N/T: Buf, siento muchísimo por la tardanza. Sé que hace un montón desde el último cap, pero este era considerablemente más largo que los demás y en fin, me he tardado bastante D: Lo más probable es que veais errores e incoherencias, pues no lo he beteado pero espero que lo disfruteis igual. ¡Con este cap, la historia coje ritmo! Y tenemos un pocod e Angsty!Ed/Hei que al parecer es lo que más le pega a esta parejita. Una vez más, miles de gracias a todos los que leyeron y comentaron (:
N/A: Me disculpo por la demora. He pasado unos días horrorosos intentando betear esta historia. Oh, como echo de menos los días en los que Seventh Daughter estaba disponible para ver cualquier cosa…ahora todo el mundo está en la Universidad y esas cosas, y ocupados. Como sea, sólo quiero terminar esta historia antes de empezar yo las clases, en un mes. Me disculpo por si hay algún error, hice lo mejor que pude corrigiéndolo. Y espero que este capítulo sea de vuestro agrado, con el, cambio un poco el ritmo. ¡Aunque es bien largo! Woot!
y... también quería decir que parezco estar algo senil y olvidadiza sobre ese botón de "contestar al review" –me había acostumbrado a no tenerlo–, así que...gracias a todos los que comentan y leen. Me dais el coraje necesario para continuar.
Disclaimer: Nada me pertenece. Ni FMA, ni el fic. Yo sólo traduzco.
Enganchados
La verdad es que Alfons no se había preocupado mucho en pensar hasta dónde lo llevarían sus retorcidos deseos. Todo lo que tenía que hacer, era permanecer alejado de ciertos sitios, como esos bares de los suburbios dónde con facilidad podría encontrar hombres que probablemente compartían sus deseos. Quizá su madre ya no estuviese viva, pero el pensamiento de la cara que pondría, si supiese la clase de establecimientos que su hijo frecuentaba lo ponía nervioso.
Además, el sabía que su tiempo se agotaba. ¿Que sentido tenía destrozar su reputación —y con esas ideas venían otras de infierno y azufre— cuando le quedaban a lo sumo, uno dos años más de vida? De todas formas, no había posibilidad alguna de que lograra una relación; sólo un idiota se acercaría a un tísico.
Así que Alfons se confortaba, sabiendo que la gente lo asociaría siempre con las personas que nunca creerían capaces de hacer las cosas que él consideraba en su cabeza, y que esperaba que siguieran en secreto.
Algunos días, cuando se sentía especialmente cínico, se preguntaba a si mismo si esa enfermedad que tenía, no sería alguna especie de regalo caído del cielo. Probablemente estaría muerto antes de que tuviese tiempo de explorar sus "opciones".
Alfons pensó que estaba seguro, así que cuando Edward se mudó con él, no tomó demasiadas precauciones. Después de todo, al principio no parecía ser muy de su agrado, y, ¿qué más daba si Edward era una de las personas más espléndidas que nunca había visto?
Incluso ahora, teniendo en cuenta lo cercanos que se estaban volviendo, Alfons no oía ninguna campana de aviso, que le dijera que debía alejarse. Tampoco es que Edward estuviera interesado. Y aunque Alfons a veces hacía pequeños gestos que dejaba entrever, lo mucho que le gustaba estar cerca de Edward, no le hacía daño a nadie. No estaba haciendo nada malo.
Había comenzado como un juego para él, tratando de ver si lograba que Edward se diera cuenta. Sabía que estaba jugando con fuego, pero estaba demasiado fascinado como para que le importase. Edward venía de otro mundo, y eso significaba que estaba seguro. Y si aquello no importaba mucho en el mundo de Edward...bueno, le abría una puerta llena de posibilidades que Alfons nunca había considerado.
Pero Edward no se daba cuenta. No importaba cuantas veces Alfons intentara introducir el tema en la conversación, o cuantas veces tocara su ropa, o dejara ir sus dedos un poco más allá. Ni siquiera cuando, acurrucados en el sofá, fingía dormirse apoyado en su hombro.
Por el amor de Dios, ¿tanto le costaba a Edward prestar atención? Nadie podía ser tan denso, simplemente no era posible. Si Edward hubiera rechazado sus intentos de acercarse de alguna manera, ni que fuera violenta, se habría sentido feliz por el echo de que se había percatado de lo mucho que le importaba.
