Los primeros rayos de sol del día y el teléfono se han puesto de acuerdo para sacarme de la cama. No he dormido más que 6 míseras horas, pero para mí es más que suficiente. Mientras maldigo para mis adentros por el escandaloso sonido del teléfono, descuelgo el auricular.

-¿Sí?

-Kylie, cielo, soy tu madre. ¿A qué viene esa voz de ultratumba? Te he despertado, ¿Verdad?

-Sí, pero no tienes toda la culpa de mi insomnio. Ayer estuve indagando sobre la historia del hotel. Lo descubrí todo, pero me acosté a las dos pasadas.

-¡Si es que no tienes remedio, hija de mi vida!

-Ya te contaré los detalles más tarde. Ahora supongo que me iré a desayunar antes de irme con el viejo Hyde de vuelta a casa.

-Sí, eso, date una ducha, desayuna algo, y luego nos vemos.

-Chao.

Cuelgo el teléfono. A continuación, me despego de las sábanas y cojo la ropa que llevé ayer para después de ducharme. Como no sudé, no necesito otra.

Me recojo el pelo en una coleta para no mojármelo. El agua se impregna de todo mi cansancio, que se acaba yendo por el desagüe haciendo que al salir me sienta mucho más relajada. Me visto, cuelgo la toalla, me paso el cepillo por el pelo y después de preparar mi maleta, llegó la hora de ir a desayunar. Mi maleta me acompaña.

Cierro la habitación con llave. Este cuarto ha sido testigo de una especie de aventura en la que he podido demostrar mi instinto de policía, que corre por mis venas por herencia de mi padre.

-¿Kylie?

Es June.

-¿Qué te ocurre?

-Yo… Solo quería disculparme. Te he causado muchos problemas, y lo siento.

-No te guardo rencor.

June asiente.

-Toma, es para ti.

-¿Una carta? ¿Me la has escrito?

-No, no fui yo. Fue esa Martina, la encontré en tu puerta. Le pregunté, y me pidió que te la diera.

-¡Ja, ja! Debí suponerlo. Oye, ¿Vas a volver a Beverly Hills?

-Supongo que sí. Pero primero hablaré con la poli.

-¿Vas a confesar?

-Sé que es arriesgado, pero he de aceptar mi responsabilidad.

-Así se habla.

-Sí. En fin, me voy yendo ya. He de preparar mi equipaje.

-Cuídate.

-Igualmente.

June vuelve a su habitación.

-He de leer la carta. Espero no dormirme…

Rompo el sobre sin demasiada delicadeza. Esto es lo que pone.

Estimada señorita Hyde,

Conocí a Alain Parker anoche. Le prometí que recuperaría a Alissa, y que nunca cometeré un error del mismo calibre. Pienso empezar de nuevo. Voy a componer una canción exitosa. Y esta vez, va a ser realmente mía. Me gustaría que usted fuese la primera en escucharla, y me dé su parecer. Que la vida le sonría ampliamente,

Martina Summer.

Pues vale. Me guardo la carta en el bolsillo. Cuando quiero bajar las escaleras, Alain Parker me interrumpe.

-Buenos días, señorita Hyde. ¿Has dormido bien?

-Sí, lo poco que he dormido, pero sí, gracias.

-Me alegro mucho. ¿Ya se marcha?

-Sí. Mi padre llegará dentro de un rato. Espero que se cuide mucho.

-Gracias.

-Seguro que algún día se cumplirá ese deseo.

-Ya lo creo que sí. Cuídate.

-Lo haré.

Me despido y bajo las escaleras. Ahí me topo con Christian y Melissa.

-¡Kylie!

-Buenas, Christian. ¿Dormiste bien?

-¡Sí! ¡He dormido muy bien!

-Me alegro, me alegro.

-Mi padre me contó un secreto.

-¿Me lo vas a contar?

-Dice que mi madre me quiere mucho, y por eso volverá a casa.

-No está mal, ¿Eh? Seguro que tú también encontrarás a la tuya, Melissa.

-Gracias, Kylie. Tu padre me dijo exactamente lo mismo.

-¿Mi padre?

-Sí, lo conocí cuando era como Christian. Kyle Hyde, ¿No?

-Sí. Hay que ver qué pequeño es el mundo.

-Ni que lo digas.

-Christian, dale las gracias a Kylie por haberse portado tan bien contigo.

-¡Gracias!

Sonrío a Christian.

-Mi papá me está esperando. ¡Tenemos que irnos ya!

-De acuerdo. Nos vemos.

