Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-Capítulo 4-

Me levanté con rapidez de la mesa con la intención de recoger los platos sucios, pero Jasper se me adelantó y los recogió todos antes de que yo pudiera hacerlo. Los colocó en el fregadero en silencio.

–No te molestes, puedo hacerlo yo –le aclaré sin mirarlo a la cara.

–No es molestia. Además, tú has hecho la comida y has puesto la mesa, así que descansa.

Abrí los ojos de par en par cuando lo vi llenando el fregadero de agua, dispuesto a fregar los platos.

–No, no, eso lo hago yo, Jasper.

Ladeó la cabeza y me miró con una sonrisa pero con el ceño fruncido.

–No me voy a romper un hueso por fregar los platos.

–No es eso, pero eres nuestro invitado –mascullé con incomodidad.

– ¿Y qué pasa si el invitado quiere colaborar con las tareas domésticas?

Me limité a encogerme de hombros mientras lo veía frotar con la bayeta repleta de espuma cada uno de los platos, los vasos y los cubiertos que habíamos usado. Quise decirle que aquél era mi trabajo, pues ya que no tenía ningún otro, hacer las tareas domésticas me indicaba que al menos servía para algo y que no me había convertido del todo en una mujer florero, pero me mordí la lengua.

– ¿Por qué pareces tan avergonzada? ¿Es que crees que no he fregado nunca un plato?

–No es eso, y sé que lo has hecho, pero me sabe mal.

–Pues que no te sepa mal.

Entonces, mientras permanecía de pie a su lado, viendo cómo aclaraba y enjugaba la vajilla, me acordé de algo muy importante que había pasado por alto por culpa de los nervios:

–Siento muchísimo lo de tu madre.

Jasper detuvo sus movimientos y me miró fijamente durante unos segundos que se me hicieron eternos. Asintió sin abrir la boca, volviendo a su tarea, y no supe si había hecho mal en comentárselo.

–Siempre guardaré buenos recuerdos de ella. Era muy cariñosa y muy atenta con todo el mundo –intenté hacerle hablar para asegurarme de que no estaba hurgando en su herida de mala manera, pero continuó sin responder. –James no me contó… de qué murió.

–Se puso enferma. Estuvo mucho tiempo luchando contra una enfermedad terminal.

Me mordí el labio inferior cuando noté el dolor y la tristeza en su voz, y tuve ganas de golpearme por ser tan poco cuidadosa con el tema.

–Lo siento.

–Yo también.

En aquel momento terminó su tarea con los platos, y ambos nos quedamos de pie, sin hacer nada más que mirarnos. Carraspeé con incomodidad y volví a sentarme en la silla que había ocupado para comer. Jasper hizo lo mismo y respiró hondo.

– ¿Eres feliz? –me preguntó de sopetón, sorprendiéndome.

Parpadeé seguidamente, sin saber cómo interpretar sus palabras.

–Claro que sí. ¿A qué viene esa pregunta?

Jasper se encogió de hombros.

–Curiosidad. Ahora que he visto cómo es vuestra vida… me he dado cuenta de que es muy distinta a la que yo había imaginado que tendríais.

Fruncí el ceño sin saber si debía o no tomarme a mal sus palabras.

– ¿Cómo la habías imaginado?

Permaneció callado unos segundos, seguramente pensando en una respuesta para mi pregunta:

–James me comentó que vivíais en un rancho, y en ese instante pensé que tendríais caballos. Imaginé a un par de críos correteando detrás de un perro grande por el jardín, y supuse que serías la jefa de un gran comercio, como siempre habías deseado ser.

Agaché la cabeza, avergonzada, pues nuestra vida no se parecía en absoluto a su idílico modelo. A pesar de eso, tampoco era mala, pues vivíamos mejor que muchas otras personas en el pueblo.

–No es cierto.

–Sí que lo es.

Entonces me mosqueé:

–Pues siento que nuestra realidad no sea tan perfecta como la que tú imaginaste.

Jasper se echó hacia atrás en su silla, como si le hubiese golpeado.

–Discúlpame. No quería molestarte.

–Me molesta que creas que vivimos mal.

–Alice, yo no he dicho nada de eso. Sólo he dicho que me la había imaginado de otro modo, no mejor.

–No, claro que no… –mascullé irónicamente.

–No creo en absoluto que viváis mal. Me alegro mucho de que seáis felices, de verdad que sí.

Entonces, le miré a los ojos buscando una señal que me indicara que lo que acababa de decir no era cierto, pero me golpeé mentalmente agachando la mirada. ¿Y a mí que me importaba si era cierto o no?

–Sé que nuestra vida no es la mejor, pero es lo que hay, Jasper…

Me sorprendió sentir cómo su mano se colocaba lentamente sobre la mía, y por un instante tuve el impulso de alejarla rápidamente, pero finalmente no lo hice.

–Siento haberme expresado mal. No debería haber dicho nada, pero de verdad que no he criticado vuestra vida. Es mejor que la mía, eso seguro.

Alcé la mirada de nuevo y levanté una ceja.