Alfons no se percató de que sus barreras y muros se derrumbaban uno tras otro, y al final sólo quedaba el simple de echo de que quería a Edward.
Le llevó un tiempo darse cuenta de que había estado enfocando las cosas mal. Había pensado en las respuestas que Edward le daba a sus reacciones, y había llegado a la conclusión de que estaba usando el acercamiento equivocado. Realmente, tendría que haber sido obvio que para Edward, que se saltaba comidas y horas de sueño cuando se olvidaba, el argumento de "mi cuerpo quiere follarse al tuyo" no le serviría de nada. En apariencia, Edward no se preocupaba en lo más mínimo por las necesidades de su cuerpo.
Sobre las emociones...esa era una historia diferente. Durante el tiempo que había vivido con Edward, se había dado cuenta de que, en su estado normal, era una mezcla de furia, contradicción y volatilidad. El problema era que confrontar esas emociones siempre ponía nervioso a Alfons. Ellas no tenían lógica. No seguían ninguna fórmula o patrón. Nunca eran lógicas.
Una pequeña, tonta parte de Alfons había esperado esperanzado, que como Edward no era una chica, no tendría que lidiar con esa clase de "sentimientos", pero se había equivocado totalmente.
La pregunta importante era: ¿Estaba Alfons dispuesto a humillarse a si mismo enfrente a su compañero de piso, haciendo el esfuerzo emocional necesario para que Edward lo notase?
Es una mala idea, dijo la parte razonable de su cerebro. Incluso si lograba convencer a Edward, ¿a dónde les llevaría aquello? Alfons decidió firmemente ignorar ese pensamiento. No importaba. Pensó en la vieja definición de amor que le había dicho. ¿Se preocupaba por Edward? ¿Le quería ver feliz?
Dios sabe que las respuestas a esas preguntas son demasiado obvias.
¿Quería quedarse con Edward para siempre? Afortunadamente, su actual definición del "amor" no decía nada sobre eso.
–Edward, ¿recuerdas cuando hablamos sobre nuestra definición del amor? –el corazón de Alfons latía en sus oídos, pero tenía que decirlo, tenía que dejarlo ir.
Las indirectas no funcionaban. Cada vez que inentaba decirle de forma "natural" lo que quería, Edward encontraba alguna forma de esquivar el tema. Las insinuaciones revotaban contra su cabeza, pues aparentemente, Edward no tenía concepto alguno de lo que quera el lenguaje corporal. Y desde que Edward acostumbraba a estar siempre borracho, Alfons supo que tendría que ser el que empezara a hablar.
–¿Hmm? –Edward alzó la vista de su crucigrama (Era uno inglés, que encontraba particularmente dificil), aunque sentía una cierta tensión en el ambiente.
–Bueno, yo... –joder, ¿como podía ser tan dificil decir unas pocas palabras?– T-te amo. –mortificado por él temblor de su voz y la situación en sí, Alfons bajó la vista y estudió el suelo.
Edward se quedó sentado en silencio durante unos momentos.
–¿Eso incluye el sexo? –finalmente preguntó con voz extrañamente indiferente.
Alfons se estremeció, cerrando los ojos por reflejo. Por una vez, sólo por una vez, ¿no podía Edward darse cuenta por si mismo?
–Sí. –susurró.
–Deberías olvidarte de ello –Edward sonó casi aburrido, y bajó la vista de nuevo hacia su crucigrama.
–¿Qué? –Alfons sintió que su corazón se estremecía y su cerebro dejaba de funcionar.
–Si hablas en serio, –dijo Edward tranquilamente–, te recomiendo que te olvides de ese sentimiento.
–¡No puedo! –Alfons trató de mantener el tono de su voz. Sus sentimientos eran algo que podía controlar, al igual que el deseo que llevaba sintiendo desde hacía tanto– ¿Y... porqué no? ¡Dijiste que no era un gran problema en tu mundo! –bueno, Edward lo había dicho de forma implícita, pero contaba igual.
Edward le miró otra vez y la lástima que destelleaba en sus ojos le revolvió el estómago.
–Tú mismo lo has dicho, aquí si es un gran problema. –Edward insistió, y él no supo si a Edward de verdad le era indiferente la situación o sólo estaba fingiendo–. Créeme, esto no puede terminar bien. Sólo acabaría haciendote daño.
Qué típico de Edward intentar posponer un problema que tenían que solucionar, evadiendo la cuestión principal.
