Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-Capítulo 17-

En cuanto aparqué el coche delante de la casa de Margaret, supe que separarme de Jasper se me iba a hacer difícil.

– ¿Seguro que no quieres quedarte aquí? – volvió a insistir él.

–Me gustaría quedarme, pero necesito estar sola.

Jasper suspiró y asintió en silencio.

– Prométeme que me llamarás si me necesitas para algo, y a cualquier hora… y…

Rodé los ojos ante su exagerada preocupación y lo interrumpí cariñosamente:

–Te prometo que te llamaré cada hora –bromeé, consiguiendo que Jasper me mirara achicando los ojos.

–Hablo en serio.

–Yo también. Si te vas a quedar más tranquilo puedo llamarte cada hora, pero creo que será un poco… raro.

–Sabes que si por mí fuera no tendrías que llamarme, pues no me separaría de ti en ningún momento.

Aquel fue mi turno para suspirar. Cuanto más alargáramos aquello, peor sería.

–Jasper… de verdad que necesito tiempo. No es que quiera alejarme de ti, pero todo esto ha sucedido muy, muy deprisa, y mi corazón y mi mente aún no lo han procesado. Si de verdad me quieres… dame tiempo.

–Está bien –se encogió de hombros, intentando mostrarse positivo. –Te daré todo el tiempo que necesites. Siempre.

Sonreí sin demasiadas ganas y me incliné para abrazarlo. Después, le di un largo beso en los labios y al cabo de unos segundos me separé de él. Esperé hasta que salió del coche y sacó sus maletas del maletero, y después se colocó al lado de mi ventanilla. Bajé el cristal con una sonrisa divertida en el rostro.

– ¿Puedo llamarte mañana? –volvió a insistir, medio en broma, haciéndome reír.

–Te prometo que te llamaré yo. ¿Vale?

Asintió de nuevo y me dio un toquecito cariñoso en la nariz antes de coger las maletas, darse la vuelta y encaminarse hacia la casa azul. Yo, por mi parte, subí la ventanilla y arranqué el coche sin mirar atrás. En cuanto llegué al hospital, subí directamente a la planta en la que habíamos estado Jasper y yo un buen rato antes y me encontré a Edward en cuanto las puertas del ascensor se abrieron. Parecía que él estaba a punto de bajar.

– ¿Alice? ¿Qué haces aquí? –inquirió con el ceño fruncido.

Salí del ascensor antes de que éste volviera a cerrarse y respiré hondo antes de responder.

– ¿Puedo… quedarme aquí esta noche?

Mi amigo parpadeó seguidamente, sin comprender, y no le culpaba. Ni siquiera yo era capaz de creerme todo lo que había sucedido en menos de veinticuatro horas.

–Sí… pero… ¿ha ocurrido algo?

Entonces mi estómago comenzó a rugir demandándome comida, y me mordí el labio, avergonzada.

–Te lo explicaré todo mientras cenamos. ¿Podemos ir a la cafetería?

–Claro.

Edward y yo volvimos a bajar en ascensor, y una vez que estuvimos sentados en una mesa con un plato de ensalada y de carne para mí, pues Edward ya había cenado, me decidí a contarle todo lo que había pasado desde el viernes por la noche hasta el domingo por la tarde, justo antes de que él me llamara para decirme que la niña había nacido.

Mi amigo permaneció en silencio en todo momento, y tardó lo suyo en responder cuando terminé, logrando ponerme nerviosa.

– ¿Me estás diciendo que… has dejado a James por Jasper?

Me encogí de hombros, sintiéndome miserable.

–Lo hemos dejado ambos… él está con esa tía pelirroja, y estoy segura de que lleva con ella por lo menos desde el mes pasado –sí, desde que tuvo que pasarse una semana entera en Memphis. Tarde me había dado cuenta de la verdad.

–Pero… no comprendo –Edward sacudió la cabeza, estupefacto.

Me dije a mí misma que la historia no encajaría si no le contaba también lo que había sucedido hacía tres años, y a pesar de que me aterraba la idea de que mi amigo me juzgara, me dije que ya poco importaba. Al fin y al cabo, seguramente ya estaría escandalizado después de haber escuchado lo que acababa de contarle. Después de permanecer en silencio durante unos largos segundos, me atreví a confesar lo que no le había confesado a nadie jamás, y realmente me sentí algo mejor después de haberlo sacado todo fuera. La respuesta de Edward no se hizo esperar:

– ¿Te casaste con James estando enamorada de su mejor amigo?

Me mordí el labio inferior y jugueteé con la comida que aún me quedaba en el plato con el tenedor.

–Supongo que sí. Estaba tremendamente dolida y… quería a James. No tanto como a Jasper, pero le quería lo bastante como para pensar que casarme con él sería lo correcto.

–Y… ¿él sabe… lo que ocurrió entre vosotros?

–No. Tú eres la única persona que lo sabe –Edward se rascó la frente, claramente contrariado. –Sé que éste no es el mejor momento para mis problemas, pues deberías estar con Bella y con tu hija, pero… –me di cuenta de que las lágrimas estaban a punto de superarme otra vez. –Necesitaba estar alejada de ellos dos por un tiempo, y no sabía a dónde más ir…

Edward, que hasta aquel momento había estado sentado frente a mí, se levantó de su silla para colocarse a mi lado. Posó una de sus manos sobre la mía y me la apretó con firmeza.

