Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-Capítulo 12-

Jasper tuvo que ayudar a James a entrar en casa, pues en esos instantes apenas podía mantenerse en pie. Yo, por mi parte, me limité a observar la escena con los brazos cruzados y el rostro enfurecido. Jasper colocó a mi marido en el sofá, y después se sentó a su lado.

–Te ayudaré a llevarlo a la cama –me dijo.

–Yo puedo solo –decretó James poniéndose en pie, pero se tambaleó y volvió a quedarse sentado en el sofá a causa del mareo.

Negué lentamente con la cabeza, avergonzada.

–Te juro que mañana te despertaré a golpe de martillo –farfullé en voz baja, quitándome la chaqueta que me había puesto en el coche.

Percibí la risa de Jasper, y fue entonces cuando recordé que tenía que curarle la herida.

–Ven, te curaré.

–No hace falta, Alice. Ahora lo haré yo.

Me di cuenta de que James se había quedado dormido sentado, y a causa de la postura le colgaba la cabeza. Me dije a mí misma que no se moriría porque al día siguiente tuviera dolor de cervicales, así que lo ignoré.

–No es molestia. Anda, ven –caminé hasta el cuarto de baño, y esperé hasta que Jasper se reunió conmigo. –Me temo que no tendrás ganas de volver a visitarnos después del golpe que has recibido –bromeé cuando lo tuve sentado en el borde de la bañera mientras yo le curaba la herida con un trozo de algodón empapado en antiséptico.

–No ha sido para tanto, en realidad.

–Se suponía que nos lo íbamos a pasar bien… Y como siempre, todo ha acabado mal por culpa de James. Lo siento mucho.

–Eh, tranquila, no pasa nada. Yo me he puesto en medio, ¿verdad? Entonces ha sido culpa mía. De nadie más.

Negué con la cabeza y tiré a la basura el algodón manchado de sangre. Jasper se quejó ante el escozor que le provocaba el desinfectante, así que me incliné y soplé sobre la herida para que dejara de escocerle. Fue entonces cuando me percaté de que nuestros rostros se encontraban peligrosamente cerca. Durante un segundo tuve unas ganas tremendas de besarle, pero me eché hacia atrás cuando me di cuenta de lo que estaba pensando.

–James… tendría que controlarse cuando bebe –casi tartamudeé, secándome las manos sudorosas en la falda vaquera.

–Sí, eso es cierto. Creo que nunca le había visto como hoy –el rostro de Jasper se había entristecido de repente, y pensé que tal vez se debía a que él también había deseado besarme.

Sacudí la cabeza ante aquellos pensamientos tan poco probables.

–Yo tampoco. Y espero no volver a hacerlo, porque de verdad me sabe fatal lo que ha ocurrido.

Jasper se puso en pie y se colocó frente a mí.

–Déjalo ya, Alice. A pesar de lo que ha sucedido con James, todo lo demás ha sido genial. Sobretodo, me ha encantado bailar contigo.

Me sonrojé ante sus palabras, y sentí la necesidad de agachar la cabeza para que él no viera lo que acababa de provocar en mí.

–A mí también…

–Hacemos una buena pareja de baile, ¿verdad?

Asentí en silencio, sin dejar de mirar las baldosas del suelo, y entonces me acordé de mi marido.

–Tenemos que ayudar a James a llegar a la cama. Aunque me encantaría dejar que durmiera en esa postura. –le dije a Jasper en cuanto regresamos al salón, logrando que se echara a reír.

–Recuérdame que no te enfade nunca más.

Entre los dos intentamos despertar a James, y cuando lo conseguimos mínimamente, hicimos que rodeara nuestros hombros con sus brazos. Poco a poco subimos las escaleras hasta que al fin llegamos a nuestra habitación. Jasper me ayudó a colocarlo en la cama, y después él se encargó de quitarle los zapatos. Salimos de la habitación cuando James estuvo durmiendo la mona plácidamente, pues sus ronquidos no dejaban lugar a dudas.

–Gracias por ayudarme.

–No ha sido nada.

