Bien, aqui estoy con el final de esta historia, la verdad es que cuando lo escribia estuve llorando, nunca me ha gustado matar a personajes, pero siempre hay una primera vez... gracias a todas las personas que estuvieron pendientes de esta historia... mil gracias...

Saludos a mis amigas ILDM, Ninkiepotter, Lena Hale Black y Mary Yanza, quienes estan conmigo al pie del cañon... las quiero... besos...

Disclaimer: Nada del universo Potteriano me pertenece, todo es de JK... y lo que sigue... aunque algunos personajes son de mi cabecita loca...

Vivan los Sly!

Enjoy!

PARA SIEMPRE…

Bastantes años han pasado desde que el pequeño fénix hipnotizó al dragón con sus ojos rojos, desde que el dragón apresó al fénix entre sus imponentes alas, pero ninguno de esos años han hecho que el fuego que ardió aquella noche se apagase. Al contrario, ambos sienten al mirarse que en lugar de irse apagando, el fuego ha crecido a niveles insospechados, donde la más leve caricia, la más inocente mirada, hace que arda nuevamente consumiendo todo a su paso.

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas.

El dragón es bastante orgulloso, celoso y posesivo. Cuida a los que ama celosamente, como lo más preciado de su vida. Tal vez este comportamiento podría resultar chocante, para quien no conoce todas las cosas que se perdió en el transcurso de su vida. Pero a la vista de todos los que han compartido años y años junto a él, su comportamiento es por demás comprensible.

A veces llega a parecer frío, distante, indiferente, ha sido así a veces con las personas que lo rodean, pero nunca con ella, su compañera, a quien a pesar de sus ideales machistas, inculcados por Lucius durante tantos años, y que a la postre a veces le sacan dolores de cabeza, sigue viendo como su igual, pues es más terca y cabezota que él, y a veces, jura por Merlín que quisiera lidiar nuevamente con ya saben quien, antes de aguantar a su esposa cuando esta cabreada.

Pero la realidad es muy diferente, pues quien lo conoce, ha de saber que sus arranques de cabezonería siempre terminan igual: en un juego de miradas retadoras, sin parpadear, como si solamente con mirarse supieran lo que el otro piensa, hasta que uno de ellos, la mayoría de las veces es ella, termina cediendo, ante la mirada de superioridad del otro.

Pero esto no quiere decir que él gane las partidas, solamente se aplaza la batalla, pues quien definitivamente termina ganando la guerra es ella.

Sus armas son más poderosas.

Algo que con los años ha aprendido ella es a ser cautelosa. El dragón es bastante taimado, producto del horror que vivió en la guerra, lo cual lo hizo muy desconfiado. Ha tenido que ir quitando capa por capa, como una cebolla, para ir desentrañando toda la oscuridad que guarda en su interior, para dejarlo listo para recibir el amor, y también para darlo.

La primera prueba la tuvo dos años después de su boda, cuando después de un grito desesperado por parte de ella, quien sentía que se iba a partir en dos, nació su primer hijo.

Lucian Alexander Malfoy Valerius.

Un sol, literalmente, de cabellos rubios como la miel y ojos azul cobalto, idéntico a su abuelo Demetrius, también literalmente, pero con el encanto Malfoy muy marcado. Arrebatadoramente Malfoy desde los once años, culpable de cientos de dolores de cabeza para su madre, y de una enorme sonrisa de orgullo para su padre. Es ahijado de Theodore y Luna.

La segunda prueba fue Katerina Narcissa Malfoy Valerius.

La niña de papa, quien nació en una cálida noche de mayo, en medio de la fiesta de bodas de Pansy y Blaise, quienes fueron sus padrinos. De ojos gris-azulados, cabellos negros rizados y unos pulmones poderosos. De apariencia tranquila pero temperamento de tornado. Manipuladora y niña mimada, inteligente y traviesa.

La tercera prueba, bueno, esa fue una sorpresa, pues fue concebido en su aniversario número siete, Scorpius Arctorius Malfoy Valerius, el nombre tendencia de su abuelo materno por llamarlos con nombres de importantes reyes del pasado.

