Entro en mi habitación, y marco el teléfono de Hyde.

-¿Diga?

-Hyde, soy yo.

-Ah, tú. ¿Querías algo?

-Nada, informarte de cierta información.

-Soy todo oídos.

-Hay una chica en el hotel que tiene a la vieja trabajando para Nile.

-¡Qué me dices!

-Sí. Hizo una estupidez como un piano para llamar la atención. Solo está falta de cariño.

-¿Esa niña es la que estaba en la gasolinera, por casualidad?
-No, otra chica. Me involucró a mí en su tontería y gracias a mis dotes detectivescas me escapé y la hice cantar.

-Entiendo. ¿Qué vas a hacer?

-No voy a dar el chivatazo. Tan bajo no puedo caer. Supongo que haré como si nada.

-Vale, entiendo. He de colgar, espero una llamada importante.

-¿Más importante que la de tu hija?

-No, no es eso. De verdad, siempre me haces quedar mal.

-Vale, lo pillo. Kylie, cierra la boquita y deja que tu viejo espere su llamada en paz.

-Exactamente.

-Chao, Hyde.

Cuelgo el teléfono. Las 21:00h. El bar debe de estar abierto. Pues me va de perlas, porque tengo una sed tremenda…

-Vamos a ver si Louise cumple su palabra y hay algo jugoso…

Entro por el portón del restaurante después de bajar las escaleras y entro por otra puerta que tiene un cartel con luces de neón encendidas, en las que pone "Seven Stars". Cuando paso, Louise está detrás de la barra.

-¡Hola, Hyde! ¡Qué puntualidad! ¡Así me gusta!

-Sí, vale, lo que tú digas.

-¡Pasa, pasa, siéntate donde quieras!

Ocupo la silla que está más al fondo.

-Dime, ¿Qué te pongo?

-Pues… Un zumo de naranja, con un poco de hielo.

-¡Ahora mismo!

Louise se pone manos a la obra con mi zumo. Me quedo pensando en mis cosas, como de costumbre.

-Aquí tienes, el mejor zumo de la casa. ¡A esta te invito!

Me deja el vaso en la barra. Tomo el primer trago, que baja velozmente hasta mi estómago. Tiene un sabor estupendo, de esos de los que solo te deshaces cuando pasa un rato. Me relajo para disfrutar plenamente del sabor a naranja.

-¿Hyde? ¿Hola? ¿Estás bien?

Suelto una sonrisa de 36 dientes. Pocas veces me siento tan relajada.

-¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Hacía tiempo que no te veía tan cómoda! Tranquila, no quiero interrumpirte en un momento así.

Pasan unos minutos.

-¿Te pongo otro zumo?

-¿Por qué no? Pero esta vez de melocotón.

-Ahora mismito estará listo.

Poco rato más tarde Louise me sirve el segundo zumo.

-Oye, quiero preguntarte una cosa.

-Dispara.

-¿Tú ves igual por un ojo que por el otro?

-Pues claro que sí. ¿A qué viene eso?

-No sé, como tienes un ojo de cada color pensé que verías la mitad de un color la mitad de otro. ¡Ja, ja, ja!

-¡No digas memeces, Louise! ¡Pues claro que veo lo mismo!

-Tranqui, tía, solo era una bromita de la prima Louise. Ah, y otra cosa…

-Como vayas a preguntarme si tengo el pelo de este color porque se me incendió te tragas la gramola que hay ahí.

-Hyde, tienes trece y ya estás amargada. ¡Mal, mal, muy mal!

-¿Entonces qué es?

-¿Sabes que me comentaste que vino una tía llamada como tú?

-Sí.

-Pues el día que vino ni mi padre, ni yo, ni Rosa ni Jenny estábamos aquí.

-Entonces, ¿Solamente Dunning vio a esa niña?

-Sí.

-Me dijo que no se acordaba.

-Claro, claro. El viejo está perdiendo memoria. Tal vez fuera cierto al fin y al cabo. ¿Quién sería, tía?

-Pues no lo sé, pero de algo me he enterado.

-¿Encontraste algo en la 217?

-Así es. Una llave con un hilo rosa, como si fuera un collar.

-¿Eso es todo? Vale, pedazo pista, a la niña esa le gusta el rosa. ¡Montemos una juerga!

-No te pases de lista, Louise, porque encontré otra cosa, y esta vez sí que te vas a sorprender.

