LA TRAICION

(Tiempo actual)

Nuevamente la tenia donde la
quería como cada noche desde hace un año, jamás en la vida pensé que pudiera
pasarme algo así, después de estar tan ocupado con mis negocios fuera del país
llego a casa de mis padres y me encuentro con que están en una reunión, y al
entrar en la cocina descubro que la chef que se encarga de todo es ni más ni
menos que la mujer más hermosa que jamás he visto, durante este año he
disfrutado todo de ella, su belleza su candidez su frescura su timidez todo lo
que puedo necesitar para calmar mi sed ella me lo da, pero a la vez me trasmite
algo que me provoca más sed, estoy consciente que a esto ya le queda muy poco,
empiezo a notar que ella comienza a desear mas, y por mas virgen que haya sido,
y por más dulce y hermosa que sea, jamás podría ser una Cullen, se lo dije esta
tarde a Jasper cuando hablamos aquí en mi despacho, -un mes mas Jasper y
terminare con ella, le regalare el departamento y estaré de acuerdo en pasarle
una mensualidad para que tenga una vida tranquila pero ya no podemos continuar
no es de mi mismo circulo social, mi familia jamás lo aceptaría-

Eso es
lo que le había dicho a Jasper cuando hablamos, mas pensándolo bien quizás
podría conservarla como mi amante, la pregunta aquí es ¿ella
aceptara?

Los pensamientos de Edward bailaban en su mente impidiéndole
conciliar el sueño, tener a Isabella en sus brazos hacia que su cuerpo se
mantuviera en alerta, el simple contacto de su piel hacia que en el despertaran
oleadas de deseo que solo podía calmar poseyéndola una y otra vez, la paz para
su pasión solo podía encontrarla adentrándose en ella y saciándose
así.

Las horas pasaron rindiendo con ellas por fin su atormentado
cerebro, trayendo consigo un sueño tan relajante, un sueño que solo podía
disfrutar al sentir sus brazos llenos del cuerpo de ella.

Isabella se
despertó en la madrugada con los brazos de Edward alrededor de su cuerpo casi
encimada sobre él podía escuchar el acompasado corazón que latía en su pecho,
declarando una y otra vez que en el no había amor para ella, y no pudo evitar
que sus ojos la traicionaran, un par de lagrimas comenzaron a escurrir
mezclándose con los bellos del poderoso pecho que usaba de almohada, ella lo
amaba, más que a su propia vida, y lo más humillante era que él sabía bien lo
que ella sentía, muchas veces se lo grito durante tantas noches de placer
compartido, su nombre mezclado con palabras de amor que chocaban contra un
silencio inquebrantable, ella no podía engañarse, desde un inicio lo sabía, el
se lo dijo –(esto solo es pasión, solo deseo yo no puedo darte más de lo que te
ofrezco, si lo quieres adelante)- esas habían sido sus palabras, y ella las
había aceptado creyendo que con el tiempo podría cambiar, que con el tiempo
podría amarla tanto o más de lo que ella lo amaba a él.

Pero desde un
inicio todo lo había hecho mal ¿acaso no se entrego a él la misma noche en que
lo conoció?, ni siquiera hablaron él le tendió la mano y ella aceptó seguirlo a
donde él la llevara, bien pudo tratarse de un asesino, ella bien pudo estarse
dirigiendo a su muerte, ¿y acaso no se sentía muerta ya? ¿Acaso no era desde
entonces una muerta viviente desde esa primera noche, cuando se entrego a él
entregándole su corazón y voluntad?

Ella había salido de su negocio a muy
altas horas de la madrugada, vestida aun con su uniforme de chef, se disponía a
irse a su departamento después de terminar con la excelente cena en la mansión
Cullen, todo había salido perfecto, Alice le había ayudado a desmantelar todo y
guardarlo en el vehículo pero en lugar de subir a la camioneta del negocio con
ella para ir a dejarlo al restaurante, había decidido irse de fiesta con algunos
amigos, así que no le quedo más que terminar el trabajo ella sola.

Casi
eran las cuatro de la madrugada, y al darse la vuelta después de cerrar las
puertas se encontró cara a cara con un par de ojos verdes que la miraban como
deseando poseerla ahí mismo, y lejos de sentir miedo se vio caminando hacia él,
que comenzaba a levantar sus manos para recibirla la subió a su coche y en
silencio se dirigieron a un lujoso hotel, al parecer el ya se hospedaba ahí,
pidió la tarjeta de su habitación, y se encaminaron al ascensor que los
llevaría sin duda alguna a su destino el último piso, la habitación más lujosa
que en su vida había visto, era incluso más grande que su propio apartamento, y
eso ya era decir bastante, pues el apartamento que compartía con Johan y Alice
estaba en uno de los mejores edificios de la CD.

Cuando el cerro las
puertas detrás de sí, Isabella comenzó a hiperventilar no sabía lo que iba a
pasar, pero no deseaba irse, jamás había estado con un hombre, y aunque había
tenido uno que otro noviecillo, de un beso casto en los labios no había pasado
jamás, supuso inmediatamente que este hombre que tenía enfrente de ella
consideraba que contaba con experiencia, tremenda decepción se llevaría al
descubrir que ella era una simple virgen sin experiencia alguna.
Fue entonces
cuando quiso hablar pero él le gano partida y adelantándose le
pregunto.

¿Cómo te llamas? Ella le respondió casi sin voz me llamo
Isabella, -hola Isabella yo soy Edward- ella comenzó a temblar y quiso decir
algo mas, pero él se lo impidió.

