Esto es todo, muchas gracias por haber leído y más a quienes dejaron su impresión con comentarios. Besos. Hasta la próxima, quizá suba otra historia que tengo de ellos. Si no, igualmente sigo escribiendo para otra web. Así que si alguien quiere seguir leyendo sobre ellos, sólo tiene que googlear "No existen corazones de cristal". Si deciden pasarse, muchas gracias, sino también. Acá el final =)

XX

Juntos.

Sabía que estaba despierta, sin embargo ella mantenía los ojos cerrados y se dejaba acariciar lentamente por él. Fascinado, Scorpius la miraba y masajeaba su espalda desnuda. Ella estaba acostada pegadita a él y con la cabeza, llena de enormes rizos dispersos, apoyada en su pecho. Su pausada respiración tan tranquila, le daba una sensación de bienestar único. Rose no abrió los ojos, pero suspiró y le regaló un beso en la base del cuello. Él sonrió y la abrazó más contra su cuerpo desnudo. Apenas se cubrían con una fina tela.

—Hemos sido idiotas todo este tiempo —aseguró Rose rompiendo el silencio. Su voz sonó somnolienta.

—Lo sé. Yo más que tú —inquirió tranquilamente. La sonrisa no se le borraba del rostro ni en un solo instante—. ¿Quieres que nos levantemos?

—No… Quiero quedarme así un ratito más. —Se sintió una niña pidiéndole algo a su papi. Se había expresado casi en posición de rogar aquello.

—Si fuera por mí, nos quedaríamos eternamente —aseguró él.

—¡Uy, Malfoy está diciendo cosas románticas! ¿De qué más tengo que sorprenderme? —preguntó con ironía socarrona mientras se incorporaba un poco y lo miraba. La luz del sol daba a medias sobre ellos y sus pectorales tan tentadores le provocaron morderse el labio inferior con rabia.

—No debes sorprenderte de nada, Weasley, eres preciosa por naturaleza, así que esas cosas me salen solas…

—Ni que hubiese cambiado —replicó ella con timidez. Luego acercó una indecisa mano que transportó finalmente hacia sus mejillas pálidas y su platino cabello después, acariciándolo con ternura—. Tendrían que haber salido antes esas palabras de tu boca.

—No sentíamos nada antes, trataba de no mirarte, estábamos ciegos por los prejuicios —confió Scorpius y de una vuelva brusca y alocada hizo que ella quedara debajo de él. La besó lentamente y se detuvo para seguir hablando—, además, sí cambiaste bastante. Creciste, eres…

—¡No me mires así! ¡Parece que quieres comerme! —dijo ella entre divertida y contrariada. Él sonreía, curioseaba con la mirada sobre su cuerpo y la tenía bajo su control.

—En realidad, es justo lo que quiero hacer —aseguró el joven presionando sus labios contra los de ella. Dejó paso a una extasiada caricia de sus lenguas y se separó al notar la risa ahogada de Rose—. ¿Qué pasa?

—Nada… —respondió ella riéndose pero negando con la cabeza.

—¿Qué? ¿En qué pensabas?

—Es medio difícil pensar mientras estás besándome, pero lo he logrado —admitió con un ligero sonrojo—. Pensaba en que quizás si seguimos juntos y tenemos que decírselo formalmente al resto de mi familia, todo va a ser un caos.

—Nada de eso, Rose. Nada de quizás —dijo con profundidad en la voz. Corrió un mechón de pelo rojo detrás de la oreja y le dio un casto beso en la mejilla—, estaremos juntos sin ningún inconveniente.

—¿Seguro? —se extrañó la chica, frunciendo el entrecejo al escuchar un grito desesperado y pasos apresurados que se dirigían hacia allí. Scorpius la miró frunciendo el entrecejo.

—No del todo, pero lo superaremos.

La besó suave y lentamente, obviando los golpes secos que su padre daba a la puerta, queriendo tirarla abajo. Sabía perfectamente toda persona que los conociera bien, que como característica principal, los describía la terquedad; si los querían lejos, harían lo contrario. Rose se abandonó en sus besos, sus brazos, su cuerpo, una y otra vez, sin importar quién pudiera recriminarle algo. Ahora no estaba sola, ahora eran ellos dos. Juntos.