Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-Capítulo 18-

Tragué saliva con dificultad y me froté los ojos con una mano.

–No lo sé… –respondí con la voz temblorosa.

Jasper tardó bastante en responder, logrando que se me detuviera el corazón durante un segundo.

No lo sabes.

Me mordí el labio inferior cuando percibí la frialdad en su voz, así que cerré los ojos.

–Lo siento, pero… no lo sé. No puedo darte una respuesta ahora mismo.

De acuerdo.

–No quiero que te enfades.

No estoy enfadado, sólo…–suspiró. –No sé qué decirte, Alice.

–Dime que lo entiendes –murmuré, sujetando el teléfono con fuerza contra mi oreja. –Que no te vas a molestar por esto…

Es que no quiero mentirte, porque no lo entiendo. Si me quieres, no entiendo por qué tienes que quedarte aquí.

Volví a cerrar los ojos, y fue entonces cuando se me entrecortó la respiración y las lágrimas hicieron acto de presencia.

–Porque necesito ordenar mi vida. Necesito tiempo para pensar, para tomar decisiones… No puedo dejar tres años de mi vida atrás como si jamás hubiesen existido.

No te estoy pidiendo que lo hagas, sólo te pido que vengas conmigo a Dallas, que comencemos una vida juntos, Alice. ¿Qué tiene eso de malo?

–Nada, absolutamente nada –accedí, controlando mi voz. –Pero todo ha ocurrido demasiado deprisa, y aún no soy capaz siquiera de creer que he dejado a James. Hace poco más de veinticuatro horas que… estamos juntos, Jasper. No puedes pretender que lo deje todo y me vaya contigo de repente, porque no puedo hacerlo.

Lo escuché suspirar a través de la línea, por lo que me tensé.

Sé que no te voy a convencer, y la idea de dejarte aquí no me gusta nada, pero creo que debo respetar tu decisión. Aún así, puedes pensártelo durante todo lo que queda de día y ya me dirás algo, ¿de acuerdo? –quise decirle que mi decisión estaba tomada, pero su voz me interrumpió: –Hasta pronto.

Colgó sin dejarme decir nada más, por lo que me quedé observando la pantalla del móvil como si fuera una imbécil, esperando que volviera a llamar. No lo hizo. Suspiré entrecortadamente y me dejé caer hacia atrás, hasta que mi espalda topó con él respaldo de la silla. Jasper tampoco me entendía, justo la persona que más necesitaba que lo hiciera.

Me puse en pie y eché a andar a paso lento hasta que llegué a la habitación de Bella. Estaba sentada en la cama leyendo un libro, pero lo cerró y lo dejó en la mesita en cuanto me vio.

– ¿Ha ocurrido algo? –preguntó con el ceño fruncido.

Me encogí de hombros y me acerqué hasta que pude sentarme en un lado de la cama, a su lado.

–Jasper se ha enfadado –musité, sintiéndome como una idiota.

– ¿Por qué?

Le expliqué brevemente el problema y mi punto de vista, deseando que ella sí que me entendiera.

– ¿Qué harías tú si estuvieras en mi lugar? –quise saber.

–Exactamente lo mismo que tú. Aunque no lo sé a ciencia cierta, pues jamás me ha ocurrido lo que acaba de pasarte a ti… Pero creo que lo que más necesitas ahora es tiempo para pensar.

–Pues parece que Jasper no lo entiende.

–Seguro que sí, pero lo que le pasa es que tiene miedo.

Fruncí el ceño, sin comprender.

– ¿Miedo de qué?

–De que te lo pienses mejor, de que decidas no volver a Dallas con él… de que olvides lo que ha sucedido entre vosotros.

–Pero… eso no va a ocurrir jamás. Yo… –dudé. –Yo le amo, y jamás podría olvidar todo lo que ha ocurrido en estos días.

–Tú lo sabes, pero él no –Bella se encogió de hombros. –Los hombres necesitan que les digamos continuamente lo que sentimos por ellos. Pueden parecer muy duros, muy valientes y todo lo que tú quieras, pero en lo que respecta a las mujeres, dudan mucho y también temen por el daño que puedan sufrir.

Asentí en silencio, desconcertada. Jasper sabía lo que sentía por él. Se lo había dicho muchas veces, aunque… quizá no las suficientes.

–Puede que tengas razón.

Bella me miró fijamente durante unos largos segundos, consiguiendo ponerme nerviosa.

– ¿Quieres volver a Dallas? –me preguntó de repente, sorprendiéndome.

–En realidad… el lugar me importa poco –confesé con un encogimiento de hombros. –Yo sólo quiero estar con Jasper. Todo lo demás me es indiferente.

Bella sonrió levemente.

–Me alegra de que lo tengas tan claro, pero… te voy a echar mucho de menos –musitó, parpadeando seguidamente para evitar las lágrimas.

Fue inevitable.

Al segundo siguiente ambas estábamos abrazándonos mientras intentábamos por todos los medios disimular que estábamos a punto de echarnos a llorar. Cuando nos separamos, me sequé los húmedos ojos con el dorso de la mano y me eché a reír.

