Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-Epílogo-
7 años después…
–Muchas gracias. Hasta pronto –con una sonrisa le tendí la bolsa a la joven que acababa de comprarse unos pantalones, y estiré mis brazos cuando salió de la tienda.
Sonreí ampliamente cuando vi aparecer por la calle de enfrente a Jasper cogiendo de la mano a Will, nuestro hijo mayor, y empujando el carrito de Cassie. La tienda se revolucionó cuando entraron, pues Will se soltó de la mano de su padre, echó a correr y rodeó el mostrador para abrazarse a mi pierna.
– ¡Hola, mami! –me saludó a voz en grito y con una amplia sonrisa, dejándome ver sus dientes mellados.
–Hola, cariño. ¿Cómo ha ido el cole? –pregunté acariciándole el cabello.
–Bien, he jugado a fútbol con Kevin –me explicó sentándose en la silla que había delante del ordenador para ponerse a jugar con él.
Kevin era el hijo de Emmett y de Rosalie, y era un año menor que Will. Ambos se llevaban estupendamente bien, porque prácticamente se habían criado juntos y se veían a diario.
–Qué bien, cielo –lo animé, pero rodé los ojos cuando me di cuenta de que ya no me estaba prestando atención. Por eso me acerqué a Jasper y a mi hija, que se encontraban al otro lado del mostrador.
–Hola, guapa –me saludó mi marido rodeándome con sus brazos y regalándome un fugaz beso en los labios. – ¿Qué tal te ha ido hoy?
–Pues han venido bastantes clientes, más de lo esperado –le expliqué agachándome delante del carrito de Cassie. Nuestra hija estaba mordisqueando una galleta, pero dejó de hacerlo en cuanto le presté atención. Alzó los bracitos hacia mí y sonrió ampliamente. –Hola, preciosa.
Se rió a carcajada limpia cuando le llené las mejillas de besos, y comenzó a parlotear en ese idioma en el que sólo ella se entendía: ta, ta, bu, ma, pa… Y poco más. Jasper se había acercado a Will y le estaba ayudando a jugar a uno de esos juegos que tanto le gustaban a nuestro hijo, y por eso me permití sentarme sobre el mostrador con Cassie sobre mi regazo. De todas formas, era la hora de comer, así que no tardaría nada en cerrar la tienda.
Observé a mi familia y me deleité con la visión de mis dos hijos. Will era una miniatura casi exacta de Jasper, con el cabello rubio como él, aunque lacio como el mío. Sus ojos eran tan verdes como los de su padre, mientras que había heredado mi nariz. Cassie, en cambio, tenía el cabello rizado y oscuro, y todo el mundo decía que tenía la misma cara que yo. Mi madre, por ejemplo, cada vez que la veía, comentaba que era igual que yo cuando tenía su edad.
Suspiré, y me vinieron a la cabeza las dificultades por las que Jasper y yo tuvimos que pasar poco después de que me instalara con él. No tardé demasiado en enviarle los papeles del divorcio a James, pero él si tardó bastante en devolvérmelos firmados. Por otra parte, y a pesar de que le había aclarado que no quería nada suyo, tuvimos que ir a juicio para que todo el asunto quedara bien aclarado y bien cerrado. Fueron unas semanas bastante duras para mí, pues todo se me vino encima de repente. Los tres años que había pasado con James, su infidelidad y la mía no me dejaron dormir en días, y tampoco a Jasper. Él estuvo conmigo en todo momento brindándome su apoyo, y sabía que le estaría eternamente agradecida por ello. Incluso llegué a pensar que mi cordura había permanecido intacta gracias a él. Por eso, un año después, cuando me recordó sutilmente que teníamos que casarnos, le pedí que lo hiciéramos ese mismo año. Fue una ceremonia muy sencilla a la que sólo acudieron nuestros familiares y amigos más cercanos, y celebramos nuestra luna de miel en Florida. No teníamos mucho más dinero para pagarnos un viaje a un lugar más exótico, pero a mí me daba igual. Mientras estuviera con Jasper, todo lo demás no importaba. Además, debíamos ahorrar para nuestro futuro negocio que, gracias a Dios, iba viento en popa.
–Cariño –la voz de Jasper a mi lado me devolvió a la realidad, así que ladeé la cabeza y lo miré directamente con una sonrisa. –Esta mañana ha llamado Edward. Me ha dicho que la semana que viene estarán aquí.
Sonreí más ampliamente al escucharle. Nuestros amigos solían viajar hasta Dallas con Nessie cada año para visitarnos, mientras que nosotros hacíamos lo mismo llevando a nuestros hijos a Seabrook cada verano. Al principio resultó bastante extraño, la verdad, pues James continuaba viviendo allí con Victoria. Él y yo habíamos hablado en alguna ocasión, pero jamás habíamos vuelto a mantener una conversación normal. Jasper y él no se habían vuelto a dirigir la palabra, y una parte de mí se sentía mal porque era consciente de que aquello era culpa mía. No obstante, ya no estaba en mi mano hacer nada.
Por otra parte, los señores Barrows estaban encantados de volver a tener niños en su casa cada verano. Era cierto que su edad ya no les permitía tantos trotes, pero seguían teniendo mucha vitalidad y querían a nuestros hijos, e incluso a Nessie, a Kevin y a los hijos de mi hermana, como si fueran sus bisnietos. Emmett y Rosalie se habían hecho muy amigos de Edward y de Bella, y por eso aprovechábamos la mínima oportunidad para juntarnos todos, pues nuestros hijos también se llevaban la mar de bien.
