Antes de nada, perdonad que haya tardado tanto pero pese a tenerlo escrito perdí el documento u.u

Disclaimer: Elle Lawliet y Maki Shouko son propiedad de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata pese a que ellos nombraron a Maki solo como el nombre que dio Naomi al hablar con Light para que en caso de que el fuese Kira no la asesinase. Yo solamente di cara y personalidad a ese nombre y creé esta historia.

Las reglas de la muerte

Regla número dos: La muerte no te da poderes sobrenaturales ni mientras permaneces dentro de ella como cuando vuelves a vivir.

Maki, llamada también Nana, estiró de Elle y se tiró hacia la puerta abierta sin pestañear, cayendo ambos en un túnel de colores variopintos que parecían ser su puerta de vuelta al mundo. Pero de pronto apareció un tipo de agujero más delante de ellos, un agujero de color negro, sin color. Maki abrió los ojos de par en par al verlo, braceó para escapar, pero no se puede esquivar algo de ese tamaño. Elle gritó, pero su grito fue absorbido por el misterioso agujero y el ruido de la caída, a tientas buscó la mano de la única que conocía en ese lado de la vida, si es que se podía llamar vida a la muerte.

Un dolor agudo les alertó. ¿Contra qué habían chocado? A ciegas, en la semioscuridad, Maki se puso de pie. Si la humedad que notaba en sus manos era sangre, no sabía de dónde podía haber salido el líquido. No, no era sangre. Lo notó al probarlo en un momento. Era agua. Agua sucia. Estaba en… ¿un callejón, una calle en el exterior? Al parecer sí. Miró hacia arriba, no había luna ni sol, no que ella viese, y no había ningún tipo de luz. Exceptuando el resplandor mortecino de una niebla blanca que lo cubría todo, calándola por completo.

Un quejido salió de su propia boca cuando puso un pie delante del otro para comenzar a caminar. Nada, no había manera. Le dolía demasiado el tobillo, y ahora lo peor iba a ser que como en estos momentos podía asegurar que no estaba muerta, le dolía de verdad. Se rindió ante la ridiculez de sus pensamientos, la prioridad era encontrar a L. Pero ¿Dónde estaría L?

No, no le sonaba ese lugar, el suelo era extrañamente rugoso. En medio de la densa niebla, una luz más intensa que la simple niebla, pero extrañamente débil, la quiso guiar, decidió que caminar hacia la luz era lo mejor que podía hacer. Nada más que eso. Y la luz le reveló otra farola un poco más allá. El aspecto que ofrecía era peor que mientras estuviera en el otro lado. Su ropa ahora no disimulaba el olor, que en "el otro lado" que no se notaba por la ausencia de vida. Y por eso, Maki tragó saliva, olía muy mal. Nadie la iba a acoger en su hogar, y no estaba segura de que supiese hablar el idioma que hablasen por allá. Sus pasos temblorosos le llevaron a una calle donde la niebla era menos densa. Los edificios no eran muy altos, eran más bien barracas. Y cuando miró hacia el lugar hacia el que la había guiado la luz, no vio nada más que una estatua de un hombre con barba. Definitivamente, este no era su mundo humano, ni siquiera era la muerte. ¿A qué macabro mundo le había llevado el agujero en medio de su trayecto hacia la vida? Un sabotaje, había sufrido un sabotaje en la línea.

Tambaleándose, continuó avanzando por la calle. Vislumbró un par de caras en una ventana, pero cuando se giró para encararse, ya no había nada. ¡Qué rabia! Primero el detective desorientado se le perdía y luego para rematar la gente no quería saber de ella. "Va a ser genial" se dijo irónicamente mientras continuaba caminando, lentamente, nadie parecía interesado en ayudarla, al parecer ella era la única que no entendía el por qué de que esa gente la ignorase. Caminó, segura de que iba a ir hacia un lugar en el que dormir al menos un poco. Nada. De nuevo estaba frente a la estatua del hombre mayor. Y L seguía sin aparecer. Se decidió por hacer algo.

— ¡Elle! — gritó, de forma alta y precisa. No hubo respuesta. — ¡Elle! —repitió, mucho más alto. Nada, ni rastro del chico mayor. Se dejó caer en el suelo, sentándose justo encima de él pedestal de la estatua. Tenía frío, mucho frío. Y el olor del aire era como si estuviese en un lugar cerrado, olía a viciado y a moho. Tocó la estatua, en efecto, había moho. Se asqueó, aunque ella no estaba mucho mejor.

