Titulo: ¿Y para usted, caballero?
Autor: Doc. Gribouille
Capitulo 4: ¿Y si pasamos al desempanze?
La Srita. Luna Lovegood y el Sr. Ronald Weasley
Tienen el honor de invitarlo a su boda,
La cual tendrá lugar en el Castillo de Hogwarts, el sábado 9 de abril.
Era la centésima vez que Draco leía las tres frases, con la esperanza de ver cómo cambiaba el texto para entonces decir:
La Srita. Ginny Weasley
Tiene el honor de invitarlo a su entierro,
En el cementerio de la esquina.
Claramente, la asquerosa pelirroja nunca tendría la idea de plasmar estas palabras en papel rosa, con dos pequeñas palomas revoloteando felizmente, cargando entre sus patas unos anillos de nupcias. No, jamás en la vida haría eso…
«Pendeja», pensó Draco mientras se llevaba la botella de cerveza de mantequilla a los labios. La pregunta que surgía y resurgía en su cabeza era la misma: ¿Iba o no iba a esta estúpida boda?
Porque si sí iba, tenía que pensar en el smoking que se iba a poner. Y eso de dar un regalo a los novios… ¿Desde cuándo Draco Malfoy regalaba cosas a un pelirrojo y a una loca?
Por otro lado, si no iba, tenía que pensar en cosas que hacer para matar su aburrimiento…
Draco lanzó una mirada rápida a su departamento. Tenía clase, eso había que admitirlo. Demasiada clase, de hecho: todo era de acero inoxidable, no había ni una pizca de polvo, ni un objeto chueco. Era… Perfecto. La señora del aseo venía diario. ¿Y para qué? Draco sólo venía aquí en la noche y se volvía a ir temprano en la mañana. Cada dos meses se iba dos semanas a Europa o a Japón para visitar sus empresas.
De todos modos, no tenía tele, ni computadora, y aún menos Internet. Y se aburría increíblemente.
«Bueno, pues ahí se soluciona el dilema.», concluyó. Vació su botella y se levantó. Pero… ¿qué camisa iba a ponerse: la blanca de lino o la blanca de algodón?
OoOoOoOoOoO
«Su atención por favor. El tren proveniente de Paris, Gare du Nord, viene de arribar en el andén 21. Todos los pasajeros deberán bajar. Verifiquen que no olviden nada en sus asientos. Esperamos que hayan tenido un viaje agradable y les deseamos un buen día…»
Hermione Granger llevó su mano hacía sus ojos para protegerse del sol. Hizo unos pocos pasos en el andén, esperando ver en cualquier momento a alguno de sus amigos viniendo a recogerla.
"¡HERMIONE! ¿DONDE ESTAAAAS?"
Hermione no pudo evitar sonreír. Definitavemte, había cosas que nunca cambiarían.
"¡HERMIONE! ¡ESTOY HASTA EL FINAL DEL ANDEN!"
Hermione estaba dispuesta a apostar que el dueño de aquella voz la había amplificado mágicamente.
« ¡Imbécil! ¿Y los muggles?». Avanzó hacia la voz, tirando de una maleta gigantesca. Como había dicho, Harry se encontraba al final del andén, irradiando de alegría. Se precipitó hacia ella y la abrazó tan fuerte que a la pobre se le cortó la respiración.
"¡Me alegra tanto verte!" le decía Harry.
"¿Júralo?" le contestó la bruja, respirando de nuevo. "Espero que no te hayas estacionado lejos, mi maleta pesa muuucho!"
Le mostró su valija, llena hasta casi explotar. Harry estaba completamente seguro de que había empacado toda su biblioteca para estas vacaciones.
"Ehm… Este… Bueno, pues… Es que vine en metro… "
Si las miradas mataran, El-que-había-librado-al-mundo-de-El-que-no-debía-ser-nombrado habría muerto instantáneamente…
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Hermione no había cambiado en nada. Seguía siendo muy enérgica, muy curiosa y muy sabelotodo. Su cabello seguía siendo indomable. Pero así la quería Harry. Aprovecharon de la media hora de metro (aunque Hermione no paró de quejarse del calor que hacía, de que no había lugares, ni espacio personal, de que su maleta enserio pesaba mucho…) para ponerse al tanto de sus vidas.