Mi madre había tardado bastante tiempo en confiar en Jasper, pues siempre encontraba el modo de decirme que un hombre que traicionaba a su mejor amigo no era una buena persona. Discutimos muchas veces por ese tema, pues estaba cansada de recordarle que estaba enamorada de él, que siempre lo había estado y que nada cambiaría ese hecho. Finalmente, y bastante tiempo después de que nos casáramos, comenzó a ver a Jasper como a su yerno, pues él consiguió ablandar su corazón con sus buenos modos y su caballerosidad. Con mi padre, en cambio, no tuvo ningún problema. Se llevaron bien desde que volvieron a verse poco después de que yo me instalara definitivamente en Dallas, y jamás habían discutido.
La relación que tenía con mi hermana se hizo mucho más fuerte y sólida después de que comenzara a vivir en Dallas con Jasper, ya que nos veíamos casi a diario. Ella, mi cuñado y mis sobrinos también nos habían acompañado a Seabrook algún verano, e incluso habían pensado en alquilar allí una casita cerca de la playa.
– ¡Mamá, tengo hambre! –la exclamación de Will a mi lado consiguió sobresaltarme, pero sonreí ampliamente cuando le miré.
–Sí, yo también. Creo que es hora de que nos vayamos a casa –comenté bajándome del mostrador y colocando a Cassie en los brazos de su padre.
Cinco minutos después ya había recogido todas mis cosas y había cerrado la tienda. Por eso, situé mi brazo alrededor del codo de Jasper, que estaba empujando el carrito de Cassie, le di la mano a Will y los cuatro nos dirigimos sin prisas hacia nuestra casa. Mi marido y yo nos pasamos el camino escuchando hablar a nuestro hijo sobre lo que había hecho ése día en el colegio, y después me di cuenta de que Cassie se había quedado dormida.
– ¿Sabes qué día es mañana? –me preguntó Jasper en cuanto llegamos a casa.
Will no había tardado nada en sentarse en el sofá para ver la televisión, y yo había colocado a nuestra hija en su cuna para que estuviera más cómoda.
–Mmmm… –fruncí el ceño y negué lentamente con la cabeza.
Jasper se acercó a mí, que estaba apoyada en la mesa del salón, y me rodeó con sus brazos.
–Mañana hará diez años que te casaste por primera vez.
Abrí los ojos de par en par, sorprendida, sintiéndome algo mal por haber olvidado aquella fecha. Aunque suponía que era lo normal, puesto que en aquel momento recordaba más la fecha del día en que me casé con Jasper.
– Es cierto… –musité en voz baja. Entonces, se me encendió una bombillita en la cabeza y miré a Jasper con los ojos muy abiertos. –Eso significa que hoy… hace diez años que tú y yo…
Él asintió lentamente y con una leve sonrisa en el rostro.
–Hoy hace diez años que nos confesamos lo que sentimos el uno por el otro.
Me hizo ilusión que usara el presente en su frase, pues eso me indicaba que continuaba amándome. Aunque jamás me había hecho dudar de sus sentimientos hacia mí.
Acto seguido sonreí y entrelacé mis manos en su nuca.
–Tal vez deberíamos celebrarlo –le dije bajito para que nuestro hijo no nos escuchara.
– ¿Celebrarlo? –me preguntó Jasper con los ojos entrecerrados.
–Sí, ya sabes. Tú y yo… Esta noche… –acaricié uno de sus hombros sugerentemente con un dedo, haciéndole sonreír con diversión.
–Oh, claro… Celebrarlo. Debemos celebrarlo.
Me eché a reír con ganas y luego me puse de puntillas para darle un beso en los labios.
–Te amo –le dije casi sin separarme de su boca.
–Y yo a ti.
Me dispuse a besarlo de nuevo, pero la voz de Will consiguió descentrarnos.
– ¡Mami, tengo hambre!
Rodé los ojos, sonriendo ampliamente, y me di la vuelta cuando dejé de abrazar a mi marido.
–Ya voy, glotón –le respondí con cariño, consiguiendo que mi hijo me sacara la lengua cómicamente.
Suspiré con lentitud y me dirigí a la cocina, agradeciéndole al cielo, pero sobretodo a Jasper, haberme dado aquella hermosa familia y aquella nueva vida de la que estaba tan orgullosa.
-Fin-
Pues una vez más aquí estamos... Cómo pasa el tiempo, hace nada que empecé a escribir sobre esta parejita tan adorable, y como si nada ya han pasado casi 4 años :') Lo más sorprendente de todo es que el afecto que siento por este par de tortolitos cada día crece más, porque supongo que ya para siempre los tendré en un huequito en mi corazón.
Siento esta cursilada, pero así me ha salido xD Ahora sí que sí estamos en el final de otra historia que espero que os haya gustado muchísimo y que al menos haya conseguido sacaros una sonrisa en algún momento. Hubo momentos en los que llegué a odiarla, algo así como me pasó con El frío del silencio, pero ha tenido más acogida de la que me esperaba y por eso os estoy muy, muy agradecida. Y obviamente por estar siempre al pie del cañón, dejándome reviews o poniendo la historia en alertas o favoritos. Si es que no me equivoco cuando digo que sois las mejores ;)
Por el momento no tengo la intención de volver en un corto espacio de tiempo, pues ahora más que nunca debo estar a tope con la universidad (momento horrible de trabajos y exámenes...), pero quién sabe. De FF no me iré, eso tenedlo por seguro ;P Y nada, me voy ya porque esto se hará más largo que el capítulo. De veras espero que os haya encantado el fic y el epílogo, y millones de gracias por acompañarme de nuevo en esta aventurita.
¡Hasta pronto!
PD: El nombre del niño se me ocurrió por el amor que siento hacia Will Herondale, de CDS: Los Orígenes, otro de mis tantos amores literarios ;P Quién sabe, quizás el próximo se llame Christian xD
