N/A: Desde que el One-shot se ha convertido en un Multi-shot, he decidido cambiar el summary para hacerlo más apropiado. Gracias a todos los que comentaron el primer capítulo, y recordad: seguidores = amor.

Beteado por Shichahn y soportado por boxofdoom. El arco fue aprobado por un grupo de amigos míos que no son grandes fans del Hei/Ed, pero ellos dijeron que eran monos. ¿Yay me?

Advertencias: Chicos borrachos, Shounen-ai one-side (No durará…). Spoilers pequeños de la película, cómo la existencia de Alfons.


Larga Noche

Por alguna razón, Edward parecía pensar, que tras haber demostrado sin lugar a dudas qué sus historias eran ciertas, Alfons lo respaldaría.

Era una "Noche de chicos" en el pub local, y Edward, cómo era costumbre cuando caía borracho, estaba contando otra de sus salvajes historias y aventuras.

Para ser justos, él era bastante popular. A la mayoría no les importaban si las historias eran verdad o no, sólo apreciaban a cualquiera que pudiera contar una buena historia.

La parte buena, reflexionó Alfons, era que conseguía cerveza gratis. No tenía ningún inconveniente en sacar provecho de la popularidad de Edward, sobre todo teniendo en cuenta que al susodicho no le importaba mucho.

Cada vez que iba a beber con Edward, siempre se encontraba haciendo el papel de 'canguro', aunque Edward probablemente no apreciaba ese sentimiento. Alfons siempre lo escuchaba con mucha atención para asegurarse de que ninguna de sus historias pasaba a una categoría peligrosa, y también mantenía una oreja pendiente cuando Edward dejaba de divertirse y entre lágrimas hablaba sobre la muerte.

Entonces se disculparía, arrastraría a Edward hasta casa, lo pondría a dormir, y tendría que escuchar de nuevo "El día que morí por segunda vez", por Edward Elric.

Una vez que Edward estuviese a salvo en su cama, Alfons trataría de conciliar el sueño, y se preguntaría a sí mismo por qué exactamente estaba de acuerdo en pasar por todo eso, sólo por el bien de su amigo. La ironía del asunto, y la guinda del pastel para la noche, sería que mientras Edward dormiría como un tronco hasta que se despertara con resaca, Alfons acabaría despertando bañado en sudor frío, y con pesadillas sobre una persecución de monstruos que lo apuñalaban en el pecho.

Esa noche, Alfons se sentó tranquilamente junto con su cerveza, y disfrutó de las emociones que corrían por la cara de Edward. Se permitió a si mismo fantasear sobre la cara de Edward sonrojada mientras él acariciaba su cabello dorado y lo sostenía entre sus dedos, también ruborizado. Alfons se atragantó con la cerveza, y miró alrededor, asegurándose de que nadie se había dado cuenta. Al día siguiente, justificaría sus fantasías, pensando que estaba borracho. Después de todo, no se puede esperar que uno actúe (en este caso, piense) cómo es debido, cuando se está borracho.

La historia de Edward llegaba a su fin, y cómo era común, no se hicieron esperar los gritos de escepticismo.

—Os digo que es verdad—insistió Edward—Hey, Alfons—repentinamente, lo llamó—. Diles que estoy diciendo la verdad.

Los otros hombres aceptaron el desafío con risas, y centraron su atención en el alemán.

Alfons los miró con horror mientras se ruborizaba violentamente. ¿Qué debía decir? ¡De ninguna manera, iba a decir qué era verdad! ¡Los tomarían por lunáticos!

—Yo…—balbuceó mirando a Edward, que sonreía hacia él, sin absolutamente ninguna idea del problema en el qué lo acababa de meter. Había un obvio desafío en los ojos dorados, y Alfons quiso llorar. ¡No era bueno con ese tipo de cosas!

—P-por supuesto que es verdad— Alfons escuchó cómo su boca hablaba por sí sola, para su horror. Edward sonrió hacia él, y repentinamente Alfons se encontró sonriéndole de vuelta—. ¡Lo que pasa es que Edward se guarda las mejores historias para sí mismo! Seguro que nunca habéis escuchado sobre esa vez…—y con eso, se metió dentro de una ridícula e improbable historia sobre Central siendo invadida por un puñado de dragones. Qué fue repelida por Edward y su hermano, que crearon una tormenta eléctrica que frió todas las líneas telefónicas.

