Después de tanto tiempo vuelvo para añadir otro capítulo a esta colección de irreverencias. En esta ocasión el elegido ha sido un estado famoso por sus paisajes invernales, ya que, con la fresquíviri que ha hecho en Madrid últimamente, es lo que toca.
Esta vez, el invitado de honor a las locuras de USA es su vecino del norte, Canadá, a petición de Sandy Cecy.
Disclaimer: Hetalia pertenece a Hidekaz Himaruya.
~ALASKA~
Canadá se levantó pronto esa mañana. Estados Unidos le había pedido que le acompañase a hacer senderismo al bosque y no fue capaz de negarse. El sureño había jugado la carta de la compasión hábilmente: que si nunca hacemos nada juntos, que si tú conoces bien los bosques y sin ti me va a pasar algo, que si el problema es que no quieres hacer nada conmigo, que si no me quieres y un largo etcétera acompañado de unos cuantos pucheritos. Además, para una vez que le invitaba a algo no iba a decir que no.
Aunque algo le decía que aquello no iba a acabar bien. ¿Intuición? ¿Experiencia? Tal vez una mezcla de las dos.
Se reunió con Estados Unidos en su frontera norteña. El otro rubio le saludo eufóricamente y le arrastró a su todoterreno.
Tras un par de horas transitando las carreteras de Alaska, Estados Unidos se detuvo en un pequeño pueblecito rodeado de kilómetros de vegetación protegida. Por suerte, no había nevado mucho esos días y la capa de nieve del suelo no era tan alta como para impedirles andar con comodidad. Se bajaron, se armaron sus mochilas y se adentraron en la reserva.
Estados Unidos se movía perfectamente en la montaña, lo que no sorprendió al canadiense que ya había observado alguna vez esa faceta de su vecino, y procuraba hablar en susurros para no espantar a los animalillos. No seguían ningún camino marcado, iban hacia donde sus pies les dirigiesen y sólo contaban con una pequeña brújula que debía ayudarles a no perder el norte.
La mañana les fue bastante productiva y, cuando el Sol alcanzó su cénit, ya se habían adentrado en lo más profundo de la montaña.
Tras el descanso de la comida, volvieron a ponerse en camino. Los pasos les llevaron hasta un pequeño acantilado rocoso que debían bordear. Mientras lo rodeaban vieron una abertura relativamente pequeña en la roca.
A pesar de la reticencia de Canadá, el estadounidense se acercó sigilosamente y se asomó en el interior de la gruta. Le hizo una señal con la mano al otro rubio para que se acercase.
Cuando Canadá llegó a su lado, Estados Unidos procedió a hacerle partícipe de una idea que se le acababa de ocurrir.
-Hay un oso ahí dentro. –le dijo entre susurros.
Canadá se asomó y pudo diferenciar en la oscuridad una masa grande y peluda que se movía ligeramente al son de lo que parecía ser su respiración. Canadá volvió la vista al ojiazul que estaba sacando algo de su mochila.
-Toma.
Estados Unidos le tendió una cámara de fotos. El canadiense alzó una ceja tratando de comprender.
-Hazme una foto con el oso, por fa.
-¿Qué? No ¿Estás loco? –Trataba de no alzar la voz.- E-espera.
Tarde. Estados Unidos ya se estaba colocando al lado del animal.
-Hazla de una vez. –Le metió prisa.
Canadá suspiró. Nada podía hacer para disuadir al loco norteamericano. Cuanto antes hiciera la foto, antes podrían irse.
Canadá centró la imagen en la pantalla y apretó el botón. La luz del flash, que estaba activado, fue ampliada por la blanca nieve, iluminó la cueva por completo y cegó al americano que estaba dentro.
Estados Unidos pudo sentir que algo se movía a su lado. 'Mierda' pensó mientras un escalofrío le recorría la columna. Su mente actuó rápido y, aún sin poder ver, salió de la cueva, agarró una figura borrosa que supuso que era Canadá y empezó a correr ladera abajo.
Canadá se había quedado paralizado cuando el flash saltó. Sintió que toda la sangre se le había ido del cuerpo y no reaccionó hasta que el otro le arrastró a la carrera.
Los dos americanos corrían como alma que lleva al diablo. Oyeron al oso gruñir a sus espaldas. El pobre animal estaba completamente aturdido. Acababan de interrumpir su hibernación y le costaba ajustar los sentidos.
Por suerte para los rubios, el oso no se había lanzado a perseguirlos y habían llegado a un pequeño claro del bosque en el que había una caseta. Se apresuraron hacia ella y se pusieron a golpear la puerta.
-¿Sí? –Un hombre uniformado les abrió.
Apartaron al hombre de la puerta y entraron a la cabaña respirando con dificultad. Los dos guardabosques que había en el anterior se veían preocupados. Les sirvieron un vaso de agua y, cuando se habían calmado un poco, les preguntaron qué les había pasado.
Estados Unidos relato lo ocurrido.
Los guardabosques intercambiaron miradas y rápidamente cogieron sus esposas y esposaron a los americanos que no salían de su sorpresa.
Después de aquel día Canadá se prometió no volver a apuntarse a ningún plan de Estados Unidos.
"Aunque es legal el disparar a un oso, despertarlo para sacarle una foto está prohibido."
Pues nada, gracias por leer y por tener la paciencia suficiente como para aguantar mis largos periodos de inactividad (en realidad no es inactividad, tengo vida fuera del fandom, aunque no mucha ni muy buena…). No sé cuándo ni cómo vendrá el próximo capítulo así que no me despediré con un hasta pronto para que no me tachen de mentirosa. Buenas noches.
Volveré.
