Capitulo 3: "Al estilo de Cenicienta"

Los días pasaban rápido para los jóvenes, entre ensayos y grabaciones. La vida de un idol es ajetreada, lo tenían claro hace varios años.

Recién ahora después de los años que llevaban como grupo, los integrantes de UKISS tenían la oportunidad de acercarse a otros jóvenes como ellos. Todo gracias a la idea de DongHo, el seguía estudiando por lo que pensó en realizar un evento en alguna escuela local, los chicos lo aceptaron bien, por lo que el proyecto se dio.

Quedaba ya poco tiempo, era jueves, solo un día y estarían asediados por chicas o tal vez hablando relajadamente con ellas y otros chicos, pero claro, no sin antes de cantar una que otra canción, eso era algo obvio.

Estaban ensayando, repasando sus coreografías y afinando detalles, todo debía ser siempre perfecto. El sudor corría por sus frentes y sus cuerpos, llevaban horas de practicar y practicar.

- Ah… No puedo más.- Eli se desplomó en el piso frente al ventilador.

- Tampoco yo, estoy tan cansado.-

- Fue idea de DongHo hacer esa fiesta, cúlpalo a él.-Bromeó SooHyun-. Carga con la culpa.- Recriminó al maknae entre risas.

- Que malo eres, ¿Cómo es que Kiseop sigue bailando?- Señaló el maknae, al ver que el mencionado continuaba ensayando por su cuenta.

- Ya sabes como es.-

Los cinco chicos sentados en el suelo, mientras el sexto integrante continuaba con sus ojos puestos en el espejo, fijándose en cada mínimo movimiento. Una escena algo clásica, aunque hace algunos meses faltaba alguien más ahí.

- Al menos AJ solo estudia.-Suspiró DongHo.

- Eso es lo que crees.- Respondió Kiseop, deteniéndose finalmente, llevando a su boca una botella de agua.

Viernes. Las clases acababan. Hye y Raissa salían bajo la potente luz del sol, por lo que la segunda llevaba un sombrero y lentes oscuros, además de las distintas formulas bloqueadoras para protegerla, no debía ser descubierta.

- ¿Irás?-

- No, ¿Cuántas veces debo decírtelo?-

- Pero tu mamá tomará el turno de la noche, todo quiere que asistas a esa fiesta.-

- En primera no es mi mamá, y además es peligroso, ¿Qué haré si llega antes que yo?-

- Yo te cubriré, estarás de vuelta en casa a las doce de la noche.-

- Ok… Aceptaré.- Dijo para evitar la respuesta que ya conocía.

- Excelente.-

- Ahora, ¿Qué se supone que use?- Continuó, resignada.

- Según las invitaciones y afiches todo será ambientado según bailes clásicos reales, de tiempos lejanos, sombrío, vestidos largos y pomposos.-

- No tengo nada de eso.-

- Vamos a tu casa, algo podrás encontrar.-

La tomó del brazo y empezaron a caminar más rápido. Al llegar se encontraron con Rikka preparándose para el baile real, por lo menos tres personas arreglando cada detalle de su apariencia.

- Oh! Llegaste, Rikka se irá en unos minutos, yo me iré ahora, quiero que limpies toda la casa, acabes con la lavandería y prepares la cena para ambas.- Ordenó-. Por lo demás tú no tienes nada que hacer, no irás a ese baile, monstruos como tú no serían admitidos, ¿Qué podrías llegar a hacer?- Dijo-. Dejé algo para ti sobre el refrigerador, no actúes como salvaje.- Susurró, tan bajo que solo Raissa pudo oír.

- Ve en calma.- Respondió sin mayor cambio en su expresión.

Subieron las escaleras en silencio, entraron en la habitación de Raissa, ella corrió las cortinas y solo entonces se quitó los guantes y tomó un algodón para limpiar su rostro.

- Te trata como su empleada y tú actúas como una.-

- Le debo mi educación, alimentación y el simple hecho de vivir, es lo único que tengo.- Respondió como más de una vez antes lo había hecho.

- Eres demasiado buena.-

- No sabes lo que dices.- Susurró lamentándose de ser lo que era.

Raissa continuó desmaquillándose, mientras Hye daba vueltas por el lugar, revolviendo arriba y abajo en busca de algo que su amiga pudiese usar.

- Wow, es perfecto.- Tomó un vestido rojo, con vuelos blancos, algo antiguo.

- No sabía de él.-

- Tengo algo de magia.- Cerró un ojo.