Vio reír a Edward junto a los demás por la estupidez de su historia, y sintió un escalofrío de emoción.

Tenemos un secreto, le quiso decir Alfons a Edward. Ya no es sólo tu historia, ahora es de los dos porque yo sé que dices la verdad.

Al final, los dos se echaron a reír, porque sabían que Alfons había dicho un montón de tonterías, mientras que Edward había estado diciendo la verdad, y sólo ellos dos se daban cuenta de la diferencia.


Alfons se sorprendió, por decir poco, cuando fue Edward quién sugirió volver a casa. Era bastante extraño ver a Edward lúcido tras una noche de borrachera, pero Alfons no iba a dejar ir a la oportunidad.

Si bien, eso significaba que de camino a casa, no tendría una excusa para sostener a un Edward borracho, pero por otro lado, un compañero con el que poder hablar, no sonaba mal.

Edward caminaba tranquilamente a su lado, aunque de vez en cuando miraba a Alfons de reojo. Llegó a hacerlo tanto, que Alfons empezó a preocuparse por si había dicho algo que no debía.

—No estás molesto porque conté esa historia, ¿no?—era la única cosa que podía diferenciar ese día de otros, y Alfons empezaba a preguntarse si no había una buena idea.

—¿Eh? ¡Claro que no!—Edward lo miró sorprendido—¿Por qué debería molestarme? No es como si fuera real o algo…de todas formas, fue bastante divertida.—repentinamente Edward desvió la vista, y Alfons no tuvo claro si le había visto sonrojarse o no.

—Fue extraño escucharte explicar una historia sobre mí—continuó—.Yo casi…

Alfons tuvo que detenerse y mirar hacia atrás, pues Edward se había detenido en medio de la acera, mirándolo con una curiosa expresión. Cómo era usual, Alfons se sintió inquieto por la intensidad de su mirada, y al mismo tiempo emocionado.

—Alfons—dijo Edward. Su tono era melancólico—. ¿Te…

Cómo no continuó la frase, Alfons habló.

—¿Te…qué?

Edward echo a andar repentinamente.

—¿Qué?—dijo parpadeando con nerviosismo a Alfons.

—¡Ibas a decir algo!

—¿De veras? —Edward sacudió la cabeza sonriendo inocentemente—.Ni idea, supongo que estoy más borracho de lo que creía.

—Tú…—Alfons suspiró, sintiendo su corazón hundirse. De alguna manera, había creído que se habían vuelto más cercanos. Tal vez había imaginado la camarería de esa noche, pues Edward parecía estar bloqueándolo de nuevo. Siguieron caminando, Alfons unos pasos detrás de Edward, aún perdido en pensamientos sombríos. Ser amigo de Edward fue bueno mientras duró, pero él no podía hacer más pese a querer revivir el sentimiento.

Alfons mandó a la mierda su valor, e hizo la pregunta que llevaba tiempo trayéndole de cabeza.

—Edward…¿has estado alguna vez enamorado?

Mierda. Él no quería preguntar eso. De forma furiosa, Alfons trató de cambiar la situación de alguna forma antes de que Edward llegara a conclusiones desagradables.

Edward se sonrojó, y Alfons paró de intentar cambiar el tema para convencer a su mente de que las palabras "lindo" y "Edward" no tenían lógica en la misma frase.

—No sé—dijo Edward incómodo. Se las arregló para dejar de sonrojarse, y miró desafiante a Alfons—.Define "amor."

¿Por qué se había preocupado siquiera? Se preguntó Alfons. Edward era denso cómo un ladrillo cuando se trataba de esos temas.

—Bueno, —dijo—, supongo que es cuando realmente quieres a alguien. Cuando quieres estar siempre cerca de él y que cuando es feliz, te hace feliz a ti—fue tan cursi que Alfons quiso llorar. ¿Acaso no había una forma mejor para explicarlo?

Pero Edward, después de todo, se lo estaba tomando en serio. Había fruncido el ceño, y parecía darle a este problema la misma energía e intensidad que le hubiera dado a una complicada ecuación matemática.

—Sí—dijo finalmente—. Supongo que estoy enamorado de alguien, entonces.

Alfons se sintió demasiado sorprendido para reaccionar, y su mente sólo quería arrastrarse a un agujero y morir.

—¿De veras?

Edward asintió con decisión

—Estoy enamorado de mi hermano.

El alemán se detuvo por completo, sorprendió por su respuesta. ¿Su hermano? ¿Y Edward podía estar allí, en medio de la acera y admitirlo sin más?

Edward le miró confundido.

—Tú ...tú...—Alfons balbuceó. ¡Y pensar que él creía que su deseo por Edward era algo retorcido! ¿Qué clase de persona puede desear a su propio hermano?

—¿Qué?—le preguntó Edward sin comprender—.Tú preguntaste…

Alfons le agarró por los hombros y le exigió en un ronco susurro -estaba demasiado turbado cómo para ser discreto-:

—¡¿Quieres tener sexo con tu hermano?!

—¡¿Qué?!—Edward le fulminó con la mirada—¿Quién ha dicho nada sobre sexo? Eso es repugnante.

—¡Pero tú has dicho que estas enamorado de él!

—¡Tú fuiste el que definió "amor" y no dijo nada sobre el sexo!—Edward apartó la mano que Alfons tenía en su hombro bruscamente.

—Pensé que era obvio—protestó Alfons. ¿Por qué siempre terminaba siendo el culpable de todo?

—Es cómo definir un caballo como una cosa marrón con cuatro patas, y no mencionar que es un mamífero. ¡Para obvio mí trasero! ¡Si vas a definir algo, hazlo bien!

La mayor parte del tiempo, Alfons adoraba la mente analítica de Edward. En ese momento, la odiaba.

—Vale, ignora eso. Redefinámoslo cómo "alguien que quieres y con quién te quieres acostar". ¿Feliz?

—Mí hermano…—Edward no había terminado de sentirse asqueado—…eso simplemente estaría mal—abruptamente, se volvió hacia Alfons Alfons—. ¿Qué pasa contigo últimamente? Primero la cosa esta del demonio…

Ahora fue el turno de Alfons para ruborizarse, y que su cara se volviera escarlata. Él no quería recordar eso.

Percibiendo su ventaja, Edward lo miró de forma socarrona.

—Hey, Alfons...

Cuando el alemán se volvió hacia él, Edward sacó la lengua bruscamente y usó sus dedos para imitar los cuernos de un demonio.

—¡No!—Alfons casi le gritó—¡Eso no es justo! ¡Y ven aquí!


Quizá esa noche no tendría pesadillas extrañas, pensó Alfons adormilado. Fue justo cuando estaba a punto de caer dormido, que su puerta se abrió lentamente. No estaba muy seguro de si todo eso era un sueño o no, pero Alfons esperaba que no lo fuera, porque si no en cualquier momento algo saltaría sobre él y trataría de arrancarle los ojos.

—¿Alfons?—Edward susurró desde la puerta—¿Estás durmiendo?

—Sí—murmuró—Vete.

Edward, siendo la terca molestia que tendía a ser, se tomó eso como una invitación para entrar en la habitación.

—¿Y tú?—le preguntó Edward.

—¿Eh?—¿Acaso esa noche estaba excepcionalmente denso, o Edward acababa de pronunciar una de sus típicas incongruencias sin sentido?

—Alfons, despiértate un minuto—Claro, no tenía ningún problema en despertarse. Era difícil hacer cualquier otra cosa con Edward sacudiéndolo.

—¿De qué estás hablando?—finalmente gimió Alfons, rodando en la cama para mirar a su amigo. Aunque en ese momento, no se sentía demasiado simpático. Tenía sueño, joder, y quería dormir.

—¿Estás enamorado de alguien?—le preguntó Edward con paciencia.

Le llevó a Alfons un momento darse cuenta de la pregunta.

—¡¿Me despertaste para eso?!—finalmente espetó.

—Sólo preguntaba—se defendió Edward—, y además, tú preguntaste primero.

—Bueno, tú nunca respondiste, así que estamos en paz. Vete ya.

—¡Quiero saberlo!

Alfons rodó de nuevo e intentó cubrirse la cabeza con una almohada.

—¿Qué te hace asumir que estoy enamorado, de todas formas?

—¿Qué otra razón habría para mencionar el tema?—Edward intentó quitarle la almohada—Oh, vamos. Tú estás enamorado de alguien, ¿no?

—¡Gah! ¡Vale, estoy enamorado!—Alfons lanzó la almohada hacia la cabeza de Edward—¿Eres feliz ahora? ¿Puedo dormir ya?

Edward le miraba con curiosidad, ignorando la almohada que descansaba en el suelo junto a su pie.

—¿Ella también te quiere?

Ella. Realmente, no tenía ganas de mirarlo a la cara. Alfons miró lejos, notando dolor en la cabeza palpitándole en las sienes. No sabía qué hacer. ¿Estaba enamorado? ¿Acaso sentía algo más que deseo? ¿Alguna vez Edward también le desearía a él?

—No lo sé—dijo finalmente de forma triste.

Probablemente nunca lo sabría.

—…¿qué estás haciendo?—musitó cuando en vez de abandonar la habitación, Edward se sentó a su lado en la cama.

—Hazme sitio—le ordenó Edward—, voy a dormir aquí.

Eso despertó a Alfons de nuevo.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Mi habitación está al otro lado del pasillo, y tengo sueño. Además, ¿Cuál es el problema? Los dos somos chicos. Y tu cama es más grande que la mía, así que cabremos bien.

—¡No!—protestó Alfons, muy cerca del pánico. Dormir con Edward en la misma cama era demasiada tentación a soportar.

—¿Por qué no?

—Tú…probablemente me patearás con tu prótesis o algo—balbuceó sin convicción, y al minuto siguiente deseó no haber dicho eso.

—Oh—la cara de Edward se entristeció y retrocedió sin decir palabra.

—¡No, espera, no quise decir eso!—Alfons se levantó para perseguir a Edward. Agarró su manga, para detenerle temporalmente.

—Ahora me doy cuenta—había una nota realmente desagradable en la voz de Edward—Obviamente, la idea de estar cerca de un lisiado te enferma. Así que mejor me voy.

Todo lo que Alfons podía ver era la coronilla de Edward. El pequeño hombre estaba haciendo un trabajo excelente para eludir su mirada.

—¡No quise decir eso!

Edward no dijo nada, pero se desasió de la mano de Alfons. Negándose a rendirse, Alfons se pegó a él, envolviendo ambos brazos a su alrededor.

Después de varios minutos de retorcerse, Edward finalmente se detuvo y alzó la vista mirando al alemán.

—Yo podría lanzarte fácilmente, lo sabes, ¿no?

—Lo sé—Alfons jadeaba en sus intentos para mantener su dominio sobre Edward. Sus pulmones ya sentían punzadas, y en verdad esperaba no empezar a toser—. Ahora mismo estoy rezando para que no lo hagas, pues no suena muy agradable.

Se quedaron en silencio durante unos instantes, allí en el centro de la habitación, y luego Edward volvió a hablar.

—¿Vamos a estar así toda la noche?

—En realidad, estoy disfru…—Alfons cortó la frase rápidamente. Mierda. Bien, para él era agradable estar en el centro de la habitación abrazando a Edward. Pero sólo para él. ¿Cómo podía haber olvidado que Edward no se sentía del mismo modo? Por no decir, ¿cómo podía ser tan estúpido como para haber dicho algo al respecto?

—Simplemente vámonos a dormir.

Edward torció la cabeza para mirar a Alfons. Durante un buen rato, Alfons se encontró siendo analizado y juzgado, hasta que con un suspiro suave, Edward miró hacia otro lado.

—Bien—dijo, y se dejó guiar de nuevo hacia la cama.

Después de varios minutos dando vueltas por la cama y tirando de las sabanas, encontraron una posición cómoda para dormir.


Cuando Alfons se despertó a la mañana siguiente, incómodamente magullado por las prótesis, con el pelo de Edward metido en la boca y sin suficiente espacio en la cama, se sorprendió por lo afortunado que se sentía. Y rezó al cielo por poder despertarse todos los días así. La única decepción fue que hubiera sido bueno equivocarse respecto a lo de las patadas.


N/T: Sigo sin reviews...vamos gente, anímaos D: