Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-Capítulo 15-
Al cabo de un rato nos levantamos, recogimos la ropa que había quedado esparcida por todo el salón y nos duchamos juntos. Tardamos casi una hora entera en salir de la ducha, pero no me importó. Total, acababa de darme cuenta de que ser amada por Jasper era muy diferente a ser amada por James, pues éste último jamás me había hecho reír tantísimo como lo hizo Jasper aquella mañana. Y estaba claro que mi marido apenas me apreciaba, pues había sido capaz de engañarme con otra sin más miramientos. Pero me dije que eso era lo último en lo que debería pensar aquella mañana. Toda mi atención debía estar enfocada en aquel hombre que no me dejaba preparar el desayuno en paz, porque no dejaba de abrazarme ni de darme besos y mordiscos en el cuello.
– ¿Quieres parar? –le pregunté entre risas por enésima vez, intentando sin éxito poner a calentar el café.
–No.
–Pues si no paras, no desayunarás.
–No me importa.
Intenté darle un codazo suave en las costillas para alejarlo, pero Jasper previó mi ataque y apresó mis manos con las suyas, aunque no me dejó indefensa del todo: opté por usar mis pies para darle una patadita en la espinilla, pero logró esquivarla en el último momento.
– ¡Ay, Jasper, para! –volví a quejarme intentando sonar enfadada, pero la risa me traicionaba.
James jamás había jugado así conmigo. De hecho, jamás habíamos jugado a nada, pues lo que más le gustaba a James era sentarse en su sillón para ver el fútbol.
–Dime que me quieres –me ordenó Jasper pegando sus labios a mi oreja.
–No te quiero nada, y ahora menos porque no me dejas en paz –me removí contra su cuerpo, encontrando divertidísima aquella situación. Entonces, pasó a sujetar mis manos con una de las suyas y usó la otra para hacerme cosquillas. – ¡No, no, cosquillas no! –comencé a carcajearme como una desquiciada, y las risas de Jasper detrás de mí no me ayudaron a calmarme.
– ¿Me vas a decir que me quieres o tengo que seguir torturándote?
– ¡No, por favor! ¡Para, para!
–Entonces, di las palabras mágicas.
Intenté resistirme a decirlas un poco más, pero las cosquillas no desaparecieron, así que al final me rendí:
–Vale, vale: te quiero.
–Otra vez.
Ladeé la cabeza y lo miré con una ceja alzada.
–Ya te lo he dicho una vez, pesado –alzó las cejas amenazándome en silencio, y el recuerdo de sus cosquillas consiguió que volviera a carcajearme. –Te quiero –lo complací entre risas.
Entonces, sin dejar de sujetarme las manos, me dio la vuelta hasta que quedamos cara a cara y colocó mis brazos a mis espaldas.
–Otra vez.
Rodé los ojos y suspiré.
–Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero… –me calló con un beso, y fue entonces cuando aproveché para deshacerme de su agarre.
Pero en vez de usarlo para vengarme, rodeé su cuello con mis brazos y lo besé con intensidad, dejándole claro que en aquel momento era lo más importante en mi vida.
–Caray, sí que es cierto que me quieres –murmuró, fingiendo estar sorprendido, y fue entonces cuando me separé de él, pero no sin antes darle un golpe en el hombro.
–Sí, yo te quiero mucho, pero tú a mí no –me di la vuelta otra vez para poner, al fin, a calentar el café.
–Sabes que te amo con toda mi alma. Así que cuando te divorcies de James, espero que te cases conmigo.
Me quedé paralizada ante sus palabras, por lo que volví a darme la vuelta y lo miré fijamente.
–Jasper… no sé qué decirte…
–Pues dime que sí y me harás el hombre más feliz del mundo –se acercó a mí, me colocó un mechón de cabello detrás de la oreja y a continuación me acarició la mejilla.
Suspiré con resignación y me preparé para sacar fuera todo lo malo que había estado reprimiendo durante años:
–James se ha pasado estos tres años… anulándome por completo, tal y como tú dijiste. Antes no me di cuenta, o no quise darme cuenta, pero ahora sí. A él sólo le importaba llegar a casa, tener la comida o la cena preparadas y tenerme disponible para acostarse conmigo cada noche. Jamás me apoyó cuando le expliqué que desearía abrir un negocio propio, y cada vez que le hablaba de tener hijos desviaba la conversación o se enfadada. Yo… no quiero volver a pasar por eso, Jazz –agaché la cabeza cuando mis ojos se llenaron de lágrimas. –Sé que tú no eres así, pero… tengo miedo… Tengo miedo del daño que puede hacerme James, tengo miedo de casarme contigo y de que no funcione… Pero también tengo miedo de que salga bien.