De pronto, algo se abrió paso entre la niebla: una chica. La chica llevaba un mono de trabajo de campo, algo ancho, una camiseta blanca y una gorra azul a juego con el mono. Su tono de piel era oscuro y sus labios rojos. La chica de cabellos cortos y oscuros, chocó contra Maki.

Se cayeron las dos al suelo. La chica de la gorra se frotó la cabeza, pero se levanto, por lo que Maki apreció los moratones en sus brazos, resultado de algún tipo de cadena. La chica desconfió. Pero Maki se puso en pie, sorprendida por alguien en la calle.

La chica le tendió la mano, al parecer notó que Maki era extranjera. —Mi nombre es Audrey Ramírez.—se presentó.

Maki iba a presentarse también, tomó la mano de la chica, pero la chica la retiró, miró hacia la niebla y pareció asustarse. Audrey puso cara de "¡No, mierda!", escrutó la niebla y tosió.

— ¡Lo siento! — se disculpó Audrey rápidamente y continuó corriendo, por en medio de la niebla. Parecía desorientada, seguramente al igual que ella. Maki se quedó parada ¿qué acababa de pasar? ¿Una chica amable en el pueblo fantasma?

Una luz mucho más intensa se acercaba por la niebla, pero ella se cruzó de brazos, no pensaba caer de nuevo en la tentación de seguir una luz que no llevaría a ningún lugar. Se quedó parada, durante bastante rato. Y la luz finalmente abrió un boquete en la niebla, mostrando a un anciano con cara de manzanas podridas (N/A: del catalán "pomes agres") y barba blanca. El anciano se quedó mirando a Maki, y con esa mueca de mala ostia, mientras dos matones detrás suyo le seguían los pasos, se dirigió a Maki.

— ¿Viste pasar a una chica?— preguntaron, sin modales. Pues Maki no se lo iba a decir, ocurriese lo que ocurriese. ¿¡Quién era ese anciano para tratarla así! ¡Nadie la trataba así! Se cruzó de brazos y le ignoró.

Los dos "gorilas" fueron hacia Maki, y cada uno la tomó de un brazo, levantándola en el aire. El anciano se plantó delante de ella. Ella pataleó, destrozada como iba, y el dolor que tenía, pero alcanzó al anciano en el pecho. Uno de los gorilas apretó más en su brazo, ella gimió de dolor, y dejó de retorcerse.

— Creo que no me expliqué —comienza el viejo, señalándole.— Dime si has visto pasar a una chica o tendrás que ocupar tú su lugar y sufrir su castigo en lugar de ella, que tarde o temprano será castigada.

Maki se revolvió, intentando liberarse, pero nada servía. No se rindió, siguió pataleando. Y esta vez tampoco había gente que la pudiese ayudar, simplemente la comenzaron a llevar a través de la niebla hacia algún lugar del que Maki no quería saber nada, ni siquiera un poquito. Solo quería ir de nuevo a ver a su ídolo Elle, o volver a su propio mundo. ¿Acaso iba a tener mala suerte también en ese mundo?

Perdió la consciencia.


Lo primero que notó al despertar, fue que estaba encadenada por manos y pies en un tipo de columna de madera. Y lo siguiente que vio fue agua abajo suyo. Estaba en un tipo de caverna, iluminada de forma verdosa. ¿Dónde estaba ahora? La cueva tenía arena, pero ella estaba atada en primera fila de agua, algo elevada del suelo.

Una risa la sacó de su ensoñación, bajó la mirada y vio al viejo Edgar. Escupió hacia el, dejando en la arena un poco de saliva mientras que el resto estaba en los zapatos del anciano. El anciano señaló al agua. Maki miró, unas burbujas se elevaban. Volvió a enfocar la mirada, justo detrás de Edgar había al menos la mitad del pueblo, mirándolo todo con cara de zombies. Maki no pudo mirar a los aldeanos mucho tiempo, el sonido procedente del agua hizo que mirase de nuevo. Unos tentáculos habían emergido de la superficie del agua e iban dejando paso a un animal que Maki nunca había visto. A Edgar se le pusieron los ojos amarillos y gritó unas palabras. El Kraken miró hacia Maki y comenzó a mover los tentáculos.

"¡Qué mierda es esto?" se preguntó Maki. No se podía creer que justo después de revivir fuese a morir de nuevo. "Vale, adiós mundo desconocido!" se dijo amargamente.