-Shhhhhh no hables, solo siente, solo
disfruta, no necesitamos las palabras, necesitamos la piel, deja que tu piel me
hable, deja que la mía responda-, y acto seguido la tomo en su brazos y
cargándola la llevo a su cama donde comenzó a desnudarla despacio sin prisas sin
palabras, cuando la descubrió por completo, su cuerpo reacciono, su erección ya
dolía pidiéndole ser liberada, pero no lo haría aun, primero quería
contemplarla, y dejarse contemplar, se levanto de la cama y se desnudo
rápidamente, el rubor en el rostro de ella alcanzo colores insospechados,
-cualquiera diría que es la primera vez que ves a un hombre desnudo pensó- ella
seguía acostada sobre las sabanas de seda su cabello que ahora lucia suelto se
desparramaba sobre sus hombros dándole una apariencia de sirena, -una sirena
sumamente peligrosa pensó- se acostó a su lado y comenzó a correr sus manos
sobre ella tocando sus desnudos hombros viajando por lo largo de su brazo
regresando por el mismo camino, tomo entre sus dedos un mechón de su cabello y
se lo llevo a la nariz he inhaló el aroma –fresas- pensó, el pecho de ella subía
y bajaba invitando a Edward tomar con sus labios esos rozados pezones que se
erguían firmemente implorando atención, y lo tomo con sus labios tomo uno de
esos pequeños botones que le ofrecía, mientras que ella luchaba con la timidez
de la primera vez y se aventuro a explorarlo también, -eso Bella mía, disfrútame
de la misma manera en que yo lo hago, toca todo en mi conóceme, sin prisas que
esta noche será eterna.

Un año había pasado y la noche aun seguía, todo
había cambiado, pero ya estaba decidido, esa sería la última vez, en unas horas
se obligaría a despertar, y con el día, llegaría el fin de este amor, un amor
que aunque le había dejado más dolor que alegría, también le estaba obsequiando
el motivo perfecto para escapar.

-Buenos días Isabella, creí que
nuevamente no vendrías, este mes solo te has parado por aquí ¿cuántas veces?
¿Tres?, ¿cuatro?, es tu negocio y no lo atiendes-

Isabella sabía que
Alice tenía razón para estar más que furiosa, desde la noche en que conoció a
Edward cambio completamente, a la mañana siguiente de conocerlo decidió irse con
el cuándo le propuso hacer un viaje Italia, no lo dudo ni un segundo y dejo
todo, Alice no podía dar crédito a su comportamiento, ya nada le importaba solo
Edward, se había cambiado de departamento cuando el compro uno para tenerla ahí
cada que él la buscara y ella lejos de oponerse aceptó, no había nada que él le
pidiera que ella no aceptara, seguía siendo socia del negocio con sus amigos y
trabajaba con ahincó cuando él se iba de viaje de negocios cosa que hacía muy
continuamente, dejándola a ella sumida en la depresión total, y peor se ponían
las cosas cuando alguna revista de farándula publicaba alguna foto de él con
infinidad de mujeres elegantes o modelos despampanantes que lo acompañaban a sus
continuos viajes, quien era Isabella, nadie lo sabía, él la mantenía tan oculta
que si un día moría jamás nadie sabría que existió en su vida.

Alice,
Johan necesito hablar con ustedes, necesito que me ayuden.

Cuando llego
la noche ella sabía que él no vendría a dormir, tenía una comida de negocios y
después partiría fuera de la Cd, así que después de arreglarse de una manera
impresionante con la ayuda de Alice, la mujer que reflejaba el espejo de su
baño no parecía ser ella misma, se veía hermosa se veía segura capaz de lograr
cualquier cosa que se propusiera.

Salió del edificio cuando el portero le
aviso que su taxi había llegado, se subió a él y se fue rumbo al restaurante
donde se había citado con Alejandro.

Cuando llego al restaurante el ya
estaba ahí así que se fue directo hasta su mesa.

¡Hola mi amor!,

Isabella lo saludo primero y se acercó a aquel hombre lanzándose a sus
brazos, sellando el encuentro con un beso tan profundo que dejaría a cualquiera
sin aliento y deseando mas, las manos de él siguieron un viaje peligroso desde
el centro de su espalda, hasta su hermoso trasero, evidenciando la intima
relación que había entre ellos, sin importarles que en ese momento se
encontraban en medio de un prestigioso restaurante, rodeado de miradas ocultando
el morbo del bochornoso espectáculo que estaban dando.

Cuando terminaron
de dar semejante espectáculo se sentaron a disfrutar de lo que sin duda seria
una velada romántica, no habían pasado ni 10 minutos cuando se acerco a la mesa
Edward quien estaba en una parte más privada del restaurante con una mujer muy
hermosa que Isabella reconoció rápidamente, era Victoria Denali, la mujer que se
rumoraba se convertiría en la señora Cullen, Edward ni siquiera volteo a ver al
acompañante de Isabella, se dirigió solo a ella viéndola con ojos de furia
contenida, y haciendo una mueca de asco le dijo -tienes exactamente dos días
para sacar todas tus porquerías de mi apartamento, no quiero que dejes
absolutamente nada en el ¿me escuchaste?-

¡Edward por favor déjame
explicarte!-

le suplico Isabella,

¿explicarme? ¿Crees realmente
que haya algo que explicar aquí?

Y yo preocupándome por ti, cuando no
eres más que una ramera barata, Alejandro se levanto de la silla y encaro a
Edward - no le permito que ofenda a mi mujer- Edward se volvió hacia él y con
la voz mas cínica que pudo le dijo, ¿tu mujer? jajajajaj-tu mujer anoche se
retorció como una puta en mis brazos- dos días Isabella, le dijo volviéndose a
ella, quien al ver su ira se dejo caer nuevamente en la silla, solo dos días
tienes para desaparecer de mi vida para siempre.