– ¿Por qué? –me preguntó en voz baja, obligándome a alzar la barbilla para poder mirarme a la cara.
–Porque… si todo sale bien significará que estamos haciendo algo mal. Yo… no sé cómo explicarlo –mascullé, nerviosa. –Me da miedo que todo sea perfecto, porque las cosas perfectas no duran eternamente, y tú eres el único hombre al que he amado en toda mi vida y me aterroriza perderte…
–No me vas a perder nunca, Alice, ¿entiendes? Nunca te voy a volver a dejar. Y tienes razón en todo lo que has dicho, pues a mí me ocurre lo mismo. Y te aseguro que nuestro matrimonio no será perfecto. Discutiremos muchas veces, e incluso alguna vez llegaremos a pensar que nos odiamos, pero al final conseguiremos arreglarlo todo.
Me mordí el labio con inseguridad y asentí lentamente, dejándome abrazar por él. Sonreí levemente cuando apoyó su barbilla sobre mi cabeza.
– ¿Me darás tiempo? –le pregunté en voz baja.
– ¿Tiempo?
Asentí.
–Cuando… me divorcie de James… –me costaba muchísimo decirlo, pues apenas era capaz de creerlo. Todo estaba ocurriendo demasiado deprisa, pero sabía que era eso lo que realmente quería. –Necesitaré tiempo para mí, para pensar en todo. Quiero decir que no querré casarme contigo tan pronto… ¿comprendes?
Jasper asintió con el ceño fruncido.
–Pero… quieres casarte conmigo, ¿verdad?
–Claro que sí. Es lo que más deseo en el mundo –le aclaré, poniéndome de puntillas para darle un beso en los labios.
Jasper sonrió y frotó su nariz contra la mía. Entonces sus ojos se desviaron hacia su derecha y después me miró detenidamente, sin separar nuestros rostros.
–Se está saliendo el café –me comentó con una sonrisa divertida, y yo me apresuré a voltearme para apagar el fuego.¿Por qué sería que siempre que estaba con Jasper se me quemaban todas las comidas?
Un buen rato después, ambos nos encontrábamos sentados en el sofá, charlando animadamente de todo y de nada, en realidad. Tenía mi espalda apoyada en el brazo del sofá y los pies sobre el regazo de Jasper, que había insistido en hacerme un masaje. Obviamente, yo no me había negado.
– ¿Quieres que salgamos a dar un paseo?
Negué firmemente con la cabeza, y me reí cuando Jasper apretó un punto concreto en mi pie que me produjo cosquillas.
–Prefiero que nos quedemos aquí. Me encanta hablar contigo –le confesé intentando apartar los pies de su regazo, pero no me dejó.
–Lo mismo digo, señorita –me comentó con una amplia sonrisa. –Así que, ¿de qué quieres que hablemos?
Fingí pensármelo detenidamente, pero en realidad ya sabía sobre qué quería charlar con él.
–Me gustaría preguntarte algo.
–Dispara.
–Hace unos días, cuando… fuimos a comprar a la frutería, le dijiste a Jessica, y también a Margaret, que había una chica en tu vida, y a mí me respondiste lo mismo después –fruncí el ceño cuando lo vi sonreír en silencio. –Espero que te hayas olvidado de ella.
–No me he olvidado de ella.
Me enfurruñé y me crucé de brazos. ¿Es que estaba dispuesto a casarse conmigo aún queriendo a alguien más o qué?
– ¿Y qué se supone que vas a hacer, entonces?
Se encogió de hombros despreocupadamente.
–Voy a casarme con ella.
Mi ceño se frunció aún más.
– ¿Pretendes ser bígamo?
Me miró con una ceja alzada pero sin dejar de sonreír.
–Alice, esa chica eres tú.
Parpadeé seguidamente, gratamente sorprendida.
– ¿De veras? –en aquel mismísimo momento comprendí todo lo que me había dicho en aquel momento: que estaría seguro de que la chica le rechazaría, de que le había hecho algo malo… Todo encajaba conmigo.
–Sí. Siempre he estado loco por ti, pero aquel día no pude decírtelo. Y no tenía pensado decírtelo nunca, en realidad. Pensaba que tu matrimonio con James era… diferente.
–Sí… yo también –me halagaba mucho saber que siempre había estado enamorado de mí y que no me había olvidado, pues eso era exactamente lo que me había sucedido a mí. – ¿Sabes cuándo me di cuenta de que estaba enamorada de ti?
–No –volvió a apretar un punto sensible en mi pie y volví a reírme. Le di un golpecito en el brazo para que parara, pero me ignoró. Aún así, continué hablando:
–Cuando me besaste por primera vez.