–Mañana no sé cómo conseguirá despertarse para tomar un avión, pero él se lo ha buscado –comenté con un encogimiento de hombros.

– ¿A qué hora se marcha?

–Tiene que estar en Memphis a las tres, así que saldrá de aquí a las once, o así. Ya veremos de qué humor estará.

–Bueno, piensa que podrás descansar un poco de él este fin de semana.

Sí, y te tendré a ti, me recordó una vocecita traviesa en mi mente, así que sacudí la cabeza para borrar los pensamientos que acababan de instalarse en mi cerebro. No obstante, asentí en silencio y suspiré.

–Que duermas bien –le deseé con una sonrisa, y sin esperar ninguna respuesta por su parte, entré en mi habitación resoplando al escuchar los profundos ronquidos de James.

A la mañana siguiente, me encontraba sentada en el salón con los brazos cruzados, observando a James mientras se tomaba una pastilla para el dolor de cabeza. Me dedicó una mirada desdeñosa y gruñó por lo bajo:

–Ya te he pedido perdón. ¿Qué más quieres que haga? –Me limité a mirarme las uñas con desenfado, sin molestarme en contestarle. –También me he disculpado con Jasper, y él no parece molesto. ¿Por qué no me hablas de una vez?

–Porque aún sigo enfadada por cómo te comportaste ayer. Estuviste a punto de pegarle a un muchacho.

James rodó los ojos y después los cerró con fuerza, pues al parecer su dolor de cabeza persistía.

–No me acuerdo mucho, sólo sé que discutí con alguien y que le pegué a Jasper –entonces James se sentó a mi lado, muy cerca de mí, observándome con interés. –Vamos, este fin de semana apenas vamos a vernos. ¿Vas a dejar que me vaya enfadado?

No podía creer lo que estaba oyendo.

– ¡Es que no eres tú el que tiene que estar enfadado! –alcé la voz intencionadamente, sabiendo el malestar que eso le produciría. Me estaba convirtiendo en una mala persona respecto a James.

Cerró los ojos de nuevo a causa de mis gritos y volvió a alejarse de mí.

– ¿Y qué más quieres que haga? ¿Que me arrastre y te suplique?

–No, sólo quiero que te comportes como un hombre adulto. Ayer nos dejaste en evidencia delante de todos nuestros conocidos.

– ¿Y qué más da lo que los demás piensen?

– No quieres enterarte, ¿verdad? Ya no tienes edad para ir enfrentándote a muchachos para demostrar lo macho que eres, James.

Entonces se levantó del sofá como un torbellino, dedicándome una mirada enfadada:

–Te encanta poder echarme la culpa de todo, ¿verdad? Pues tú sabrás lo que haces.

Cerré los ojos cuando salió del salón como un cohete, casi chocando con Jasper, que bajaba las escaleras de dos en dos.

– ¿No habéis hecho las paces? –me preguntó con una ceja alzada una vez se sentó a mi lado en el sofá.

–No. Cree que es él el que tiene que estar enfadado. Pero así ha sido siempre, así que no me sorprende –murmuré, más para mí que para Jasper, con la cabeza gacha. Cuando volví a alzarla, me di cuenta de que Jasper me observaba fijamente. –Ya se le pasará.

Ambos dejamos de mirarnos cuando James bajó las escaleras arrastrando su maleta, y nos pusimos en pie.

–Me voy ya –masculló James sin mirarme.

Me acerqué a él y lo abracé en un intento por mejorar su humor, pero no me devolvió el gesto.

–Ten cuidado, ¿vale?

Tampoco me respondió.

– ¿Seguro que no quieres que te acompañe al aeropuerto? –se ofreció amablemente Jasper, pero James declinó su oferta con un gruñido. –En ese caso, que te vaya bien.

Sin decir nada más, James salió de casa cerrando la puerta con un portazo, y me mordí el labio inferior, sintiéndome impotente. Me sobresalté cuando sentí que Jasper me rodeaba los hombros con su brazo, pero me dije a mí misma que sólo me estaba brindando su apoyo.

