Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-Capítulo 8-
Por la noche, después de arreglarme, le ordené a James que se cambiara de ropa para ir a casa de Edward y de Bella, pues le costaba alejarse de los andrajosos vaqueros desgastados que usaba para trabajar.
– ¿Qué más da cómo vaya vestido? Al fin y al cabo, vamos a casa de nuestros amigos –se quejó sin dejar de mirar la televisión.
Miré el reloj, y me di cuenta de que habíamos quedado con Edward y con Bella en un cuarto de hora, así que sin pensármelo dos veces me acerqué al televisor y lo apagué.
–Ve a cambiarte de ropa ahora mismo –le ordené, y me sentí como una madre mandona cuando me dedicó una mirada fulminante. –Te he dejado el conjunto limpio sobre la cama.
–Qué pesada eres.
Suspiré y me senté en el sofá cuando lo vi subir las escaleras murmurando maldiciones, y aparté la mirada con rapidez cuando vi a Jasper bajarlas. Él también se había duchado, y su cabello aún estaba húmedo. Por otra parte, olía a colonia y a limpio, e iba muy bien vestido; informal pero arreglado con unos vaqueros oscuros y una camisa negra que hacía resaltar el verde de sus ojos y el rubio de su cabello.
– ¿Voy bien? ¿O también vas a reñirme para que me cambie de ropa? –bromeó, sentándose a mi lado en el sofá, haciéndome sonreír.
–No, tranquilo. Tú estás genial –admití, intentando por todos los medios no recordar el episodio tan vergonzoso que habíamos vivido esa tarde.
–Gracias. Tú estás preciosa –me halagó.
–No es para tanto –musité, avergonzada, mirando mi vestido morado de verano.
Era el más cómodo que tenía, me encantaba el color y aquélla me había parecido una muy buena ocasión para ponérmelo.
–Qué modesta.
Negué con la cabeza, y estaba a punto de responderle algo cuando percibí que James bajaba de nuevo las escaleras.
– ¿Ahora estás contenta? –me preguntó fastidiado, deteniéndose frente a mí, esperando mi veredicto.
–Mucho –me levanté y abracé a mi marido para luego darle un beso en los labios. –Estás guapísimo.
Y no mentía, pues vestía un pantalón negro acompañado por una camisa azul claro que conjuntaba a la perfección con sus ojos azules.
James sonrió levemente y volvió a besarme, más profundamente ésa vez. Yo, por mi parte, le rodeé el cuello con los brazos, pero no me sentí perdida en su beso. Sin embargo, era capaz de sentir la mirada de Jasper sobre nosotros, y eso me ponía nerviosa. Me separé de mi marido y carraspeé, frotándome las manos contra la tela del vestido.
– ¿Nos vamos? –pregunté, observando a Jasper, que se encontraba mirando hacia la ventana.
–Vámonos.
James me tomó de la mano, abrió la puerta y dejó que saliera yo primera, seguida por Jasper. El viaje en coche fue muy corto, pues no nos encontrábamos demasiado lejos de la casa de nuestros amigos, así que finalmente llegamos a tiempo. Nos recibieron con amplias sonrisas y con buenas palabras. Pude darme cuenta de lo bien que se llevaban Edward y Jasper en cuanto entramos en la casa, y me sorprendí de que James pareciera encontrarse ajeno a su conversación.
Nos encontrábamos observando el nuevo granero que James y Jasper habían construido, a pesar de que yo estaba más perdida mirando el buen ambiente que había entre el último y el marido de mi amiga.
– ¿Te apetece un poco de vino, Alice?
La pregunta de Bella me devolvió a la realidad y yo la miré con cara de culpabilidad, pues no le había estado prestando atención.
–Lo siento, no te he escuchado.
Mi amiga se rió y negó con la cabeza.
– ¿Quieres vino?
–No, no, gracias. Esperaré a la cena –volví a mirar a los hombres, y me encontré a Edward y a Jasper riéndose a carcajada limpia, mientras que James ni siquiera los miraba. Parecía incluso aburrido.
