Bueno, bienvenido/a sea el/la que lee y comenta =) dejo el siguiente drabble y avanzamos rápido hacia el final. Muchas gracias.
XII
Narcisismo.
Principalmente, le gustaría saber a qué hora de la madrugada Scorpius la había dejado sola, relajada y desnuda, envuelta en su fina sábana blanca. Se fastidió un poco con ella misma. Bendita forma de perder la virginidad; con el único heredero de los Malfoy. Se castigó mentalmente recordando lo que había hecho y rápidamente corrió al cuarto de baño para darse una ducha fría. El verano estaba haciendo estragos con ella. Se miró al espejo y descubrió unas pequeñas marquitas en su cuello. Se sonrojó levemente y su reflejo le devolvió una sonrisa, hasta que pasó de él y abrió el grifo mojándose enteramente sin querer pensar en nada.
Los padres de Scorpius no eran realmente estrictos como el mundo mágico pensaba. Draco, con los años se había ablandado y sus supuestas maneras de castigar a su hijo eran sólo patrañas de los chismosos. Él adoraba a su único chico y lo había criado con el carácter que el apellido Malfoy imponía; admiración propia y deseo de más poder. Pero cuando esa misma tarde Scorpius se había sincerado con su padre, ambos encerrados en el estudio, había ligado una bofetada seca en la mejilla izquierda. Le había dicho que se había acostado con una Weasley. Eso había sido gracioso hasta el momento en que mencionó que se trataba de la hija de Ron.
—¡Pero no siento nada por ella! —aseguró Scorpius cuando su padre estaba por ponerse a patear todo a su alrededor.
—¡No es el punto! —gritó lleno de furia—. ¿Se cuidaron?
—Sí, papá. Y no puedes ponerte así ni prohibirme nada. Ya cumplí la mayoría de edad hace rato —expuso Scorpius—, además, Weasley está bien buena.
—¡Dios! —exclamó horrorizado Draco—. ¡Bajo ningún concepto la volverás a ver!
—¿Por qué?... Yo hago lo que quiero —dijo desafiante. Su padre no podía culparlo, le había enseñado a ser así.
—¡A mí no me contestas! ¿Y sabes qué? Haz lo que se te dé la gana, pero después no digas que no te lo advertí. Ron Weasley se encargará de matarte si se entera que tocaste a su hija…
—¿Y qué? ¡Eso es injusto, ella también me tocó! —se defendió lleno de sarcasmo.
—No recuerdo haber sido tan grosero a tu edad… —comentó su padre poniendo los ojos en blanco.
—Ay, de todas maneras, es poca cosa para mí, papá… ¿No puedo divertirme con ella? —preguntó secamente mientras pensaba en lo bien que se sentía saber mantener ocultos sus sentimientos.
—¿Y qué si después te enamoras o algo así? —preguntó decidido y entrecerrando los ojos.
—¿Qué? ¿Hay algo malo con eso? No es necesario que te cuente que no me quiero enamorar de esa pelirroja… —afirmó Scorpius completamente seguro.
—Bueno, supongo que si su padre algún día lo acepta… ¡Ya, eso igual no ocurrirá! —completó Draco, tratando de convencerse a sí mismo.
—No…
Scorpius salió del despacho de su padre y se encerró en su cuarto. Se sentó sobre su cama y sacó su varita. Entonces la miró fijamente mientras se perdía en sus pensamientos. Pensaba en suaves manos que viajaban sobre su espalda, en rizos de color rojo furioso, en sus labios rozando una piel blanca y de pequeñas pecas, en el dulce aroma a jazmín del que se quería impregnar una vez más.
