VII

Intromisión.

Y como bien dijo Filch, ambos se pusieron a fregar una de las aulas vacías y hechas un desastre. Sospechaban que el celador la había ensuciado a propósito porque sabía que encontraría a alguien merodeando por los pasillos. No tuvieron ninguna fiestecita privada y por una hora estuvieron encerrados limpiando… Bueno, Rose limpiaba y Scorpius la miraba tratando de descubrir algo más en ella. Realmente la pelirroja estaba fastidiada con él. ¿Qué hacía el descarado que ni cumplía con el castigo? Además, había sido su culpa.

—Bueno, yo me largo. —Se puso de pie y salió tras haber cumplido la hora de encierro. Scorpius la miró en el trayecto hasta que desapareció por la puerta. Se levantó del banco y la siguió con sigilo.

Rose intentó entrar en su sala común, pero aparentemente lo tenía impedido. Ya había dado la contraseña, quería pasar por la puerta abierta del retrato, pero alguien había tirado de ella.

—O pasamos los dos, o te quedas aquí afuera conmigo —inquirió Malfoy con una fingida voz de amenaza. Rose bufó y lo dejó pasar. El chico echó un vistazo en general, para su suerte no había nadie más allí, todos dormían o estaban de fiesta—. Mi sala común es mejor y más grande.

—¿Cuándo no? Tú siempre alardeando… —dijo ella mirándolo con cara de pocos amigos—. Bien, ya estás aquí, ahora si me disculpas, me voy a dormir.

Intentó marcharse por las escaleras que llevaban a su dormitorio, pero Scorpius rápidamente interfirió su camino y se puso delante para no dejarla pasar.

—No te disculpo —dijo él con una sonrisa de arrogancia.

—¿Qué demonios quieres? —preguntó con ingenuidad.

Él no respondió de inmediato, sino que la acercó tomándola de la nuca y obligándola a besarlo prácticamente. Tomó posesión de sus labios una vez más. Sin que ella pudiera hacer nada, excepto corresponder con ánimo. Él la estaba llevando por el camino de la locura, hacia el infierno. Experimentó una desconocida pasión que hizo de sus húmedas bocas un beso más ardiente. Enardecidas lenguas se encontraron mientras ella le echaba los brazos al cuello y él la sostenía con sus manos entre su pelo y su cintura, esperanzado de que no se separaran jamás. Aunque la falta de aire fue evidente cuando ella lo empujó levemente hacia atrás, y sofocada lo miró con total cara de confusión.

—Esa es tu respuesta. Espero que no te haya decepcionado —dijo Scorpius robándole un último beso corto y alejándose de ella para salir habiendo concluido lo que había decidido hacer esa misma noche.

Rose se quedó pasmada, tocándose los labios con la yema de sus dedos. Aún lo sentía. Observó cómo Scorpius desaparecía demostrando en sus ojos grises un brillo especialmente cálido. Esa intromisión de su parte, había sido una perfecta osadía.