Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-Capítulo 14-

Temblé cuando sentí que me estrechaba contra su cuerpo, y mis manos sólo pudieron aferrarse con fuerza a su camisa en un intento por mantenerme anclada en la realidad. Una parte de mi mente sabía que lo que estábamos haciendo era un error, pero todo mi cuerpo clamaba por unirse al de Jasper con todas las fuerzas que poseía.

Jasper recorrió mi boca con la suya, lentamente al principio, derritiéndome y consiguiendo que mis manos se deslizaran por su cuerpo hasta que se enlazaron en su nuca. En cuanto mis pulmones comenzaron a quejarse demandándome aire, me separé mínimamente de Jasper sin ser exactamente consciente de lo que deseaba en realidad. Fue él el que apartó su rostro del mío para poder mirarme fijamente, pues yo me sentía demasiado avergonzada.

–No hagas esto por despecho, Alice… –me pidió en un susurro, consiguiendo que mis ojos se clavaran en los suyos. –Sabes lo que siento por ti y sabes que te deseo, pero no quiero que hagas el amor conmigo para vengarte de James.

Me mordí el labio y respiré hondo. ¿Realmente quería hacer el amor con Jasper para vengarme de James? ¿O era simplemente que me estaba muriendo por entregarme a él? Lo único que tenía claro era que no quería volver a herir a Jasper ni resultar herida de nuevo.

Finalmente me decidí a responder:

–James no tiene nada que ver en esto. Él… me ha engañado, y acabo de darme cuenta de que no me importa. Ahora… –respiré temblorosamente. –Ahora sólo quiero estar contigo.

Sus ojos brillaron de nuevo, pero sabía que desconfiaba. Y no le culpaba.

– ¿Estás segura? No quiero que te arrepientas.

–No me arrepentiré si me prometes que mañana cuando me despierte estarás a mi lado.

Un amago de sonrisa apareció en sus labios.

–No pienso irme a ningún lugar. Ni mañana ni nunca, y no sin ti.

Y eso era lo único que necesitaba saber para decidirme. Jasper me quería de verdad, y sabía que jamás volvería a hacerme daño. Yo, por mi parte, estaba dispuesta a devolverle sin reservas todo el amor que me diera. Por eso volví a rodearle con mis brazos y dejé que me besara profundamente, demostrándome con ese beso todo lo que sentía por mí. Me sentó en su regazo y me acarició la espalda y los brazos lentamente, consiguiendo que se me erizara la piel.

–Esta noche vamos a hacerlo bien –habló contra mis labios. –No habrán arrepentimientos ni reproches, ¿de acuerdo?

Asentí en silencio, más perdida en las sensaciones que me provocaban sus manos que en sus palabras.

Volvió a besarme de nuevo, e introdujo las manos bajo la tela de mi blusa para acariciarme la espalda sin que nada se interpusiera entre sus caricias y mi piel. Yo, por mi parte, deslicé mis dedos por su rostro y por su cuello, y me atreví a desabrocharle la camisa lentamente. Sentía que mi corazón latía desbocado dentro de mi pecho, pero también era consciente de que aquello era lo que necesitaba y lo que había necesitado desde hacía mucho tiempo. En los tres años que llevaba casada con James, jamás me había sentido tan amada como en aquellos diez minutos que había pasado en los brazos de Jasper. Sabía que aquél era mi lugar, y no estaba dispuesta a abandonarlo nunca más.

Cuando al fin tuve su camisa desabrochada, me separé de sus labios y me aparté un poco de él para poder quitársela, deleitándome con la visión de su torso desnudo. No me dejó hacerlo durante mucho tiempo, pues volvió a sentarme sobre su regazo y volvió a abrazarme. Parecía que no quería alejarse de mí por nada del mundo, y ser consciente de lo importante que era para él consiguió estremecerme.

Sintiéndome valiente, acerqué mis labios a su cuello y lo besé lentamente, respirando su aroma a jabón y a limpio, emborrachándome de él. Jasper, por su parte, se apresuró a deshacerse de mi blusa y a continuación comenzó a hacerme cosquillas en la clavícula y en el hombro con la nariz, subiendo por mi cuello y deteniéndose al llegar a la altura de mi oreja.

–Te amo, Alice –me dijo con la voz entrecortada.

Alcé la cabeza y lo miré detenidamente a los ojos para después volver a besarlo con renovada pasión, dispuesta a demostrarle durante aquella noche que yo también lo amaba a él. Dejé que me tumbara sobre el sofá y que se colocara sobre mí intentando no hacerme daño. Durante unos largos segundos se limitó a observarme en silencio, repasando con su dedo todas las facciones de mi rostro, dándome un toquecito cariñoso en la nariz y rozando mis labios suavemente.