- Déjame verlo.-

Lo tomó entre sus manos, sintiendo lo suave de las telas, el dulce aroma impregnado, recorriendo cada centímetro con sus dedos.

Tuvo un recuerdo. Su padre y ella a los cinco años, hablando, sobre ese vestido, era lo único que habían conservado de su madre biológica.

Sonrió, dándose cuenta de que el vestido tendría por lo menos unos cientos de años.

- Pruébatelo.-

Obedeció. Se alejó al baño donde la luz del sol entrando por la ventana le mostró frente al espejo su realidad, desvió su mirada. Se colocó el vestido, le calzó perfectamente, rojo oscuro, la piel de sus brazos descubiertos, brillando de blanca, sus ojos grises, sus labios pálidos, su cabello oscuro, todo creaba una imagen atractiva a los ojos de cualquiera.

Regresó a su habitación para encontrarse con la atónita mirada de su amiga.

- Perfecta.-

- ¿En serio?-

- Por supuesto, no te harás nada más, tu piel pálida y tu pelo sin peinar te hace lucir preciosa.-

- ¿Gracias?-

- Te esperaré abajo, en el auto de papá, se lo pedí para hoy.-

- Hye, hay un problema… Rikka.-

- Mmm… Puedo esperarte en la calle de atrás, pero ¿cómo llegarás tú?-

- Genial, estaré ahí, ahora vete antes de que ella suba.-

A empujones la sacó de su habitación. Hye bajó corriendo y salió de la casa, mientras sin que ella lo supiera la vampiro disfrutaba de una bolsa de sangre fresca.

Bebió lentamente, sintiendo los sabores, disfrutando cada mínima porción como siempre lo había hecho, al acabar sus ojos se tornaron rojos por un momento, para luego regresar a su brillante gris habitual, su piel se hizo más brillante y sus labios rojizos.

Se sintió lista y más segura de partir al ver a través de la ventana el sol descender, sonrió, era su momento.

Al sentir la puerta ser cerrada por su hermanastra y todo el lugar vacío, saltó por la ventana, subiendo hábilmente y en un solo movimiento al techo, vio a un lado y otro para corroborar que nadie la viera, luego dio un salto para llegar al techo de la casa trasera y desde ahí bajó a la calle.

Ahí estaba Hye y su auto, era una suerte que no se percató siquiera del espectáculo de acrobacias de Raissa.

- Dios mio, te ves aún mejor con los labios así.-

Sin responder al cumplido entró al auto y sonrió, la llegada de la noche le daba cierta seguridad, no era necesario ocultarse bajo la oscuridad, ella era su amiga.

- Cuando Rikka te vea morirá de envidia.-

- ¡Espera!- Gritó preocupada, dejando atrás toda la seguridad-. Rikka no debe verme, le diría a ella y eso es un problema.-

- Maldición, ¿no hay nada aquí que no sea un problema?-

- Te lo dije, no debo ir a esa fiesta.-

- Claro que si, déjame hacer unos pases mágicos en el portamaletas del auto.- Pidió antes de bajarse.

Raissa esperó por largos minutos mientras escuchaba el ajetreo en la parte trasera del vehículo, estaba nerviosa, si fuera humana su corazón saltaría y sus manos estarían sudadas y calientes.

- ¡Sorpresa! Tienes suerte, pruébatela.- Le extendió una peluca.

- No voy a usar esto, no es una fiesta de disfraces.- La recibió con desinterés.

- Pero casi lo es, además es la única forma en la que Rikka no te reconocerá.-

- ¿Solo una peluca?-

- Estará preocupada de otras cosas, la peluca lo hace más fácil.- Explicó-. ¡Pruebatela!-

Sin más opción Raissa se calzó la peluca, acomodándola luego para cubrir cada porción de su cabello oscuro. Ahora era una misteriosa pelirroja vestida de rojo.

- ¿No es demasiado rojo?-

- Te queda bien, te ves como una...-

- ¡No digas nada!- La detuvo descifrando el que la posible palabra a pronunciar fuera lo que realmente es.

La vampiro asistiría por primera vez a un encuentro de ese tipo, tan rodeada de gente, tan cubierta de miradas, si su corazón latiera lo haría a mil por hora, si de su respiración dependiera su vida, sería muy agitada.

La humana pisó con fuerza el acelerador esbozando una gran sonrisa, su alma se llenaba de felicidad con solo saber que podría ser una gran noche para su amiga, y si que lo sería.