Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-Capítulo 5-
Una hora después ya habíamos dejado todas las bolsas de la compra dentro del coche, así que como todavía disponíamos de algo de tiempo antes de que James volviera a casa, decidimos dar una vuelta por el paseo marítimo.
Jasper insistió en invitarme a tomar un helado a pesar de que me negué rotundamente, pero finalmente terminó convenciéndome, de modo que cuando compró nuestros helados, decidimos sentarnos un rato en un banco.
– ¿Qué has estado haciendo en estos años? –me aventuré a preguntarle.
– ¿Profesionalmente?
Asentí en silencio, lamiendo mi helado de vainilla.
–Pues estuve dos años y medio trabajando media jornada como camarero, y después… conseguí terminar la carrera.
Abrí los ojos, sorprendida, cuando recordé de repente que Jasper había decidido emprender de nuevo sus estudios a través de una universidad a distancia hacía ya más de cuatro años.
– ¿En serio?
–Sí. Me costó lo mío, pero me dije que debía hacerlo y no dejarlo a medias, como todo lo que suelo empezar.
–Me alegro mucho por ti. Te felicito.
Me daba vergüenza decirle que no recordaba qué era lo que había estado estudiando, así que me callé.
–Gracias.
Carraspeé cuando me miró con una sonrisa divertida en el rostro.
– ¿Qué?
–Que no te dé vergüenza preguntármelo. Sé que no recuerdas lo que estaba estudiando –agaché la cabeza, totalmente ruborizada. ¿Tan obvio era? –Administración y gestión de empresas –me aclaró, y por un momento pensé que eso era exactamente lo necesitaba.
Aparté esos pensamientos de mi cabeza rápidamente. No iba a abrir ningún negocio, y menos con la ayuda de Jasper.
Lo miré de reojo, y comprobé que seguía sonriendo.
–Lo siento. Tengo muy mala memoria.
–No pasa nada, Ali.
Levanté la cabeza de golpe cuando escuché mi diminutivo. Hacía tiempo que nadie me llamaba así, porque Jasper había sido el único que lo había hecho anteriormente. Quise decirle algo, pero me percaté de que delante de nosotros había una mujer morena que no dejaba de mirar a Jasper. Pero bueno, ¿qué diablos les ocurría a todas las mujeres aquel día?
–Creo que tienes otra admiradora –le dije bajito, señalándole discretamente con la cabeza a la persona en cuestión.
– ¿De qué estás…? –fijó su mirada en la mujer y después masculló: –Oh, no…
La morena se acercó a nosotros con paso decidido, y se detuvo delante de nuestro banco sin dejar de mirar a Jasper fijamente.
– ¿Jasper Whitlock? ¡No puedo creer que seas tú!
Los observé a ambos por turnos, sin poder creer lo que estaba ocurriendo. Ella era alta, bronceada, con unas bonitas curvas y unos preciosos y perfectos dientes. Un bellezón, vamos.
–Hola, María. Cuánto tiempo –Jasper se levantó, se sacudió las manos en sus pantalones para limpiar los restos de su helado, y a continuación abrazó a la mujer, que le devolvió el gesto efusivamente.
– Hace más de diez años que no nos vemos, Jazz. Ya te vale –fingió reprocharle dándole un toquecito en el pecho con el dedo, y yo fruncí el ceño. ¿Acababa de volverme invisible?
Entonces, como si la tal María acabara de leerme el pensamiento, dirigió su mirada hacia mi persona y me sonrió.
–Estás bien acompañado, por lo que veo.
Seguro que interiormente se estaba riendo de mí, pues ciertamente parecía idiota sentada en el banco, observando en silencio la conversación de dos personas y sujetando aún en la mano mi helado casi derretido.
–Oh, Alice es una buena amiga –le explicó Jasper.
Yo me levanté del banco con rapidez y le tendí la mano a la mujer, que la estrechó después de haberse asegurado de que no era la mano pringada de helado.
–Es un placer conocerte, Alice. Yo soy María, una conocida de Jasper.
–No me ha hablado de ti –le solté con una sonrisa forzada, y sentí la mirada atónita de Jasper.
–Seguro que apenas me recuerda –apuntilló ella mirando a Jasper.
–Claro que te recuerdo –intentó defenderse él.
–Ahora, sí. Pero en fin, ¿qué estás haciendo en Seabrook?
–He venido a visitar a Alice y a su marido, pues hacía años que no nos veíamos. Fuimos muy buenos amigos en Dallas.
–Oh, qué bien.
Me extrañó no haber visto antes en el pueblo a aquel espécimen de mujer, así que me aventuré a preguntarle:
– ¿Tú vives en Seabrook?
–Vengo a pasar algunos veranos, seguramente por eso no nos habíamos conocido antes –respondió educadamente.
–Claro. Todos en el pueblo se conocen.
María frunció los labios y arrugó la nariz.
–Son demasiado entrometidos para mi gusto.
Escuchamos el sonido de un claxon detrás de nosotros, así que los tres ladeamos la cabeza para encontrarnos con un deportivo que no encajaba nada en Seabrook. Seguro que el propietario era un millonario empedernido.
–Lo siento, mi marido me reclama. Espero que volvamos a vernos pronto, Jasper –se inclinó y le dio un largo beso en la mejilla que consiguió molestarme. –Ha sido un placer, Alice –me dijo, y antes de que pudiera responderle, ya se había marchado.
Tanto Jasper como yo nos quedamos observándola hasta que el cochazo se perdió en la lejanía, y después nos miramos atónitos.
–Tienes unas amigas muy raras –musité con los ojos muy abiertos.
–María no es mi amiga. Tal y como ha dicho, hacía más de diez años que no la veía.
Comenzamos a caminar de nuevo en dirección el coche, pero yo me moría de curiosidad por saber más sobre ella.
– ¿Dónde la conociste?
–Aquí, en Seabrook, mientras veraneaba con James.
– ¿En serio? ¿Cuándo?
–No sé, tendría doce o trece años… María tenía catorce.
–Caray… Te iban las mayores, ¿eh? –bromeé, aunque una parte de mí estaba enfurruñada y no comprendía por qué.
Bueno, sí que lo hacía. María era una mujer hermosa que tenía un marido millonario que la iba a buscar con un súper cochazo, pero en el fondo no era eso lo que me molestaba de ella.
Jasper me miró con una ceja alzada y sonrió levemente.
–Ella me dio mi primer beso.
¿Cómo había dicho? Parpadeé seguidamente sin poder creérmelo. Pensaba que su primer beso había sido conmigo, y así lo había creído desde que me besó. Genial.
– ¿Ah, sí? –carraspeé, sintiéndome idiota. Hasta en eso me había equivocado con él. –No me lo dijiste.
Se encogió de hombros tras meterse las manos en los bolsillos.
–No fuimos novios, sólo tonteamos. Éramos críos, Alice.
No sabía si debía decírselo, pero quise hacerlo a pesar de que eso llevara a otra conversación más… comprometida:
–Yo… pensé que tu primer beso había sido conmigo.
Abrí la puerta del coche, pues ya habíamos llegado hasta él, y me deslicé en el asiento del conductor mientras que Jasper se sentó en el del copiloto. Una vez hubo cerrado la puerta, me miró detenidamente.
–Fue contigo. Tú fuiste la primera chica a la que besé.
No lo entendía, así que le devolví la mirada a pesar de que sentía mis mejillas arder.
–Pero… Acabas de decir que…
–Sí, María me besó, pero el primer beso que yo di voluntariamente fue a ti.
– ¿Estás intentando decirme que ella te besó, pero tú no la besaste a ella?
–Más o menos, sí. Sé que puede sonar estúpido, pero siempre supe que tú serías la primera chica a la que besaría. A María no pude controlarla.
– ¿Por qué? –pregunté estupefacta, pero sintiéndome extrañamente bien y sonrojada por sus palabras.
–Pues porque me besó sin que yo me lo esperara.
–No me refiero a eso –negué lentamente con la cabeza. – ¿Por qué sabías que yo sería la primera chica a la que besarías?