Lentamente, se inclinó hacia delante y volvió a besarme el cuello en una caricia descendiente, a la vez que sus hábiles manos desabrocharon el botón de mis pantalones. Besó mi clavícula y resiguió con sus labios el borde de mi sostén, haciéndome cerrar los ojos y sonreír cuando llegó a mi estómago. Me hizo cosquillas al rozar mi vientre con la punta de sus dedos, y se distrajo besando mi cadera cuando yo intenté estirar mis brazos para llegar a sus pantalones. Jasper se incorporó para facilitarme la tarea, y a la vez se deshizo rápidamente de mis vaqueros. Mi ropa interior corrió la misma suerte y quedó esparcida por todo el salón, así que para vengarme de él lancé por los aires sus pantalones y sus calzoncillos, olvidándome de ellos cuando Jasper unió su boca a la mía y me abrazó con fuerza, pegando todo su cuerpo al mío.

Nos besamos durante mucho rato, dejando que la calidez de nuestros cuerpos se fusionara y que éstos se recordaran. Era consciente de que jamás habría podido olvidar el tacto de su piel contra la mía, pero en aquel momento me parecía algo nuevo e irreal, como si jamás nos hubiésemos tocado antes.

Mis manos repasaron todos los músculos de su espalda y de sus hombros, deleitándome con su fuerza y con su suavidad, disfrutando de la calidez que me proporcionaban, y después descendieron por sus mejillas, su cuello y su pecho, donde pudieron sentir el desbocado latido de su corazón. Él, por su parte, recorrió cada centímetro de mi piel con sus manos y después con sus labios, haciéndome gemir y temblar. Se tomó su tiempo para besar mis hombros, mis pechos, mi vientre y mis caderas, consiguiendo que me derritiera por completo. Cuando regresó a mis labios, mis piernas rodearon su cintura al instante, pidiéndole que continuara, pues sentía que no podía esperar más:

–Por favor… –susurré contra sus labios, respirando entrecortadamente. –Por favor, te necesito…

Los ojos de Jasper se clavaron en los míos, y fue entonces cuando recordé que le dije esas mismas palabras la única noche que pasamos juntos hacía tres años. Aún así, Jasper sonrió y me besó de nuevo, hundiéndose lentamente en mi cuerpo. Mis ojos se cerraron por instinto y mis uñas se clavaron en la piel de sus hombros. Mis piernas rodearon su cuerpo con más firmeza, y fue entonces cuando comenzó a moverse, sin prisa primero, y con más fuerza e intensidad después, llevándome a una vorágine de sensaciones que me hicieron retorcerme bajo su cuerpo. Cuando llegué al orgasmo, me abracé con todas mis fuerzas a su cuerpo, y estuve segura de que incluso le hice daño, pero no se quejó, sino que gruñó y tembló sobre mí violentamente. Al instante siguiente se relajó visiblemente y hundió su rostro en mi cuello, haciéndome sentir su aliento inestable en mi piel.

– ¿Estás bien? –me preguntó al cabo de unos segundos, cuando al fin levantó la cabeza. Asentí en silencio y al borde de las lágrimas, sin dejar de rodearle con mis brazos. – ¿Qué ocurre? –inquirió preocupado, secando con su pulgar una lágrima traicionera que acababa de descender por mi mejilla.

–Que yo también te amo –murmuré, confusa pero totalmente feliz.

Sonrió lentamente.

– ¿Y eso es un problema?

–Lo es… Pero ahora mismo no me importa –respondí para después respirar hondo. Coloqué mis manos en su nuca y lo obligué a besarme de nuevo, porque sentía que era eso lo que necesitaba.

– ¿Seguro que estás bien? –volvió a preguntarme cuando nos separamos.

–Sí –respondí secándome los ojos con el dorso de la mano. –En realidad, estoy más que bien.

Jasper sonrió e inclinó la cabeza para acariciarme la mejilla con su nariz. Sin embargo, en un momento dado, dejó de hacerlo abruptamente.

– ¿Qué? –pregunté, preocupada cuando lo vi vacilar.

–Eh… No hemos tomado precauciones, Alice –musitó con cara de culpabilidad. – Yo… lo siento mucho, tendría que haber pensado que…

Negué firmemente con la cabeza cuando comenzó a agobiarse.

–No pasa nada, tomo la píldora desde hace años –lo tranquilicé. Respiró aliviado al escuchar mi respuesta, lo que me hizo fruncir el ceño. –Así que no quieres que me quede embarazada –fingí molestarme.

–Sabes que no es eso. Me muero porque tengamos hijos, pero… ahora no es el momento. No aún.

Asentí lentamente cuando comprendí que tenía razón. En aquellos instantes nuestra "relación" era muy frágil, y un bebé sólo la empeoraría. Yo lo único que quería era que mis hijos vivieran en un entorno estable, y a partir de aquella noche mi entorno iba a ser de todo menos sólido.

