería estar con mi papá.

Veré a ver qué le puedo sonsacar sin que me odie.

-A ver… ¿Por qué no querías estar con tu padre?

-Porque es tonto. Solo dice mentiras todo el tiempo, le odio. ¡Dijo que vendríamos aquí para ver a mi mamá, pero no es así! ¡Es un, es un…! ¡Mamá!

Christian se echa a llorar. No he pillado ni la mitad.

-A ver, tranquilo. Deja de llorar, y lárgame todo lo que sepas.

-¿"Lárgame"?

-Mi padre lo suele decir. Pregúntale al tuyo si no sabes lo que significa.

-¡Ni de broma!

-¿Por qué piensas eso?

-¿Para qué? Seguro que no sabe lo que significa.

-A ver, niño, no me estoy enterando. Tú viniste aquí para ver a tu madre, ¿No? ¿Por qué no está contigo?

-Porque siempre discutía con mi papá. Y un día se marchó.

-¿Discutían mucho?

-Casi todo el tiempo. Sobre todo en general.

-Vale. Y te has enfadado con tu viejo porque te ha mentido. Pero seguramente tendrá algo pensado para averiguarlo.

No hace falta decir que no creo lo que estoy diciendo, pero no puedo soltarle al crío que su padre es un imbécil.

-¿Eh?

-Si de verdad quiere llevarte a verla, algo sabrá.

-Tal vez…

-Pero lo de que tu madre se fuera… no creo que fuera tu culpa. Los padres no suelen ir por allí abandonando a sus hijos. No creo que quisiera. Por algo se iría.

-Yo… ¡Todo fue culpa mía! ¡Le dije que era una mala madre!

-Eso no se dice, y menos a una madre. ¿Por qué lo dijiste?

-Porque no paraban de discutir. Mi madre siempre estaba enfadada, y le dije que no quería que fuera así. Y por eso se marchó… ¿Por qué crees tú…? ¿Por qué no me dijo nada? ¡¿Por qué?!

Christian se vuelve a echar a lloriquear. ¿No dijo nada? Pero… Ahora que me acuerdo, detrás de la pieza de ese puzle…

-Oye, pequeño, llévame a tu cuarto. Quiero que juguemos con tu puzle un rato.

-¿De verdad? ¿Quieres jugar conmigo?

-Sí, ¿Por qué no?

Espero estar en lo cierto y no hacer el idiota una vez más.

Christian me escolta hasta su cuarto, abre el puzle y tira todas las fichas sobre la mesa.

-Tú primera.

-Esto… No me apetece, hazlo tú mejor.

-¡No quiero!

-¿Qué?

Maldita sea, no ha funcionado la artimaña. Este criajo es más terco que una mula.

-De acuerdo, vale, yo lo monto.

Vuelvo a hacer el puzle, pero esta vez al completo.

-¡Hala! ¡Muy bien! Muy fácil para ti ¿Verdad?

-Un poco.

Entonces, mientras Christian está distraído, le doy la vuelta al puzle. Tal y como sospechabas, Hyde. Detrás del puzle hay escrito: Adiós, Christian.

-¡Lo sabía! Si escribió esto, ¿No pensaba volver o qué?

-Oye, Kylie… Has de irte ya. Mi padre puede volver. Y no quiero que te grite a ti también.

Vaya, qué majo por su parte. Es una oferta interesante, creo que voy a aceptarla.

-Como quieras, pequeñín. No te metas en líos, ¿Eh?

-Sí…

Salgo de la habitación 219. Cuando me alejo un poco, Woodward viejo aparece al fin. Voy a darle una "sorpresa"

-Señor Woodward, ¿Sabe dónde está Christian?

-Pues en su habitación. Estará mirando la tele, tan tranquilo.

Y el premio al padre del año es para…

-Lo digo porque apenas unos minutos antes se quedó encerrado en una habitación sin luz.

-¿Que qué?

-No se preocupe, ya le he sacado de allí.

-Oh…

-¿Por dónde estaba?

-Tuve que salir… A la azotea.

Conque a la azotea. Creo que iré a mirar.

-Adiós, señorita.

Woodward me deja y salgo a la azotea. Allí hay una mujer morena, vestida elegantemente con ropa de marca de imitación.

-¿Perdón?

La mujer se vuelve y me mira.

-Oh, a ti no te conozco.

-Kylie Hyde, de la 215.

-Me llamo Iris.

Iris…

-Estoy en la 216.

-¿Usted es la madre de Dave?

-En efecto. ¿Ya le has conocido?

-Sí, más o menos, digamos que sí.

-Ya veo. Si me disculpas…

Iris se marcha. Tan creída como el hijo, sin duda. Oigo un pitido procedente del bolsillo de mi chaqueta.