Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-Capítulo 7-

A la mañana siguiente me desperté deseando que mi marido no nos hubiese escuchado discutir la noche anterior. Por eso, cuando James se levantó detrás de mí para irse a trabajar y no me dijo nada al respecto sobre el tema, supuse que no se había enterado de nada, y le di gracias al cielo por ello.

Cuando bajé las escaleras, recé para no encontrarme a Jasper en la cocina. No estaba allí, y tampoco bajó a desayunar con James. Yo no tenía hambre, por lo que me excusé con mi marido diciéndole que tenía dolor de estómago y que prefería saltarme el desayuno. Realmente no le estaba mintiendo, pues me sentía cansada, y todo porque apenas había dormido la noche anterior por culpa de Jasper. No podía dejar de pensar en sus dolorosas palabras y en sus constantes cambios de humor. Al principio de nuestra conversación, se había mostrado cauto y preocupado por mí, pero después me había atacado recordándome el error que ambos habíamos cometido tres años atrás. No lo entendía.

Fruncí el ceño cuando James se levantó de la silla, dejando como siempre su taza sucia sobre la mesa, y se colocó el sombrero.

– ¿Jasper no va a ir contigo? –pregunté extrañada.

–Tiene dolor de cabeza. Antes, cuando he ido a despertarle, me ha dicho que hoy no le apetecía venir conmigo y que preferiría quedarse a descansar.

Asentí en silencio, sin saber qué decir. No tenía ningunas ganas de quedarme sola con él, pues temía echarme a llorar en cualquier momento por su culpa.

No me di cuenta de que James se había acercado a mí hasta que me abrazó y me dio un beso fugaz en los labios.

–Nos vemos después, nena.

–Hasta luego.

Me mordí el labio cuando me quedé sola en la cocina, y suspiré al empezar a fregar los platos. Tal vez Jasper había tenido razón en algo de lo que me había dicho la noche anterior, pero no tenía derecho a opinar sobre cómo me trataba James. Al fin y al cabo, yo jamás me había quejado de tener que hacérselo prácticamente todo, aunque me había jurado a mí misma que no me convertiría en la típica esposa que vivía a la sombra de su marido y que estaba vigilada siempre por él. Sin embargo, y aunque me doliera admitirlo, en eso me había convertido desde que perdí mi empleo.

Unos pasos en las escaleras consiguieron desconcentrarme, y me puse tan nerviosa que la taza que estaba fregando se me resbaló de los dedos y la perdí en el fregadero lleno de espuma. No me di la vuelta cuando percibí que Jasper había entrado en la cocina.

–Buenos días –murmuró, yendo hacia la cafetera para prepararse el desayuno.
Era capaz de sentir su mirada fija en mi espalda, pero no me atrevía a encararle, y mucho menos a hablarle. Opinaba que no merecía mi atención después de cómo me había tratado la noche anterior.

Podía distinguir qué era lo que estaba haciendo según los sonidos que escuchaba, así que supe exactamente cuándo se puso el café en la taza y cuándo se sentó en la silla. Estaba totalmente convencida de que seguía mirándome. Entonces, súbitamente, percibí su presencia justo detrás de mí, y como no había escuchado el ruido de su silla al moverse y no me lo esperaba, me tensé de repente.

–Perdóname, por favor.

Mis ojos estaban fijos en la espuma del fregadero, y temí moverme. No estaba preparada para volver a hablar con él. Aún no. Ni siquiera había procesado todo lo que me había dicho la noche anterior, pues había preferido olvidarlo, pero sabía que no podía dejar que me insultara cuando le diera la gana y que pocas horas después me suplicara perdón. Así no era como se trataban los amigos.

–Alice… Tenemos que hablar sobre lo que ocurrió anoche.

–Pues habla –mascullé secamente, retomando mi tarea de fregar los platos. Me temblaban las manos, pero me dije a mí misma que cuanta más indiferencia mostrara hacia el tema, mejor.

–No quiero hablarle a tu espalda –no le respondí, y mucho menos me relajé cuando sentí que resoplaba. –Veo que sigues siendo tan obstinada como antes.

–Si lo único que vas a hacer va a ser insultarme, la conversación ha terminado –declaré, harta y nerviosa.

–No te estoy insultando.

–Ayer sí lo hiciste.