–No te preocupes, Alice. Todo está bien. Puedes quedarte con nosotros, y si lo necesitas puedes quedarte en nuestra casa cuando a Bella le den el alta.

–Gracias… Pero no quiero molestar. Sólo necesito quedarme en algún lugar esta noche. Mañana ya veré.

–Bueno, pero ni siquiera tienes que preguntar. Bella estará encantada de tenerte cerca, y yo también, claro.

Sorbí por la nariz y me sequé los ojos con la servilleta limpia que había al lado de mi plato.

– ¿No me vas a… juzgar? ¿Ni me vas a reprochar nada?

Edward frunció el ceño.

–Claro que no. Todos cometemos errores, Alice, y a veces pasamos años, o incluso la vida entera intentando corregirlos. De vez en cuando no es necesario porque, como en tu caso, se corrigen solos.

–Pero… le fui infiel a mi prometido…

–Sí, eso es cierto, pero me parece que has pasado estos tres últimos años culpándote por ello, por algo que ya no tiene remedio y que en realidad nunca lo ha tenido. Y… si ahora estás dispuesta a estar con Jasper… –Edward se encogió de hombros. –Creo que ya va siendo hora de que te perdones a ti misma.

Observé detenidamente a Edward y asentí en silencio. Puede que tuviera razón, pero a cada momento me convencía más de que toda aquella situación no podía terminar de ninguna otra forma que mal.

Cuando terminé de cenar, Edward y yo subimos hasta la planta en la que se encontraba Bella, y me invitó a entrar en la habitación que había al lado de la suya. Fruncí el ceño cuando me señaló la cama.

– ¿Y dónde vas a dormir tú?

–Me sentaré en el sillón que hay al lado de la cama de Bella y pasaré la noche allí. Mi padre consiguió que me dejaran esta habitación para que durmiera durante el tiempo que Bella tuviera que permanecer ingresada, pero tú necesitas más la cama que yo.

Sacudí la cabeza, estupefacta. Aunque, en realidad, no me sorprendía. Edward trabajaba en ese hospital, y su padre, el señor Cullen, era el mejor neurólogo del estado. ¿Cómo no iban a dejarle a su hijo una habitación para que descansara?

–Te lo agradezco, Edward, pero no me parece correcto. Se supone que ésta habitación la vas a ocupar tú, no yo.

–Tranquila. De todas formas, dentro de media hora tienen que despertar a Bella para que le dé de comer a Nessie, así que estaré con ellas un rato. De verdad que no me importa.

–Pero…

–Nada, Alice. Te vas a quedar a dormir aquí y se acabó. Les diré a las enfermeras que no te molesten, ¿de acuerdo?

Quise volver a protestar, pero en cuanto abrí la boca de nuevo, Edward ya había salido de la habitación. Suspiré, derrotada, y fue entonces cuando me di cuenta de que estaba exhausta. Recordé que tenía toda mi ropa en el maletero de mi coche, por lo que salí de la habitación y bajé hasta el estacionamiento del hospital. Volví a subir con mi maleta, y cuando entré de nuevo en la sala me di cuenta de que ésta disponía también de un pequeño cuarto de baño.

Una vez terminé de asearme, me metí en la cama y me quedé tendida con los ojos abiertos. Permanecí en esa postura durante mucho tiempo, escuchando las incesantes idas y venidas de las enfermeras, así como sus parloteos y sus risotadas. Escuché también los lloros de un bebé, y me dije que seguramente se trataba de Nessie, por lo que sonreí cada vez que la escuché lloriquear. Al cabo de un rato, las lágrimas sustituyeron a la risa, y me coloqué en posición fetal, escondiendo mi rostro en la almohada y deseando que pasara rápido la noche.

Por la mañana, me levanté muy temprano y con los ojos hinchados de haberme pasado la mitad de la noche intentando dormir y sin poder dejar de llorar. Me lavé la cara con agua fría y me vestí en un tiempo récord. Salí de la habitación y me asomé a la de Bella, esperando que estuviese despierta. Y lo estaba, sí, y sujetando a Nessie mientras le daba el pecho.

–Buenos días, Alice –me saludó mi amiga con una sonrisa de oreja a oreja.

Le sonreí con el ceño fruncido, pues me sorprendía el hecho de que no estuviese extrañada de verme. Aunque seguramente Edward ya le había contado que me encontraba allí.

–Edward te ha dicho que he pasado la noche aquí, ¿cierto? –me acerqué a ella y le acaricié con un dedo un pie a Nessie.

–Sí. Pero no me ha contado por qué. Me ha dicho que… tenías que contarme algo.

Genial. ¿Otra vez debería repetir la misma historia? No lo había hecho ninguna vez en tres años, pero sí lo haría dos veces en menos de doce horas. Simplemente genial.

–Supongo que debo contártelo –me encogí de hombros.

Al fin y al cabo, ya me daba igual.