-¿El qué? Ya me pica la curiosidad.

-Una nota que estaba en un cajón. Ponía "Te quiero K2"

-¿"K2" no es una montaña? ¿La niña escalaba o qué?

-Ni idea, estaba firmada por B. Bradley.

-¡¿Bradley?! ¿El corrupto que desplumó a Danny?

-Ese mismo.

-¡Entonces esa niña es su hija!

-O alguien relacionado con él. Pero sí, seguramente su hija.

-Pues ese Bradley tiene el gusto no sé donde para los nombres. ¿Llamó a su hija "K2", como una montaña?

-No lo creo. Pero piensa, si hay una K2, habrá un K1, ¿No te parece?

-Tal vez… ¿Sería un hermano de la cría?

-Ni idea. En la oficina encontré unas llaves y una caja roja. Pero ninguna de las llaves abre la caja.

-¿Y qué?

-Que las llaves tienen las letras "B" y "K" grabadas.

-¡Hala! ¡Tal vez sean las iniciales de Bradley y la cría!

-Yo también opino lo mismo, colega. Vale, la B es de Bradley o de su nombre de pila, pero ¿Y la K? Nombres con K hay muchos.

-Krystal, Kirsty, Katia, Kathy, Kim, Kimberly, Kylie…

-¡Sí, yo! ¡Ja, ja!

La puerta interrumpe nuestra charla. Entra Alain.

-Esto… Hola, señor.

-Buenas tardes, jovencitas.

-Siéntese donde quiera. ¿Le pongo algo?

-Un agua mineral, gracias.

-Claro, enseguida está lista.

Louise se adentra en el mundo de un barman y me deja hablando con el anciano.

-Así que habías llegado antes que yo, Kylie.

-Así es. Estuve charlando con Louise mientras me tomaba un zumo.

-Ya veo. Aún te debo un zumo al que invitarte. Dime, ¿De qué lo quieres?

-Pues no sé… ¿Tal vez de lima?
-Estupendo…

-Siento haberle hecho esperar. Aquí tiene, un vaso de agua.

-Bien. Ah, y sírvale un vaso de zumo de lima de mi cuenta a la señorita Hyde.

-¡Marchando!

Louise vuelve a ponerse a lo suyo.

-¿Te apetece charlar un rato conmigo, pequeña?

-Esto…

Suena a chaparrón de los gordos, pero esta vez no puedo hacer como mi padre y escaquearme.

-De acuerdo, como quiera.

-Gracias. Dime, ¿Has venido sola?

-Así es. Mi padre me ha dejado aquí esta noche porque tiene viaje de negocios.

-Ajá. ¿Quieres mucho a tu padre?

-Por supuesto que sí.

-Me alegro mucho de oírlo. Yo no tengo a nadie.

-¿No? Pero si en recepción dijo que su mujer le dijo lo del hotel…

-¿Lo oíste?

-Sí, de pasada, no soy nada cotilla.

-Claro. Sí, mi mujer falleció recientemente. Mi hijo desapareció un mal día, pero un día le encontramos y nos dijo que tenía una hija. Pero poco después, mi hijo murió. Y un tiempo después, mi nieta desapareció.

-Vaya… Una auténtica tragedia. Lo siento.

-No te preocupes.

-¿Le importaría hablarme de su familia un poco?

-Esto… De verdad que no hay nada interesante que contar. Pero bueno, si de verdad quieres saber algo, podría contarte alguna cosa a cambio de que resuelvas una cosa.

-¿A qué se refiere?

-Mira, voy a prepararlo todo.

Pone unas cuantas monedas sobre la mesa.

-Así está bien. Tengo 6 monedas. Tienes que conseguir que queden 4 monedas en la fila y la columna moviendo solamente una moneda.

Mi padre me explicó este juego, pero para que no se crea que hago trampas, hago que lo pienso un poco y lo acabo resolviendo poniendo una moneda encima de la otra.

-Muy bien. Supongo que he de cumplir mi promesa.

-Adelante, le escucho.

-No es la primera vez que vengo a este hotel.

-¿Ah, no?

-No. Vine hace 35 años, y después volví 10 años después.

-¿Por qué aquí?

-Mi mujer era maga, y hace muchos años trabajó en las Vegas. Hace 35 años, ella vino a hacer un espectáculo en este hotel para la inauguración, y yo vine con ella. Esa fecha nos rencontramos con nuestro hijo, que había abandonado el nido.