Para mi desgracia, terminé de fregar los cacharros que había en el fregadero, pues no había mucho que lavar, así que me entretuve en quitar el agua sucia y en limpiar la encimera. No me atrevía a darme la vuelta.

–Por eso te pido perdón. Por eso, y por todo lo malo que te dije. Discúlpame, Alice. No sé lo que me pasó… No tenía derecho a hablarte así, y tampoco a hacerlo de James, pero…

–No hay peros que valgan –lo interrumpí abruptamente. –No eres nadie para entrometerte ni en nuestra relación ni en nuestra vida.

–Tienes razón. Totalmente –aceptó. – ¿Puedes darte la vuelta, por favor? Me pone nervioso no verte la cara mientras hablamos.

Suspiré levemente y, secándome las manos con el paño, volteé hasta que quedamos cara a cara. Me apoyé en la encimera y me crucé de brazos cuando tuve las manos secas.

–Quiero… explicarte lo que ocurrió aquella mañana.

–No, por favor –me apresuré a responder, aterrada. No quería hablar de aquel tema en ese momento. Y no querría hacerlo nunca, pues me atemorizaba recordarlo, y más sabiendo lo que Jasper había pensado de mí en esos tres años después de aquella noche. –Olvídalo.

–No puedo. Necesito explicártelo.

– ¡Ya no importa!

–Ya lo sé, sé que no tiene sentido que lo hablemos, pero no podemos negar que ocurrió.

Sí, y llevaba tres años sintiéndome como una golfa por haberme acostado con el mejor amigo de mi prometido la noche anterior a nuestra boda. No necesitaba que Jasper me lo recordara.

–Podemos olvidarlo –murmuré, deseando que dejara pasar el tema.

–Sólo quiero que sepas que no te utilicé –recordaba haberlo acusado de eso mismo la noche anterior. –Es cierto que aquella noche… tú me pediste que me quedara contigo, pero lo hice porque deseaba hacerlo. Jamás quise herirte, y sé que lo hice, pero no fue mi intención.

Me mordí el labio inferior y desvié mi mirada hacia el suelo, sabiendo que no podría mirarlo mientras hablábamos de aquel tema. Al fin y al cabo, había sido yo quien lo había sacado a relucir durante nuestra discusión, así que lo único que podía hacer era aguantarme.

–Por favor, dime algo, Alice.

–Sólo puedo decirte que ya no importa, porque lo que ocurrió entre tú y yo no cambió nada –le dije quedamente, sin dejar de mirar un punto fijo en el suelo. –Me casé con James a pesar de que aquel día me sentí como una basura, pero ya da igual, pues aquí estamos los dos tres años después.

–Pero… jamás hablamos del tema.

– ¿Y qué va a ocurrir ahora si lo hacemos? ¿Crees que… nuestra relación va a cambiar? –negué lentamente con la cabeza, respondiéndome a mí misma. –Recuerdo lo que nos dijimos aquella noche, Jasper. Lo recuerdo todo, aunque tú creas que no porque estaba borracha.

Frunció el ceño y me miró con cara de disculpa, pero no le hice caso.

–Si ahora me dices que en aquel momento estabas enamorado de mí, probablemente te crea como lo hice aquella noche cuando me lo dijiste, pero ya no me importa. Yo también… estaba enamorada de ti, y cuando me desperté a la mañana siguiente pensé que estarías dispuesto a luchar por lo nuestro, porque yo sí lo estaba. Y lo único que encontré fue nada, porque tú no estabas allí. Cuando me di cuenta de que habías huido, supe que lo que había ocurrido entre nosotros había sido un error a pesar de que para mí fue la noche más maravillosa de toda mi vida. Te diré que, incluso mientras me vestían, me maquillaban y me llevaban hacia la iglesia, guardaba dentro de mí la esperanza de que me impidieras casarme con James. Pero cuando te vi a su lado en el altar, dispuesto y resignado a entregarme a otro hombre, comprendí que para ti aquella noche no había significado tanto como para mí.

–Eso no es cierto.

Asentí lentamente, intentando tragar el nudo de tristeza que se había instalado en mi garganta. Respiré hondo, sabiendo que me encontraba al borde de las lágrimas, y luche por impedir que aparecieran.

– ¿Y ahora qué más da?

–Claro que importa, Alice, porque puedo imaginar la opinión que tienes de mí desde ese día, y quiero cambiarla –me aclaró, al borde de la desesperación. –Sigo siendo el mismo Jasper con el que jugabas y bromeabas.

