Uno de mis favoritos *_*
B E S O S · I N T E R N A C I O N A L E S
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Las cejas de Arthur
Fruk
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-Ay… aparta –le quitó la mano de su cara. Si se la ponía delante de los ojos de aquella forma ver el partido le sería completamente imposible y jugaba contra Alfred. Tenía que ganar. No podía perder y mucho menos dejar de verlo, sobre todo si era a causa de Francis.
Estaban sentados en el sofá de la casa del inglés. De alguna forma que Inglaterra no alcanzaba a comprender Francia había considerado como inteligente aparecer en su puerta diez minutos después de que empezase el encuentro deportivo. Claro que comprender a Francis era complicado, y sería una buena pregunta la de qué consideraba el francés inteligente, aparte de desnudarse. Se dijo que le echaría en el descanso, ahora no podía perdérselo.
Otra vez algo tapó sus ojos verdes y con un bufido apartó de un manotazo los dedos de Francis.
-¡No me dejas ver! –replicó malhumorado.
Haberse levantado al oír el timbre había sido una mala idea, habría hecho mejor quedándose sentado en su sofá, no habría visto a aquel pesado. Pero había tenido que ir a abrir: no dejaba de tocar y ya no podía subir más el volumen de la televisión.
-Aaarthur –lo llamó Francia escasos segundos después. No le había dado tiempo al delantero ni correr cinco metros.
-¿Qué? –empezaba a enfadarse. ¿A cuento de qué tenía que ir a su casa a gorronearle?-. Oye, déjame en paz. Lárgate a tu casa de una vez. Esto es importante.
-¿Un partido?
-¡Sí, un partido! –gritó ya Inglaterra con voz aguda. Eso que acababa de ver le había dolido. El primer gol del juego y lo había anotado ese tonto revolucionario. Le dieron ganas de morderle la mano a Francia que, cómo no, volvía a intentar llamar su atención.
Prestó atención, sólo un poco que conste, al ruido que estaba haciendo ahora Francia… ¡Se estaba riendo! ¡El muy maldito se estaba riendo!
-¿De qué te ríes? –los ojos le echaban chispas.
-Cuando te enfadas te pones muy mono, Iggy.
-¡No me llames así!
Maldito, maldito fuera. Se estaba perdiendo su remontada. Más valía que el leprechaun de felpa que había puesto encima de la tele le diera buena suerte o lo sustituía por el unicornio de siempre.
Volvió a mirar enfurruñado la pantalla, ignorando como podía a Francia. En el intermedio pensaba echarlo aunque fuera a patadas.
Lo oyó reírse de nuevo pero se fijó en la televisión.
-Ey, Iggy –intentó llamarlo de nuevo Francia. Ni caso-. Iggy –le pinchó una mejilla. Ignóralo, pensó el primero-. Iggy –repitió otra vez enredando ahora un dedo en su pelo rubio. Iba a seguir así, lo sabía. Cuando quería podía ser insoportable.
-¡Suéltame! ¡Largo de mi casa! ¡Ya me más tienes harto! ¡VETE! –apartó el cojín que estaba agarrando para contenerse de la rabia que le provocaba el francés y del insistente marcador cero a uno; y se lo tiró a la cabeza.
-Vamos, no me seas así.
Arthur gruñó como respuesta. Se cruzó de brazos, sin dirigirle la mirada. Francis se echó más sobre él e Inglaterra se removió para quitárselo encima pero no logró nada ni impidió que Francis le pasase un dedo por las cejas.
-Quita –ordenó de nuevo, inquieto.
-¿Te molesta? –preguntó pícaro Francis.
Sin que Inglaterra supiera muy bien cómo lo encontró de pronto sentado sobre sus rodillas. Ahora sí que no veía nada más que a Francia.
-Claro que me molesta: no me dejas ver –idiota-. ¡No te atrevas a reírte! –exclamó viéndole venir.
-Así que te molesta… -de nuevo el francés recorrió sus pobladas cejas con los dedos y Arthur enrojeció, tratando de empujarlo-. ¿Y esto te molesta? –había bajado los labios hasta apoyarlos sobre sus mejillas. Sonrió contra su piel, dejando un beso sobre ella.
-Suelta.
La reacción que esperaba. No hizo caso de lo que dijo el inglés. En el fondo él quería, estaba seguro.
-¿Y esto? –preguntó atravesando su mejilla hasta llegar a sus labios.
Arthur se retorció bajo él queriendo quitárselo de encima. Le pareció oír una marea de gritos provenientes de la televisión. ¿Un gol? Esperaba que suyo. Seguía sin poder ver nada.
-¿No vas a dejarme ver el partido tranquilo? –no respondió a su pregunta, visiblemente incómodo.
-No –fue la respuesta inmediata.