–Me has echo daño de todas formas. –dijo Alfons sin rodeo alguno, y se sintio satisfecho de ver un pequeño rasguño en la armadura de indiferencia de Edward–. Dime la verdad. ¿Es porque soy un hombre? –Si esa era la respuesta, ya no había esperanza alguna. Pero a él le había parecido ver a Edward atraído también hacia los hombres.
Edward permaneció en silencio durante un largo rato, y Alfons comenzó a preocuparse. Edward no le mentiría, ¿no? Siempre tendía a ser honesto hasta doler.
–No, –dijo Edward con fuerza– No es porque eres un hombre. Es por...como luces.
Las palabras resonaron de forma extraña en los oídos de Alfons y se dejó caer en la silla. Rechazado. Ni siquiera porque era un hombre, si no porque a Edward no le gustaba su aspecto... Alfons sintió como una náusea revolverse en su estómago. No era justo.
Alguna cosa tenía que verse en su cara, porque pudo oír a Edward murmurar incómodo, "No es que no seas...mono o algo...".
Lo cual, sólo ponía la situación peor.
–Entonces, ¿no hay esperanza? –preguntó con cansancio. Había estado tan seguro – Edward continuaba dándole esas miradas, observandolo de forma contemplativa – y estúpidamente había asumido que Edward se sentía atraído por él.
Edward dudó por un instante, haciendo que el corazón de Alfons palpitara con esperanza, pero entonces sacudió la cabeza.
¡Oh, Dios, entonces deseó no haber dicho nada! Con toda probabilidad, esa conversación había destrozado su amistad con Edward. La idea de volver a esos cómodos silencios en el apartamenteo era casi impensable. Así que por qué, ¿por qué Edward siempre le miraba así, tal y como le estaba mirando en ese instante, como si fuera alguien especial para él?
Él había visto esta mirada antes, se dio cuenta Alfons. Era una mirada similiar a la que le daba Edward cuando veía al Oficial Hughes, o Gracia...Y ellos lucían como gente de...
–Es porque soy como alguien de tu mundo. –dijo Alfons quietamente. Edward se sacudió, asintiendo con la cabeza reflexivamente y una pequeña pizca de pánico cruzó su rostro.
–¿A quién me parezco? –Él medio espera que Edward se negara a ersponder. Por la mirada de Edward instantes atrás, Alfons comprendió de repente que él real, realmente no quería saberlo, quería negar la conclusión a la que su mente estaba llegando, basandonse en todas esas pistas que Edward le había dejado con el tiempo.
–No es...tu hermano. –se encontró a si mismo diciendolo, incluso encontra de su voluntad.
Edward negó con la cabeza de nuevo, pero la mirada en su rostro era suficiente para decirle a Alfons que tenía razón.
Durante todo ese tiempo se había sentido orgulloso de poder romper el cascarón de Edward, de poder acercarse más al hombre, e incluso había esperado que Edward también se preocupara por él.
¡Pero eso...!
–Tú, bastardo –dijo Alfons impotente–, después de todo, debo entender que no soy nada salvo un sustituto, ¿no?
–No es...–Edward empezó, pero Alfons se levantó y le miró, y las palabras se atascaron en su garganta quedando en nada.
La humillación ardía en su interior, y abruptamente agarró a Edward por el cuello de su camisa.
–¿Cuantas veces me has mirado y pretendido que era tu hermano? –gritó furioso.
Edward se encogió, escondiendo su rostro tras el flequillo, haciendo que Alfons sólo se sintiera más enfadado.
–Eres un enfermo. –resopló, empujando a Edward con disgusto. Este no hizo movimiento alguno para resistirse y trastabilló, casi cayendo.
Alfons apretó los puños, respirando con dificultad. De alguna forma, ese conocimiento hacía que se sintiera reducido e irreal.
Todo el mundo piensa que es único, pero saber que ahí fuera había otro él, y que Edward conocía a ambos, y los podía comparar, era demasiado.
Lo peor de todo, era que como Edward le había hablado de su hermano pequeño, como lo había idealizado, haciendo saber a Alfons quién perdía en la comparación. ¡No era justo perder su individualidad por alguien a quién ni siquiera conmocía!
–¡No soy tu hermano –masculló Alfons– Soy mi propia persona.
–Lo sé. –dijo Edward con tranquilidad.
Alfons le fulminó con una mirada de disgusto. "No, no creo que lo sepas". Y se dió la vuelta, saliendo con un portazo.