– ¿Qué pasa? –me preguntó Bella.
Volví a mirarla.
–Tu marido y Jasper se llevan estupendamente.
–Sí, ya te lo dije. Ayer, cuando se conocieron, ya comenzaron a hablarse como dos amigos de toda la vida, pero hoy no sé qué les pasa que no dejan de reírse por todo. Pero es algo bueno, ¿no?
–Sí, claro. Pero… tengo la sensación de que James no… termina de encajar con ellos –admití, esperando que mi amiga me lo negara y que sólo fuera una impresión mía.
–Ya… –carraspeó y apartó la mirada de la mía como si me estuviese ocultando algo.
– ¿Qué pasa? Antes se llevaban bien, ¿no? Y ha estado construyéndoos el granero. ¿Es que ha habido algún problema?
Bella suspiró y se mordió el labio inferior, logrando ponerme nerviosa.
–Es que… James y Edward… han tenido una pequeña discusión esta mañana.
– ¿Cómo? –pregunté, estupefacta. ¿Por qué James no me había contado nada?
–No he querido contártelo antes porque ya está solucionado y no quería que hubiese problemas, pero… esta mañana los dos se han enfadado bastante.
No podía creer lo que Bella me estaba diciendo.
– ¿Pero qué ha pasado?
Mi amiga volvió a suspirar, alargando el momento. Finalmente, comenzó a hablar:
–James y Edward acordaron un precio antes de que tu marido comenzara siquiera a hacer los planos del granero, y hoy no sé qué le ha dado que nos ha dicho que debía cobrarnos más.
– ¿Qué? –pregunté, atónita.
–Sí, Edward me lo ha contado porque yo no estaba delante, pero estaba muy decepcionado con James. Al parecer, tu marido le ha dicho que debía subir el precio de la obra porque ha tardado más de lo que tenía previsto en construir el granero, y porque quiere pagarle a Jasper la parte de trabajo que ha hecho.
Parpadeé, boquiabierta, sin poder creer lo que estaba escuchando.
–Pero… eso no es propio de él.
–Lo sé, pero ha sido así. Edward se ha negado rotundamente, y le ha echado en cara que si ha tardado más tiempo en construirlo no ha sido culpa nuestra, sino suya, y le ha aclarado que ya se ocupará él personalmente de pagarle a Jasper lo que a él le parezca bien.
– Y al final… ¿qué han acordado?
–Edward le pagará a James un poco más de lo que habían pactado, y le ha dicho que ya hablará con Jasper sobre el tema. Pero creo que su relación se ha dañado bastante.
Fruncí el ceño, desconcertada por la actitud de James. No me parecía nada bien lo que había hecho y cómo se había comportado con nuestros amigos, así que me dije a mí misma que hablaría con él para aclararle las cosas.
–Y… ¿sabes si ya ha hablado con Jasper?
–Sí, esta tarde. Jasper le ha dicho que no le debe nada y que no va a aceptar ni un dólar a pesar de que Edward ha insistido.
Asentí en silencio, pues ya sabía de antemano cuál habría sido su respuesta. Era bastante propio de él ser tan caballeroso.
Un rato después nos encontrábamos todos sentados en la mesa, hablando sobre temas triviales y riéndonos con las anécdotas que Jasper nos explicaba. James, por su parte, apenas había abierto la boca, y de vez en cuando le había pillado dedicándole a Edward, o incluso a Jasper, miradas fulminantes. ¿Qué diablos le ocurría?
Cuando terminamos, Bella se levantó con dificultad de la mesa, y yo me puse en pie para ayudarla sujetándole del brazo.
–No te molestes.
–No es molestia –le aclaré con una sonrisa. –Vamos, te ayudaré a fregar los platos.
– ¿Por qué no dejas que lo haga Jasper? –intervino James. –Parece que le encanta hacer las tareas domésticas –su voz burlona consiguió que todos, excepto el aludido, lo miráramos con mala cara.