El más pequeño y consentido, de cabellos rubio platinos y ojos grises claros, idéntico a su padre y abuelo, idéntico a todos los Malfoy de la historia, de personalidad tranquila y analítica, con una inteligencia digna de un Ravenclaw, pero astuto y sagaz como un Slytherin.

Cada uno de ellos era un pedazo del corazón de ese dragón. Quien al pasar de los años iba sintiendo como la oscuridad en su interior iba menguando, dando paso a la maravillosa luz que ofrece el amor verdadero.

Así fueron pasando los años, entre alegrías, tristezas, problemas, pérdidas.

Uno a uno los amigos fueron desapareciendo, en la distancia que impone la muerte, mientras tanto, el dragón y el fénix siguieron juntos, haciéndose fuertes el uno al otro, apoyándose el uno al otro, amándose entre ellos, y dando amor a cada uno de sus seres queridos.

Llegaron los nietos, y después de un tiempo más, los bisnietos.

Ahora ambos ya son muy viejos para estar solos. Viven aislados del mundo, pero rodeado de las personas que aman. Saben que es cuestión de tiempo para que ellos también partan hacia la eternidad, como tantos otros se fueron ya.

Draco aún es arrogante y tozudo a pesar de ser un anciano. Sus ciento quince años recién cumplidos no le quitan lo valiente. A veces, en al noche, cuando quiere escapar de la angustia que le produce no ser tan joven como lo era antes, toma a su mujer de la mano y se escapan a los jardines de la mansión, donde se escabullen dentro del invernadero que Narcissa les obsequió hace tanto tiempo atrás, buscando estar de nuevo como hace tantos años, donde solamente eran ellos dos, y no tenían que preocuparse por deberes ni otras cosas.

Otras tantas, cuando se reúnen los mayores, pelea hasta el cansancio con "la comadreja" Weasley y con "San Potter", como él los llama, amistad disfrazada por la tolerancia que les produjo el matrimonio de Scorpius con Lily Luna Potter y de Katerina con Albus Severus Potter. Con Granger (ahora Weasley) la lleva más pausado, pues ella nunca más será una sangre sucia, al menos no en la mansión de los Malfoy.

La vida ha sido buena para ambos, sin embargo, sienten que esta llegando el momento en el que tendrán que partir y dejar atrás todo lo que conocieron, y por momentos les parece que será difícil dejar todo lo que aman, pero cuando se miran y se reconocen en los ojos del otro, cuando ven en sus pupilas el mismo fuego que desde hace años arde dentro de ellos, se dicen a si mismos que mientras estén juntos, nada importa.

Por eso, la última escapada les lleva más tiempo.

Él la toma de la mano como tantas noches, pero ella sabe que esa noche no es como las otras. Con lentitud se visten, con sus mejores galas, el le riñe porque ese suéter no le parece combinar con el elegante traje de trae puesto, ella solamente lo mira, durante lo que le parece una eternidad, ante lo cual él solamente gruñe y se abotona bien el maldito suéter. Ella sonríe con suficiencia.

Con parsimonia recorren los pasillos de la mansión, donde fueron tan felices durante tanto tiempo.

Les parece ver a Lucius corriendo tras Lucian y Scorpius, por en medio de los intrincados pasillos de la mansión. Más adelante, la pequeña figura de Katy aparece recostada a los pies de Narcissa, casi les parece escuchar la voz de la rubia mientras relata a una pequeña pelinegra totalmente fascinada, cómo es que el príncipe venció al dragón del cuento.

El silencio les cuenta sobre tantas cosas pasadas. Sobre la dulce infancia de sus hijos, su rebelde adolescencia y después, cuando uno a uno fueron yéndose a vivir sus propias vidas, cuando cada uno hizo su camino y la casa quedó nuevamente silenciosa, hasta que el sonido de los gorjeos y balbuceos de sus nietos llenó nuevamente la mansión de vida y alegría.