Sintiendose traicionado, Alfons decidió, caminar un rato más, enfadado. Así era como se sentía en ese instante. El parque parecía ser un sitio perfecto para quedarse – no había mucha gente al rededor, y abundaban las piedras mohosas donde podía sentarse y en general, sentir pena de si mismo. Bajo los árboles estaba algo tenebroso, pues el sol apenas pasaba a traves de las hojas, y Alfons decidió que esa atmosfera ligeramente oscura le iba perfectamente, aún ignorando el agua residual que se colaba lentamente dentro de sus pantalones.
Durante todo ese tiempo, había creído que Edward era...bueno, alguien en quién podía confiar. Edward no había sido su primer compañero de piso, pero había sido el primero con el que Alfons se había sentido tan cercano.
Incluso...incluso cuando no creía a Edward, y el hombre parloteaba sobre estas locas historias una y otra vez, Alfons había intentado dar lo mejor de sí. Le había escuchado, ¿no? Cualquier otro habría metido a Edward en un sanatorio.
Saber que la única razón por la que una amistad había nacido entre ellos era porque su rostro lucía igual que el de el hermano de Edward..., Alfons se sintió celoso de repente. ¿Quién era ese tal hermano, que merecía tal adoración por parte de Edward?
Alfons gimió. La ironía lo estaba matando; finalmente, encontraba un compañero de piso por el que se sentía atraído, que no había huído chillando al enterarse de las preferencias de Alfons –cuanto menos no había tenido que organizar una mudanza para huir de la ciudad–. Y para su suerte, esta persona venía de otro mundo, un universo paralelo, donde Alfons era el vivo releflejo de su hermano. Tosió malhumoradamente, sintiendo el dolor atravesarle el pecho.
Y además, la tisis. Y todo esto tras haber perdido a su madre por una enfermedad y a su padre en la guerra. ¿Es que acaso nunca podría tener un respiro?
Bueno, suspiró, al menos Edward le había dicho la verdad. Eso tenía que contar para algo, ¿no?
Supuso que quizá importaría un poco para el Balance Cósmico, pero en verdad, no cambiaba su situación para nada. Por una vez, ¿por qué no había tomado el camino impulsivo? Si iba a aceptar ser rechazado por Edward, al menos tenía que ir, atacarle y besarle. Al menos sabría a que sabía Edward...
Abruptamente alcanzado por su decisión, Alfons se levantó. A Edward le importaba lo suficiente como para no mentir; eso tenía que contar en algo. Y si de todas formas Edward iba a odiarle eternamente, ¿qué más daba una ofensa más?
Ignorando el echo de que la parte trasera, y los bajos del pantalón se le habían empapado por completo, Alfons corrió hacia el edificio de Frau Gracia.
Ignoró la mirada curiosa que ella le dedicó cuando subía las escaleras escopetado, sólo cargando un "hola" a sus espaldas. Ella ya se había acostumbrado a que esos dos estuvieran entrando y saliendo de la casa discutiendo a todas horas.
Alfons corrió dentro del apartamento, complacido de notar que Edward no se había ido a ningún sitio. Estaba sentado en la mesa de la cocina, pero saltó desconcertado cuando Alfons se abalanzó hacia él.
–¿Alfons? –preguntó incierto, mientras escaneaba su rostro.
–Cuanto menos, me debes esto.–dijo Alfons, alzando a Edward y sujetandolo contra la mesa. Los ojos de Edward parpadeaban de un lado a otro como un animal atrapado, pero no hubo resistencia alguna cuando Alfons le agarró por la nuca y presió sus bocas juntas.
Alfons había besado a alguans personas a lo largo de su vida, pero ese beso fue uno que jamás iba a olvidar. Incluso si no llegaban a tener nada más, eso le valdría como material para soñar al menos durantes un mes.
Al principio, Edward apenas respondía, permitiendo pasivamente que Alfons mordisqueara sus labios. Alfons estaba llegando a la parte en la que sentía como algún tipo de extraño violador, y empezó a preguntarse como podría disculparse por eso. Ser impulsivo sonaba muy bien en su cabeza, pero era un tanto diferente en la vida real. Lo mejor sería alejarse lentamente y quizás dejar el país por unos meses.