–Yo también os voy a echar mucho de menos a todos, y me sabe muy mal tener que marcharme justo ahora que ha nacido Nessie, pero…

Bella colocó su mano sobre la mía, silenciándome.

–Te entiendo. Quieres estar con Jasper.

–Sí. Él tiene su vida en Dallas y pensándolo bien, yo aquí ya no tengo nada, aparte de vosotros, claro. En cambio, allí está mi familia, podré empezar una nueva vida y… no sé. Supongo que será algo positivo.

–Eso no lo dudes. Además, así tendremos una excusa para salir de Seabrook e ir a visitaros –apuntó Bella guiñándome un ojo.

Asentí firmemente con una sonrisa adornando mis labios, y pensé que, seguramente, mi vida en Dallas sería muy diferente a la que había llevado en Seabrook. No obstante, aún debía hablar con Jasper y hacerle entender que estaba totalmente dispuesta a irme con él, pero no aún.

Me pasé el resto del día llamándole, pero tuvo el teléfono apagado e intenté por todos los medios creer que se había quedado sin batería. No tenía motivos para ignorarme así, y ni siquiera habíamos discutido, propiamente dicho. Simplemente habíamos tenido un intercambio de opiniones que había terminado mal.

Intentando olvidarme de ese tema, estuve toda la tarde con Bella dando paseos por el hospital y ayudándola con Nessie. Se podía decir que estaba totalmente emocionada con la niña, pues sentía que no podía dejar de cogerla en brazos o de acariciarle las mejillas y las manitas. Era tan suave, parecía tan frágil y olía tan bien, que cada vez que las enfermeras se la llevaban con ellas me entristecía. Por otra parte, pensé que había comenzado mi trabajo como madrina de una forma horrible, pues no le había hecho ningún regalito ni a Nessie ni a Bella, por lo que me golpeé mentalmente.

Además, volví a pasar gran parte de la noche en vela, aunque conseguí dormirme a eso de las seis, por lo que no me desperté hasta casi las once de la mañana. Me levanté de la cama de un salto y me apresuré a asearme, avergonzada. Estaba en un hospital, no en mi casa, y probablemente las enfermeras querían preparar aquella habitación por si la necesitaban para otra persona. Cuando estuve vestida, comencé a peinarme, y mis ojos se dirigieron implacablemente hacia la puerta cuando escuché que alguien la golpeaba levemente.

–Adelante –musité, deseando que no fuera una enfermera mosqueada.

No era una enfermera, sino Jasper, que se quedó en el umbral como si temiese dar un paso más.

–Hola –me saludó en voz baja y metiéndose las manos en los bolsillos.

–Hola –respondí de igual forma, guardando el cepillo en mi neceser. Coloqué el estuche en mi maleta y después la cerré, gratamente sorprendida, pero también algo molesta. Caminé hasta que pude cerrar la puerta de la habitación y después apoyé la espalda en ella. – ¿Por qué apagaste el móvil?

Jasper agachó la cabeza y se frotó la barbilla, nervioso.

–Aunque no me creas, no lo apagué. Cuando… dejamos de hablar, tiré el móvil sobre la cama y me olvidé de él durante todo el día. Después, Margaret se empeñó en llevarme a pasear y no volvimos a su casa hasta la noche. Fue entonces cuando me di cuenta de que el móvil se había quedado sin batería, y cuando lo puse a cargar pensé que era tarde para devolverte las llamadas. Lo siento mucho, de verdad.

No estaba segura de si me estaba diciendo o no la verdad pero, realmente, poco me importaba.

– ¿Estás… muy enfadado? –pregunté, insegura.

–No. No lo estoy. Ayer sí, pero… –se encogió de hombros, como si no supiera cómo terminar la frase. –Supongo que te entiendo. No soy quién para decirte qué hacer, y…

–No, no es eso –me apresuré a sacarle de su error, intentando seguir el consejo de Bella. –Iré a Dallas, pero no hoy.

–Lo sé. Ayer estuve pensando mucho y tienes razón –murmuró, agachando de nuevo la cabeza. –Comprendo que todo ha ido demasiado deprisa, incluso yo estoy… desconcertado –levantó la cabeza y me miró fijamente. –Te dije que te daría todo el tiempo del mundo, y así será. Cuando… estés segura de que todo está en orden, o cuando tú quieras… estaré esperándote en Dallas.

Sonreí lentamente, sintiendo cómo se me llenaban los ojos de lágrimas, y sin pensármelo dos veces caminé hasta que pude rodear su cuello con mis brazos. Él, por su parte, envolvió mi cintura con sus brazos y me apretó con fuerza contra su cuerpo, posando sus labios en mi cuello.

–Lo eres todo para mí, Alice –murmuró sobre mi piel. –No pienso perderte. Y… si tardas mucho en ir a Dallas, lo siento, pero te juro que vendré a buscarte.

Sonreí entre lágrimas, echando hacia atrás la cabeza para poder mirarle a la cara.