Elle abrió los ojos de nuevo. Estaba en un lugar cálido. En una cama metido. La calidez de las sabanas parecía distante a un rato antes perdido en la niebla, sin saber qué tenía que hacer. Tragó saliva, intentando recordar algo de todo aquello, pero lo que vio fue distinto.

Vio a una chica algo descuidada, vestida con mono de trabajo y gorra azul. Entonces recordó todo de nuevo.

Haber despertado en medio de un charco, haber buscado a Maki, haber andado sin rumbo. Recordaba haber conocido a Audrey cuando la chica huía de algo, pero en vez de quedarse parado, había corrido tras ella, y ahora estaba metido en una cueva, pequeña, que parecía estar en un acantilado. La chica le tocó la frente y determinó que no tenía fiebre y ahora Elle acababa de despertar por quinta vez. Llevaba cinco días en ese lugar infernal, no recordaba cómo se había hecho "amigo" de Audrey y haberlo llevado a cooperar con ella para conseguir alimentos. Poca era la información que le había sacado a Audrey sobre el pueblo, pero ella le había hablado sobre el momento en que los peces habían comenzado a escasear, poco a poco, hasta desaparecer, le habló sobre un pulpo enorme llamado kraken según la mitología y sacrificios humanos para que les dejase en paz. Audrey le había contado misterios del pueblo, como por ejemplo, que el rector del pueblo había hecho un pacto con el diablo y era inmortal, pero que a Edgar se le había olvidado pedir la eterna juventud. Y le había contado de las atrocidades de los sacrificios. Audrey había estado condenada.

Y sin embargo miraba hacia afuera, por el acantilado, preocupada por algo o por alguien, ya que las luces en la cueva del puerto durante el crepúsculo no eran algo normal, además, si había luces significaba que habría sacrificio, y si ella, que era la condenada, no estaba, no podrían hacerlo. A menos que… A Audrey le cayó la verdad como una losa, pesada y densa.

— La han cogido.—dictaminó firmemente, intentando asimilarlo. Lo cierto es que si la habían cogido, significaba que no la había delatado y había preferido callarse antes que entregar a una completa desconocida.

—¿A quién? —preguntó L.

—A la extranjera de la que has estado hablando.—dijo Audrey, preocupada por la chica con la que se había cruzado.—seguramente Edgar la encontró y ella no le dijo que me había visto. Yo tendría que estar ocupando su lugar en el sacrificio…—dijo con remordimiento. Elle se levantó y la abrazó unos momentos, provocando un acercamiento que no había tenido con nadie, nunca, exceptuando Maki, claro, pues a la chica de los rizos le había tomado la mano al cruzar la puerta. Rehusaba de contacto, pero intentó trasmitir seguridad a Audrey, en ese abrazo.

—Vamos a rescatarla.

—¡Pero tu no lo has visto! ¡El Kraken, es enorme!— gritó Audrey alterada.

—A mi eso no me importa, ella me rescató a mi una vez, de un lugar en el que ya no podía morir, pero podría haberme podrido por toda la eternidad. —dijo Elle, sin despegar la vista de los ojos de Audrey. La chica asintió, lentamente, y miró hacia afuera. La horrible bruma aún lo cubría todo, pero la chica no se inmutó.

—Pues vamos, si vamos con las manos desnudas será como no haber ido. — comentó la pelinegra dirigiéndose al fondo de su habitáculo improvisado. Antes vivía en una de las casas del acantilado, hasta que, por error, quedó entregada por su vecina, acusada de haber robado su medallón de oro. Por supuesto era mentira, pero la habían condenado a ser el siguiente sacrificio, y ella no podía hacer nada para evitarlo: excepto correr. Los días previos a su sacrificio había ido aprovisionando esa cueva, y justo cuando la ataban a los postes, había echado a correr.

Descorrió unas cortinas, quedando ellos dos frente a un arsenal de objetos redondos y cuadrados, algún que otro cilindro y un par de óvalos. Elle dedujo que eran bombas, bombas caseras, pero bombas al fin y al cabo. Audrey comenzó a coger alguno de esos materiales y a meterlos en una bolsa cosida a mano con lo que en su tiempo fueron unas cortinas. L, mientras tanto, se quedó parado, mirándolo todo con expresión inmutable pese a la duda que la carcomía por dentro. ¿Si se moría de nuevo quién le rescataría? ¿Iría a ese lugar donde las almas sin dueño vagaban por toda la eternidad? ¿Iría a ese lugar del que ni siquiera Maki sabía? Eso le comenzaba a preocupar, y agradeció el momento en el que Audrey le tiró una bolsa. Elle la tomó al aire, sin esfuerzo, pese al gran peso que portaba.