-¿Por qué lo hizo?

-Porque su relación con nosotros era difícil, así que ese día nos rencontramos, e hicimos una promesa. 10 años más tarde nos volveríamos a ver aquí.

-Y después de esa visita desapareció y unos años más tarde le recuperó y le contó lo de su nieta, pero después falleció.

-Así es.

-Ah, y otra cosa, si no es molestia… Cuando llegó aquí, dijo algo interesante. Que quería hospedarse en la habitación de los deseos.

-Sí. Tengo un deseo que debe cumplirse.

-¿Cuál es?

-Ese es mi pequeño secreto. Si te lo revelo, no se haría realidad.

-Vamos, todo esto no es más que una estúpida paranoia.

-¿Y qué tiene de malo si yo creo en ella? Tal vez sea lo bueno, lo que me lleva a creerla.

-Sí, claro. Este es un país libre. Perdone mi falta de tacto.

-No te preocupes. Ahora te dejo tranquila con tu zumo, ¿Te parece? Yo me marcharé.

-Claro…

-Perdona, jovencita, ¿Podrías acompañarme a mi habitación? Estoy algo cansado y no me haría gracia caerme.

-Esto… Sí, claro, señor. Oye, Hyde, ¿Te importaría vigilarme el garito mientras acompaño al yayo a su cuarto?

-Sin problema

-Te debo una, colega.

-Ya son varias, Louise.

-Anda, no me des la vara.

Louise se marcha para acompañar a Alain a su cuarto. La verdad es que la historia del viejo parece bastante interesante. ¿Por qué a la niña se la tragaría la tierra de la noche a la mañana?

-Eh… Alguien viene…

Dave entra en el bar con la misma cara de chulo que de costumbre.

-Oh, eres tú. ¿Te marchabas? No quería interrumpirte si ese era el caso.

-No, la encargada me ha dejado al mando porque ha tenido que salir un momento. Y eso pienso hacer.

-Debí imaginármelo en un sitio como este. Oye, no me puedo creer que vaya a preguntarte esto, pero… ¿Quieres tomar algo conmigo?

-No, gracias, Dave. Prefiero tomarme mi zumo tranquilita.

-Vaya… Qué decepción… No esperaba que fueras tan arisca…

El principito ataca de nuevo… Di lo que quieras. La puerta se vuelve a abrir.

-¿Y ahora qué?

Martina entra en el bar.

-Oh, buenas noches, señorita Hyde.

-Buenas…

-¿Disfrutando de un refresco, verdad?

-Sí, supongo…

-Kylie…

-¿Y ahora qué?

-Estar aquí solo muerto del asco es patético. Me marcho con mi madre. Espero que tengas una buena noche…

Dave se marcha. Por mí, mejor. No quiero más chulos en mi vida.

-¿Qué tal le va la vida?

-Ahórreselo. No necesito a nadie que escuche mis particularidades.

-Sus palabras me duelen, pues esperaba encontrarla de un humor más… Benigno. Ah, ahora que recuerdo, quería comentarle una cosa.

-Yo también quería decirle algo.

-Oh, en ese caso…. Mis nuevas pueden esperar, gracias. Si le parece bien, le cedo la palabra.

-Quería preguntarle por Alissa.

-¿Alissa, ha dicho?

-Eso es. ¿No sabe nada de dónde se encuentra?

-Absolutamente nada. No tengo contacto alguno relacionado con ella. Solamente quiero hallarla para disculparme por el acto tan vil que cometí.

-¿Ni ninguna pista ni sospecha ni nada por el estilo?

-No, me temo.

-De acuerdo… Y ahora, ¿Qué se le ofrece?
-Oh, cierto. Simplemente me puse a pensar ya que antes me pregunto por la imagen de mi marca-páginas y su autor, Osterzone, ¿Recuerda?

-Tengo mala memoria, pero no soy tonta. Claro que me acuerdo.

-Ejem, pues se me olvidó comentarle un detalle en cuanto me preguntó. Le agradará informarse sobre él. Hace unos 18 años, el cuadro estaba expuesto en un museo y…

-Lo birlaron.

-¿¡Ya lo sabía!?

-Así es.

-¿Cómo, si puede saberse?

-No tengo razón para desvelarle mis fuentes, Martina.

