Nada que decir.. en lo personal, ya ni me inmuto por estas muertes.. aunque sí, pobre Kiku .w.

Hoy estuve a punto de no subir capítulo por la escasez de Reviews, pero en fin.. no atrasaré esto -w- Porque a mi me gusta que actualicen a tiempo -aunque nadie lo haga(?)- y pues, eso.. OwO

Disclaimer: Ni los personajes, ni Hetalia, ni siquiera la historia son mías.. los originales son de Hidekazu-sensei y de Chibichu of Russia, respectivamente. Esto es SOLO una traducción.

El original se llama "Top 10 Russian Tortures"

Advertencias?: Algo de.. sufrimiento.. ne~.. Kiku me enorgullece ;w;


Capítulo 5.

La trituradora de cabeza.

Torturado: Kiku Honda

Torturador: Ivan Braginski

¿Muerte de la victima?: Sí.

Iván se paseaba por su casa con rapidez. ¡No podía creerlo! Pensó que podía manejar a Corea y ¡mira lo que pasó! ¡Japón vino a rescatarlo! ¡Malditos japoneses!

¿No pueden, simplemente, quedarse en casa y ver anime todo el día? ¡Era para lo único que eran buenos, de todas formas!

Espera… ¿No era un personaje de anime?

((¡RUSIA! Deja de interrumpir))

(Lo siento~!)

((No te disculpes ¡Que continúe la narración en tercera persona!))

Se estaba volviendo mucho más difícil para él conquistar las dos Coreas. Oh, bueno. Podía preocuparse de cómo manejar esa situación más adelante. Tenía que trabajar en qué hacer con el pequeño prisionero japonés que tenía. Podía ser capaz de filtrar información sobre él, pero el hombre era japonés, por amor de Dios.

Probablemente cometa seppuku*. Bueno, tal vez lo haría si tuviese su arma. Iván agradeció silenciosamente a sus soldados por deshacerse de la katana que llevaba. Caminando por las escaleras del sótano de su casa, se encontró con el mencionado japonés esposado por las muñecas a la pared. El ruso se acercó a él con calma y se acuclilló quedando a la altura de su rostro, levantando el rostro del otro por la barbilla para hacer contacto visual.

Inclinó su cabeza hacia un lado, con inocencia. "¿Cuál es tu nombre~?" Preguntó con dulzura.

"Kiku Honda." Respondió el japonés con calma.

La sonrisa de Iván no desapareció.

"Así que… me vas a dar información de los planes de batalla japoneses ¿Da?" Volvió a preguntar el ruso con el mismo tono dulce.

Kiku solo sacudió su cabeza. "No."

"¿Incluso si te torturara para ello?" Su sonrisa se desvanecía de a poco, pero no quitaba esa inocente mirada.

"Aún si usted me torturara, no le diré nada." Dijo el de cabello azabache. Esto solo hizo que la expresión inocente de Iván desapareciera por completo.

"Entonces te daré una tortura terrible y ver si cambias de opinión." Respondió el ruso sombríamente.

Kiku no se veía asustado, lo que solo enfureció más al albino. Desencadenó sus muñecas, lo agarró bruscamente por el pelo y lo arrastró hacia una mesa. En ella había dos pequeños pilares unidos por una varilla metálica con un agujero en el centro. Ocupando ese hoyo había lo que parecía un tornillo, con bandas de metal asegurando un grueso casco al final del gran tornillo. Iván ató las muñecas del japonés tras su espalda, sentándolo en una silla junto a la mesa, sin mucha delicadeza.

Forzó la cabeza de Kiku hacia abajo, la barbilla apoyada en la tabla de madera mientras la parte derecha de su cabeza descansaba en la parte plana de una roca, que el ruso había adaptado a esa posición. "Esta es tu última oportunidad, Kiku. Mostraré misericordia si me dices todo lo que sabes del ejército japonés."

Éste mostró lo que casi parecía una mueca infantil. "No le temo ni al dolor ni a la muerte."

Iván palmeó su frente. "Malditos japoneses y su fuerza de voluntad…" Murmuró. "Muy bien, entonces. Haz lo que quieras." Le dijo al otro.

Comenzó a girar la parte superior del tornillo, empujando la especie de casco sobre la cabeza de Kiku. Éste cerró sus ojos con fuerza, con una migraña terrible provocada por la presión y apretó sus dientes. Ni siquiera podía abrir su boca por lo mismo. Un leve quejido escapó de su boca, mientras sentía sus dientes agrietándose por la fuerza.

El dolor… era casi insoportable. Con su mandíbula y sus dientes destrozados, sus ojos marrones se abrieron grandes. Lágrimas salían y los músculos y huesos que solían llamarse "boca" era ahora solo un gran tazón de sangre y hueso. Trató de escupirlo todo, pero ni siquiera podía separar sus labios. Un ronco grito se oía en lo profundo de su garganta, haciendo sonreír a Iván. Ah, como le gustaba torturar a la gente.

Kiku podía sentir su nariz juntándose con los huesos de su mejilla. Podía sentir como sus ojos se desorbitándose, casi saliéndose de sus cuencas. Sus lágrimas fueron reemplazadas por la sangre de los ojos, que se estaban exprimiendo por la derecha de su cabeza e Iván seguía agregando más y más presión. El rostro del japonés, antes hermoso, fue convertido en una masacre de huesos y músculos. El ruso casi sintió lástima.

Casi.

No podía decir si el hombre estaba muerto o todavía no, pero la tortura aún no acababa. No hasta que su parte favorita sucediera. Ah, ahí estaba. Se enfocó en los oídos, donde vio lo que parecía baba de color rosa, acuosa, saliendo por ellas. Sí, él debería estar muerto ahora. Nadie podía sobrevivir a que su cerebro saliera por sus orejas.

Finalmente se detuvo de apretar el tornillo, liberando la presión de su cabeza, levantándolo. La cabeza del japonés cayó hacia un lado, sin fuerzas y destruida.

Bueno, eso había aliviado un poco su estrés.

Siguiente tortura: El quita uñas.

Torturado: Bella (Apellido desconocido.)

Torturador: Iván Braginsky.

¿Muerte de la víctima? No.


* Sepukku: Suicidio ritual japonés por desentrañamiento. Llamado también "harakiri". Práctica común entre los samuráis, que consideraban su vida como una entrega al honor de morir gloriosamente, rechazando cualquier tipo de muerte natural.