– ¿En serio? –parecía realmente sorprendido por mi confesión.
–Totalmente.
–Pero de eso hace muchísimos años… ¿qué teníamos, doce o trece años?
–Trece. Y fue en una lluviosa tarde de otoño, cuando nos resguardamos debajo de unos balcones porque aquel día nos tocaba ir a casa andando.
Jasper me observó fijamente, atónito, y yo sonreí.
–Yo también me acuerdo de eso, pero no hubiera sabido decirte con exactitud la edad que teníamos.
–Es que… conseguiste encandilarme –admití, agachando la cabeza.
–Y yo que me alegro –sonrió orgullosamente, y yo me limité a achicar los ojos.
Entonces, me dije a mí misma que ya era hora de que tratásemos algún tema algo más serio. Tenía curiosidad por saber qué más había hecho y sentido Jasper durante los últimos años.
–Me dijiste que… cuando murió tu madre te diste cuenta de que tendrías que haber hecho algo con tu vida y de que no tenías nada –esperé hasta que asintió lentamente con la cabeza pero sin mirarme. –Yo creo que hiciste mucho. Trabajaste duro y te sacaste una carrera. Y, obviamente, no estás solo.
–Ahora no, pero antes sí.
–No es cierto. Tenías a Emmett y a Rosalie. Y a muchos más amigos.
Jasper negó lentamente con la cabeza.
–Emmett y Rosalie ya tienen su vida hecha. Y mis demás amigos… ni siquiera sé a quiénes te refieres.
Y yo tampoco, en realidad.
–Pero… Jasper, tú nunca has estado solo.
–En el fondo lo sé; siempre habría podido encontrar ayuda y apoyo en alguien, pero cuando murió mi madre llegué incluso a pensar que no sobreviviría. Y también que tenía merecido quedarme solo.
Aparté mis pies de su regazo y me coloqué de rodillas a su lado. Enmarqué su rostro con mis manos y lo obligué a mirarme.
–Eso no es cierto. Has sobrevivido, y tú eres de las pocas personas que conozco que no merece que le ocurra nada malo, ¿entiendes?
–Jamás conseguiré perdonarme lo que te hice –admitió intentando agachar la cabeza, pero no le dejé.
–Eso es pasado, Jazz. Ya está olvidado, ¿vale? Además… yo tampoco me porté muy bien, que digamos. Creo que no fue muy decente acostarme con el mejor amigo de mi prometido la noche antes de mi boda, ¿no crees? –sonrió levemente, pero era capaz de notar aún su latente desolación. –Así que piénsalo, si al final hemos de ir o al cielo o al infierno, ten por seguro que ambos iremos al infierno. Pero mira, por lo menos estaremos juntos –quise bromear para subirle el ánimo, y más o menos lo conseguí cuando se rió.
–Al final todo habrá valido la pena si permanecemos juntos –murmuró, observándome detenidamente.
–En ese caso, todo habrá valido la pena –declaré, dando por finalizada nuestra conversación.
Se acercó lentamente a mí, y yo hice lo mismo con él hasta que nuestros labios se tocaron. Nos besamos muy lentamente, disfrutando de cada segundo y de cada contacto. Permanecimos en ese sofá, que había sido testigo de nuestra pasión demasiadas veces en menos de dos días, hasta que comenzó a atardecer.
Me encontraba acurrucada contra el cuerpo de Jasper, pues ambos nos encontrábamos tumbados de lado en el sofá, sintiendo la calidez de su cuerpo contra el mío. Un rato antes, Jasper nos había tapado con una manta que había encontrado en uno de los armarios, y así habíamos permanecido gran parte de la tarde. Sin darnos cuenta, comenzamos a adormilarnos hasta que escuché un sonido procedente de la puerta principal. Abrí un ojo, más sorprendida que asustada, y estuve a punto de ponerme a gritar cuando vi aparecer a James por el umbral de la puerta del salón.
– ¡¿Qué diablos significa esto?! –vociferó con los ojos abiertos de par en par cuando nos vio en el sofá.
A pesar de todo, me sentía perfectamente capaz de explicárselo si realmente no lo había entendido.
Qué pronto ha vuelto James, ¿verdad? Y qué bonita estampa habrá encontrado nada más entrar en casa... xD Aunque qué queréis que os diga, se lo tiene bastante merecido (y le han pagado con la misma moneda, para que vea cómo duele ;P) Pero que conste que estoy TOTALMENTE EN CONTRA de las infidelidades.
Espero que os haya gustado el capítulo de hoy y que me lo digáis con un review. ¿Nos leemos en el siguiente?
¡Hasta pronto! Xo