Se encogió de hombros.
–Porque eras mi mejor amiga, y porque quería que fuera especial. Por eso el beso de María no significó nada.
Desvié mi mirada de la suya y me decidí que ya era hora de arrancar el coche. No podíamos quedarnos ahí aparcados todo el día.
–Pues… me alegro de oírlo –admití con la mirada clavada en la carretera cuando me decidí a arrancar.
– ¿Sí? ¿No te molestó? Me parece que nunca hablamos del tema.
Y ya no tenía sentido hacerlo, tampoco. Total, ¿qué más daba a esas alturas?
–No me molestó. Me alegré de que hubieras sido tú y no cualquier otro niñato de nuestra clase. Al fin y al cabo, tú también eras mi mejor amigo –mascullé con una sonrisa triste, y por el rabillo del ojo me percaté de la mirada Jasper, pero no se la devolví. No me atrevía.
Aquella noche, mientras cenábamos, Jasper y yo le explicamos a James lo que habíamos hecho por la tarde; el contratiempo con Jessica, la caminata y el helado por el paseo marítimo, y el reencuentro con María.
–Estás hecho un conquistador, Jasper. Eso no me lo puedes negar –apuntó James señalando a su amigo con el tenedor.
Yo, por mi parte, rodé los ojos cuando vi la sonrisita orgullosa de Jasper, y deseé que no comenzaran a presumir de sus logros cual gallitos de granja.
– ¿No recuerdas a María? Pasó bastante tiempo con nosotros aquel verano.
James pareció meditarlo unos segundos.
–No sé, tal vez sí. Recuerdo a una morenaza que tenía unas te… –me miró de repente y yo alcé una ceja en señal de advertencia, así que cambió rápidamente sus palabras: –Que estaba muy bien dotada. ¿Te refieres a esa?
Jasper se rió entre dientes, y eso sólo consiguió molestarme aún más. ¿Es que mi marido sólo era capaz de recordarla por sus buenos atributos o qué?
–Creo que sí.
–Pues nunca la he visto por el pueblo. ¿Tú sí, nena?
No supe si alegrarme o no cuando James quiso introducirme en la conversación.
–No. Me ha dicho que viene a veranear aquí de vez en cuando, así que será por eso que no la conocemos.
James asintió, metiéndose una considerable cantidad de carne en la boca.
–Alice me ha contado los planes para el miércoles por la noche –Jasper cambió de tema y yo se lo agradecí enormemente. No me apetecía seguir escuchando cosas sobre la tal María Robabesos.
– ¿Qué planes?
–James, te lo he explicado esta mañana, ¿no lo recuerdas? –mi marido me miró con los ojos abiertos de par en par y negó con la cabeza. –La cena con Edward y Bella. ¿Te suena?
– ¡Ah, sí, sí! Claro que sí –puse los ojos en blanco. – ¿Te parece bien, Jazz?
–Mucho. Tengo ganas de conocerlos.
–Pues no tendrás que esperar hasta el miércoles. El granero que estoy terminando de construir se encuentra en su rancho, así que mañana, si me acompañas, los conocerás.
–Perfecto. Así podré comprobar si les caigo bien o no con antelación –bromeó, dedicándome una sonrisita, y yo me reí entre dientes.
–Seguro que les caerás fenomenal. Ya te he dicho que son muy sencillos y muy buenas personas.
–Si lo dices tú, me lo creo.
Le sonreí sinceramente, y cuando volví a mirar a James me percaté de que éste nos observaba de una forma extraña, por lo que agaché la cabeza y continué comiendo. Esperaba que no hubiera malinterpretado nuestras sonrisas. Sólo estábamos siendo corteses, estaba claro.
Cuando terminamos de cenar, Jasper me ayudó a recoger la mesa e insistió en fregar los platos de nuevo, pero no le dejé, así que lo obligué a irse al salón con James para que viera la televisión. Lo hizo a regañadientes, y yo me puse a la tarea, sintiéndome exhausta.