Le desordeno la melenita castaña a Christian. Hay, este mocoso…

-¡Adiós!

Christian se va con su hermana mayor por el vestíbulo. A ver qué tenemos hoy de desayunar.

Abro el portón y avanzo hasta el restaurante. Me siento en la misma mesa que ocupé ayer en la cena. Al poco, viene Rosa.

-Buenos días, señorita Hyde. Le traigo su desayuno, tal y como le prometí.

Rosa me deja un plato que contiene un par de huevos fritos con una loncha de beicon a modo de carita. ¡Ja, ja, ja! Mi padre me preparaba lo mismo cuando era pequeña. Bueno, más pequeña.

-Espero que le guste.

Veinte minutos más tarde, no queda una mísera migaja en el plato. Estaba realmente delicioso.

-¿Ya ha terminado, verdad?

-Por supuesto. Estaba buenísimo.

-Me alegro mucho. Espero que se cuide mucho.

-Claro, lo haré.

-Dele recuerdos a su padre.

-De acuerdo.

-Adiós, señorita Hyde.

Me levanto de la mesa y me voy de nuevo al pasillo después de despedirme de Rosa. Antes de poder llegar al vestíbulo, me encuentro con Dave.

-Hola, Kylie.

-Buenos días.

-¿Te marchas ya?

-Ya he desayunado, así que no me queda otra opción que esperar sentada a mi padre.

-Comprendo…

-¿Piensas seguir buscando a Eve?

-Claro que sí. No pararé hasta dar con ella.

-Pero primero desayuna, ¿No?

-Me has leído el pensamiento. Ya nos veremos.

-Claro…

Dave entra en el restaurante y yo me voy al vestíbulo. Quien no podría faltar en mi despedida es Louise.

-¿Cómo lo llevas, Hyde?

-¿"Cómo lo llevas"? Vaya manera de dar los buenos días.

-Anda, ¿Has desayunado vinagre o qué?

-¿Hoy vuelve tu padre?

-Sí, por la noche. Le daré recuerdos. Dáselos a tu viejo también.

-Lo haré, descuida.

-¿Qué tal Kya?

-No ha dormido nada. La pobre no puede soportar el hecho de que no tiene padres. ¿Se la vas a presentar a tu viejo?

-Sí, claro. Oh, casi lo olvido. Toma tu foto.

Le devuelvo a Louise la foto en la que aparecían Danny y Bradley.

-Gracias.

-Mira a Bradley. No me dirás que no se parece a Kya.

-Ya te digo, son como dos gotas de agua. Y ahora se ha quedado sin él.

-Ya ves lo que hace la gente por una estúpida piedra brillante.

-Sí… En fin, si quieres ir a buscar a Kya, está todavía en el cuarto de Rosa.

-Claro, iré a buscarla.

-He de irme. Pero espero que nos volvamos a ver pronto.

-Somos camaradas, Louise. Por supuesto que nos volveremos a ver.

-¡Así se habla! ¡Y viviremos un montón de aventuras como esta!

-¡Ja, ja, tú mandas!

-Chao, Hyde.

Louise me da un abrazo amistoso y desaparece. Entro por el pasillo derecho y llamo a la puerta del cuarto de Rosa.

-¡Oh, es usted! ¿Viene a por Kya, no?

-¿Cómo lo sabe?

-Me lo contó todo. La pobre no ha dormido nada.

-Me lo dijo Louise.

-Ya veo. Así que se la quiere presentar al señor Hyde.

-En efecto. Kya le habrá comentado la razón.

-Así es. Enseguida está lista.

Al cabo de dos minutos, Kya se asoma por la puerta.

-Buenos días, Kylie.

-Hola, Kya. ¿No has dormido bien, no?

-No, no mucho. Pero no temas, aguantaré.

-¿Tienes tu caja?

-Aquí la tengo.

Me muestra la caja y la agita para indicarme que el collar está dentro. Lleva la llave rosa colgada del cuello y sus esclavas puestas.

-Gracias por todo, Rosa.

-Cuídate, pequeña. Y usted también, señorita Hyde.

-Gracias…

Rosa cierra la puerta. Sin necesidad de decir nada más, Kya me sigue hasta la recepción, donde Dunning y Jenny parecen estar esperándome.

-¿Ya se marcha?

-Así es. Esperaré a mi padre por aquí.

-Bien. Parece estar todo en orden.

-Me alegro…

Kya se alarma de repente.

-¡Ay, no! ¡Me dejo las llaves de las letras! Soy un desastre… Vuelvo enseguida.

-Claro, aquí te espero.