-¿Fuentes? ¿En medio de la nada, en este hotel?

-Secreto profesional.

-Así que ya está al tanto de todo… Pero hace apenas unas horas ni siquiera había oído hablar del pintor. ¿Qué podemos deducir de todo eso?

Ja, ja, sigue así, chéspir, me encantan los chistes chorras.

-Y claro, ya está al tanto de todo, pero eso no es muy normal, que digamos. ¡Ya lo tengo! La identidad que está usando, señorita Hyde, no es más que una tapadera. Estoy convencida de que es usted mayor de lo que aparenta y la han contratado para seguir la pista del cuadro robado.

Será idiota… ¿De dónde se ha sacado esa chorrada? Ahora resulta que soy una cuarentona que aparenta 13, ¿No? Y para colmo, soy detective de obras de arte robadas. Ah, que continúa…

-Ya era hora de poner todas las cartas sobre la mesa. Después de todo, tengo mucha facilidad para calar a la gente, ya que tengo facilidad para averiguar los sentimientos de las personas porque soy compositora, y como tal, mi trabajo es componer canciones.

¿Componer? Sí, claro, más bien robar.

-A esto, señorita, se le llama deducción. ¿Qué le ha parecido?

-¡¿Se ha cansado ya de inventar tonterías más grandes que un rascacielos?!

-¿Eh? ¿Acaso insinúa que no estoy en lo cierto?

-¡Claro que no! ¡No ha dado ni una! Ahora deduciré yo: Deduzco que es usted idiota y que solo una de nosotras dos ha acertado. Sus deducciones valen menos que papel mojado porque tiene la vista de un topo. Y por eso mismo, sus composiciones venden menos que un libro en blanco. ¿Qué le parece mi deducción?

Te has lucido, Hyde, de verdad. Nunca pensé que se me daría tan bien esto de decir las verdades a la cara.

-Bien, ya ha puesto en común su opinión sobre mí. Si me disculpa, me voy a mi habitación.

Martina sale del bar. Encima se enfada la caradura, con la jugarreta que le hizo a su mejor amiga. Vergüenza debería darle.

-¡Eh, Hyde!

-Ah, eres tú, Louise. ¿Ya estás de vuelta?

-Sí. ¿Ha venido alguien?

-Un par de almas, pero ya han pirado.

-Qué pena. Me hubiera gustado que se quedaran, para dar ambientillo, vamos.

-Será mejor que me vaya yendo yo también.

-Claro, como quieras. Esto chapa a medianoche. Si tienes después un rato, pásate otra vez. ¡Recuerda que tenemos un vasito de zumo pendiente!

Sonrío para mí misma mientras salgo del bar y me despido momentáneamente de Louise. Cuando ya estoy en el pasillo para salir por el gran portón, me topo de nuevo con Rosa.

-Hombre, es usted, señorita Hyde. Dígame, ¿Se ha pasado por el bar?

-Sí, así es. La verdad es que tienen un garito de categoría.

-Me alegro mucho de que le gustara. No es que esté nuevecito, pero se conserva bien.

-¿Cuánto tiempo lleva aquí ese bar?

-Pues… Se abrió para conmemorar el 10º aniversario del hotel, así que hace ya unos 25 años.

-Entonces el hotel fue construido hace 35 años…

No me extraña que todo aquí se caiga a pedazos.

-Sí. El señor Smith lleva siendo el dueño desde hace 30 años. Se lo compró al dueño anterior y lo renovó un poco. Si quiere saber más, puede preguntarle a él.

-Puede que lo haga. ¿Sería tan amable de indicarme dónde está?

-Estará en el restaurante.

Me dirijo al restaurante, aunque no sé por qué, porque indagar sobre el pasado de un hotel de 35 años en una estupidez como un piano, pero en fin… Supongo que solo soy una cría y a estas edades la curiosidad me puede. Entro en el recinto del restaurante y me encuentro a Dunning mirando fotos antiguas, sentado en una silla.

-Esto… ¿Señor Smith?

Smith se gira y dirige hacia mí su atención.

-Oh, ¿Puedo hacer algo por usted?

-No es nada, solo quería preguntarle por la historia de este hotel.

-¿La historia? ¿Por qué le interesa una tontería como esa?

-Simple curiosidad. ¿Cuándo fue construido el hotel?

-Pues hará ya bastante, unos 35 años. Por aquel entonces el hotel era popular por sus fiestas.

