N/A: Sé que fue extraño lo de Scorpius contándole aquéllo a su padre pero hay que tener en cuenta que él se sentía culpable. Él es un Malfoy después de todo, pero no puede negarse más, cuánto quiere a Rose. Gracias por leer.

XIII

Necesidad física.

Días sin volverse a ver. La espera era eterna, pero sus padres de improviso habían planeado un viaje familiar y habían decidido visitar a Charlie en Rumania. La expectativa fue amplia al regresar. Por parte de Rose, esperaba que Scorpius no se hubiera molestado, aunque creía que eso era imposible… Ellos no eran nada. Y además, luego estaban varios chicos que querían salir con ella. El verano y su cuerpo algo más bronceado de lo usual en ella, le atraían adolecentes molestos. A pesar de todo, hablaba con Rhonda y con Albus por separado, y mentía descaradamente. Insinuaba no sentir nada, quería no sentir nada por él y por eso, salía con alguien nuevo a cada semana.

Faltaba un mes para el término de las vacaciones. Sin preocuparse más por lo que pasara con Malfoy o no, empezó a pensar en sí misma. Pero ahí estaba una vez más él en su ventana, y ella ya no tenía la misma confianza de hacía un mes, ni mucho menos hacía dos meses cuando se veían bien seguido por más que no eran pareja. Era lo que parecía a simple vista cuando estaban solos. Scorpius estaba igual, ella se veía más alta. Lo miró ceñuda. Quería una explicación para aquella nueva intromisión, quería hablar y recriminarle pero no le salían las palabras. Y a pesar de eso, no era la más indicada para hablar, ya que cuando se fue no le avisó, y cuando regresó se puso a salir con otros. No tenía por qué dar explicaciones, pero sentía que se las debía. Y él también lo sentía, se le notaba la mandíbula tensa y las rendijas de su nariz se abrían de par en par. Parecía enfadado, furioso, nervioso… Desde otro punto de vista, parecía deseoso.

Se miraron fijamente, se acercaron poco a poco, casi sin notarlo. Sus alientos se entremezclaron, sus narices chocaron y él, de forma brusca y sin medir consecuencias, le arrancó todo pensamiento con un beso de arrebato. Ella desabrochó con sus desesperadas manos su camisa y se la quitó llena de energía. La situación era distinta a su primera vez juntos. Ahora había cargada necesidad en medio. Había frustración. Tanta, que se despojaron rápido de su indumentaria, se comieron a besos y se olvidaron de todo el entorno lleno de prejuicios en el que habían vivido y de lo que eran partícipes a diario. Ella se sentó sobre él y lo sintió mucho más adentro, él la acarició como si fuera una obra de arte. Se incorporó y la miró a los ojos, aún con la mandíbula tensa. La besó totalmente enardecido, en un choque de húmedas lenguas. Y entonces ambos jadearon al llegar juntos al orgasmo. Se separaron. Ella se acostó boca arriba, sus senos subían y bajaban de agitación al igual que el pecho de él, que estaba acomodado a su lado. Entonces Scorpius entrelazó una mano con otra de ella, se puso de costado e inclinó su cabeza para contemplarle el rostro lívido, anestesiado.

—No vuelvas a irte, Rose —dijo con voz apasionada y ronca—. No vuelvas a dejarme.

La besó una última vez, degustando el sabor de sus labios y ella se dejó hacer, totalmente sorprendida pero sin poder demostrarlo. Entonces él se levantó, la cubrió con la sábana y se vistió lentamente bajo su mirada. Al terminar, se acercó a ella y la besó en la frente, para luego desaparecer accionando su varita.