–Todos hemos cambiado.

–Pero en el fondo sigo siendo el mismo, y sé que tú también lo eres.

–No. Yo cambié cuando me casé.

–No. Alice, no es cierto.

Estaba cansada de aquella discusión.

–Ya basta, por favor. Acepto tus disculpas, pero quiero que sepas que no voy a dejar que vuelvas a tratarme como lo hiciste ayer. No quiero que… le digas nada a James sobre lo que me dijiste a mí, ¿entendido? Él siempre te ha admirado y se ha preocupado por ti, así que, por favor, intenta que vuestra relación no cambie.

Tardó varios segundos en responder, y cuando lo hizo, ni siquiera me miró.

–Siento muchísimo que hayamos llegado a esto, Alice. Y no tienes que preocuparte con respecto a James. No le voy a hacer pasar ningún mal rato, y mucho menos quiero hacértelo pasar a ti, así que si vas a estar más cómoda, puedo marcharme ahora mismo.

Mi corazón dio un bote doloroso dentro de mi pecho, y supe que lo último que deseaba en aquel momento, a pesar de nuestra amarga discusión, era que Jasper se marchara. Me dije a mí misma que aquello no podía estar sucediendo, porque tarde o temprano él se marcharía de nuevo a Dallas y yo debería dejarle ir, así que intenté controlar mis sentimientos.

–No hace falta. No te voy a echar.

–Espero que no tengas que llegar a ese extremo. Sólo… me iré si me lo pides, de verdad. Estoy dispuesto a alejarme de vosotros… de ti, sólo para hacerte feliz.

Me mordí el labio inferior al escuchar sus palabras, y tuve que respirar hondo para serenarme.

–No será necesario. Puedes quedarte el tiempo que necesites.

–No te quiero incomodar.

Entonces me atreví a alzar la vista y fijarla en la suya, consiguiendo así que se me disparara el corazón dentro del pecho.

–No me incomodas. Sólo… no volvamos a hablar del tema y olvidemos lo que nos dijimos anoche. ¿De acuerdo?

Asintió en silencio, y supe por su rostro que no estaba para nada convencido con mis condiciones, pero debería aguantarse. Yo no soportaría volver a pasar por lo que pasé la noche anterior, así que si quería que tuviésemos la fiesta en paz, que dejara sus prejuicios a un lado durante su estancia en nuestra casa.

–Significa eso que… ¿me has perdonado?

–Sí. Pero me va a costar mucho olvidar lo que nos dijimos.

Jasper asintió con seriedad.

–Lo entiendo. Fui un cerdo y un capullo.

Sonreí y suspiré temblorosamente, sintiéndome nerviosa. Después de la tristeza que me había inundado al escucharle decir que se marcharía, no estaba preparada para demasiadas emociones más aquel día, y eso que acababa de comenzar.

– ¿Por qué no has ido con James hoy?

–Quería hablar contigo a solas. Sabía que tú no querrías hacerlo, pero debía intentarlo –respiré hondo y volví a mirarle, tragando saliva cuando me percaté de que él también me miraba. –No quería marcharme de aquí teniendo mala relación contigo. Ahora que nos hemos vuelto a ver, no quiero que perdamos el contacto.

Asentí en silencio.

–Yo tampoco.

Cuando volvimos a quedarnos en silencio, Jasper carraspeó.

– ¿Necesitas que te ayude en algo, ya que estoy aquí?

–Pues… ahora que lo dices, sí. En el desván hay algunas cajas de ropa que me gustaría bajar para donarla. Hay muchas prendas que ya no me pongo, y lo único que hacen allí arriba es generar polvo. ¿Quieres ayudarme a bajarlas?

–Será un placer –me guiñó un ojo, haciéndome sonreír, a pesar de que en mi fuero interno deseaba fervientemente no volver a discutir con él en lo que quedaba de semana.

Al mediodía, después de que termináramos de comer, Jasper decidió acompañar a James a casa de nuestros amigos para terminar de una vez por todas el granero, pues cuatro manos trabajarían más rápido que dos.