-Suena divertido.

-Sí, ya, pero eso se acabó. Ya se había extinguido la diversión para cuando yo compré el hotel.

-¿Cuándo lo compró?

-Hará unos 30 años más o menos. Me pareció barato, así que me lancé. ¡Menudo idiota fui! Si hubiera metido el dinero bajo un ladrillo lo habría aprovechado ya. Me gustaría volver a mi antiguo trabajo, pero no es posible, así que he sacado esto adelante como he podido.

-¿A qué se dedicaba antes de hacerse cargo del hotel?

-No creo que te interese eso. De verdad, te hago un favor, pequeña. Mi historia es más aburrida que un libro en blanco. ¿Hemos acabado con el interrogatorio?

-Una pregunta más. Será la última, lo prometo.

-Dime.

-¿Qué estaba mirando antes?

-Las fotos. Son muy antiguas, de antes de que yo comprara el hotel.

-Vaya, pues sí que tienen ya sus añitos.

-Sí. Debo marcharme. Ah, por cierto, mi hija me comentó lo del problema con la señorita February, del robo y tal.

-¿Ah, sí?

-Sí. Me ha llamado y me ha dicho que encontró lo que buscaba en su cuarto.

Ja, ja, qué ironía. Mejor que lo haya encontrado en su cuarto que no la poli en el mío, creo yo.

-Qué suerte.

-Menos mal que todo se ha aclarado. Debo marcharme ya. Adiós.

Dunning se marcha. Cuando pasan escasos minutos, sigo la misma dirección que ha tomado el dueño y me vuelvo a topar con Rosa.

-¿Señorita Hyde? ¿Sigue aquí?

-¿Le molesto?

-No, al contrario, me viene de perlas.

-¿A qué viene ese tono? ¿Qué quiere de mí?

-He pensado que podría hacerme un favor.

-¿El qué?

-Verá, a veces los huéspedes quieren quedarse con la etiqueta de las botellas de vino de la cena.

-Yo no he tomado vino. No sé qué sospecha de mí, pero todavía no tengo edad de coger resacas.

-Qué graciosa es usted. No, hablo del señor Parker, el huésped de la 212. Ha pedido la etiqueta, pero yo estoy muy ocupada. Así que pensé…

-Que yo podría coger la etiqueta e ir a entregársela.

-¡Eso es! ¿Lo hará?

-Sí, claro. ¡Y lo próximo será ponerme un delantal y una cofia y ponerme a hacer camas!

-Vamos, no sea usted así. Si lo hace, el desayuno de mañana le correrá de mi cuenta.

-Eso ya suena muchísimo mejor.

-¿Lo hará entonces?

Asiento. ¿Pero por qué lo hago? No soporto que me ninguneen, y aun así no hago más que meterme en fregados impresionantes.

-¿Dónde demonios está la botellita de las narices?

-Hay dos en el restaurante y una en la cocina.

-¿Tres? El abuelito hace deporte de barra.

-¡No sea malpensada! Esta noche tres huéspedes han tomado vino.

-¿Quiénes?

-La huésped de la 216, el de la 219 y el señor Parker. El problemilla es que ya no me acuerdo qué tipo de vino pidió el anciano.

-Espero que el desayuno valga la pena…

-¡Pues claro! Si me disculpa, he de seguir con mis tareas.

Rosa se marcha. Nota para el futuro: hacer oídos sordos cada vez que me empiecen a hablar con tono de cachorrito.

En fin, vayamos a ver. Subimos las escaleras, llamamos a la 216, y nos topamos de morros con Dave.

-Oh, tú. Creí que tanto zumo te habría dado ya un subidón de azúcar.

-No empecemos. Vengo a hablar con tu madre. ¿Está aquí?

-¿Tú? ¿Con mi madre? ¿Para qué?

-Vengo a hablar con ella, no contigo, y si te importa, tengo prisa.

Dave se mosquea y llama a su madre desde la puerta. Vuelve aquella mujer morena que me encontré en la azotea, Iris.

-Oh, eres tú, pequeña. ¿Me buscabas? Dave, vuelve adentro.

Dave se encoge de hombros y vuelve adentro.

-Sí, la buscaba. Siento molestar, solo será una preguntita.

-Dime, pequeña.

-¿Ha bebido vino en la cena?