–Buenos días a todas –la voz de Edward consiguió sobresaltarme, y me di la vuelta para sonreírle. – ¿Has dormido bien?

–Pues… sí –mentí. –Gracias por dejarme la habitación.

–No hay de qué. Además, he pensado en dejarte las llaves de nuestra casa, por si te apetece más estar allí. Bella podrá volver a casa mañana, pero tú puedes instalarte hoy allí si lo prefieres.

Abrí los ojos de par en par. Aquella situación se estaba descontrolando demasiado.

–Oh, no, no. No será necesario, pero gracias. Yo… no tengo muy claro lo que voy a hacer en los siguientes días, pero… no quiero aprovecharme tanto.

–Alice, no sé a qué viene todo esto, –intervino Bella. –pero sabes que si necesitas quedarte en casa puedes hacerlo.

–Lo sé, y os lo agradezco, pero… si vais a estar aquí prefiero quedarme aquí. Si no molesto, claro.

Bella me fulminó con la mirada y le entregó la niña a Edward, que le llenó el rostro de besos.

–Sabes que no molestas. Y ahora, explícame todo lo que tengas que explicarme.

Sonreí con resignación y, acercándome a Edward, me incliné sobre Nessie y le di un beso suave en la mejilla.

–Voy a llevarla con las enfermeras –nos informó él, supuse que para darnos privacidad, y me senté en el sillón que había al lado de la cama de Bella.

Le expliqué a mi amiga la misma historia que le había contado a Edward la noche anterior, tanto la del pasado como la del presente, dejándola totalmente estupefacta. Aunque, en realidad, no pareció tan sorprendida al final, cuando dijo:

–Sabía que Jasper sentía algo por ti. ¿Te lo dije o no?

–Sí –sonreí al recordar que me habló de ése tema durante la cena. –Y yo también sentía algo por él.

Alcé la cabeza y miré a mi amiga. Me estaba sonriendo.

– ¿Qué puedo decirte? Si vas a ser más feliz con Jasper, no lo dudes.

– ¿No te… sorprende?

–Mentiría si te dijera que no, pero no soy nadie para decirte lo que debes hacer. James es un cerdo, si quieres mi opinión, y no sólo por haberte puesto los cuernos, sino por cómo te trataba.

– ¿Tú también crees que me trataba mal? –eso sí que no lo sabía.

–Bueno… –Bella se encogió de hombros. –Siempre pensé que merecías que te valorara más, y cuando me explicaste que no te apoyó con lo del negocio… Me pareció excesivo. Se suponía que tu marido debería haberte apoyado en todo, pero James sólo se preocupaba por lo que a él le interesaba.

Me mordí el labio y asentí.

– ¿Y qué opinas de Jasper?

–Ya te lo dije. Creo que está loco por ti y que te va a tratar como siempre te has merecido. A mí me cae genial, ya lo sabes.

Sonreí ante la firmeza con la que habló.

Entonces sentí que mi teléfono móvil comenzaba a vibrar, por lo que me apresuré a sacarlo de mi bolsillo. Sonreí al ver que era Jasper quien me llamaba, y me levanté del sillón haciéndole una seña a Bella. Salí de la habitación y contesté a la llamada.

– ¿No te dije que te llamaría yo? –pregunté sin poder evitar sonreír.

Buenos días, yo también te he echado de menos –me respondió, haciéndome rodar los ojos.

Suspiré sonoramente y me dejé caer en una silla en la sala de espera. Se suponía que allí no podía hablar por el teléfono, pero no había ninguna enfermera a la vista.

–Yo también te he echado de menos –murmuré sinceramente.

Ya sé que me dijiste que me llamarías, pero… –supe que acababa de encogerse de hombros. –Necesitaba saber cómo estás.

–Estoy bien.

¿Qué haces despierta tan temprano? Pensaba que aún estarías dormida.

–Yo… –me rasqué la frente, contrariada. –Casi no he podido dormir esta noche pensando en… todo.

Te entiendo. A mí me ha pasado lo mismo.

– ¿Por eso estás despierto también?

Sí. Y porque tenía que mirar los vuelos para Dallas –tragué saliva con dificultad. –Recuerdas que… vuelvo mañana, ¿verdad?

Me mordí el labio y cerré los ojos.

–Sí.

Hubo un prolongado silencio a través de la línea que consiguió erizarme la piel, y supe con certeza cuál sería la siguiente pregunta de Jasper:

¿Vendrás conmigo?


¡Hola!

Esta vez he tardado un pelín más en actualizar, creo... Ya no sé en qué día vivo, lo siento, culpa de la universidad que me absorbe el cerebro xD En fin, ¿qué responderá Alice? ¿Irá con Jasper o no? Lo sabréis en el próximo capítulo :)

Espero que os haya gustado el de hoy y que me lo digáis con un review. ¿Nos leemos en el siguiente?
Por cierto, ya lo dije en el capítulo anterior, pero desde hace poco soy Beta, así que si queréis, o si conocéis a alguien que peuda necesitar ayuda, no lo dudéis pues os ayudaré encantadísima de la vida :D

¡Hasta pronto! Xo