Aquel día había sido muy largo y muy cansado. Por una parte, la noche anterior no había dormido apenas por culpa de los nervios, los mismos que no me habían dejado concentrarme en nada aquella mañana, y por la otra, aquella tarde me lo había pasado muy bien junto a Jasper, pero también me había fatigado. Nos habíamos puesto al día, más o menos, sin tocar el espinoso tema de nuestra única noche juntos, nos habíamos reído y habíamos hecho memoria. Todo estaba bien entre nosotros. De momento.
Cuando terminé de fregar los platos me sequé las manos con el paño y después me froté los ojos, pues los sentía cansados. Estiré los brazos, me quité el delantal y me encaminé hacia el salón, pero no entré, simplemente me asomé para encontrarme a mi marido y a Jasper mirando las noticias deportivas sin abrir la boca. Y yo que pensaba que estarían dando gritos o como mínimo hablando sobre fútbol…
Carraspeé para hacerme notar, y el primero que miró en mi dirección fue Jasper. Me sonrió, y acto seguido fue James el que dejó de mirar la pantalla para observarme.
–Me voy ya a dormir, que estoy muy cansada –les informé, dándole toquecitos a la pared con el dedo.
–Muy bien, nena. Yo no tardaré en subir, que mañana tenemos que levantarnos pronto –me dijo a mí pero mirando a Jasper como si estuviera dejándole claro aquel hecho.
–Como quieras. Buenas noches –me marché del salón cuando escuché sus respuestas, y me dirigí a la habitación que compartía con James.
Una vez allí, me puse el pijama y me metí en la cama sin taparme demasiado, pues aquella noche hacía bastante calor. Me adormilé un poco, pero volví a despertarme cuando escuché a James entrar en la habitación. Lo observé con un ojo abierto, y me removí cuando se metió en la cama y me abrazó por detrás. Estaba muerta de calor. Me acarició los brazos, y supe con exactitud qué era lo que quería.
–Ahora no, hace mucho calor… –farfullé medio dormida.
–Eso nunca nos ha detenido, nena –me murmuró al oído, y yo negué con la cabeza.
Entonces recordé que no estábamos solos en la casa y me puse nerviosa.
–No podemos, James. Jasper está en la habitación de al lado…
– ¿Y? Creo que sabe lo que hace un matrimonio en la cama.
James comenzó a besarme la nuca y el cuello, y me controlé para no darme la vuelta y apartarlo. Me estaba muriendo de calor y en aquel momento sólo me apetecía dormir. ¿No podía entenderlo?
–James, estoy muy cansada.
– ¿Cuál será tu siguiente excusa? ¿Que te duele la cabeza?
Ladeé la cabeza cuando escuché su mordaz respuesta en el instante en que dejó de besarme.
–No, no me duele, pero me dolerá si sigues insistiendo. ¿No puedes comprender que hoy estoy exhausta?
Mi marido resopló, dejó de abrazarme y se dio la vuelta en la cama, quedando de espaldas a mí.
–A saber por qué… –masculló enfadado, y yo suspiré, cansada. Cuando se lo proponía era peor que un niño pequeño.
–No te enfades, James –le pedí incorporándome hasta que quedé sentada. Entonces, me incliné hacia él y apoyé mi cabeza sobre su brazo. –James –lo llamé, acariciándole la mejilla con un dedo.
– ¿Tan raro te parece que me apetezca estar contigo? –farfulló secamente.
–No me parece raro. Me preocuparía que no quisieras estarlo, pero… –suspiré, sin tener ganas de hablar. –No importa. Ven.
Me tumbé de nuevo y esperé hasta que se dio la vuelta. Me miró cuando alcé los brazos, y sin decir nada más, sonrió y se colocó sobre mí para besarme y acariciarme.
Pues bueeeno, poco a poco vamos descubriendo detalles de su pasado (que están relacionados con su presente, obviamente ;D) Espero que os haya gustado el capi de hoy y que me lo digáis con un review.
Y a las chicas que no tenéis cuenta, sólo os puedo responder por aquí, y en el capítulo anterior ya aclaré cómo iba a ser las actualizaciones.
¡Nos leemos en el siguiente capítulo! Xo