– ¿Por qué? Se supone que un hombre… ¿Soltero? No sé si estás soltero –me aplaudí mentalmente por la buena excusa que me había dado para hacerle esa pregunta.

–Lo estoy, y creo que así será para siempre.

–Anda ya. Un hombre soltero como tú seguro que tiene una larga fila de pretendientas esperándole ansiosas. ¿Cómo puedes decir que tu vida va mal?

Me miró con una sonrisa más triste que alegre en el rostro y negó con la cabeza.

–Hay algo más en la vida que mujeres.

–Bueno, también hay hombres –quise bromear para aligerar la tensión, pero Jasper no se rió.

–La muerte de mi madre logró abrirme los ojos, Alice.

– ¿A qué te refieres?

Respiró hondo como para darse ánimos, y yo esperé pacientemente.

–Hace tiempo que sé… que debería haber hecho algo con mi vida, y cuando mi madre falleció me di cuenta de que no tenía nada.

–Eso no es cierto –o eso creía. Había pasado los tres últimos años alejada de él, así que no sabía demasiado sobre lo que había hecho o dejado de hacer.

Jasper se limitó a negar con la cabeza, pero cambió de tema rápidamente:

– ¿Y para cuándo vais a poneros a hacer bebés?

Su pregunta logró sonrojarme y entristecerme a la vez.

–No creo que vaya a ser pronto.

– ¿Por qué?

Me encogí de hombros.

–A James no le gustan demasiado, y dice que aún es muy pronto.

– ¿Pronto? –Jasper frunció el ceño. –Yo creo que es el momento perfecto.

–No, no lo es. No tengo trabajo, y James no está dispuesto a ser padre aún.

– ¿Crees que alguna vez estará dispuesto?

Su pregunta me incomodó un poco, así que me removí inquieta en la silla.

–No lo sé… ¿podemos cambiar de tema?

Yo le había dado tregua a él cuando no quiso hablarme de su vida. Creía que debería devolverme el favor.

Jasper suspiró sonoramente y asintió, dedicándome una sonrisa.

–Has cambiado mucho. Te has cortado el pelo –musitó, acariciando con sus dedos las puntas de mi cabello.

Carraspeé, nerviosa, y afirmé torpemente.

–Sí. Ya estaba harta del pelo largo, y aquí el verano es muy caluroso.

–Te queda bien –comentó como si no me hubiese escuchado y sin dejar de observar mi cabello.

–Gracias –sabía que tenía que decir algo. No me daba la gana de que un silencio incómodo con Jasper me torturara. –El miércoles… iremos a cenar a casa de unos amigos nuestros. ¿Te parece bien?

Jasper alejó la mano de mi cabello y volvió a mirarme a los ojos.

–Claro. Si son amigos vuestros, también serán amigos míos.

–Son muy buena gente. Llevan viviendo aquí seis años y dentro de muy poquito serán padres –le expliqué, sintiéndome más relajada. Mientras no tocásemos el tema de nuestro pasado, todo iría fenomenal.

–Estarán contentos, entonces.

–Mucho. Y yo también. Voy a ser la madrina del bebé.

Jasper achicó los ojos y me miró con una sonrisita divertida en el rostro.

–Me parece que estás más emocionada tú que los futuros padres, ¿eh?

Me reí y asentí enérgicamente.

–Pues no te lo voy a negar –afirmé. –El otro día acompañé a Bella, la futura mamá, a comprar ropita para el bebé, y cuando le comenté que venías, no dudó en invitarnos a los tres.

– ¿Es que le contaste cosas buenas sobre mí?

Supe que había hablado demasiado y me ruboricé de repente. ¿Qué podía decirle?

–Claro –fue mi escueta respuesta.

Me rasqué el cuello y desvié mi mirada, deseando que no le apeteciera ahondar en el tema.

– ¿Tienes que hacer algo esta tarde? –me preguntó, y yo le agradecí enormemente que no insistiera.

–Sí, quería ir a hacer la compra del mes.

–Entonces te acompaño. Así me servirás de guía turística.

Fue mi turno para fruncir el ceño.

–Pero si tú has estado aquí muchas veces. ¿No venías a veranear con James cuando erais niños?

–Así es, pero hace tantísimos años de eso que estoy seguro de que el pueblo habrá cambiado mucho.

–En ese caso, James sería mejor guía que yo, porque antes de casarme no vine nunca a Seabrook, así que no sé cómo era hace años.

–No te preocupes. Me conformaré con pasearme por el pueblo con una chica bonita a mi lado –me miró fijamente y me sonrojé, pero le dediqué una sonrisa.

–Después de esto, no me cabe duda de que habrá un puñado de mujeres esperándote en Dallas.

Jasper se limitó a encogerse de hombros con una sonrisa interesante en el rostro.

Un par de horas después, ambos salimos de casa con la intención de ir hasta el centro. Decidimos ir en coche, pero le prometí que pasearíamos un rato para que pudiera comprobar si Seabrook había cambiado tanto como él pensaba. A medida que fuimos avanzando, me fue señalando y explicando los comercios que él recordaba de cuando era niño, o cuáles eran nuevos para él.