Kya se marcha de nuevo por el vestíbulo a toda prisa.

-Así que ya sabes toda la historia…- Jenny parece estar al corriente.

-Sí, así es. Resulta increíble que la pagaran con usted.

-Esa gente no se anda con tonterías.

-Lo sé. Para muestras, Kya. Sus padres murieron el mismo día, de diferente año, por culpa de Nile. Dos de sus cumpleaños fueron trágicos.

-Sí, así es.

-Así que ahora se la va a presentar a su padre…

-Claro. Como mejor amigo del padre de Kya que era, creo que es lo mínimo.

-Por supuesto…

-Me alegro de haberles conocido, y de conocer toda la historia.

-Así que ya lo sabes todo…

Una voz que conozco perfectamente interviene en la conversación. Papá…

-Hola, papá.

-¿Has dormido bien?

-He dormido poco, pero estoy bien.

-Me alegro. Oye, ¿No te ha pasado nada raro hoy?

-Pues… Sí. Me ha llamado Ed…

Sí, por ahí va.

-Y me ha dicho que qué demonios hacía en Nevada.

-¿Y tú qué le has dicho?

-Pues le he dicho que estoy aquí porque él me lo encargó, y me ha dicho que estoy mal de la chaveta.

-Así que un encargo falso, ¿No? Eso esperaba oír.

-¿Y se puede saber cómo te has enterado tú?

-Ahora te lo explico. Antes, he de presentarte a alguien.

-¿A quién?

-Enseguida llegará.

-Kylie, ya sabes lo que opino de las bromas, y como sea otra de las tuyas, ya puedes ir olvidán…

Kya aparece por el vestíbulo.

-¡Ya está, Kylie, ya lo he cogido to…!

Kya se queda mirando a mi padre. Él no parece mucho menos sorprendido.

-Papá, te presento a… A Kya Bradley.

Pausa…

-Kya, este es mi padre, Kyle Hyde.

-Se… Señor Hyde…

-Kya…

-Su padre era tu amigo Brian Bradley.

-Es un placer conocerle por fin, señor Hyde. Mi padre así lo quería.

-¿Dónde está?

-Nile… Ellos le…

-Entiendo…

Kya mira al suelo, triste.

-¿Y no tienes a nadie?

-A su madre también la mataron los de Nile, el día en el que ella nació.

-¡Maldita sea!

-Papá, ¿Qué puede hacer?

-Yo…

-No se preocupen por mí. Haré lo que pueda para no caer en manos de Nile.

-Supongo que no te querrán respirando, ¿No?

-Así es. Me quieren muerta por llevar la sangre de Brian Bradley.

-Tranquila, Kya, no permitiré que te pase nada.

-¿Qué piensas hacer, Hyde?

-Bradley…

Mi padre parece estar pensando en sus cosas. Apuesto lo que sea a que el recuerdo de su mejor amigo circula por su mente.

-Kya, no pienso permitir que te pase nada. Nile te está vigilando, y tú eres solo una niña. Te encontrarán, hazme caso.

-Lo entiendo… Pero no se me ocurre una idea mejor para escapar, señor Hyde.

-Hemos de encontrar un lugar seguro para ella, papá.

-Te he de tener vigilada en todo momento, Kya. Nile es imprevisible.

-Sí… ¿Pero cómo?

Mi padre piensa durante unos instantes, pero yo soy más rápida.

-La única manera de tenerla vigilada siempre es que viva con nosotros.

-Kylie, eso no es posible. Molestaría. Seguro que hay algún otro modo de…

-No, Kya. Kylie está en lo cierto. Al fin y al cabo, me he topado con mucha gente de Nile, y mi casa sigue siendo un lugar seguro. Creo que no te pasará nada si vienes con nosotros.

-¿De verdad? ¿No les importa?

-Claro que no. Has de confiar en nosotros.

-Confío plenamente en ustedes. Si mi padre así me lo indicó, así lo haré.

-Kya, bienvenida a la familia.

-Gracias.

Kya me vuelve a abrazar. Y yo me sentí muy contenta de tener a una nueva compañera en casa. Aunque Kya es frágil, la ayudaré en lo que haga falta y no será una amiga para mí, sino una hermana.

De ese modo, ambas nos subimos en el coche de mi padre y nos conocimos mejor durante el viaje de vuelta. Dos chicas, nacidas el mismo día, iguales y opuestas al mismo tiempo. Eso no se ve dos veces. Pero he de admitirlo: mi aspecto, mi personalidad y mis seres queridos, todo en uno, soy yo, y alguien como yo no se ve dos veces.