Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-Capítulo 19-

Un par de días después ya estaba lo bastante acostumbrada a vivir con mis amigos como para pasearme por su casa como si se tratara de la mía. Y eso mismo me repetían ellos mismos un millón de veces: que su casa era la mía. No obstante, no podía evitar sentirme como una indigente, pero cuidar de Nessie conseguía hacerme olvidar todas las cosas negativas que tenía en la cabeza. Edward y Bella se pasaban todo el día en casa disfrutando de los primeros días de su hija, y a mí no me molestaba en absoluto ayudarles con la niña.

Sin embargo, sabía que ya iba siendo hora de que pusiera en orden todo lo que debía arreglar, por lo que tres días después de que Jasper se marchara, fui a ver a los señores Barrows. Ambos me recibieron con los brazos abiertos, literalmente, aunque también me regañaron por no haberme quedado en su casa con Jasper.

–Necesitaba tiempo para estar sola –intenté defenderme, toqueteándome las manos a causa de los nervios.

La señora Barrows colocó una de sus manos sobre las mías.

–Te entiendo, Alice. A mí me ocurrió lo mismo.

– ¿De veras?

Margaret le dedicó una mirada a su marido, y éste se apresuró a levantarse del sofá en el que se había sentado.

–Yo… eh… voy a prepararme un café. ¿Os traigo uno?

–No, gracias, cariño –Margaret le sonrió con afecto y también con agradecimiento.

–Yo tampoco, gracias.

En cuando el señor Barrows desapareció por el pasillo, Margaret volvió a volcarse en mí.

–Cuando me fugué con Michael estuve mucho tiempo… ausente. Me costaba comprender que había sido capaz de dejar a mi familia por un hombre, y aún me sorprendía más cuando me percataba de que sería capaz de volver a hacerlo si se diera el caso. Y sí, también pensé que todo había ido demasiado deprisa, pero me dije a mí misma que no habría podido cambiar las circunstancias de los hechos aunque hubiese puesto todo mi empeño.

–Ya, pero… –me encogí de hombros. –Estoy muy confundida.

–Supongo que él ya te lo habrá dicho muchas veces, pero Jasper está loco por ti.

Agaché la cabeza, avergonzada, pero asentí firmemente.

–Y yo estoy loca por él. Pero no es… temor a que no me quiera lo que me ha impedido marcharme con él. Es sólo que… a veces pienso que voy a volverme loca.

En contra de todos los pronósticos, Margaret se echó a reír.

–Estoy segura de que creerás que soy una vieja chiflada porque siempre te digo lo mismo, pero te entiendo. Y por eso te aprecio tanto, Alice. Me recuerdas muchísimo a mí, y tu situación con Jasper me recuerda a la mía con Michael.

–Y… ¿qué hiciste para ordenarte?

–Simplemente dejé pasar el tiempo, y mientras tanto disfruté junto a Michael.

Suspiré y cerré los ojos.

–Es que creo que le debo una explicación a James. Sí, es cierto que él también me engañó, y sé que no tiene intención de pedirme perdón, pero yo necesito hablar con él.

– ¿Qué te lo impide, cielo?

–No lo sé –sacudí la cabeza. –Supongo que yo misma.

Margaret sonrió y asintió levemente. Entonces, recordé que ella también conocía muy bien a James, y no sabía cómo le había sentado saber que lo había dejado por Jasper.

– ¿No te molestó enterarte de que… engañé a James? –le pregunté, insegura.

–No, cariño. No puedo echarte la culpa por haberte enamorado de otro hombre. Por desgracia o por suerte, no lo sé, no podemos elegir de quién nos enamoramos –Margaret me sonrió con afecto. –Es cierto que siempre he querido mucho a James, pero también es verdad que jamás fue demasiado altruista.

Fruncí los labios sin saber qué responder a eso.

–No te sientas culpable, Alice. Lo hecho está hecho, y por más que quieras, no puedes volver el tiempo atrás.

Asentí lentamente, agradecida por las sabias palabras de Margaret, y poco rato después me marché prometiéndole que haría lo posible para que lo mío con Jasper funcionara. Aparte de eso, les dije tanto a ella como a Michael que serían bien recibidos en Dallas cada vez que quisieran ir a visitarnos.

Arranqué el coche con la firme decisión de regresar al rancho en el que había pasado los últimos tres años de mi vida, aunque comencé a titubear nada más llegar. Tal vez James no estuviera en casa, pero lo dudaba, sinceramente. El tema del trabajo en Memphis había sido una mentira, así que seguramente no tenía nada mejor que hacer que pasarse horas y horas con su amante en la que había sido nuestra casa. En cuanto llegué a la puerta me sequé las manos sudorosas en los pantalones y golpeé varias veces la madera, expectante. Abrieron la puerta antes de lo que había esperado, y me encontré de frente con la pelirroja que había visto días atrás. Por lo menos, en aquella ocasión iba vestida.

–Hola –farfullé en voz baja, pero me dije a mí misma que no tenía nada de qué avergonzarme. –Estoy buscando a James.