—En marcha, en una hora habrá oscurecido y el Kraken saldrá de caza, no tendrá nada que cazar…

—A no ser que le demos un poco de… comida. —añadió L, firmando así la sentencia de muerte del Kraken. Porque nadie ganaba a L Lawliet y el Kraken no iba a ser el primero. Elle no consideraba que Kira le hubiera vencido sino que le había superado por una brevedad corta que había supuesto su muerte.

El camino hasta ese lugar de los mil diablos fue horroroso, debían ir por un pequeño desfiladero en el acantilado, bajar hasta las malditas rocas que estaban mojadas y llenas de agua y, finalmente, llegar a la playa. Y para Elle, que nunca había hecho demasiado deporte, no fue un camino fácil, en realidad le resultó tedioso y macabro, como una broma del destino. Elle lo miró todo con los ojos abiertos una vez abajo, en la playa la bruma se retiraba hasta dejar libre toda una costa de barcas abandonadas hacía mucho, llenas de musgo y algas podridas. Audrey indicó silencio a Elle y le indicó que la siguiera. En breve estaban enfrente de una cueva, cubierta con una roca. Audrey presionó un botón extraño y la cueva se abrió, dejando ver un largo corredor iluminado por alguna substancia verde.

Elle comenzó a caminar siguiendo a Audrey y en breve estaban en una cueva espaciosa, con un lago en medio que se notaba perfectamente que comunicaba con el mar al otro lado del acantilado. Elle miró atentamente todo lo que pasaba dentro del lugar. Cajas amontonadas a ambos lados de la cueva y en el centro, hombres recogiéndolas del borde del lago y amontonándolas a los lados.

—Audrey…—comenzó a hablar Elle pero la chica le acalló con una mirada llena de furia y rabia y un dedo en los labios. Señaló hacia el lago, Elle miró y vio allá a Maki, la chica estaba atada a un poste. Parecía que iba a comenzar algo muy pronto.

Se quedaron en silencio, aguardando y de pronto el hombre viejo, alcalde de la ciudad, apareció por otra entrada, y se paró frente al lago, los ojos se le pusieron del mismo verde fosforito de las paredes y que ocupaba los ojos de los hombres que trabajaban sin parar. Y el agua empezó a burbujear.

Elle no pudo hacer otra cosa que abrir la boca. Ver a un shinigami no había sido nada comparado con esto, ese bicho era… asqueroso. Un pulpo gigante con tentáculos extraños y más de cincuenta ojos, todos verdes. Elle salió de su escondite sin pensarlo y comenzó a correr hacia Maki. El viejo le vio y le señaló con el dedo.

—¡ELLE! —gritó Maki desde el poste, mirando al chico, como era rodeado poco a poco. Pero Elle ya no le podía escuchar a Maki pues él mismo tenía los ojos verdes y miraba hacia donde estaba Audrey.

La chica se resignó a abrir la bolsa que su actual compañero de armas había trajinado hasta allá, rebuscó sin éxito, pero quitaron una de las cajas que había enfrente suyo y la dejaron al descubierto, tomó lo primero que vio ante la atenta mirada de todos y pateó a Elle, tirándolo al suelo. Con la dinamita en las manos comenzó a correr hacia el pulpo gigante popularmente llamado Kraken por los aldeanos. La chica le tiró la dinamita, sin darse cuenta de que estaba apagada. Maldijo por lo bajo, sacó su navaja y amenazó a todos los allá presentes que se iban acercando a ella, en círculo, rodeándola, no tenía salida, el Kraken detrás y los hombres delante. Decidió que era mejor no morir a manos de ninguno y se lo jugó todo a una sola carta, corrió hacia Maki y cortó las cuerdas.

Carta perdida, la chica era apresada por un tentáculo del Kraken, no podía escapar y ayudar a Audrey, quien inmediatamente fue apresada por el mismo ser mitológico ante la mirada verde de Edgar, el alcalde. Audrey intentó soltarse y vio que la chica del otro tentáculo, intentaba lo mismo, pero sin éxito al igual que ella, malditos tentáculos que no dejaban ni respirar casi, por lo que Maki iba adquiriendo una tonalidad morada.