–Lo sé, pero… ¿podemos no hablar del mundo exterior, al menos durante esta noche?

–Claro que sí, pero me temo que no vamos a hablar mucho.

– ¿Qué quieres decir?

Jasper movió sus cejas y sonrió seductoramente, haciéndome entender al instante. Aún así, me lo explicó también con palabras.

–No bromeaba antes cuando te he dicho que no podría mantener las manos alejadas de ti.

Me eché a reír cuando me hizo cosquillas, y me dejé llevar por lo que sentía por él durante toda la noche, sin pensar en nada más que en nosotros.

Cuando abrí los ojos por la mañana, me encontré con la mitad de mi cuerpo encaramado al de Jasper. Él, por su parte, había rodeado mis hombros con uno de sus brazos y mi cintura con el que le quedaba libre. Sonreí lentamente, bostecé y paseé mi mirada por el salón, percatándome de que estábamos en el suelo. Fue entonces cuando recordé que, en uno de los momentos de pasión que habíamos vivido durante la noche anterior, nos habíamos caído al suelo y ahí nos habíamos quedado. Pues la verdad era que no estaba para nada incómoda.

Me incorporé un poco, recogí del suelo la camisa que Jasper había llevado el día anterior y nos tapé con ella, pues tenía algo de frío. No obstante, aquella prenda no conseguía cubrirnos a los dos por completo. Percibí que Jasper se movía a mi lado, así que me coloqué boca abajo, me apoyé en mis codos y le sonreí cuando abrió los ojos.

–Buenos días –le dije bajito, colocando mi mano sobre su pecho.

–Demasiados buenos días –murmuró con la voz ronca a causa del sopor. –Creo que estoy soñando.

– ¿Eso crees? –me acerqué a él y le planté un suave beso en los labios, pero no me dejó alejarme, pues enredó una de sus manos en mi cabello y me mantuvo pegada a su boca durante unos largos segundos.

–No, no estoy soñando –decretó con una amplia sonrisa cuando nos separamos. Entonces, intentó incorporarse para quedar sentado en el suelo, pero todos los huesos de su espalda crujieron. –Definitivamente, no estoy soñando –masculló con cara de dolor.

– ¿Has dormido mal?

–No… aunque ¿qué quieres que te diga? El suelo no es que sea demasiado blando.

Sonreí con diversión y me senté en su regazo, igual que había hecho la noche anterior.

– ¿Qué vamos a hacer? –le pregunté cuando me rodeó con sus brazos. Comenzó a besarme la frente y descendió hasta la nariz, para luego volver a hacer el mismo camino a la inversa.

–No lo sé. ¿Qué quieres hacer?

No estaba segura. Hiciera lo que hiciera, alguien saldría herido.

–Yo… te amo, Jazz. Ya lo sabes, pero eso no soluciona nada.

Suspiró y asintió lentamente.

–Lo sé, pero no pienso dejar que te alejes de mí. Así que ésa no es una opción.

–Yo tampoco quiero alejarme de ti, y menos ahora, pero… –me mordí el labio inferior sin dejar de mirarle fijamente. –Es todo muy complicado.
–Sí. Pero prométeme algo –esperó hasta que asentí con expectación. –Que hablarás conmigo cada vez que dudes de algo, o cuando estés asustada… O incluso cuando estés feliz. No quiero que pases por esto sola, Alice. Quiero que hables conmigo para que pueda tranquilizarte, ¿de acuerdo?

Volví a asentir.

–Lo mismo digo. Si… en estos días llegas a dudar de lo que sientes por mí, quiero que me lo digas.

Jasper sonrió y negó lentamente con la cabeza.

–Alice, no he dudado de mi amor por ti en estos últimos tres años. No creo que vaya a hacerlo ahora, justo cuando acabo de enterarme de que tú también me amas.

Le acaricié la mejilla y volví a besarlo, feliz de poder hacerlo. Era totalmente consciente de que aquellos días iban a ser muy difíciles, pero estaba dispuesta a superarlos sólo para poder pasar con Jasper todo lo que me quedaba de vida.


Jijiji, pillines, que os dejamos solos unos días y no podéis mantener las manos quietecitas ;P Bueeeeeeeeeno, como véis han aprovechado muy, MUY bien el tiempo y ahora ya se han declarado y ya saben que ambos se aman. Peeeeeeeero eso no significa que esto sea el final... Aún quedan algunas cositas más por explicar, y por ende unos cuantos capítulos más.

Espero que os haya gustado mucho el capítulo de hoy y que me lo digáis con un review (aunque si no os gusta también podéis decírmelo ;D)

¡Hasta pronto! Xo