Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-Capítulo 22-
Escuché a lo lejos el sonido infernal de un despertador que no conocía, y a continuación percibí que alguien se movía detrás de mí. Seguidamente, ese ruido tan molesto dejó de sonar y me removí en la cama cuando sentí una mano posarse en mi cintura. Farfullé algo ininteligible, y escuché muy cerca de mí una risa suave acompañada después por un beso en mi hombro.
–Buenos días. He de ir a trabajar.
Abrí un ojo con dificultad y me di la vuelta lentamente hasta que pude ver a Jasper apoyado sobre un codo en la cama.
–Pues muy bien –fue mi escueta respuesta. Después volví a cerrar el ojo, me tapé hasta la barbilla con las mantas y me dispuse a seguir durmiendo.
–Veo que estás poco habladora por las mañanas.
Asentí en silencio y con los ojos cerrados.
–Anoche me cansaste mucho –musité con la voz ronca.
No mentía. Habíamos estado despiertos hasta altas horas de la madrugada demostrándonos lo mucho que nos habíamos echado de menos, y sólo nos habíamos dormido cuando comenzó a amanecer. Por eso me sorprendía tanto el hecho de que Jasper pareciera tan fresco habiendo dormido apenas un par o tres de horas.
–Bueno… Tenía buenas razones para mantenerte despierta hasta tan tarde.
Volví a abrir un ojo y lo miré haciendo un intento de alzar una ceja.
–O hasta tan temprano –repliqué.
Jasper se rió entre dientes y se inclinó para darme un beso en la mejilla.
–Sigue durmiendo, yo voy a ducharme.
Se levantó lentamente y se desperezó sin prisas. Luego desapareció por la puerta y yo me coloqué boca arriba en la cama. Sí que estaba cansada, pero tenía la sensación de que por más que intentara continuar durmiendo, no podría hacerlo. Entonces pensé que ni siquiera me había detenido a contemplar el piso de Jasper. Claro, la noche anterior habíamos ido desde la puerta principal a su habitación con demasiadas prisas, así que era normal que no hubiera tenido tiempo de ver nada. No obstante, también me dije que de ahora en adelante podría aprenderme incluso su piso de memoria, pues no tenía intención de volver a marcharme.
Suspiré, cansada, y me incorporé en la cama, estirándome como un gato. A continuación me puse en pie y me vestí con lo primero que encontré: una camiseta y unos pantalones de pijama de Jasper. Me encogí de hombros con una risita y me dije a mí misma que aquella mañana estaría bien que fuera a buscar mis maletas a casa de Cynthia.
Salí de la habitación y pasé por delante del cuarto de baño en el que Jasper se estaba duchando. Me entraron ganas de ducharme con él, pero me reñí a mí misma por estar siempre pensando en lo mismo. Caminé por el pasillo hasta que llegué al salón, y me sorprendí gratamente al ver el buen gusto con el que estaba decorado. Tal vez le faltaran algunos cuadros y un pequeño toque femenino, pero por todo lo demás, estaba perfecto. Lo que no me gustó tanto fue que todos los colores eran demasiado oscuros, así que me hice una nota mental para comentarle a Jasper que estaría bien que cambiáramos el color de, al menos, los cojines.
Continué mi recorrido y llegué hasta la pequeña cocina situada en el otro extremo del piso. Había decidido darle una sorpresa a Jasper, así que me puse a buscar todo lo necesario para prepararle el desayuno. Suponía que le haría ilusión verme trasteando en su piso como si fuera el mío, pero de ese tema hablaríamos después, cuando mi cerebro se despertara. Preparé un par de cafés, tostadas, y saqué todos los tipos de galletas que encontré en el armario, pues no sabía cuál preferiría Jasper para desayunar. A continuación, decidí preparar también un par de zumos de naranja, y fue entonces cuando me percaté de que en la cocina no había ninguna mesa. Me encogí de hombros y me dije que debería colocar el desayuno en la mesa del salón.
Jasper salió del cuarto de baño ya duchado y vestido justo cuando terminé de colocarlo todo en el salón, y al verme de pie junto al desayuno, sus ojos se abrieron de par en par.
–Pensaba que estarías durmiendo.
–Quería darte una sorpresa –le comenté con una sonrisita. Me acerqué a él, le eché los brazos al cuello y le di un beso en los labios, disfrutando de su olor a jabón y a colonia.
–Pues lo has conseguido –me respondió con una sonrisa cuando nos separamos. –Aunque me temo que esta tarde serás tú la sorprendida.
Achiqué los ojos cuando me senté en la mesa, enfrente de Jasper, para desayunar.
– ¿No me vas a explicar a qué viene tanto secretismo?
–No. Lo sabrás esta tarde, cuando salga de trabajar.