–Tardaré menos de lo que crees –le aseguré, aunque ni yo misma estaba segura de que mis palabras fueran ciertas.

Jasper sonrió y me acarició la mejilla con suavidad.

– ¿Cómo has pasado estos días?

–Han sido… extraños. He pasado mucho tiempo con Bella y con la niña, y he intentado desconectar de todo lo demás. ¿Y tú?

Jasper se encogió de hombros sin dejar de abrazarme.

–Margaret está contentísima de que hayas aceptado lo que sientes por mí, y quiere que vayas a visitarla. Incluso estuvo a punto de venir a buscarte para llevarte a su casa conmigo.

Me mordí el labio, avergonzada, recordando la historia que la señora Barrows me había contado.

–Dile que iré a verla.

–Está bien. Y… supongo que les habrás explicado la verdad a Edward y a Bella, ¿no?

–Sí. Ellos me han apoyado mucho con el tema, y dejarán que me quede un tiempo en su casa.

Entonces, de repente, la puerta de la habitación se abrió, dejándonos ver a Edward parado en el umbral y observándonos con los ojos abiertos de par en par.

–Vaya… –murmuró, parpadeando seguidamente al vernos abrazados. Por eso nos separamos casi al instante. –Lo siento, no sabía que estabas aquí, Jasper. No quería interrumpir…

Sacudí la cabeza, encontrando divertidísima la situación.

–Tranquilo, Edward –lo disculpó Jasper, rascándose la frente, contrariado. –Yo, eh… he venido a ver a Alice. Y también a Bella y a Nessie –añadió con rapidez, haciéndome sonreír.

–Pues vamos a verlas –intervine yo, cogiendo a Jasper de la mano para instarle a salir de la habitación.

Jasper nos dijo que no podía quedarse mucho tiempo, pues aún debía ir a casa de Margaret para recoger sus cosas y para que lo llevaran al aeropuerto. Aquella separación inminente consiguió entristecerme, pero me dije a mí misma que no tenía motivos, pues era yo la que se había empeñado en quedarse en Seabrook. Edward se ofreció a llevar a Jasper con el coche hasta Houston, pero él se negó rotundamente, diciendo que a Margaret no le molestaba conducir a pesar de su avanzada edad.

Por otra parte, Jasper nos sorprendió a todos cuando le entregó a Bella un par de calcetines rosas en miniatura para Nessie, consiguiendo llenarme de ternura. Poco tiempo después, Jasper se despidió de nuestros amigos deseándoles todo lo mejor y dejándoles claro que podían ir a Dallas cuando quisieran, y acto seguido lo acompañé hasta la puerta del hospital sin soltarle ni un momento de la mano. Cuando nos detuvimos, observó detenidamente nuestras manos unidas.

–Parece que no quieres dejarme ir –apuntó, mirándome con una sonrisa triste.

–Es que no quiero.

–Entonces vente conmigo –volvió a pedirme en un último intento.

Quise sonreír, pero la tristeza fue más fuerte que la diversión.

–No puedo –susurré, apretando con fuerza su mano con la mía. Acto seguido, lo solté para poder abrazarlo con fuerza, cerrando los ojos y dejando que las lágrimas corrieran libremente por mis mejillas. –Te quiero muchísimo.

Jasper también me abrazó y me estrechó con fuerza contra su cuerpo, como si quisiera introducirme dentro de él para así no tener que separarnos.

–Yo también. Te amo con todas mis fuerzas –me aclaró, apretando sus brazos en torno a mí hasta el punto en que comenzó a hacerme daño. Y no me importó.

Cuando me separé un poco de él, coloqué las manos en sus mejillas y lo besé intensamente, deseando que el sabor de sus labios persistiera en los míos hasta que volviéramos a reunirnos. Pasamos mucho tiempo besándonos, alargando el amargo momento de la despedida. Al fin, cuando mis pulmones me demandaron aire, me alejé de sus labios.

–Hasta pronto –fui la primera en despedirme, porque sabía que Jasper no iba a hacerlo.

Sonrió levemente y me dio un toquecito cariñoso en la nariz.

–Hasta pronto.

Me quedé en la entrada del hospital hasta que lo vi desaparecer al final de la calle, y no fue hasta mucho rato después que decidí darme la vuelta para volver junto a mis amigos.


Me encanta esta escena final. ¿Por qué? Ni idea, pero desde que la escribí se convirtió en una de mis escenas preferidas de toda la historia. Llamadme rara, lo acepto xD

Pues se han separado... Pero qué queréis que os diga, yo creo que estar un tiempo separados después de todo lo que les ha pasado en poco más de un día les vendrá bien. Y no os enfadéis con Jasper, el pobre es sólo un hombre (y aunque la mayoría de nosotras pensemos (me incluyo totalmente) que es perfecto, no lo es, tiene sus defectos como todos).

Me temo que no nos leeremos hasta después de Navidad, así que espero y deseo que todas paséis una muy feliz Navidad en compañía de todos vuestros seres queridos y que se os cumplan todos los deseos que pidáis :D

¡Hasta pronto! Xo