—¡Elle! ¡Ayúdame Elle! ¡Reacciona, porfavor! ¡Soy yo! —gritaba Maki desde el tentáculo. —¡La chica loca que te encontraste al otro lado de las puertas de la muerte! ¡La que murió por la misma Death note que tu! ¡Recuérdame!

Pero Elle no reaccionaba, ni siquiera ante los insultos de Audrey que le recriminaba el haber sido tan idiota de dejarse atrapar por los malditos poderes extraños de Edgar. Edgar sonreía.

—No te va a escuchar y aunque lo haga no puede ayudaros… ¡Kraken! ¡Te ofrecemos estos dos sacrificios para que traigas a nosotros más alimentos y sustento! —gritó el susodicho, riendo como un loco, nadie querría estar en el lugar de ellas dos en esos momentos, Elle parpadeó, parecía que intentaba zafarse de los poderes, pero no lo lograba, claro, morirte no te daba poderes sobrenaturales.

Maki dejó caer su cabeza hacia abajo, desmayada al fin, no tenía más aire. Audrey la miró aún forcejeando contra el tentáculo, el Kraken solamente estaba pensando a cuál de las dos comer primero, pero se decidió por Maki y comenzó a llevar el tentáculo hacia su pico, ese que comenzó a abrir y cerrar compulsivamente, para poder masticarla bien. No contaba con lo que sucedió a continuación.

Elle parpadeó por fin y miró a Maki y a Audrey. —¡No! —gritó como si nada, separándose del círculo de gente poseída y tirándose al agua, comenzando a escalar al mismísimo Kraken. Mala idea, el Kraken lo cogió con otro tentáculo y lo levantó, posponiendo unos minutos la muerte de Maki, ya tenía a Elle, a Audrey, a Maki y un toco de dinamita sin encender.

"¡Dinamita!" se dijo Audrey y tocó el tentáculo del Kraken, era pura piedra a causa de los siglos seguramente, esperó a que el tentáculo del animal estuviese lo suficientemente cerca de la dinamita, pues no paraba de moverlos, y frotó la mecha contra la piel rocosa del pulpo gigante, prendiendo así la mecha al fin, y esperó que se apartara lo suficientemente rápido. Apaleó la pata del Kraken y el bicho inconscientemente la apartó de la dinamita.

BUUUUUUM

Sonó como música para los oídos de Elle y Audrey. Era algo extraño, y sobre todo era algo raro que el Kraken estuviera gritando por el dolor que le había provocado aquello. Y sucedió lo inevitable, un alma elemental no puede permanecer atada si ha sido enviada intacta a la tierra o lo que fuera ese lugar.

Maki levantó la cabeza de golpe, los ojos ardiendo y el pelo flotando alrededor de su cabeza, como si estuviera en algún lugar anti gravitatorio donde pudiese flotar, sus manos se incendiaron pero ella no se quemaba. Apretó fuertemente el tentáculo del Kraken, haciéndolo gritar más de lo que había gritado anteriormente, eso Elle y Audrey no se lo esperaban, y todo seguido, después de provocar que el Kraken aflojara la sujeción y que Edgar cayese al suelo, dolido por el propio dolor del animal, saltaron Audrey y Elle. Pero Maki quedó inconsciente después de aquello. Elle no se lo pensó, se tiró de nuevo al agua a rescatar a esa chica a la que debía tanto.

Los ojos de los hombres dejaron de brillar, algunos gritaron al ver al animal y Edgar les gritaba que apresaran a esos tres pero los hombres ya no hacían caso a Edgar y estaban con la bolsa de Audrey y Elle, sacando explosivos y tirándolos contra el animal, en un silencio compenetrado, interrumpido por los gritos de Edgar.

El Kraken quedó reducido a cenizas, por supuesto, y Elle no comprendió nada cuando una Maki inconsciente volvió a iluminarse, malditos poderes de después de la muerte. ¿No se suponía que ahora venía esa parte en la que salía el sol, les invitaban a la cena y eso? Pues al parecer no, porque otro torrente de luz les invadió y Elle apenas tuvo tiempo de decir adiós con la mano a Audrey y los hombres que celebraban la muerte del Kraken.

Excepción a la regla número 2: En un momento de necesidad un alma elemental que haya vuelto bajo su misma forma, adquiere poderes sobrenaturales por un lapsus corto de tiempo tras lo cual se debilita por completo.


Si, el final me quedó así como raro pero tan mal como para que no me dejéis review? u.u