Crucé los brazos, enfurruñada, consiguiendo que Jasper se riera.
– ¿Ni siquiera me vas a dar una pista? –quise ablandarlo con un puchero, pero no funcionó, pues Jasper negó con la cabeza.
–Sólo tienes que esperar unas cuantas horas más.
Rodé los ojos y suspiré.
Quince minutos más tarde, ambos ya estábamos desayunados y me encontraba sentada sobre el brazo del sillón, al lado de Jasper.
– ¿Qué vas a hacer hoy? –me preguntó mientras se ponía los zapatos.
–Iré a casa de mi hermana a recoger mis cosas y… –me encogí de hombros. –No sé. Ya me lo pensaré. ¿A qué hora sales del trabajo?
–A las seis –me respondió. A continuación se puso en pie y se acercó a mí. –Tenemos que hablar sobre lo nuestro.
Fruncí el ceño.
– ¿Sí? ¿Es que tienes dudas?
–No, ninguna, pero quiero que lo dejemos todo bien claro –tomó mis manos entre las suyas y las besó suavemente, haciéndome sonreír. –Me sorprendió mucho que vinieras ayer.
Me encogí de hombros, sintiéndome feliz por hacerle feliz.
–Quería darte una sorpresa, por eso no te dije nada. Y además, necesitaba arreglar las cosas con mi hermana y con Rosalie.
– ¿Y ya las has arreglado?
–Sí. Incluso hablé con mis padres sobre lo nuestro.
Los ojos de Jasper se abrieron casi de par en par, haciéndome reír.
– ¿En serio? –asentí lentamente. – ¿Y… qué dijeron?
–Pues… que aceptarán todo lo que me haga feliz.
Entonces, las manos de Jasper enmarcaron mi rostro y me regaló un fugaz beso en los labios que hizo que mi corazón se saltara un latido.
–Sabes que intentaré hacerte feliz todos los días de mi vida.
Sonreí sobre sus labios.
–En ese caso, no tendrás ningún problema con mis padres –bromeé rodeando su cintura con mis brazos.
–Debo ir a trabajar.
Hice un puchero, negándome a dejarle ir.
– ¿No vendrás a comer?
–Me temo que no –se disculpó. –Pero te compensaré.
–No te preocupes. Me auto-invitaré a comer casa de mi hermana o a casa de Rosalie.
El ceño de Jasper se frunció.
–No pases mucho tiempo con Emmett. Puede que su majadería sea contagiosa.
Rodé los ojos sin poder evitar una sonrisa.
–Cualquiera diría que os lleváis bien.
Jasper sonrió con diversión.
–Yo adoro a Emmett, pero cuanto más lejos esté de mí, mejor.
Me puse en pie negando lentamente con la cabeza, y después acompañé a Jasper hasta la puerta principal.
–Cuando salga de trabajar te llamaré y te pasaré a buscar, ¿de acuerdo?
– ¿Para qué? –inquirí, achicando los ojos.
–Pues para enseñarte tu sorpresa.
–Ah, sí, claro.
–Estoy seguro de que te va a encantar –apuntó Jasper con una sonrisita interesante que consiguió llenarme aún más de curiosidad.
Acto seguido, se inclinó y volvió a besarme con más intensidad esa vez.
–Hasta luego –se despidió.
–Adiós.
Cerré la puerta y suspiré con una sonrisa. Como todavía llevaba puesto su pijama, en cuanto me tumbé en el sofá me quedé dormida. No obstante, me desperté a las once, y como no tenía nada que hacer, me dije que debería llamar a mi hermana. Cuando descolgué el teléfono pensé que seguramente ella también estaría trabajando, pero me arriesgué y la llamé a su casa, sólo por probar. Me alegré mucho cuando contestó a la llamada:
– ¿Diga?
–Cynthia, soy Alice.
–Ah, hola, Ali. ¿Cómo estás? ¿Qué tal ha ido todo?
–Muy bien, estupendamente.
– ¿Sí? Me alegro de oírlo.
–Gracias. Oye, ¿te va bien que pase ahora por tu casa para recoger mis maletas?
–Ah, sí. No hay problema. Te espero.
–Perfecto. Ahora nos vemos.
Colgué y decidí darme una ducha para terminar de despertarme. Jasper me había dejado las llaves de su piso para que pudiera entrar y salir cuando me apeteciera; por eso, las cogí antes de salir en dirección a casa de mi hermana. Una hora después de haberla llamado estaba parada delante de su puerta principal, esperando a que abriera.
–Hola, hermanita –me saludó con una amplia sonrisa cuando abrió. –Pasa.
– ¿No molesto? Pensé que tal vez estarías trabajando.