Una vez aparqué el coche, los dos nos bajamos y caminamos por la acera, dirigiéndonos primero a la frutería. Nada más entrar, me percaté de que Jessica, la frutera y la mujer más fisgona que había conocido nunca, le dirigió a Jasper una sonrisa coqueta y a mí una mirada interrogante. ¿Qué diablos se creía? Me limité a ignorarla, y me dispuse a comprar lo que me hacía falta. Cinco minutos después nos encontrábamos en la cola esperando para pagar toda la fruta que quería comprar. Cuando fue nuestro turno, Jessica volvió a sonreírle a Jasper, haciéndome rodar los ojos.

–Buenas tardes, Alice. Hoy vienes bien acompañada, por lo que veo –observó a Jasper de arriba abajo, consiguiendo mortificarme. ¿Por qué tenía que ser tan entrometida?

–Sí, es un buen amigo.

– ¡Pues estoy encantada de conocerte!

Jessica salió de detrás del mostrador y se colocó frente a Jasper, tendiéndole la mano. Él se limitó a estrechársela y a sonreírle con educación. Yo, por mi parte, me quedé atónita.

–Lo mismo digo, señorita.

–Me llamo Jessica Stanley –le dedicó una amplia sonrisa que consiguió avergonzarme incluso a mí.

Jasper me miró de reojo y yo me encogí de hombros discretamente.

–Jasper Whitlock.

– ¿Te vas a quedar en Seabrook mucho tiempo?

–Unos cuantos días. Estoy visitando a Alice y a James.

–Oh, qué bien. He pensado que podríamos… salir alguna noche, si te parece bien, claro.

No podía creer lo que estaba oyendo. ¿Cómo podía ser tan descarada?

–Me halaga mucho tu oferta, Jessica, pero me temo que no voy a poder.

–Si es porque ya tienes novia, tranquilo, no te estoy proponiendo una cita.

–No es por eso –Jasper parecía necesitar ayuda, pero no supe cómo dársela. Además, aunque estuviese mal, me estaba divirtiendo con la situación. –Es que… no soy mucho de salir, y quiero pasar tiempo con mis amigos, ¿comprendes?

Jessica pareció desilusionada, pero en dos segundos volvió a sonreír como si no acabaran de darle calabazas.

–Y… sólo por curiosidad. ¿Tienes novia?

–No, pero sí que hay una chica.

Eso no me lo esperaba. ¿Y Jasper me había dicho hacía un rato que no había nadie? Bueno, tal vez estaba mintiendo para que Jessica le dejara en paz, pero si ese era el caso, ¿por qué no le cortaba el rollo diciéndole que sí tenía novia?

–Será una mujer afortunada –comentó Jessica, desdeñosa.

Entonces fue mi turno para intervenir, pues ya estaba harta de aquella extraña situación.

–Jessica, ¿puedes cobrarme la fruta, por favor?

– ¡Oh, claro que sí!

Volvió a colocarse tras el mostrador y se apresuró a hacer lo que le había pedido. Poco después, Jasper y yo salimos de allí con un par de bolsas cada uno. Caminamos hasta el coche y las dejamos en el maletero.

–Así que hay una chica, ¿eh? –pregunté alzando las cejas.

–Algo así –me respondió Jasper sacudiendo la cabeza.

– ¿Y eso qué significa?

Cerré el maletero y ambos comenzamos a caminar de nuevo en dirección a otro comercio.

–Pues… que no le he dicho nada de lo que siento.

– ¿Por qué? ¿Crees que te rechazaría?

–Estoy seguro de que sí.

Fruncí el ceño, y por un momento quise decirle que ninguna mujer en su sano juicio le rechazaría, pero me mordí la lengua. Se suponía que no debería importarme.

– ¿Es que le has hecho algo malo?

Jasper se quedó callado e introdujo las manos en sus bolsillos.

–Supongo que sí.

–Pero si está enamorada de ti, te perdonará sea lo que sea que le hiciste. ¿No crees?

–No es tan sencillo.

Decidí que era hora de callarme cuando percibí su malestar, así que seguimos andando lentamente el uno junto al otro, como los dos viejos amigos que algún día habíamos sido.


¡Hola!

Como véis, de momento su relación va viento en popa (claro, no han tocado el tema espinoso AÚN). Pero tiempo al tiempo, que las cosas se tienen que ir dando poco a poco.

En los últimos capítulos algunas me habéis preguntado que cuándo actualizo, y mi respuesta es: cuando puedo. Con la universidad voy bastante estresada y estoy muy poco tiempo en casa, por eso prefiero esperarme y actualizar los fines de semana o los viernes, que no tengo clase. Aun así, no os preocupéis, porque las que habéis leído alguna otra historia mía sabéis que nunca he dejado un fic a medias, y éste no va a ser la excepción.

Así que espero que os haya gustado el capítulo de hoy y que me lo digáis con algún review :)

¡Nos leemos pronto! Xo