Jasper por su parte, se limitó a ignorarle. Y eso fue lo que Bella y finalmente los demás optamos por hacer.
–Tranquila, Alice. Luego me ayudará Edward, ¿verdad, cariño?
–Claro que sí.
No dejé de retener a mi amiga por el brazo, y cuando se dio cuenta de ello me sonrió.
– Sólo voy a buscar el postre.
–Te acompaño –le dije, pues necesitaba alejarme de James durante un segundo. No estaba entendiendo nada de nada.
Caminé al lado de Bella hasta que estuvimos las dos en la cocina. Ella abrió el congelador para sacar el helado y yo me apoyé en la encimera, pensativa.
– ¿Qué crees que le pasa a James? –le pregunté, necesitando hablar con ella.
–No lo sé. A mí también me gustaría entenderle, pero no le sigo. Parece enfadado con todo el mundo.
–Sí… pero antes ha estado bien… En casa parecía normal.
–Será que está mosqueado por lo de Edward.
– ¿Y por qué tiene que humillar a Jasper?
Bella me miró de una forma que no supe entender.
–Puede que esté celoso.
Fruncí el ceño, confundida.
– ¿Celoso?
–Vamos, no me dirás que no te has dado cuenta.
Achiqué los ojos, más perdida que antes.
– ¿Si no me he dado cuenta de qué?
–De cómo te mira Jasper.
–No me mira de ninguna forma. Bueno, como mira a todo el mundo, ¿no?
Bella negó lentamente con la cabeza, consiguiendo que mi corazón diera un brinco al pensar detenidamente en lo que me acababa de decir.
–Puede que tú le hayas olvidado, pero si alguna vez estuvo enamorado de ti, te aseguro que él no lo ha hecho.
Tragué saliva con dificultad y comenzaron a temblarme las manos.
–Eso no puede ser. Han pasado muchas cosas y muchos años, y ahora nuestra relación es puramente de amistad.
–Puede que para ti lo sea, pero… creo que para él es más complicado. ¿O es que crees que es fácil amar a la esposa de un buen amigo?
–Bella, él no me ama –intenté aclararle, y de paso tranquilizar a mi corazón que acababa de ponerse a trotar dentro de mi pecho. –Sólo somos amigos.
Me dije a mí misma que no debía explicarle nada sobre nuestra discusión, pues sólo conseguiría que Bella se reafirmara respecto a sus palabras.
–Tal vez, sí, pero te aseguro que así me miraba Edward al conocernos, y poco después se me declaró.
Rodé los ojos y sonreí.
–No es lo mismo, te lo aseguro.
–Pues parece que yo no soy la única que se ha dado cuenta. Algo le pasa a James, y si no es eso…
–Puede que sea por la discusión con Edward –afirmé. –O porque está celoso de que tu marido y Jasper se lleven tan bien.
–Quizá. Aunque si ése es el motivo, perdona que te lo diga, pero ya es mayorcito para enfadarse por algo así, ¿no crees?
Asentí en silencio, y al ver que Bella se disponía a sostener la bandeja del helado, me apresuré a arrebatársela de las manos consiguiendo así que me mirara con mala cara.
–Estoy embarazada, no inválida.
Me encogí de hombros y salí de la cocina a paso ligero seguida por mi amiga, que caminaba con menos prisa. Me sorprendió no ver a James en la mesa, así que dejé el helado sobre ella y fruncí el ceño.
–Ha salido al jardín –me explicó Jasper al percatarse de mi mirada escudriñadora.
–Gracias.
Me encaminé hacia el jardín y, efectivamente, allí encontré a mi marido.
– ¿Qué haces aquí fuera? –pregunté, acercándome a él.
– ¿Podemos irnos a casa?
– ¿Por qué quieres irte ya? Aún no hemos tomado el postre.
–No quiero postre, quiero largarme.
Fruncí el ceño y me coloqué delante de él con las manos en las caderas.
– ¿Qué diablos te pasa?
James me miró enfadado, y después resopló.
–Estoy harto de hacer el papel.