-¿No te parece una pregunta un poco inusual? Pero sí, un rosado. ¿Por qué me lo preguntas?

-Solo ayudo a la doncella con un asunto. En fin, eso era todo, siento haberla molestado.

-Si no te importa…

Iris cierra la puerta. La verdad, tiene la misma pinta que su hijo.

No me apetece un cuerno hacerle una visita a Woodward para soltarle semejante chorrada, pero bueno. Espero que Rosa me prepare huevos fritos con panceta para desayunar. Llamamos a la puerta y…

-¿Sí?

Me abre Melissa.

-Hola, Melissa.

-¿Querías algo, Kylie?

-Sí, hablar un segundito con tu padre.

-No está. Pero dime, igual puedo ayudarte.

-¿Sabes qué tipo de vino bebió en la cena? Porque bebió vino, ¿No?

-Así es, un vino blanco. ¿Por qué te interesa tanto?

-No, por nada, le estaba echando un cable a Rosa.

-Ya veo. Si ya has acabado…

-No, espera, otra cosa.

-¿Sí?

-Tu hermano me ha dicho que su madre no está en casa. No lo acabo de comprender muy bien.

-Oh, eso… La verdad es que no me gusta mucho hablar del tema… Pero Christian y yo somos de madres distintas.

-Ajá…

-Y yo vine con mi padre a encontrar a mi madre a este hotel cuando era como Christian.

-¿Y la encontraste?

-No. Y como Christian se parece a mí en aquella época, quiere encontrar a su madre, y mi padre le ha traído por eso. Pero no creo que encuentre gran cosa.

-Comprendo.

-Espero que no le cuentes a mi padre que yo te lo he dicho.

-Tranquila, no abriré la boca. Es solo simple curiosidad ya que tu hermano lo mencionó.

-Entiendo. Adiós, Kylie.

Melissa cierra la puerta. Pues qué padre más idiota, cometer el mismo error dos veces. Supongo que tanto Melissa en su tiempo como Christian ahora deberán odiarle. No me extraña que siempre les esté gritando.

Dejando eso a un lado, ya sé que el viejo bebió vino tinto, y solo de pensar en etiquetas, me viene a la cabeza el bote ese pringoso que mi madre me mandó por error. Me podría venir bien para esa etiqueta. Lo saco de la caja y me voy al restaurante.

-Veamos…

Miro en varias mesas, y por fin encuentro allí la botella del anciano. Cubro la etiqueta con ese mejunje raro y la despego. Ya está, logrado. Me parece que el hecho de que tenga que llevarle la etiqueta al viejo es una oportunidad perfecta para sonsacarle algo de su pasado. Al fin y al cabo, toda esa historia que me soltó en el bar tiene más agujeros que un queso Gruyer.

-Vamos a hacer que el viejo cante…

Subo las escaleras y llamo a la 212. Como no me extrañaba, abre Alain.

-Oh, hola, buenas noches, querida. ¿Me buscabas?

-Sí. Rosa me ha pedido que le traiga esta etiqueta de vino para usted.

-Vaya, ¿Y has venido hasta aquí solo para traérmela? Pasa, ricura, estás en tu casa.

Entro en la habitación 212. Una como otra cualquiera.

-De modo que ayudas a los mayores, querida. Eso está muy bien. Hoy en día, los jóvenes se están volviendo muy rebeldes.

-Ya, supongo que soy una excepción a la regla.

Y una porra. La persona más rarita del mundo mundial se llama Kylie Hyde.

-Aquí tiene la famosa etiqueta.

Alain acepta de buen grado la etiqueta.

-Me traerá muchos recuerdos de aquel día cuando la vea.

-¿Qué día?

-El día que me rencontré con mi hijo antes de que desapareciera. Cuando cenamos la familia junta, bebimos exactamente este vino.

-¿Me podría hablar más de su historia?

-¿Por qué te interesa tanto?

-Vamos, me pica la curiosidad.

-¿En serio?

-Sí, eso es. Esto es lo que sé hasta ahora. Su hijo abandonó el nido de joven, y perdieron el contacto con él. Después, en la ceremonia de inauguración de este mismo hotel se rencontraron con él.

-En aquella visita, quedamos en reunirnos más adelante. Es por eso que te comenté que estuve dos veces más en este hotel a parte de esta.

-Muy bien. Unos años más tarde, se reunieron de nuevo. ¿Le importaría hablarme de su hijo?

