Capitulo 11_ El principio de todo (Parte 1)

Tres pingüinos empezaron a andar con cuidado por las subuvios de la gran ciudad costera que no hacia mucho tiempo que habían llegado desde Europa y habían decidido comenzar a investigar antes de dirigirse al punto de reunión que tenían.

Uno de ellos se acerco en la esquina para asegurarse que era seguro para ellos, ese pingüino era sumamente alto con la cabeza completamente negra y con unos ojos esmeraldas y se giro para ver a sus compañeros.

Uno era bajito con la cabeza plana y unos ojos azul hielo y el otro casi de la misma altura de del ojos esmeralda, casi solo porque era levemente mas bajo que el otro, que tenia los ojos ambarinos.

_ Todo el orden chicos_ dijo el pingüino de la cabeza negra a los otros dos.

_ Que te esperabas Manfredi, que salieran de la esquina una manada de lobos_ dijo el pingüino de ojos ambarinos a su compañero que frunció el ceño.

_ Vamos Jonshon, siempre ahí que estar alerta en todo momento_ gruño Manfredi a su compañero y amigo.

_ Pero hasta el punto de la paranoia.

_ ¿Por qué? La paranoia ayuda a estar pendiente de todo lo que pasa a nuestro alrededor_ dijo el mas bajo y joven a Jonshon mientras el también miraba a su alrededor.

_ Lo ves, Skipper lo entiende_ le dijo Manfredi a Jonshon señalando al mas joven de los 3.

_ Pero eso es porque coleáis del mismo pie_ gruño Jonshon antes de pasarse la aleta por la cara y bufar_ en momentos como este si que hecho de menos a Firen.

Skipper sonrió divertido mientras Manfredi fundía el ceño por el comentario que izo su compañero.

_ Ni que fuera un paranoico sin remedio_ gruño Manfredi cruzando sus aletas, mientras que Jonshon sonreía.

_ Vamos, vamos… ya sabes que respeto tu celo por todo pero debes reconocer que a veces te pasas un poco_ le dijo Jonshon poniéndole la aleta en el hombro.

Manfredi miro a Jonshon dispuesto a contestarle cuando un espantoso grito resonó por todo el lugar poniéndole las plumas como escarpias.

Los tres se miraron levemente asustados y serios, los tres llevaban mucho tiempo como militares como para no saber que un grito tan espenuntante no podía significar nada bueno.

_ ¿Aun crees que soy demasiado paranoico?_ pregunto Manfredi a su compañero.

_ Cállate Manfredi_ gruño Jonshon a su compañero que estaba buscando una leve pelea mientras que Skipper levanto la mirada para ver si podía ver algo en vano.

_ ¿Se puede saber que ha sido ese grito?_ pregunto Skipper nervioso a sus dos compañeros mientras que sus oídos captaron otro grito como el anterior.

_ No lo se pero esta sonando muy cerca_ dijo Jonshon en un tono serio.

_ Vamos a mirar que ha pasado. Si esta tan desesperado como ha sonado, va ha necesitar ayuda_ dijo Manfredi en un tono serio haciendo que los otros dos asistieran antes de empezar a deslizarse.

Se deslizaron a toda velocidad hasta llegar al lugar exacto donde salían esos gritos desesperados para llegar a un callejón sin salida.

Allí estaba un joven pingüino algo mas joven que Skipper que se levantaba tambaleante del suelo mientras que del lado derecho que si cuerpo estaba completamente ensangrentado, apoyado sus aletas en el suelo, como si buscara el apoyo que su cuerpo le pedía a gritos mientras era visto por los perros de gran tamaño de color marrón oscuro casi negros menos la parte de abajo que aparecían una mancha clara, pero uno de ellos tenia el hocico completamente lleno de sangre de esa ave marina no voladora.

Uno de esos perros miro a la ave herida con supremacía antes de lanzarse contra el, haciendo que este callera a plomo al suelo y que el animal quedara encima del indefenso animal.

Los tres miraron la escena fijamente y mas porque sabían que si intentaran ayudar ahora mismo la ave herida recibiría el peor parte de los daños de la lucha.

Mientras tanto el perro puso cada una de sus patas en las aletas del ave para que esta no pudiese moverse.

_ No ha estado nada mal, pero es imposible que puedas derrotarme_ dijo el perro en un tono burlón a la ave que tenia atrapada debajo suyo.

_ Eso, porque no te rindes ya de una vez, si lo haces te prometemos que no sufrirás, por lo menos no mucho_ dijo el otro perro mientras se reía y se lamia los labios pensando en lo que iban a hacerle.

Este en cambio abrió los ojos asustado por el tono que había usado y el significado que había en ellas, y se movió frenéticamente para poder soltarse de su captor.

Oyó las risas de esos dos animales y cerro los ojos desesperado mientras concentraba la poca fuerza que le quedaba para poder escapar de sus captores y levanto rápidamente las patas deseando que por una vez en su vida la suerte estuviera de su parte.

Manfredi, Jonshon y Skipper vieron como el perro que lo sujetaba sabía despedido levemente hacia atrás por la patada desesperada que la ave le había propinado, sorprendidole de la fuerza que todavía le quedaba a la ave marina herida.

Se levanto débilmente, dispuesto a escapar de esos perro pero su cuerpo no estaba de acuerdo con lo que el quería hacer, así que se dejo caer de rodillas completamente exacauto, jaleando por el esfuerzo que había hecho antes para sarfarse del perro.

Los tres se miraron entre ellos antes de asistir dispuestos a entrar ya en escena, ya que como estaba la cosa si no entraban ya ese pingüino no aguantaría mucho más y esos misteriosos perros acabarían con su vida con facilidad.

El perro se levanto y miro al pingüino furioso por la patada que este le había propinado antes.

_ Pajarraco, pagaras por esto_ le gruño el perro dispuesto a lanzarse contra la indefensa ave que apenas ponía mantenerse por mas tiempo de rodillas, dispuesto a acabar con la vida de esta.

El canido abrió sus fauces enseñando sus colmillos, dispuesto a desgarrar el débil cuerpo de la ave no voladora cuando tres figuras de color blanco y negro aparecieron derribándolo y alegándolo de su victima indefensa que miraba la escena atónito.

No sabía si era real o un producto de su agotada mente.

Manfredi se incorporo y miro al perro que estaba estirado en el suelo dispuesto a comenzar una pelea para salvar a la misterioso pingüino herido.

_ Mucho me temo que no_ gruño Manfredi mientras veía como el perro comenzaba a incorporarse gruñendo por la interrupción.

Continuara…