–Y lo estaba, pero he tenido que ir al colegio a recoger a Marie porque le ha dado fiebre –me explicó mientras me guiaba hacia la cocina.
–Vaya… Espero que no sea nada grave.
Cynthia le quitó importancia al asunto con un movimiento de su mano.
–Qué va. Ya sabes, uno de los niños de su clase tiene gripe, y poco a poco los demás se van contagiando. Estaba claro que alguno de los míos también caería.
Sonreí ante su evidente tranquilidad, aunque no me sorprendía. Cuando se tenían dos niños de golpe, debías obligarte a ti misma a convertirte en una madre experimentada.
– ¿Y dónde está?
–Descansando en su cama. Pero tranquila, en menos de una hora estará por aquí quejándose de que se aburre. Pero bueno, pasemos a lo importante –me observó con las cejas alzadas. – ¿Qué tal con tu Romeo?
Puse los ojos en blanco y sonreí con diversión.
–Pues muy bien. Perfectamente.
–O sea, que te recibió con los brazos abiertos, ¿no?
–Por supuesto. Me había echado mucho de menos.
Cynthia se rió entre dientes y comenzó a preparar un par de cafés, por lo que supuse que tenía ganas de charlar largo y tendido conmigo. Un buen rato después me excusé diciendo que no quería molestar, pero mi hermana me obligó a quedarme a comer en cuanto supo que seguramente me tocaría hacerlo sola. No me negué. Me quedé con Marie cuando mi hermana se marchó a buscar a Henry al colegio, por lo que aproveché para conocer mejor a mi sobrina, y me alegré enormemente al darme cuenta de que su carácter era muy parecido al mío. Tampoco me costó demasiado entablar buena relación con Henry, pues era un niño muy bueno y muy cariñoso cuando conocía mejor a las personas.
Después de comer, Cynthia se fue a llevar a Henry al colegio de nuevo, y yo me ofrecí a quedarme con Marie otra vez. Después me llamó para pedirme si me importaría quedarme un rato más, pues ella debía volver al trabajo. No me opuse, ya que Cynthia salía a las cinco y media, y yo en teoría no había quedado aún con Jasper. Por eso me pasé la tarde cuidando de mi sobrina, jugando a las casitas y viendo películas infantiles con ella. Cynthia llegó a su casa con Henry a las seis menos cuarto, y para agradecerme el haber cuidado de Marie se ofreció a llevarme con el coche hasta el piso de Jasper; así no tendría que cargar yo sola con las maletas. No me negué, por lo que a las seis y diez ya estaba otra vez en el piso que, suponía, dentro de poco también sería mío. Jasper me llamó en cuanto cerré la puerta.
– ¿Sí? –casi corrí para contestar al teléfono.
–Hola, guapa. ¿Estás preparada para tu sorpresa?
–Creo que sí –en realidad, estaba muerta de curiosidad.
–Pues baja, que te estoy esperando.
Rodé los ojos y sonreí con diversión, pues me había pasado los últimos diez minutos subiendo y bajando en el ascensor para terminar de llevar las maletas al piso.
–Ahora mismo.
Ni siquiera me detuve a mirar mis pintas en el espejo, sino que cerré la puerta con llave cuando salí del piso y bajé las escaleras de dos en dos, entusiasmada. Nada más abrir la puerta del edificio me encontré de frente con Jasper, que sonrió ampliamente en cuanto me vio. Lo abracé y lo besé a modo de saludo, importándome bien poco estar en medio de la calle llena de gente.
– ¿Y mi sorpresa? –fue lo primero que le dije en cuando me separé de él.
Él se limitó a reír entre dientes.
–Me temo que tendremos que dar un paseíto antes.
Fruncí el ceño, sin terminar de comprender qué estaba tramando.
– ¿Pero dónde está?
–Ya lo verás. Son sólo cinco minutos –me aseguró entrelazando su mano con la mía, haciéndome sonreír.
Se podía decir que ya éramos oficialmente una pareja, y no podía sentirme mejor a su lado. Durante un segundo temí que nos miraran mal, pero luego me dije a mí misma que allí nadie conocía nuestra historia, así que para los demás sólo éramos una pareja más que caminaba cogida de la mano.
– ¿Cómo te ha ido el día? –se interesó mientras andábamos entre los demás transeúntes.
Le expliqué resumidamente lo que había hecho en casa de mi hermana, y luego fue su turno. Poco después se detuvo delante de un local vacío y me mostró una llave.
–Aquí está tu sorpresa –me la tendió, ante mi mirada sorprendida, con una amplia sonrisa. –Abre la puerta.
Hice lo que me pidió lentamente, y una vez que la puerta estuvo abierta, ambos entramos en el local.
–Bueno, ¿qué me dices?
Parpadeé seguidamente, confundida.