Caminan lentamente por el largo pasillo hacia la entrada, donde las personas de los retratos, las cuales parecen saber que es el final, los saludan por última vez, maravillados porque saben que ese rebelde dragón encontró la horma de su zapato en ese testarudo fénix.

Con un último vistazo, se despiden del interior, saliendo a los jardines tan primorosamente cuidados, donde los pavos albinos se mueven en la oscuridad al percibir sus presencias.

La luna brilla en todo lo alto, mientras las estrellas se reflejan en los dos pares de ojos grises que observan a su alrededor, el que fuera su amado hogar. El camino hasta el invernadero nunca les pareció tan corto, como si la muerte fuera adelantando el camino para llegar más rápido.

Ya dentro del invernadero, ella se sorprende gratamente al observar cómo todo esta dispuesto para una cena romántica. La sonrisa de suficiencia en el rostro del rubio se agranda, mientras le rodea la cintura con uno de sus brazos, instándola a caminar hacia la mesa.

La velada pasa sin contratiempos, mientras ellos se cuentan entre sí cosas del pasado y los recuerdos felices y tristes de sus vidas son compartidos entre ellos.

La primera vez que se vieron, después de la ceremonia de selección, donde con tanta mala suerte por parte de ella, uno de sus preciados libros fue a dar precisamente sobre uno de los carísimos zapatos italianos de él. La mueca de dolor y rabia en el rostro del rubio ha sido siempre la mejor forma que ha encontrado con el pasar de los años para hacer enfurruñar a su esposo. Siempre funciona.

La vez que se encontraron en la sala común, antes de que él cumpliera el "encargo" del Lord, cuando él salió sigilosamente después de darle varios consejos. Ella nunca olvidará la extraña sensación que sintió en el estómago después de esto, como si presintiera que algo malo fuera a pasar. Después de tanto tiempo, se ha dado cuenta que era genuina preocupación por el destino del rubio.

La vez que se reencontraron en parís, después de tanto tiempo, cuando no podía apartar la vista de ella, donde por primera vez sus ojos lo hipnotizaron, donde la pregunta sobre que tan grises eran los ojos de ella fue contestada, después de su primer beso.

Cuando se casaron, cuando hicieron por primera vez el amor, cuando nacieron sus hijos… cuando él descubrió con orgullo que siempre sería el único

Cada uno de esos recuerdos esta grabado a fuego en el corazón de ambos, y el rubio espera que Merlín le permita llevarse esos recuerdos a la eternidad.

Con un movimiento de varita, una suave música comienza a sonar, mientras el rubio se levanta y le ofrece su mano, para comenzar a bailar lentamente con ella entre sus brazos. Allie comienza a llorar quedamente, pues después de tanto tiempo, aún se emociona cuando escucha la canción que bailaron en su boda.

El sueño comienza a vencerlos, mientras se dirigen despacio hacia los sillones, donde se echan uno al lado del otro, frente a frente, mirándose con amor, diciéndose con palabras cuánto se aman, dándose ánimos para continuar hasta el final.

El amanecer los sorprende abrazados, con los ojos cerrados, mientras dentro de la casa los pequeños apenas se van desperezando, alejando al sueño que no los deja despertar, con una extraña sensación inundando sus corazones.

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Y así los encuentran, abrazados el uno al otro, fríos e inertes, pero con una sonrisa en los labios, y en sus rostros, ya ancianos y arrugados, pero ahora brillantes y serenos, un gesto de paz y tranquilidad envidiable.

Los niños lloran, por ambos, porque los va a extrañar tanto, pero los mayores saben que en medio de la tristeza, tienen que sentirse felices y orgullosos, porque ese amor que nació tanto tiempo atrás, aún después de la muerte, seguirá viviendo en la eternidad.

Porque el amor que hay entre ellos dos será como ellos, únicos

Para siempre…


Bueno, otro final... gracias por leer, de verdad con todo mi corazón se los agradezco...

Hasta la próxima...