La joven abrió la puerta del todo, sin quitarme un ojo de encima, y entré a paso lento y respirando hondo.

– ¿Quién es, Victoria? –la voz de James consiguió sobresaltarme, y me detuve en seco en cuanto lo vi aparecer por la puerta que comunicaba con el salón. –Ah, eres tú. ¿Qué quieres?

Me miró con desdén, y supe perfectamente que me estaba echando de la casa con la mirada. Me dio exactamente igual.

–Creo que ambos merecemos una explicación por parte del otro, ¿no crees?

–Pues no. Es más, me importa un bledo lo que tengas que decirme. Y supongo que a ti te importa lo mismo lo que tenga que decirte yo.

–Si no me importara no habría venido hasta aquí, James –le solté, comenzando a irritarme. –Pero no te voy a obligar a escucharme si no quieres hacerlo.

Esperé hasta que mi todavía marido me indicó con la cabeza que entrara al salón, y lo hice con la espalda muy recta y la cabeza bien alta. Me senté en el sofá, en ése en el que había echado tantas siestas y en el que tanto rato había pasado junto a James, y volví a respirar hondo.

– ¿Qué quieres que te diga? –me preguntó, diciéndole en silencio a la tal Victoria que nos dejara solos.

La observé salir del salón, pues nos había seguido hasta allí, y cerrar la puerta a sus espaldas. Supuse que después de nuestra conversación James se lo explicaría todo, pero no me importaba.

–Me gustaría saber… cuánto hace que estás con ella. O simplemente desde cuándo estás con otras mujeres.

James me miró a los ojos un segundo y después desvió la mirada.

–Conocí a Victoria hace un año en un bar de Houston –recordé que había viajado hasta allí, pero jamás imaginé que me estaba siendo infiel. –Al principio sólo tonteamos pero…, al cabo de unos cuantos meses volvimos a encontrarnos en Memphis.

–Y os acostasteis –afirmé sin ninguna duda.

–Sí. Pensé que sería cosa de una noche, pero hace poco me llamó y me pidió que volviéramos a vernos. Por eso te mentí y te dije que me habían hecho un encargo en Memphis.

Agaché la cabeza, sin estar segura de cómo me sentía. A pesar de todo, a ninguna mujer le gustaba oír que su marido la había engañado repetidas veces.

–Y… ¿alguna vez me quisiste? –me atreví a preguntar, nerviosa.

–Claro que sí. Al fin y al cabo, me casé contigo, ¿no? –respondió como si estuviésemos hablando del tiempo.

–Eso no significa nada.

Entonces, James sonrió cínicamente, juntó sus manos y se recostó cómodamente en su sillón.

– ¿Y tú me quisiste alguna vez?

Alcé la cabeza y lo miré fijamente.

–Sí. Te quise mucho, y me da igual que no me creas porque yo sé que así fue.

Mi marido permaneció en silencio durante unos largos segundos sin dejar de observarme.

– ¿Qué ha cambiado, entonces? ¿Qué te ha dado Jasper para que de repente le ames tanto?

Me humedecí los labios resecos y después respiré hondo, sabiendo que debía responder a esa pregunta con mucho tacto. Sin embargo, no le iba a explicar toda la verdad.

–Siempre estuve enamorada de él. Desde el instituto –murmuré frotándome las manos en un desesperado intento por hacer algo.

– ¿Y por qué te casaste conmigo?

–Porque te quería, James. Eso es cierto.

–Pero nunca tanto como a él.

–Te quería de otra forma… –quise arreglarlo un poco, pero no funcionó:

–No intentes adornarlo, Alice, que no soy imbécil –me pidió con dureza. –Pero ahora ya me da igual.

Parpadeé seguidamente, pues no quería echarme a llorar delante de James. Ya estaba hecho y, tal y como me había dicho Margaret, no había marcha atrás.

–Siento mucho todo lo que ha sucedido, pero creo que ambos somos culpables cada uno por su parte –le dije, deseando que me diera tregua y me comprendiera. –No importa quién empezó a serle infiel al otro, lo que importa es que ambos fuimos felices juntos durante el tiempo que duró nuestro matrimonio. ¿No?

James asintió casi imperceptiblemente.

– ¿Vas a regresar a Dallas?

–Sí. Jasper está allí y… –me encogí de hombros. –Quiero estar con él.

–Muy bien. Esperaré a que me envíes los papeles del divorcio.

Me mordí el labio, pues no me apetecía tocar ese tema en aquel momento, pero supuse que no habría otro momento.

–Yo… te llamaré para que nos pongamos de acuerdo con lo que sea necesario. Pero… no quiero nada, James –le aclaré. –No te voy a quitar el rancho. Esta casa perteneció a tu familia, y así continuará siendo. No quiero hacerte daño.

–Supongo que me alegro de oírlo.

Suspiré y me levanté del asiento cuando me percaté de que mi todavía marido no tenía intención de proseguir con la conversación, pero antes de darme la vuelta para salir del salón, le miré.

–Una cosa más.

James alzó la vista y clavó sus ojos azules en mí.

– ¿Qué?

–Sé que no es de mi incumbencia, pero… ¿estás enamorado de Victoria?