-Se llamaba Alan. Siempre soñó en convertirse en novelista, y durante la reconciliación, mi esposa le regaló una estilográfica para que alcanzara su sueño con ella.

-Una estilográfica. Comprendo…

-Así es. Después desapareció durante unos cuantos años. Mi esposa y yo le buscamos por todos los recovecos posibles sin resultado alguno. Nos dimos por vencidos, hasta que un día nos encontramos con él. Y nos contó el motivo por el cuál desapareció…

-¿Y ese motivo es?

-Él tenía un amigo que también quería ser novelista. Alan, mi hijo, le enseñó a este amigo suyo un manuscrito de una novela que pretendía llevar a un concurso, pero los celos se apoderaron de aquel amigo suyo, el cual le robó la novela y Alan se quedó sin su gran oportunidad. Se cogió tal depresión que desapareció por eso.

Eso de los celos, robos y tal me suena…. ¿No es lo mismo que le hizo Martina a Alissa con sus partituras?

-También me contó que había tenido una hija. Es decir, me anunció que era abuelo. Solamente vi a la niña una vez. La niña me dijo que quería ser música, y yo hice lo mismo que hizo mi mujer con Alan. Le regalé una estilográfica con su nombre grabado para que pudiera componer con ella. No la vi nunca más, y al cabo de un tiempo me enteré de que mi hijo murió.

-¿Cómo se llamaba su nieta?

-Alissa Parker.

¡¿Alissa?! ¡La amiga de Martina!

-Un buen nombre…

No soy demasiado hábil conservando la sangre fría…

-Así es. Alissa, mi nieta, desapareció también de un día para otro. Mi mayor deseo es volver a verla.

-Espere…. ¿Alissa es su nieta?

-Exactamente, eso he dicho.

-Discúlpeme un minuto, vuelvo enseguida.

-¿Eh? Oh, está bien.

Salgo escopeteada y medio minuto más tarde me encuentro golpeando la puerta de Martina.

-Oh, es usted, señorita Hyde. ¿Qué quie…?

-Tengo prisa. Déjeme su estilográfica.

-¿Para qué la quiere, si no es indiscreción?

-¡He dicho que me dé la maldita pluma!

Martina me da la estilográfica de Alissa a regañadientes.

-Es una pena que esté tan arisca, porque mis pensamientos y mis deseos arden en celo de…

-¡Chitón!

-Lo suponía…

Martina cierra de un portazo. Bah, qué me importa. Vuelvo a la 212 y le enseño al viejo la estilográfica de su nieta.

-¡Pero si es…!

-La estilográfica de Alissa, en efecto.

-¡Alissa está aquí!

-No, no es así. La tenía una "amiga" suya. Bueno, es un decir. Porque a Alissa le pasó lo mismo que a su hijo Alan. Esa supuesta amiga le robó su composición cumbre y la puso a su nombre.

-Señorita Hyde… ¡Cuéntame más de esa amiga ladrona!

-¿Por?

-¡Quiero encontrarla y hacerle pagar por lo que le hizo a mi pobre niña!

-Entiendo cómo se siente, pero no creo que sirva de nada.

-¿Eh?

-Ya ha dicho que está arrepentida, y que buscará a Alissa con todas sus fuerzas. Aunque no sé si Alissa la querrá ver otra vez…

-Alissa la perdonará.

-Muy convencida está.

-Así es. Así es mi niña. La perdonará, por muy ruin que fueran los actos de aquella ladronzuela.

-Estoy segura de que la encontrará, y podrán ser felices.

-Gracias por todo, señorita Hyde.

-No tema por mí, ande. Tome la estilográfica. Tal vez, algún día se la pueda devolver usted mismo.

-Sí…

Salgo de su habitación. Así que Alissa es la nieta del viejo. ¡Eso sí que ha sido una noticia de campeonato! Verás Martina cuando se lo cuente. Supongo que tendré que hacerlo. Pobre hombre, cuantas desgracias acarrea. Cuando recupera al hijo y a la nieta el hijo muere y a la nieta se la traga la tierra de la noche a la mañana. ¿Desaparecería también del disgusto? Pues vaya. Espero no echarme nunca amigos que me hagan eso. Sin darme cuenta, me estoy metiendo en los fregados de los demás. Soy increíble.

-No me puedo creer que ahora trabaje de psicóloga.