Capítulo 4
Bella POV
-¿Cuál llevamos?-. Interrumpió Emmett saliendo de la nada con dos helados -¿Chocolate o vainilla?-. Dijo viendo los helados.
-Vainilla-. Dije.
-Ok-. Dijo y puso el de chocolate en el carrito y se fue para dejar el otro. Suspiré, Edward soltó una risita.
-¿Entonces?-. Dijo Edward. Emmett volvió a salir de la nada con el helado.
-Mejor llevamos los dos-. Dijo y puso el otro en el carrito. Puse los ojos en blanco. –Vamos a pagar-. Dijo y vio a Edward. También puso los ojos en blanco y tomó el carrito.
Emmett me abrazó y me alzó en el aire… solté un gritito, él sabía perfectamente que no gustaba que me hiciera eso… por eso lo hacía.
Se empezó a carcajear mientras todos nos veían raro.
-Hermanito hermoso, precioso de mi corazón… ¿Me bajas por favor?-. Dije en tono dulce. Emmett se volvió a carcajear y me bajó de golpe. Aterricé de sentón en el piso… Emmett explotó. Me levanté y me fui a la caja con la cara roja como un tomate. Edward estaba afuera con el carrito lleno de bolsas.
-¡Edward!-. Dije apenada… me pagó todo y no había sido poquito.
-¿Qué?-. Dijo en tono de incredulidad y sonriendo.
-No tenías que pagar-. Dije y me crucé de brazos.
-No hay de qué-. Puse los ojos en blanco y puse mis brazos a mis costados.
-Gracias-. Dijo empezamos a caminar al auto… Empecé a correr con Emmett unos centímetros atrás de mí. Apresuré el paso y puse mi mano en la manija de la puerta del copiloto.
Reí victoriosamente… Emmett llegó a mí lado y me empujó... casi salgo volando pero me agarré con firmeza de la manija.
-Por favor-. Dijo Emmett y me puso un puchero. Se veía adorable…
-No-. Dije de inmediato. Emmett frunció en ceño y se puso en la otra puerta, resignado. –Ayuda a Edward con las bolsas-. Le ordené. Era un año mayo que Emmett y era mi hermano menor, me tenía que obedecer. Suspiró pero me obedeció.
Regresamos y cargamos las bolsas por las escaleras. Fuimos a mi casa y desayunamos ahí... también comimos y nos quedamos viendo una película.
-¿Me prestas tu baño?-. Dijo Edward.
-Solo si no vuelves a preguntar-. Dije. Edward rió y se levantó. Emmett me vio a los ojos y acarició mi mejilla.
-Ese maldito… Bella, ¿Por qué no lo dejas?-. Dijo, llevaba un año diciéndome lo mismo.
En realidad no lo sabía… por miedo tal vez. Bajé la cara y negué ligeramente con la cabeza. –Bella, a la siguiente no lo voy a pensar ni a escucharte, simplemente lo mataré.
-Emmett, no… yo lo… lo amo…
-¿Lo amas? Bella sabes que eso es mentira-. Negó can la cabeza y se levantó. –Solo te estás mintiendo a ti-. Me dijo.
No era la primera vez que discutíamos por eso… por el tono de voz de Emmett sabía que estaba enojado.
Edward salió del baño.
-¿Me puedes llevar a mi casa?-. Dijo Emmett sin cambiar su tono. Edward frunció en ceño y asintió. Emmett abrió la puerta de mala gana.
-No te enojes con migo-. Dije con la voz entrecortada y me levanté. Emmett suspiró, me vio a la cara… yo tenía la vista nublosa por las lágrimas. –Por favor-. Rogué. Emmett negó con la cabeza y vino a abrazarme. Me rodeo con sus enormes brazos y me besó la coronilla.
-Te veo el rato… se te hace tarde-. Dijo y me soltó. Afirmé con la cabeza.
-Adiós, Bella-. Dijo Edward y salió detrás de Emmett.
Miré el reloj, eran 6:55… Brinqué, guardé mi dinero de la noche anterior bajo de mi colchón, no me daba tiempo de irlo a dejar al banco. Me llevé mi bolso y salí corriendo… piqué el botó, se me había olvidado que no servía.
-¡Mierda!-. Exclamé y bajé corriendo las escaleras.
Me subí al autobús y corrí por la calle.
Toqué la puerta.
-¡Bella!, ya era hora-. Me dijo Grace. –Usa el tiempo que ibas a bailar y ve a arreglarte… te esperan dos bueno clientes hoy-. Sentí nauseas de mi misma…
-Aja-. Dije. Grace ya me conocía, sabía que eso era pedir más información.
-Bueno al primero le gusta el sexo rudo y el segundo ya había venido antes… cada vez vas mejor, amor-. Dijo y me abrió la puerta.
Afirmé lentamente con la cabeza y me senté en mi mesita. Encendí la luz del espejo. Mi mejilla estaba morada…
-Ay, primor ¿Pero qué te pasó?, Ven aquí-. Dijo Grace, alzó mi cara tomándola de la barbilla y me empezó a embarrar la pesada base del maquillaje. –Ya está, date prisa-. Dijo y se fue.
Llevaba poco más de un año trabajando en ese club… si hablamos de ese clase de clubs era uno de los mejores, ganaba bien y no había persona que no tuviera dinero ahí.
Me puse la cantidad de delineador (una exagerada) adecuada para una prostituta, me puse un poco de polvo, la peluca de siempre y me pinté los labios de rojo.
Suspiré triste y caminé para ir a la lujosa recepción del segundo piso.
-¿A dónde?-. Le pregunté a la chica del teléfono, era nueva, todavía no me sabía su nombre.
-¿Tú eres Vallery?-. Afirmé. –Tienes que ir a la doce, el tipo llega en unos minutos.
Sin decirle nada me fui a la que dijo.
Abrí la puerta de la habitación vacía y entré. Me recosté en la cama a esperar y maldecirme como siempre lo hacía.
Me levanté cuando escuché el rechinido de la puerta.