– ¿Qué papel? –como no me respondió, decidí que era buen momento para preguntar: – ¿Es por la discusión que has tenido con Edward?
–Ya te han ido con el cuento, ¿verdad?
–No, Bella me lo ha contado porque ha creído que tenía derecho a saberlo. ¿Por qué diantres te has comportado así con ellos? Son nuestros amigos.
–No, son tus amigos –James clavó su mirada enfadada en mí, consiguiendo que me estremeciera. ¿Qué había querido decir con eso?
–Chicos, ¿venís a tomar el postre? –Bella se asomó al jardín, y yo la miré con una sonrisa fingida.
–Ahora mismo vamos.
Suspiré cuando escuché a mi marido resoplar de nuevo, y me encaminé hacia dentro de la casa sintiéndome extraña. Poco rato después, me excusé diciendo que me dolía la cabeza simplemente porque no soportaba ver la cara irritada de James durante un minuto más, así que nos marchamos de allí después de que le hubiera prometido a Bella que la llamaría pronto.
Me senté en el asiento trasero del coche, mosqueada con mi marido. James se colocó tras el volante y tuvimos que esperar a que Jasper terminara de despedirse de Edward. A mí particularmente no me molestaba que se llevaran tan bien, pero parecía que James no lo soportaba, pues no dejaba de darle golpecitos molestos al volante. Un par de minutos después, Jasper entró en el coche sentándose en el asiento de copiloto y observó a James. Cuando se percató de que era mejor no hablarle debido a la mala cara que llevaba, se giró en su asiento para mirarme a mí.
– ¿Qué te ha parecido el granero?
–Precioso. Es más grande de lo que me había imaginado.
–Sí. Podríais construir uno en vuestra casa.
– ¿Para qué? No tenemos ni vacas, ni gallinas… –murmuré con tristeza. También teníamos un establo, pero no servía para nada porque tampoco teníamos caballos.
–Bueno… es cierto.
Jasper volvió a mirar al frente, y ya no nos dijimos nada más hasta que llegamos a casa. Una vez allí, James subió las escaleras sin abrir la boca, y pude escuchar perfectamente el sonido de la puerta de nuestra habitación al cerrarse con un fuerte golpe.
–Siento que esté así –le comenté a Jasper, retorciendo entre mis dedos la tela de mi vestido.
–No es culpa tuya.
– ¿Y de quién es, entonces?
Jasper me miró fijamente un segundo, como si no se atreviera a responder.
–Me temo que la culpa es sólo de James.
–Pero… ni siquiera sé qué le pasa. ¿Es sólo por lo que ha ocurrido con Edward esta mañana? ¿O hay algo más?
–Supongo que será por la discusión con Edward.
–Y porque no soporta que te lleves tan bien con él –se me escapó, y miré a Jasper con cara de culpabilidad.
Él, por su parte, se limitó a sonreír.
–Ya lo he notado. Y no sé qué quiere que haga. Edward me cae genial y Bella también. No voy a comportarme como un imbécil con ellos sólo porque James no soporte nuestra buena relación.
Asentí en silencio, mordiéndome el labio inferior. Al fin y al cabo, tenía razón.
–En fin, me voy ya a dormir. Veré si puedo hablar con él y hacerle entrar en razón. ¿Necesitas algo?
Jasper negó lentamente con la cabeza.
–Que descanses.
–Igualmente.
Le sonreí y, sin decir nada más, subí las escaleras con lentitud. Me preparé mentalmente un discursito para soltárselo a James, pero cuando entré en la habitación me lo encontré roncando. Supuse que hasta el día siguiente no podríamos hablar, así que me metí en la cama deseando que hubiese cambiado de humor por la mañana.
Bueno, parece que vamos descubriendo cosas nuevas sobre James... Se podría decir que éste es un capítulo ligerito, pero poco a poco irán avanzando, tranquilas ;)
Espero que os haya gustado el capi de hoy y que me lo digáis con un bonito review. Así que, ¿nos leemos en el siguiente?
¡Hasta pronto! Xo
