XVIII
Confesar sin pensar.
Rose estuvo castigada supuestamente unos tres días, pero realmente eso no había tenido sentido. Ella tenía total libertad de hacer lo que se le venía en gana. Igualmente no vio a Scorpius por respeto a sus padres, ya que se enteró de la bochornosa situación que sufrieron ambos al descubrir que había estado con el chico. Además, sabía que lo vería esa noche. Era el cumpleaños de Albus y se festejaba en grande en el jardín de La Madriguera. Ya desde temprano Rose se venía preparando para estar radiante en la fiesta. Cuando se fue acercando la hora de partir, terminó de acomodarse el vestido corto y rojo fuego como su cabello. Se maquilló simple pero notoriamente, delineando más que nada sus ojos que brillaban acuosos con su color almendrado. Sus rizos estaban bien definidos y sueltos. Apenas usaba dos hebillitas una de cada lado para que el pelo no se le fuera a la cara. Hugo golpeó la puerta justo después de que ella acabara de colocarse los zapatos también rojos de tacos altos. Él abrió y se quedó boquiabierto, luego sonrió y levantó una ceja pícaramente.
—Si planeabas ir a un hotel alojamiento luego de la fiesta, papá va a notarlo de inmediato… —bromeó el pelirrojo observando las piernas descubiertas de su hermana y el voluptuoso escote. El vestido tenía muy finos breteles y detalles bordados por todo lado en donde se mirara.
—No estoy para chistes. Albus hace una gran fiesta… Y tú también estás muy lindo si a eso te referías —objetó Rose sonriendo con sus rojos y carnosos labios pintados—. Ahora vamos.
—Igual yo hablaba en serio —dijo tras cerrar la puerta y bajar del brazo junto a ella. Él estaba de traje blanco y camisa azul que combinaba con sus ojos. Era el calco de su padre. Rose lo miró severa y se dedicó a caminar bien acomodándose a los tacos.
—Yo también hablaba en serio. No me hagas sufrir antes de lo esperado. Papá ya me dirá sus cosas —aseguró ella.
Se dirigieron al coche y Ron vio todo el trayecto de su hija hasta que subieron a los asientos traseros. Se tragó el decir algo cuando su mujer le dio un golpe en la cabeza y aceleró furioso. Sabía que ya no podía hacer nada más que esperar que la relación que su hija tenía con el chico Malfoy se rompiera tan inesperadamente como había comenzado. Y si tenía que esperar a que él la lastimara, pues lo haría, sólo para que Rose aprenda a no hacer caso omiso a sus advertencias.
Scorpius estaba junto a Albus tomando una copa mientras alrededor había unas cuantas chicas buscando su atención. Rhonda impuso presencia para esfumarlas del lado de su ahora novio, Albus. El chico todo vestido de negro le sonrió y se besaron. Eso incomodó a Scorpius que se tragó todo el contenido de su copa y la dejó en la improvisada barra que habían armado los Potter. Luego se dedicó a pasear por el jardín al que había asistido varias veces cuando su amigo festejaba allí. Se había dado el lujo de hacer semejante fiesta simplemente porque terminaron el colegio y a modo de despedida todos sus compañeros habían asistido. Hasta algunos profesores amigos. Vio a James correteando algunas chicas junto a los gemelos Scamander y luego a Lily Potter acaramelada con su novio de Hufflepuff. Se le revolvieron las tripas un momento hasta sentir nauseas y no pudo evitar sentarse en la primera silla que encontró.
—Disculpa, pero esta mesa es para mi familia —dijo detrás de él una voz muy familiar.
Era Rose, sabía que era ella, sin embargo agachó la cabeza y no se volteó a verla, tampoco contestó. Repentinamente se sentía muy mal y no tenía nada que ver con lo que había ingerido, apenas había sido un poco de vino blanco y sus efectos no harían nada malo en poca cantidad. La fiesta recién comenzaba pero él quería no haber aparecido nunca allí. Rose frunció el ceño y puso sus brazos en jarra. Scorpius levantó un poco la cabeza y respiró hondo sosteniéndose el estómago. Se sentía mareado en serio. Comenzó a ver nublado hasta que volvió en sí y resopló. Rose se puso frente a él cansada de esperar a saber qué pasaba. A pesar de la cantidad de familiares que había cerca de allí, no le importó y se dispuso a indagar. Se acuclilló para verlo bien.
—¿Scor? —dijo. Vio que se tomaba el abdomen y entonces comprendió que no se sentía bien. Su cara era pura desolación— ¿Qué sientes? ¿Estás bien?
Él levantó la vista sin saber que iba a encontrarse con semejante hermosura. Por primera vez se consideró con suerte, ella le había caído del cielo... O mejor dicho en sus términos, había subido del infierno para apresarlo por siempre. Jamás supo cómo ni por qué pero realmente al verla a los ojos, se sintió más afortunado que nunca, por muy mal que se sintiera en aquel momento, ella mitigó el dolor.
—Te quiero. —La frase fue acompañada con una expresión sincera y cálida. Sus ojos brillaban. Scorpius observó la reacción nerviosa de ella. No se había movido ni había respondido. Acarició su sonrojada mejilla y luego tiró con delicadeza su cabello hacia atrás.
—Yo más —aseguró Rose luego, que sonrió tímidamente y con pasividad se enderezó y se sentó junto a él—. Aún no estamos muertos por haberlo dicho.
—No está bueno bromear al respecto, es algo difícil de decir. Acabo de admitir enteramente mi derrota —comentó Scorpius y suspiró—. Creo que necesito un baño, después hablaremos de esto.
—Bien. Espero que te mejores pronto —dijo sonriendo con malicia.
—¿Estás esperando a que piense algo para esta noche? —preguntó él alzando una ceja. Se pusieron de pie ambos con las manos entrelazadas y bien cerca uno del otro—, porque a mí se me están acabando las ideas.
—Déjamelo a mí —declaró Rose robándole un primer beso en público que fue más una simple caricia entre sus labios.
Rhonda emitió un gritito cuando vio que el chico se alejaba de su mejor amiga y se acercó para saludarla y abrazarla llena de felicidad. Mientras tanto, de soslayo, Rose contempló cuatro caras adultas; tía Ginny y su madre cuchicheaban con aparente conformidad, enternecidas por ella, tío Harry parecía pasivo pero asombrado, y su padre mascullaba cosas ininteligibles aunque se mostraba bastante más pacífico de lo esperado. Rose sonrió… ¡Increíble bruja era su madre que lo tenía permanentemente hechizado!
