CAPITULO 3

Skipper levanto la mirada para mirar el reloj que estaba colgado en la sede preocupado. Hacia ya m s de 3 horas que el m s alto de ellos 4 se hab a ido y todav a no hab a vuelto.

Sabia que Doris le hab a dicho que no, hace a os que lo sabia y tambi n que hab a ido parando los intentos del mas listo para que no se declaraba porque tem a que ella terminara siendo cruel con el pero el momento finalmente hab a terminando llegando y el no hab a podido hacer nada para evitarlo.

_ Skipper?_ dijo Rico llamando a su l der con el rostro tambi n preocupado.
_ Lo se Rico_ murmuro este antes de levantarse dispuesto a salir a buscarlo, pero en cuando se levanto oy como se abr a la puerta de seguridad de la entrada de la sede.

Se giraron para encontrarse con el ping ino entrando en la sede, lentamente y con la cabeza gacha.

Al verlo Private se levanto con una sonrisa esperando la buena noticia sin extra arse del aspecto del m s alto.

_ Qu tal fue?_ pregunto Private felizmente pero en cuando este levanto la cabeza para mirarle a los ojos se quedo helado.

Ten a los ojos hinchados y de un color rojo, como si hubiera estado llorando hasta ahora.

Skipper se acerco al mas alto para poder hablar con el, para poder preguntarle como se encontraba, aunque ya sabia como deb a estar por el mal aspecto que tenia.

_ Lo siento Skipper. Necesito estar solo_ murmuro d bilmente a su l der antes de irse del comedor hacia su laboratorio.

Skipper no le dijo nada mas, solo vio como el ping ino se marchaba hacia su laboratorio, su peque o santuario, cabizbajo, lentamente, como si cada paso le contase un enorme trabajo, antes de que la puerta se cerrara de un simple tortazo.

El l der suspiro negando con la cabeza mientras miraba a sus compa eros que estaban expectantes.

_ Qu ha pasado?_ pregunto Private al aire esperando que Rico o Skipper le contestaran.
_ Lera nito no_ dijo Rico a Private que dejo escapar un gemido al o rlo mientras que el experto en armas miraba a Skipper que volv a a sentarse en la mesa.
_ Lo nico que espero es que las heridas no vuelvan a abrirse.

Private miro a Skipper confuso, no entend a a lo que se pod a referir su l der, el cient fico siempre hab a sido as desde que el llego hace a os al equipo pero por esas palabras parec a que ocultaban algo mas. Per Qu se refer a con eso?

Skipper en cambio lo sabia, hab a estado ah junto a Manfredi, Jonthon y Rico y tem a con todas sus fuerzas que callera de nuevo en aquella oscuridad que lo torturo hace a os.

_ Skipper A que te refieres?_ Pregunto Private a su l der.
_ Ahora no es el momento Private_ le contesto Skipper sin molestarse en ocultar su preocupaci n por el cient fico, sin molestarse a apartar la mirada de la puerta cerrada donde ahora estaba metido Kowalski.

Private intento volver a preguntarle, estaba preocupado por la informaci n que le estaba ocultando cuando vio como Rico se acercaba a Skipper.

_ Wabawa bo ho_ dijo Rico se alando la puerta, parec a tan preocupado como el propio Skipper.
_ Rico, ma ana hablamos, o por lo menos lo intentaremos_ le dijo Skipper a Rico que asisti lentamente_ Ahora necesita desahogarse.

En el interior del laboratorio, Kowalski estaba en el suelo apoyado en la pared, con su block de notas en el suelo y con sus aletas en la cara. Llorando desesperado por lo sucedido lo de hace una hora o dos en el delfinario.

Cuando hab a llegado hab a intentado mantener la mente ocupada en otra cosa, en alg n invento o en alg n proyecto, pero lo nico que consegu a era recordar cada minuto las palabras de Doris le hab a dedicado unos minutos antes.

Cada una de ellas, como si fueran unos cuchillos que se iban clavando en las heridas que pensaba que estaba cerrada, pero ahora se daba cuenta que estaban tan abiertas como el primer d a.

Hab a fallado, como si fuera uno de sus inventos incompletos.

Lo hab an despreciado como si tuviera la peste.

Humillado, perdido y sin direcci n, como lo hab a estado hace tanto tiempo que pensaba que lo hab a olvidado.

Abri los ojos y miro a su block de notas para sacer la foto de la delf n, arrug ndola para formar una pelota y lanz ndola lejos en un intento de alegar sus recuerdos de ella, su sonrisa atrapadora pero aun y as segu a oyendo su voz y su ri ndose de el en su cabeza.

Bajo la mirada y sigui llorando en silencio antes de mover su plumaje negro de su aleta para dejar ver una vieja herida. La herida de la primera vez que le diguieron eso, lo mismo que le hab a dedicado Doris.

/Eres un in til. No sirves para nada, debiste morir tu en vez de ella/ le repiti su mente tortur ndolo pero esta vez no era la voz femenina de Doris, si una voz masculina que pens que nunca mas volver a a o r.

La voz de su padre.

Continuara