Se quedó completamente sorprendido cuando Edward empezó lentamente a no dejarle romper el contacto, y a responder al beso. Alfons se encontró a si mismo anclado por el puño de Edward que se aferraba a su camisa, y por el sonido de su corazón latiendo tan rápido que pensó que se iba a prender espontaneamente. Y se sintíó realmente bien cuando Edward introdujo su lengua en la mezcla.
Finalmente Alfons se alejó y miró a Edward con cierta satisfacción, lamiendo sus labios inconscientemente. Edward en cambio, no lucía ni de lejos tan feliz. Dejó caer su cabeza hacia atrás con aire ausente, limpiandose la boca con el dorso de la mano, pero Alfons se negó a dejarse derrotar por eso. Después de todo, Edward había respondido al beso, y eso era prueba suficiente.
–Ojalá hubieras esperado un poco más –dijo Edward tensamente.
–Tú me quieres –dijo Alfons, aún saboreando la victoria.
–Lo sé –dijo Edward tristemente, apartando la mirada.
–Entonces, ¿por qué dijiste que no podías soportar como luzco? –explotó Alfons furioso.
–¿Qué clase de persona soy si me siento atraído por alguien que luce exactamente igual que mi hermano pequeño? –la desesperación estaba en su voz.
El corazón de Alfons se hundió, olviando su rabia hacia Edward.
–Yo...no creo...–de repente, se sentía furioso consigo mismo. ¿Como podía haber dejado que las cosas terminaran tan mal? Había estado tan ocupado sintiendose traicionado, que ni siquiera había considerado el echo de que quizá también era dificil aguantar para Edward.
–Aún así, no soy tu hermano, –insistió– no es lo mismo. Soy una persona diferente.
–Lo sé –murmuró Edward, aún sin alzar la vista–. Pero luces como él.
En ese momento, Alfons hubiera dado casi cualquier cosa con tal de parecerse a otra persona. En verdad, lo que él quería era ser cualquier otra persona, preferiblemente, alguien que no atentara con arruinar su única posibilidad de tener una relación. Aparte de eso, se habría sentido feliz si el piso se lo hubiera tragado en ese momento.
Edward finalmente le miró, en la agonía de la indecisión.
–No creo que estés enamorado de tu hermano –dijo Alfons, recordando su borracha conversación un mes atrás.
–Pero...¿y si...?
Alfons se derrumbó para volver a alzarse con determinación. Adiós a la autoestima; quería besar a Edward otra vez.
–Edward, ¿no se te ha ocurrido pensar que quizá no hay ni la más mínima posibilidad de que quieras a tu hermano, y en verdad, a quién quieres es a mí?
Como siempre, cuando Alfons se humillaba a sí mismo, lograba sacarle una sonrisa a Edward.
Funcionó; Edward se acercó más y deslizó su protésis alrededor del cuello de Alfons, forzando su cabeza a bajar, para poder estar a la misma altura. Esta vez, Alfons saboreó el momento, guardando en su memoria los pequeños detalles: Como Edward se sotenía en sus talones tratando de alcanzarle, la forma en que el cuerpo de Edward se moldeaba al suyo cuando unían sus labios, los pequeños sonidos que Edward dejaba escapar mientras le besaba. E ignoraba firmemente los sonidos que él mismo hacía –eran demasiado embarazosos–.
Finalmente, se separaron, y Alfons estaba aliviado de saber que Edward estaba un poco más feliz.
–Quizá, –dijo Edward arrastrando sus dedos a lo largo del cuello de Alfons, haciendole temblar–, sólo...necesito más tiempo. ¿Vale?
Alfons asintió con aire atontado, pues su mente seguía atrapada unos instantes atrás. Con gentileza, Edward se deshizo de los brazos de Alfons, y se alejó lentamente en dirección al sofá.
Aún de pie y aturdido, Alfons se sintió sorprendido por la urgente necesidad que tenía de bailar por la habitación. ¡Había esperanza!
Y sin embargo, Alfons pensó con temor en la predicción que Edward había echo rato atrás, sobre que lo suyo no podría terminar bien..., con firmeza, desterró esa idea al fondo de su mente. No importaba, porque lo de ellos era plenamente temporal. Al fin y al cabo, él estaba tísico y Edward se iría algún día. Más les valía aprovechar el poco tiempo que tenían.
Y ahí teneis. La escena del beso siempre me ha parecido, "awwww :3" y después de esta, vienen muchas más xD. Yehey, ahora tengo ganas de seguir traduciendo xD.
Coments are luf (:
