Okey, okey, ya lo sé.. tardé ¡DEMASIADO! tiempo en actualizar.. pero.. ehm.. bueno, no voy a mentirles.. Los pikuto me secuestraron y me llevaron a su planeta(?) por eso tardé tanto .w. Ahora~ sin más, para no molestarlos.. ¡El penúltimo capítulo de este fic tan genial! ...NOOO~ o-odié traducir este capi~.. ;/;
Disclaimer: Ni los personajes, ni Hetalia, ni siquiera la historia son mías.. los originales son de Hidekazu-sensei y de Chibichu of Russia, respectivamente. Esto es SOLO una traducción.
El original se llama "Top 10 Russian Tortures"
Advertencias?: Mi pobre Yaito dsajdklajdkla demasiada imaginación.
Capítulo 9.
"La sierra."
Torturado: Wang Yao.
Torturador: Ivan Braginski
¿Muerte de la víctima?: Sí.
Iván miró por la ventana con nostalgia, pensando en su precioso Yao-Yao. Él era tan lindo, agradable y amable… Si sólo Yao correspondiera sus sentimientos. Bueno, tal vez lo hizo. Nunca le preguntó. De vez en cuando tenían conversaciones amistosas, pero eso era suficiente para Iván, mientras viera esa carita adorable.
Pero los sentimientos del ruso cambiaron en un abrir y cerrar de ojos.
Había salido en un pequeño paseo para despejar su mente de las personas que habían estado planeando rebelarse contra él. Debía cuidarse de ellos, pero aumentaban su número, y estaba comenzando a preocuparse. Bueno, no era nada que no pudiese controlar. Probablemente sería capaz de detener la revolución antes de que ésta creciera.
Al doblar en la esquina, parpadeó viendo al pequeño Yao. Sonrió amablemente, dispuesto a saludarlo, pero se detuvo. El chino estaba hablando con alguien más. Cuando el albino miró de más cerca, vio las mejillas de su amado con un leve tono rosa. Su estomago se revolvió de la emoción. ¿Por qué estaba tan sonrojado?
Unos minutos después, el corazón del ruso se congeló. El hombre con el que Yao hablaba se inclinó y lo besó profundamente, directo en sus labios. Y para peor, el más bajo le correspondió, envolviendo sus brazos alrededor del cuello del otro.
Iván estaba muy sorprendido -no, demasiado enojado.- como para reaccionar ante lo que acababa de ver. La sangre hervía dentro de sus entrañas. Sintió como su ceño se fruncía, reemplazando su sonrisa anterior, entrecerrando sus ojos por la ira ¡Yao era suyo! ¡Le pertenecía a él y sólo a él!
Parecía como que Iván tendría que darle una lección al chino respecto de a quién pertenecía.
Más tarde esa noche, el albino salió de casa. Sabía de memoria donde vivía el otro, a pesar de haber visitado el lugar solo una vez, cuando estaba lloviendo demasiado fuerte como para irse a casa por sí mismo. Se acercó a la puerta del chino, golpeando la madera con sus nudillos. Se abrió un poco después, mostrando a Yao.
"¿Iván, aru?" Preguntó, alzando una ceja. El ruso no había avisado que vendría… ¿Tal vez fuese algo urgente?
Le dedicó una amable sonrisa, "Privyet, Yao! He venido a pedirte un favor. ¿Puedes venir conmigo y ayudarme con ella, da?" Preguntó, tratando de no sonreír más de lo debido. El chino parpadeó.
"Oh… ¡Por supuesto, aru! ¿Puedo preguntar qué ha pasado?" Preguntó curioso.
"Es un regalo sorpresa para uno de mis amigos, pero tengo algunos problemas." Le explicó Iván. Bien, eso fue un poco mentira, pero dudaba que Yao lo acompañara gustoso si le explicara la situación real. El castaño asintió, saliendo de su casa y cerrando la puerta tras él. El ruso pasó un brazo por los hombros del chino, haciendo que se ruborizara suavemente. Pero a Yao no le gustaba Iván de esa manera. De hecho, era bastante incómodo estar tan cerca del otro, pero decidió que sería mejor no expresar su opinión en voz alta.
Una vez llegaron a la casa de Iván, éste comenzó a conducirlo por unas escaleras de la mano. El chino se inquietaba cada vez más, especialmente por un horrible olor impregnándose en su nariz. ¿Qué era eso? ¿Huevo podrido?
No, su pensamiento lo golpeó repentinamente, con horror, ¡Eso es sangre!
En su rostro se vio una expresión de pánico, que Iván notó. "¿Qué sucede, Yao?" Preguntó, parpadeando con inocencia. El otro estaba demasiado asustado para responder, pero tan pronto como llegaron a la puerta, comenzó a luchar. Trató de liberarse de sus manos, sin embargo lo tenía muy bien agarrado. "Tonto Yao-Yao, tengo que darte una lección por amar a alguien más que a mi, da?" Rió, abriendo la puerta.
El chino sintió ganas de vomitar en ese mismo momento. Había instrumentos de tortura esparcidos por todas partes. Sangre seca pegada en las paredes y el suelo. Incluso el techo estaba ensangrentado. Ratas corrían por las baldosas de piedra y había arañas por las paredes. Sólo Dios sabía cuando había sido la última limpieza profunda de primavera.
Un pequeño grito se escapó de los labios de Yao, que una vez más intentó luchar. El ruso lo derribó en el suelo, subiendo sobre él y acorralándolo con sus brazos, sonriendo con malicia. La inocencia infantil de antes había desaparecido, dejando, en cambio, solo locura y sed de sangre.
"¡Q-Quítate, aru!" Gritó el chino, pero solo fue respondido por un beso profundo en sus labios. Juraría que sabía a sangre.
Iván agarró sus muñecas con fuerza mortal, posicionando sus brazos alrededor de la cabeza de Yao que fueron, luego, empujados hacia su espalda de manera dolorosa, causando una mueca de dolor en su rostro, con un gemido ahogado por la boca de Iván. Usando una mano para mantener las de Yao en su lugar, el ruso se deshizo de su bufanda y las usó para enlazar las muñecas de su nuevo prisionero.
Cortó el beso, volviendo su antigua sonrisa, haciendo que Yao temblara de miedo en el suelo. Iván se levantó, pero el otro no se atrevió a huir. Yao pudo ver dos varillas de madera, una larga cuerda y, para el horror del chino, una sierra de dos manos, traídos por el ruso. Éste cogió el pie derecho de su prisionero, atándolo en la primera varilla y, entonces, repitió la acción con el izquierdo. Usandolas para arrastrar a Yao por el suelo hasta un alto poste, con el rostro del mayor mostrando una mueca de dolor mientras sus manos pasaban por el duro suelo. El euroasiático levanto ambas varillas, los pies de Yao lo acompañaron, y pronto estaba colgando boca abajo, con sus piernas separadas.
Inmediatamente, el chino sintió la sangre agaloparse en su cabeza, su rostro tornándose rojo por el flujo repentino de sangre. Recién ahí notó que sus ropas estaban siendo cortadas por Iván, con una pequeña navaja. El miedo estaba devorando a Yao, como el ácido corroe el piso en esas películas de terror. El ruso se acercó a la puerta, dejando al castaño literalmente dando vueltas, y llamó al resto de la casa.
"¡Toris! ¡Necesito un poco de asistencia aquí abajo!" Gritó. Casi de inmediato, pisadas se escucharon desde arriba y un nervioso lituano asomó la cabeza por la puerta, sus ojos se abriéndose como platos al ver al asiático. Tragó saliva y vio la sierra de mano, sabiendo de inmediato qué iba a pasar. El ruso volvió en dirección a Yao, con Toris siguiéndolo. Iván tomó un extremo de la sierra y el lituano el otro. Los ojos del chino se abrieron de puro miedo, lágrimas amenazando por salir.
"¡I-Iván! ¡N-no, p-por favor aru! ¡L-lo que sea que haya hecho lo siento! ¡Lo siento!" Lloraba, tratando de luchar, pero Iván no le puso atención.
"Lo siento mucho…" Dijo Toris muy suave al asiático, mirando hacia otro lado.
El ruso puso la sierra directo entre las piernas de Yao y presionó hacia abajo, con apenas la fuerza necesaria para romper la piel sensible. El mayor gritó de dolor cuando la sangre comenzó a fluir de inmediato de la herida. El lituano se estremeció, sin atreverse a mirar, siguiendo los movimientos de la sierra, profundizándola en el cuerpo de Yao.
Éste no se atrevió a ver como la sangre corría por su piel y estómago, yendo por su barbilla, y goteando en su boca y nariz, ahogándolo y llegando hasta el suelo. Abrió sus ojos muy grandes, inmediatamente gritando otra vez al sentir como sus intestinos eran arrastrados fuera de su cuerpo con los movimientos de la sierra. Quería morir de una vez, pero el exceso de sangre en su cabeza y oxigeno por la posición lo obligaba a mantener la conciencia. Las lágrimas que eran apenas perceptibles, debido a la sangre que corría por sus mejillas, se mezclaron con la sangre que estaba en un gran charco en el suelo.
Sintió la sierra atravesar su estómago luego, experimentando un indescriptible dolor y ardor en todo su cuerpo. Sus gritos se volvieron roncos, mientras la sangre salía por su boca, goteando por su cola de caballo. Tan pronto como sus pulmones fueron perforados, la respiración de Yao se cortó y se convirtió en un ataque de tos. Sólo momentos después cayó inmóvil. Iván cesó su ataque con la sierra tan pronto como se dio cuenta de ello. Toris temblaba incontrolablemente y corrió escaleras arriba después de limpiar la sangre de sí mismo, tratando de no vomitar.
Cuando terminó, caminó en dirección al teléfono de la casa, cogiéndolo y marcando un número familiar.
"¿Hola? ¿Feliks? Estoy en la revolución."
N/A: Eso fue... mentalmente terrorífico de escribir.
Siguiente tortura: Baño de sangre.
Torturado: Sorpresa.
Torturador: Sorpresa.
¿Muerte de la víctima? Sí.
N/T: ¡Nos vemos en el siguiente capítulo, el último! ;)