–No te preocupes. Seguro que esta noche te llamará pidiéndote disculpas.

–Yo no apostaría por ello…

–Vamos, Alice, ten un poco más de fe en él. James no es idiota, está loco por ti y no te perdería sólo por una discusión estúpida. Aunque no lo demuestre, te valora mucho más de lo que crees.

Observé a Jasper con el ceño fruncido, extrañada por aquellas palabras. ¿Había algo que yo no sabía? ¿O es que simplemente me había perdido algo? Durante una milésima de segundo deseé que Jasper estuviese hablando de él mismo en vez de James, pero descarté aquella idea. No comprendía lo que me estaba ocurriendo… O mejor dicho: no quería comprenderlo.

–Ojalá tengas razón.

Jasper sonrió levemente.

–La tengo. Si conozco bien a James, esta noche te llamará pidiéndote disculpas.

Fruncí el ceño, sabiendo que era muy improbable que mi marido hiciera tal cosa, pero dejé estar el tema cuando, por la tarde, Jasper y yo fuimos a pasear por el centro. Ambos caminábamos el uno al lado del otro por la acera, y en el instante en el que pasamos por delante de la frutería recordé que quería comprar manzanas y una sandía. Así que entré en el establecimiento seguida por Jasper. Sin embargo, en cuanto pusimos un pie en el comercio, Jessica clavó su mirada de metomentodo en nosotros. Jasper y yo la ignoramos por completo, pero pude ver por el rabillo del ojo que Jessica hablaba en voz baja con las demás clientas sin dejar de observarnos. ¿Se podía ser más descarada que ella?

– ¿Qué te parece esta sandía? –la pregunta de Jasper me devolvió al mundo real, pero no pude evitar que los cuchicheos de las cotillas de Seabrook me afectaran.

A saber qué decían de nosotros.

–Eh… bien. Ésa está bien –murmuré ausentemente.

– ¿Qué te pasa?

Observé a Jasper durante un segundo y después negué lentamente con la cabeza.

–No es nada. Vamos.

Ambos comenzamos a caminar en dirección a la caja registradora, y pude sentir perfectamente las miradas de los clientes, y sobretodo la de Jessica, fija en nosotros.

–Hola, Jasper –lo saludó ella con una amplia sonrisa. –Ayer te marchaste sin despedirte.

–Ya… lo siento –se limitó a responder él, entregándole la bolsa de las manzanas y la sandía para que las pesara.

– ¿Cómo tienes la herida del labio?

Agaché la cabeza, intuyendo por dónde iban los anteriores cuchicheos de Jessica, y apreté mis manos en puños. ¿Es que no tenía nada más que hacer que cotillear sobre la vida de los demás?

–Bastante bien, gracias.

–Ya que estáis aquí, ¿por qué no nos explicáis lo que ocurrió? –nos preguntó ella con una fingida sonrisa amable que consiguió cabrearme.

–Ya sabes lo que ocurrió –le respondí mordazmente. –Y si tú no lo sabes, pregúntaselo a tu amiguita María, que también estaba allí.

Jessica parpadeó seguidamente, sorprendida.

–Tranquila, Alice, lo único que intento es ayudarte.

Fruncí el ceño, pues no comprendía a qué se estaba refiriendo.

– ¿Ayudarme a qué?

–Hay personas que estuvieron ayer en el bar que no se enteraron demasiado de lo que ocurrió, y claro, me temo que malinterpretaron los hechos. Lo único que yo quiero es saber con exactitud lo que sucedió para explicárselo y para que dejen de hablar mal de ti, Alice.

– ¿Hablar mal de ella? –intervino Jasper, tan sorprendido como yo.

–Claro. La mayoría de personas que no saben lo que ocurrió dieron por hecho que, como vosotros estuvisteis tanto rato bailando tan acaramelados, James se enfadó y por eso se lió a golpes contigo –explicó, señalando a Jasper. Yo, por mi parte, me sonrojé violentamente ante sus palabras, a pesar de que no podía creer lo que estaba oyendo. –Yo no he podido confirmar ni desmentir nada, obviamente, porque tampoco me enteré de todo…

–Sabes perfectamente lo que sucedió, Jessica –la encaró Jasper, molesto. –Y si no has contado la verdad es porque eres una entrometida que no tiene vida propia.