James se encogió ligeramente de hombros y se puso en pie.

–No lo sé. De momento estoy bien con ella, pero quién sabe.

Asentí en silencio y abrí la puerta.

–Espero que todo te vaya muy bien, James.

Mi marido sacudió la cabeza afirmativamente, metiéndose las manos en los bolsillos, y salí del salón para encontrarme casi de frente con Victoria que venía de la cocina.

Le dediqué una sonrisa.

–Cuida de él, ¿vale?

–Lo haré mejor de lo que lo hiciste tú –me respondió con una sonrisa amable, nada engreída, y desde ese momento me cayó bien.

–Eso espero –caminé hasta que abrí la puerta principal. –Adiós.

Victoria se despidió de mí con la mano, y caminé hasta mi coche. Nada más entrar en el vehículo me di cuenta de que ya nada se interponía entre mi viaje a Dallas y yo. Ya había hecho todo lo que debía, y se podía decir que mi mente estaba más o menos despejada. Sin embargo, sabía que aún me quedaba algún tema por resolver en Dallas, pero me dije a mí misma que ya me preocuparía de eso en su momento.

Por la noche, y como cada noche que habíamos pasado separados, Jasper me llamó. Me dijo que tenía una gran sorpresa para mí, cosa que me dejó intrigadísima, y también me habló de que había empezado a trabajar en una empresa. Yo, por mi parte, le expliqué en qué había ocupado mi día y se preocupó innecesariamente cuando le conté que había ido a hablar con James.

–No me ha pasado nada –le dije por enésima vez cuando me reprochó haber ido al rancho.

Es que no entiendo a qué has ido.

Rodé los ojos, agradeciendo el hecho de que no pudiera verme, y me senté en la cama.

–Tenía que hablar con James. Necesitaba aclararlo todo y saber desde cuándo me engañaba.

¿Y puedo saber qué has ganado con eso?

–Nada, pero te aseguro que ahora mismo me encuentro mucho más liberada que antes.

Lo escuché murmurar a través de la línea.

Bueno… mientras no vaya a poner impedimentos para que estemos juntos…

–No lo hará. Le he asegurado que no voy a intentar quitarle el rancho ni nada y que lo único que quiero es separarme de él legalmente y sin ningún tipo de problema.

Me alegro, pues –Jasper permaneció unos segundos en silencio. – ¿Cuándo vas a venir?

Sonreí lentamente y me tumbé en la cama.

–Pronto.

Supe que mi respuesta no había sido demasiado satisfactoria cuando lo escuché murmurar otra vez. A pesar de eso, me reí.

¿Cómo están Edward, Bella y la niña? –se limitó a cambiar de tema.

–Perfectamente. Nessie está preciosa, y cada día más grande.

Tengo ganas de volver a verla. Y a sus padres también.

–Entonces, ven tú a Seabrook a verles –lo pinché.

Supe que estaba sonriendo cuando me respondió:

Lo haría encantado, pero tu sorpresa me mantiene bastante ocupado.

Fruncí el ceño, y durante un segundo me sentí como una niña pequeña llena de curiosidad.

– ¿Qué es?

Cuando vengas, lo sabrás. Además, no puedo decirte nada porque es una sorpresa.

–Eres un chantajista –me quejé haciendo pucheros aún sabiendo que Jasper no podía verlos.

Cuando una persona quiere algo, hace lo posible por tenerlo. Y si es necesario hacer chantaje, lo hace.

– ¿Y tú qué quieres?

A ti.

Sonreí y cerré los ojos, complacida por sus palabras. Aquél era el hombre de mi vida, y cada vez estaba más convencida de que no tardaría nada en reunirme con él.


Bueeeno, ya está todo arreglado en Seabrook, aunque aún faltan unos cuantos capítulos para que Alice se vuelva a reunir con Jasper. Por otra parte, ¿qué creéis que es la sorpresa de la que habla Jasper? A ver si lo acertáis ;) También he de deciros que quedan pocos capítulos para que se termine este fic... Ahora mismo no sé cuántos exactamente, pero diría que no más de cinco.

Y finalmente, pero no por eso menos importante, me gustaría dejar claro que estoy un poco cansada de esa(s) persona(s) que no deja(n) de criticar groseramente a ciertas autoras aquí en FF. Primero fue a TattyPatz, y ahora a Christina Becker, y creo que no merecen recibir esos reviews tan crueles. Acepto totalmente que se pueda criticar un capítulo o un fic, pero siempre con respeto y con buenas palabras (por eso se llama "crítica constructiva", porque ayuda a los autores a ver sus fallos y a corregirlos). Y por otra parte, si a algún lector no le gusta un fic, lo único que tiene que hacer es dejar de leerlo y se acabó. Problema resuelto. Además, en mi humilde opinión, las historias de TattyPatz y de Christina Becker son estupendas y para nada aburridas, espero que no dejéis de leerlas ;)

Y sin más dilación me despido, porque ya me he alargado demasiado. Espero que hayáis pasado una muy feliz Navidad y unas muy felices fiestas :D ¡Hasta pronto! Xo