Segundo drabble~


B E S O S · I N T E R N A C I O N A L E S


·

Mentira

Italia del SurxPrusia

·

"¿Cuándo te vas a declarar por fin?" "El pobre te está esperando." "Vamos, hasta un ciego como mi hermano vería que estáis hechos el uno para el otro." "¿Eso es un regalo para Antonio?" "¿Has pensado alguna vez en lanzarte? Estás tardando mucho. ¿No tienes nada que esconder, verdad Lovi?"

Estos y muchos otros eran los comentarios a los que le sometía el prusiano nada más verle. Daba igual que ya fueran trescientos en la cuenta, que de alguna forma Gilbert encontraba nuevas formas de insinuarse que debería regresar corriendo con España. Tonto. Que aquel idiota lo tuviera casi secuestrado en su casa hacía siglos no significaba nada. Sobre todo teniendo en cuenta que… en fin, no importaba.

Aquella vez, como las anteriores, no faltó a su costumbre. No llevaban ni diez minutos en la misma habitación cuando Gilbert saltó:

-He oído que se va a estrenar una obra muy conocida en casa de Antonio, ¿no vas a ir? –en el rostro del germano había una reluciente sonrisa. Seguramente se estaría divirtiendo de lo lindo a su costa.

-No.

-¿Por qué?

-Porque no quiero.

-Veeeenga, dímelo. Soy demasiado awesome como para que me lo ocultes, Romano –le picó el peliblanco de nuevo.

-No quiero –repitió él.

-Pero si todos sabemos que te mueres en secreto por España. Hacerte el duro es bueno, no te digo que no, pero hay que saber hasta que punto llegar o si no Toño se te escapará –le advirtió.

-¡Eso es mentira! No me gusta España. Nunca me ha gustado y nunca lo hará. ¿Cappici? –ya enfadado se cruzó de brazos, taciturno en el sofá a pesar de las risas de Gilbert.

-Claro. No te gusta Antonio, ¿entonces quien te gusta?

Romano dudó un momento si responder a la pregunta de Gilbert. Pero estaba lo suficientemente enfadado como para hacerlo.

-Tú.

Soltó así la bomba, sin más. A palo seco.

Prusia se quedó quieto, pillado por sorpresa.

-¿Qué?

-Que me gustas tú –estaba a punto de tirarle la mesa como siguiera mirándole con aquella cara de tonto al que le han golpeado con una sartén.

Por una vez alguien tan genial como él se quedó sin palabras. ¿Qué tontería era esa de que le gustaba él?

-Ja, ja, ja, kesesesesese –empezó a reírse de improvisto Prusia-. Ha sido un chiste muy bueno, Romano, pero a mí no me engañas.

-¡No es un chiste! –por eso no había querido responder. Conocía a Prusia y sabía cómo era. Aún peor que España cuando quería.

-Pero tienes que enten…

No le dejó terminar. De alguna forma que solo se consigue con mucha adrenalina y enfado en las venas, Romano se plantó delante de Prusia, cogiendo su cara en las manos y plantándole un morreó en los labios a un muy sorprendido Gilbert.

Cuando se separaron Romano volvió a gritar:

-¡Que eres tú!

Su cara había adoptado un leve tono color cangrejo.