II

Evocar tu figura.

Claro se veía el día. La llegada del verano era inminente, pero nadie que fuera de séptimo curso quería irse. Aún quedaban tres semanas para acabar las clases completamente. Albus Potter leía con atención un libro que su tía Hermione le había regalado, mientras que sus dos inseparables amigos estaban metidos cada uno en sus cavilaciones. El día anterior había sido muy movido para los dos finalistas de Quidditch, sin embargo ni siquiera se molestaban en pelearse. Rose estaba alejada de ellos, eso era costumbre porque mutuamente con Scorpius no se soportaban, y el rubio estaba callado a su lado, cortando pasto y llevándoselo a la boca distraídamente mientras miraba de soslayo a la pelirroja.

Rose se sentía observada. Comenzó a ponerse roja, ya que sabía quién era el inoportuno. De todas formas no se dejó influir y continuó hablando con Lily, o más bien escuchando más sobre su relación con uno de Hufflepuff que al parecer la volvía loca. Su prima era demasiado enamoradiza. A ella no le había pasado eso en todos esos años en Hogwarts. Creía que iba a resultar inmune a todo, pero por otro lado, estaba sorprendida de sus propios pensamientos con respecto a cierto rubio. Al parecer cuando más lo odiara más nerviosa se ponía, más disfrutaba de su cercanía y más se volvía quisquillosa si pasaban días sin verlo, sin fastidiarse, sin discutir.

Por fin, se vio libre de la charla de Lily que corrió a buscar a Hugo para también contarle a él. El muchacho miró con cara de pocos amigos a Rose al ver que ella se quedaba apoyada contra un árbol lo más tranquila mientras él tenía que soportar a su prima. Eran buenos compañeros, pero en serio la pelirrojita era fastidiosa con sus ex novios y el nuevo que se había conseguido. Hugo vivía desinteresado y se preocupaba únicamente de su apariencia cuando aparecía frente a él su alma gemela. Era una chica de Ravenclaw un año menor que él y tenía el pelo y los ojos más oscuros que había visto en su vida.

Sin embargo, a Rose poco y nada le interesaba la vida del resto mientras ella a poco de terminar el colegio tenía algunos problemas de improviso inoportunos. Miró a Scorpius un momento y se encontró con sus ojos grises llamativamente insinuantes sobre su figura. Él sonrió de lado sin aparentar haber estado viendo otra cosa, directamente se dedicó a recordar su cara sonrojada del día anterior. Ella volvió a sofocarse igual o peor. No podía tener un enemigo natural tan jodidamente sexy. Se levantó sacudiéndose levemente y corrió dentro del castillo. Scorpius sonrió para sus adentros y Albus alzó una ceja sospechando de él.

—¿Qué tramas?—le preguntó acomodándose el pelo azabache.

—Nada, Al. Tengo que ir a la biblioteca a devolver unas cosas y tomar otras para el próximo examen —explicó poniéndose de pie—. Luego nos vemos.

Albus se quedó impresionado, nunca había visto a su mejor amigo ser tan feliz por ir a la biblioteca o tener que estudiar para un examen. De todas formas, él estaba en paz sabiendo que ya se había estudiado todo y tenía los conceptos básicos en la memoria.