Por eso, cuando me quedé sola, decidí ver la televisión un rato. Al fin y al cabo, no tenía nada más que hacer, pues por la mañana Jasper me había ayudado en todo lo que le había pedido. Debí de quedarme dormida viendo la televisión, aunque en realidad no me extrañó, pues estaba muerta de sueño. Cuando me desperté, apagué el aparato, me levanté estirándome como un gato, y después decidí darme un baño relajante. Realmente lo necesitaba.

Supuse que tanto Jasper como James tardarían un buen rato en volver aún, así que en cuanto me metí en la bañera llena de espuma, relajé todos los músculos de mi cuerpo y me permití holgazanear un ratito, jugando con la espuma. Una hora después, cuando vi que mi piel estaba bastante arrugada, decidí que ya era hora de terminar mi baño, por lo que me quité la espuma del cabello y del cuerpo, y salí de la bañera. Me coloqué una toalla alrededor del cuerpo y comencé a secarme vigorosamente el cabello hasta que conseguí deshacerme del agua sobrante. Decidí dejar que se secara al natural, por lo que, sujetándome bien la toalla alrededor del cuerpo, salí del cuarto de baño y me dirigí hacia la habitación que compartía con James.

Entonces, de repente, choqué contra alguien que caminaba en dirección contraria a la mía, y solté un grito ahogado causado por el susto.

– ¡Lo siento! ¡No sabía que estabas aquí! –Jasper se alejó un paso de mí y me miró de arriba abajo, dándose cuenta de la poca ropa que llevaba encima.

Se me subió toda la sangre a las mejillas, consiguiendo que me ardiera todo el cuerpo por culpa de la vergüenza. ¿No se suponía que tardarían en volver?

–P-pensaba que… volveríais más tarde –farfullé ridículamente, sujetando con más firmeza la toalla sobre mi cuerpo.

–Ya hemos terminado el granero.

–Ah… –carraspeé, desviando mi mirada de Jasper.

–James está abajo –me comentó él, intentando llenar el incómodo silencio que acababa de instalarse entre nosotros.

Yo, por mi parte, decidí que no era muy buena idea permanecer en medio del pasillo ataviada sólo con una toalla en presencia del mejor amigo de mi marido.

–Vale… Voy a… vestirme –le expliqué.

Pero entonces, y como si el destino estuviese en mi contra, en el mismo momento en el que di un paso hacia mi derecha para comenzar a caminar de nuevo, Jasper dio un paso hacia su izquierda, y cuando lo intenté por la izquierda él hizo lo mismo pero hacia su derecha, consiguiendo así no ponernos de acuerdo. Me sentía estúpida.

Jasper se rió entre dientes de nuestra fallida estrategia, y colocó sus manos en mis hombros, haciéndome caminar hasta que estuve en el lugar en el que él había estado antes, mientras que él se encontraba donde había estado yo.

–No era tan difícil –me dijo sin apartar sus ojos de los míos ni sus manos de mis hombros, consiguiendo que éstos ardieran a causa de su toque.

–No lo era –acepté, sin estar segura de si en aquel momento hablábamos de nuestro frustrado intento de caminar. –Voy a vestirme.

Él asintió, apartando sus manos de mi cuerpo, y yo me apresuré a llegar hasta la habitación y cerrar la puerta tras de mí. Jamás me había gustado huir, pero sabía que eso era lo que debería hacer si quería proteger mi corazón frente a Jasper.


*Muahahahahaaaa...* Me encanta hacerles pasar momentos incómodos... Aunque ya les tocaba, ¿verdad? No os podéis quejar, que en este capítulo han "aclarado" ciertos asuntos, sabemos que Alice está comenzando a flaquear y han sufrido un momento de tensión (cómo envidio a Alice, por Dios).

Por cierto, he de darles mil millones de gracias a Christina Becker, a KlaudiaLobithaCullen y a Sweetsugarhoney por sus fantásticos regalitos de cumpleaños. Me han encantado todos, y vosotras tres sois unos soles enormes, que sepáis que os adoro :'D Si queréis leerlos están todos en mi perfil.

Y lo siento, pero he de decir que Amanecer fue... ESPECTACULAR, y también que lloré como una bendita en cierta escena de la que no hablaré para no spoilear si alguien aún no la ha visto. Las que sí lo hayáis hecho, imagino que ya sabréis a qué escena me refiero xD

Espero que os haya gustado mucho el capítulo de hoy y que me lo digáis con un bonito review. ¿Nos leemos en el siguiente?

¡Hasta pronto! Xo