XVII
Tregua.
La tarde era especial mientras caía. Rose miraba el horizonte, sentada sobre la hierba húmeda. Nuevamente, el cielo anunciaba una próxima llovizna. Su hermano cortaba pastito sentado a su lado. También estaba solo, mientras más rezagados por algún lugar, estaban Albus y Rhonda, James y… ¡Nadie tenía idea de su nombre, pero era tan rubia como tonta, y todos estaban seguros de que sería otra aventura pasajera de James! Mientras, Lily paseaba de la mano cerca de ellos, con su novio, Derek. El chico era de la misma altura que ella, eso lo hacía ver bajito a comparación de los demás chicos. Rose miró atentamente a su hermano, que solía tener novia también, pero esta vez el verano había suspendido su noviazgo con esa morena de Ravenclaw con la que salía y eran tal para cual, él estaba completamente abierto a ser de nadie ahora, al igual que su primo James. La pelirroja a su lado, pensaba que ya caerían los dos, sin siquiera notarlo. Así le había pasado a ella, que mirando cómo todos tenían pareja y paseaban por el parque, se sentía sola e irremediablemente pensaba en él.
El crepúsculo les dejó en claro que era hora de irse a casa. Albus había aparecido, pero cuando llegó a la orilla cerca de los hermanos Weasley, no volvió sólo con Rhonda. El corazón de Rose pegó un salto que la dejó sin respiración y se puso de pie seguida por su hermano. Albus le hizo una grosera seña a Scorpius —que nadie más que él vio— y se llevó a Hugo, tirando de él. Lily, Derek, James y su chica nueva habían desaparecido en acción, y Rhonda le guiñó un ojo a Rose antes de que Albus se la llevara del brazo también.
—¡No vuelvas tarde, Rose!... Si no quieres que papá te mate —convino Hugo recordándole aquel detalle a su hermana. Ella asintió agradecida.
—Albus me dijo que estarías aquí —comenzó Scorpius más cohibido de lo normal. Miró fijamente los ojos de su acompañante. Ella suspiró asintiendo.
—¿Cómo estás? —preguntó ella. Jamás hubiese pensado que algún día le preguntaría aquello. La situación era ridícula.
—No muy bien… —contestó él, pero a diferencia de lo que Rose creía, él sonrió y dio un paso hacia ella—, necesitamos llegar a un acuerdo.
—Claro, ¿qué tipo de acuerdo? —preguntó frunciendo el ceño, aunque no lo dejó responder—, y podrías ser más considerado y preguntarme cómo me encuentro yo.
—¿Y bien? ¿Cómo estás tú? —accedió él, sonriendo de nuevo, como si todo fuera gracioso. Los ojos de Rose brillaron con un poco de malicia.
—Genial, casi me dejas embarazada la semana pasada, pero estoy muy bien —dijo como quién no quiere la cosa. Scorpius quedó boquiabierto y luego rememoró brevemente aquella noche.
—Oh… ¿Y no estás…? —preguntó con una mano en la nuca.
—No. Para la próxima recuerda ser más precavido —inquirió, alzando una ceja.
—¡Tú tampoco te cuidaste, la responsabilidad no es sólo mía! —musitó el rubio, con cierto enfado, pero luego se volvió a serenar—, además, ¿habrá próxima vez?
—Fue un decir… —comentó apresurada y poniendo los ojos en blanco.
—¿Me das un beso? —preguntó Scorpius.
—No, por idiota —respondió Rose, que no lo miró a los ojos directamente.
Él sonrió sin que ella lo advirtiera y la acercó de improviso sosteniéndole la nuca fuertemente mientras su boca le robaba un beso hambriento a los rojos labios de la sorprendida chica, que respondió gustosa. Giró tan bruscamente su cabeza para llevar el beso a otros límites, que su nariz chocó con la de él, en un roce furioso pero que ellos sintieron como una caricia. En la mente de ella resonó la voz de su hermano advirtiéndole sobre su padre y se separó de él demostrando frustración.
—Lleguemos al acuerdo que quieras, pero rápido, tengo que irme —anunció Rose, con una agitada respiración. Scorpius se mordió el labio inferior y apoyó su frente sobre la de ella.
—Quiero que dejes de salir con otros —soltó rápido el Slytherin—. No puedo soportarlo.
—¿Por qué no dejas de decir frases entre líneas? No me fío de lo que intentas decir —comentó Rose sin alejarse de él. Cerró los ojos y preguntó—: ¿Me vas a decir algo concreto?
—Eso es lo que quería decirte. Tú no sales con nadie y yo no salgo con nadie… —aclaró Scorpius, que se arrepintió inmediatamente de haber dicho aquello cuando vio los ojos furiosos de la pelirroja. Se echó hacia atrás pensando que ella sería capaz de hechizarlo, con o sin razón.
—¿Saliste con alguien mientras no estuve? —quiso saber. Su tono era más que un reclamo.
—¡Disculpa! En ese momento no te debía nada. Ni siquiera explicaciones —se defendió él.
—¡Claro! ¿Y ahora por qué crees que me debes algo? De todas formas, estoy de acuerdo con esa tregua, pero aún no me dices nada con eso… —habló rápidamente ella.
—¿Qué tengo que aclarar? ¡Ahora sí dudo de tu inteligencia, Weasley! —aseguró Scorpius, y sonrió en son de burla—. Primero; no sé qué te da a pensar lo que te dije ayer delante de tus padres, yo creo que fui más claro que nunca, y segundo; no, no salí con nadie a diferencia de ti. ¿Crees que tuve oportunidad de pensar en otra desde la primera vez que te besé?
—Y eso significa… que soy inolvidable —se jactó Rose—. Y no fuiste muy claro aún…
Scorpius la volvió a besar con ansiedad. Necesitaba trasmitirle lo que sentía, porque así era más fácil, no era bueno con las palabras y declaraciones. Ella se lo ponía difícil también, jamás había dicho semejantes cosas a alguien. La pelirroja estaba siendo muy desconsiderada con él. Ella enterró sus dedos en el pelo platino del chico y luego de mordisquear sus labios haciéndose desear, le jaló del cabello hacia atrás para que separara su boca de la de ella. Lo miró sonriendo y él se quedó pensando en el poder que tenía ella sobre él.
—Sigues no siendo del todo claro —musitó ella soltándolo un poco y volviéndolo a acariciar. Claro gesto obvio para dejarse besar una vez más. Pero apenas él rozó furtivamente sus labios, se separó y le habló de cerca, provocándole cosquillas.
—¿Cómo puedo demostrarte lo que me haces sentir? ¿Cómo hacerte saber lo que provocas en mí? —preguntó muy seguro Scorpius, que siguió murmurando sobre sus labios—. Me estás trastornando, Weasley. Me estás enamorando. Estoy enloqueciendo por ti, Rose —declaró él. Le dio un casto beso que ella débilmente pudo responder y le pidió que se fuera. Ya era de noche, sus padres pedirían explicaciones y ella no iba a tener argumentos.
—Estamos en tregua entonces… Scorpius —recalcó su nombre y se desapareció del lugar con una sonrisa. En verdad era demasiado pedir que él le dijera algo más. Había declarado implícito amor con simplemente su sincera mirada al llamarla, una vez más, Rose.