Mis ojos se abrieron desmesuradamente al escuchar el desaire de Jasper, y todas las personas que estaban en la frutería permanecieron en silencio, expectantes.

– ¿Se puede saber por qué me echas la culpa a mí? –intentó defenderse ella.

–Porque está claro que te encanta meter cizaña cuando puedes, pero ésta vez no te vas a salir con la tuya.

El rostro de Jessica enrojeció, no supe si de vergüenza o de ira, y decidió dejar de fingir que realmente estaba preocupada por mí:

– ¿Y por qué la defiendes tanto, si se puede saber? –alzó la voz, refiriéndose a mí, nerviosa. – ¡Estáis teniendo una aventura, eso lo sabe todo Seabrook!

Estuve a punto de desmayarme en aquel instante. ¿Que todo Seabrook sabía que Jasper y yo estábamos teniendo una aventura? ¿Desde cuándo corría aquel rumor?

–Vámonos de aquí, Alice –Jasper me empujó suavemente colocando su mano en mi espalda, y me moví levemente, pues estaba paralizada.

–Si no es así, ¿dónde está James? –volvió a preguntar Jessica, pero ni Jasper ni yo abrimos la boca, pues no queríamos continuar siendo la comidilla del barrio a pesar de que estaba claro que ya lo éramos.

Caminamos varios minutos en silencio hasta que encontramos un banco vacío en el que pudimos sentarnos. Jasper me miró con culpabilidad.

–Lo siento mucho, Alice. Yo no quería que… –mis repentinas carcajadas lo interrumpieron, dejándolo estupefacto. – ¿Qué me he perdido?

Sentía que no podía dejar de reír, así que me incliné hacia delante sujetándome el estómago que me dolía a causa de la risa.

–No puedo creerlo –murmuré, secándome las lágrimas producidas por la risotada. –Este pueblo es de lo que no hay…

–Me alegro de que te lo hayas tomado tan bien –me dijo Jasper con una sonrisa. –Pensaba que…

– ¿Qué? ¿Que me echaría a llorar desconsolada porque la mitad de Seabrook cree que le estoy siendo infiel a mi marido? –me encogí de hombros. –Tú y yo sabemos la verdad, y supongo que James también la sabe, así que con eso me basta y me sobra.

– ¿Y qué pasa si alguien le va con el cuento a James?

–No se lo creerá. Él me conoce, y recuerda que te pegó sin querer porque te pusiste en medio, por nada más.

Asintió en silencio, sin dejar de sonreír.

–Me temo que te has quedado sin sandía y sin manzanas. ¿Vamos a otra frutería?

–Por supuesto –me puse en pie, más animada incluso que antes. –No voy a quedarme sin mi fruta por culpa de unos cuantos entrometidos. Faltaría más.

Jasper negó lentamente con la cabeza y se puso a mi lado cuando comenzamos a caminar. Fue en ese instante cuando comprendí que, por el momento, nada valía más que nuestra amistad.


¡A la hoguera con Jessica por ser tan entrometida! Y después de esto, me veo en la obligación de deciros que no os enfadéis con ellos por lo que están pasando... No pueden evitarlo, y James es bastante... extraño. Pero no digo nada, que al final siempre acabo hablando de más xD (Aún así no me hagáis bastante caso, que el día de hoy ha sido muy ajetreado para mí y ya no sé lo que me digo -_-)

Espero que os haya gustado el capítulo de hoy y que me lo digáis con un review. Y para las que continuáis preguntándome por cuándo actualizo, sólo puedo decir que lo dije y lo redije en los primeros capítulos, pero si no leéis mis notas y no estáis registradas en FF, yo ya no sé qué más hacer. Pero lo volveré a repetir por si acaso: Actualizo cuando puedo.

¡Nos leemos en el siguiente capítulo! Xo