–Pues… ¿ésta es mi sorpresa? –le pregunté, esperando no desanimarle con mi escasa euforia.
–Sí. ¿No te gusta?
Fruncí el ceño, aún más confusa que antes.
– ¿Me has comprado un local? –seguía sin entender nada.
–De momento sólo se lo he alquilado a un amigo, pero si todo funciona bien, podremos comprarlo.
–Y… ¿qué quieres hacer con él?
–Yo nada –lo miré con los ojos abiertos de par en par, extrañada. –Pero espero que tú lo conviertas en esa tienda de ropa que tanto tiempo llevas deseando.
La boca se me abrió casi hasta el suelo cuando comencé a encajar todas las piezas. Jasper había alquilado un local para que yo pudiera montar mi tienda de ropa. Mi propio negocio.
– ¿Estás de broma? –casi grité, estupefacta.
–No, no estoy de broma. El local es casi tuyo, así que puedes hacer con él lo que quieras.
Me tapé la boca con una mano sin dejar de mirarle.
–Pero… Esto te habrá costado un dineral…
Jasper se metió las manos en los bolsillos y sonrió tímidamente.
–Bueno… tenía unos ahorrillos y me ha apetecido gastarlos en ti. ¿Qué me dices? ¿Abrirás tu negocio?
Sin decirle nada más rodeé su cuello con mis brazos y lo abracé con fuerza, sin poder evitar que un par de lágrimas rodaran por mis mejillas.
–No puedo creer lo que has hecho… –le dije con la voz temblorosa. – ¡Muchísimas gracias!
–No hay de qué. Te dije que intentaría hacerte feliz, y eso es lo que voy a hacer, Alice. Sea como sea.
Me separé mínimamente de él y le acaricié la nuca ausentemente.
–Yo haré lo mismo, entonces.
–En ese caso, abre el negocio y me harás el hombre más feliz de la Tierra.
Sonreí lentamente y asentí con firmeza.
–No lo dudes.
–Oh, aún falta algo más –exclamó cogiéndome de la mano y llevándome hasta un pequeño cuarto situado en el fondo del local. –Ahí tienes el resto de tu sorpresa.
Aún no me había recuperado del shock anterior, por lo que cuando observé el lugar que Jasper me estaba indicando y vi una pequeña cajita de terciopelo negro situada sobre unas cajas de cartón, se me detuvo el corazón. Lo miré de reojo e intenté respirar hondo, pero no funcionó. Caminé lentamente hasta que tuve la cajita en mis manos, y cuando la abrí tuve que morderme el labio inferior para no echarme a llorar por la emoción. Dentro había un precioso anillo de oro blanco con una pequeña piedra brillando en el centro. Me di la vuelta lentamente sin soltar la cajita y me encontré a Jasper con las manos en los bolsillos de nuevo. Al parecer, él estaba igual o más nervioso que yo.
–Sé que te prometí que te daría tiempo, y así será, pero… ¿qué me dices? ¿Te casarás conmigo?
Me sequé los ojos con el dorso de la mano y asentí con rapidez, sin tener ni siquiera que pensármelo.
–Sí, claro que sí.
En ese momento fue él quien se acercó a mí y, sin darme tiempo a hacer nada, me colocó el anillo en el dedo anular.
–Te amo, Alice, y creo que siempre lo he hecho.
–Y yo a ti –murmuré con el corazón encogido, y sin querer alargar más el momento lo besé rodeándolo con mis brazos, mientras él hacía lo propio con los suyos.
El tiempo se detuvo en aquel local mientras Jasper y yo nos decíamos sin palabras que nos amábamos y que así sería durante mucho tiempo; quizás hasta siempre. Todavía no lo sabíamos, pero no nos importaría nada averiguarlo.
Venga, va, apapachemos a Jasper todas a la de una, dos y... ¡TRES! Nada, lo apapacho yo xD
No me hagáis caso, esto es el resultado del primer día de clases después de vacaciones de Navidad U_U Pero no me diréis que no es un hombre adorable con todo lo que hace por Alice :') Ojalá encontremos todas uno así xD Y despues de mis desvaríos varios, espero que os haya gustado mucho este capítulo. Algunas de vosotras acertasteis con uno de los regalos, pero ninguna con los dos, así que me doy por satisfecha. Espero que os hayan gustado también las sorpresitas de Jazz.
Y hablando de todo un poco, ya sabéis que a mí el número de reviews me da bastante igual, pero aún así no he podido evitar fijarme en que en estos dos ultimos capítulos he recibido bastantes menos... No sé, espero que a estas alturas no os haya dejado de gustar el fic =/
En fin, me callo ya, que al final esto será más largo que la Biblia. ¿Nos leemos en el epílogo? ¡Hasta pronto!
