Holaaa xD gente, no se me quejen que supo rapidísimo! Muchas gracias, besos. (Supongo que aquí los menores no pueden espiar) =P Hasta luego.
XI
Placer.
—Muffliato —susurró Scorpius al desenfundar su varita. Miró con seriedad y deseo a Rose, se acercó a ella apoyando una mano en uno de sus brazos y luego lo acarició descendiendo lentamente hasta tomar con delicadeza su frágil mano—, no voy a hacer nada que no quieras.
Rose suspiró dándole a entender que sabía eso y que confiaba en él. Apretó su mano enviándole seguridad y fue ella quien, tomándolo fuertemente de la nuca, lo acercó a sus labios. El sabor de lo prohibido era infinitamente placentero, pero más aún cuando aquello ya se había trasformado en algo más que una simple necesidad física. Scorpius tomó posesión rápidamente en la batalla casi desesperada por descubrir algo más en su boca. Mordisqueó sus labios suavemente y la escuchó gemir tras apoderarse de su cuello.
Hacía calor y por más que la ventana hubiera quedado abierta, el aire veraniego no era lo suficientemente fresco para apagar la llama interna en ambos cuerpos. El sudor comenzó a correr en la espalda del rubio mago que pronto quedaba sin camiseta por autoría de Rose. La pelirroja se mordió la lengua para no gemir ante las libidinosas caricias que el chico le proporcionaba en la zona del abdomen mientras intentaba subir más sus manos para llegar a sus senos. Apenas rozó sus pechos ligeramente, Rose levantó los brazos para que le sacara la remera sin mangas del pijama y él se despegó de su cuello mientras le quitaba la prenda. La miró con fogosidad al descubrir más perfección en ella de la que creía haber visto y sus ojos se abrieron de par en par cuando ella, sin dejarlo actuar, se deshizo de su sostén por voluntad propia.
Rose se sonrojó ante su mirada lasciva. Scorpius sinceramente tenía ganas de tomar nuevamente su varita para agregar más luminosidad a la habitación y poder apreciarla en todo su esplendor. Pero igualmente no tuvo tiempo de pensarlo. Se abalanzó sobre sus labios queriendo comérsela a besos. La eterna leona no perdió oportunidad para tocar el marcado torso del Slytherin que jadeó cuando ella enterró sus manos dentro de su pantalón. Lo desabrochó y dejó que él se lo sacara. Luego de quedar más ligero de ropa, él besó los excitados senos de su pelirroja amante y, por otro lado, enemiga. La sintió temblar a la vez que sus vellos se erizaban y su espalda se arqueaba. Sin embargo él no dejó de hacer su tarea, ni de abrazarla más arriba de su cintura. Scorpius se sentía totalmente embebido de lujuria, condenado a querer tocarla, besarla y sentirla, y enloquecido de pasión. Nadie lo había hecho sentir así. Nadie más que ella podría lograr hacerlo flaquear sólo con la mirada. Y la visión castaña destiló intensidad cuando se posó en sus ojos grises.
En cuestión de minutos, ambos estaban enteramente desnudos, friccionándose entre el calor, enredados sobre la cama de la muchacha. Ella rodeándolo con sus piernas, preparada para más, él tocando desde sus muslos, su torso, dejándose besar los dedos de su mano mientras jadeaban ambos sudorosos. Como todo Malfoy, Scorpius estaba preparado para la situación. Rose ayudó un minuto antes al chico a colocarse el condón. Él entrelazó sus manos con las de ella y las mantuvo lado a lado de su cabeza mientras embestía con fuerza y decisión. Ella lo recibió sintiendo un agudo dolor que pronto se iba a transformar en algo inigualable. Lo obligó a mantenerse quieto en su interior mientras sólo se escuchaban sus respiraciones agitadas y el corazón latiendo a mil. Scorpius la besó y sus lenguas se encontraron. Los nudillos de las manos se le marcaron más cuando comenzó a moverse en un cada vez más rápido vaivén de caderas. Rose ahogó un gemido en su boca, luego el rubio le besó el cuello y ella mordió el hombro del joven Malfoy mientras se soltaba de sus manos para sostenerse de la gran espalda del chico. Casi llegando al final, cuando él se sentía desfallecer y ella que iba a explotar entre tanto goce de placer, Scorpius levantó la cabeza y se cruzó con su mirada abrasadora. Más jadeos. Más contacto.
—Dilo… —gimió la pelirroja. Él la miró sonriendo ladeadamente y se negó—. ¡Malfoy!
—No puedo. —Empujó por última vez introduciéndose en ella con precisión y Rose arqueó la espalda llevada por el impulso, la sensación y su propia forma de adaptarse a él. Se había entregado a un imposible que no podía dejar de lado su orgullo, pero eso no tenía costo de importancia, sabía perfectamente cómo jugaba ese chico, había perdido una batalla pero estaba dispuesta a ganarle la guerra.