Hermione era mágico-veterinario en zoológico mágico en Alemania. En lugar de jirafas, elefantes y rinocerontes, había Kneazles, Kappas, y hasta un dragón (que respondía al dulce nombre de Norberto). Era el primer zoológico de animales mágicos, y no hacía falta decir que era el lugar favorito de Hagrid. Y aunque el trabajo era cansado y requería valentía, Hermione lo amaba, y no había dudado ni un momento en dejar a sus amigos para seguir su pasión.
"Entonces, ¿cómo esta Ginny?"
Harry no le respondió, prefiriendo observar a los demás pasajeros…
"Hermione... ¿Es muy grave cuando una mujer se retrasa de una semana? " murmuró finalmente.
Hermione lo observó, sorprendida.
"¿Ginny te dijo eso?"
"Oí que se lo decía anoche a Luna. Y pues, me preguntaba si… Quería decir algo en particular, Si ves lo que quiero decir…"
"¿Y ya hizo alguna prueba o algo del estilo?"
Harry se encogió de hombros. No sabía nada de niñas. Bueno, mas que nunca debía besar a una niñas cuando llora (gracias a Cho Chang). Pero la perspectiva de ver a Ginny embarazada le daba nauseas. Nunca había imaginado que su relación llegaría tan lejos. Ni siquiera ahora.
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Había sido idea de Luna que la boda fuera en Hogwarts. Aunque éste estuviera parcialmente destruido, había sido reconstruido y formaba parte de las siete maravillas del mundo mágico.
Para la boda de Ron y Luna, una capilla había sido ideada, rodeada de una cama de flores multicolores, al igual que una gran carpa blanca que cubría las mesas. Todo había sido instalado cerca del lago, donde un nuevo Calamar Gigante habitaba, el original habiendo partido de un día para el otro para vivir en el mar abierto.
Nada de esto podía calmar a Ron, quien caminaba nerviosamente de un lado al otro del parque. La ceremonia empezaba en dos horas y ni Harry ni Hermione habían llegado. Lanzó una mirada asustada hacia los invitados. Vio que McGonagall, Snape, Dumbledore (con un asoleado muy marcado), Sprout y hasta Trelawney hacía parte de la fiesta. Esta última había anunciado a la pareja que «su futuro era claro: iban a ser un éxito aunque la muerte los iba a poder separar». Encantador.
Más lejos, una banda de pelirrojos no paraba de hacer caras. Molly Weasley parecía estar en el mismo estado de nerviosismo que su hijo más chico. Los gemelos había prometido a su hermano un magnífico espectáculo de fuegos artificiales.
Pero ni Harry, ni Hermione, los testigos, habían aparecido. Las uñas de su mano izquierda fueron las víctimas de su nerviosismo. Fue entonces que algo llamó su atención. Algo rubio, en un atuendo beige, con estilo. Con pasos de conquistador, saludaba con un movimiento de cabeza a quienes conocía, y seguía su camino… hacia Ron.
"¡Buenas, Comadreja!" lanzó.
"Hurón" respondió Ron, apretando los puños.
"Te deseo mucha felicidad… Oye, y ¿qué le diste de tomar a Lunática para que aceptara casarse contigo?"
"Cállate Malfoy" escupió Ron, rojo de rabia.
"Despacito, te recuerdo que soy tu invitado… Entonces nos calmamos… Oye, y ¿no está por aquí, el querido desfigurado?"
Ron casi se le echa encima. Darle un golpe en la cabeza a Malfoy le hubiera hecho mucho bien. No entendía cómo Harry pudo haber tenido una conversación normal con este estúpido hijo de Mortífago.
"Te advierto, Malfoy," dijo Ron muy bajito, en un tono amenazador, "si intentas arruinar o hacer desmadre en mi boda, me las arreglaré para arruinar tu vida… ¿Entiendes?"
Draco Malfoy sonrió altivamente y dio la media vuelta.
"Muy bien, comadreja, ya tienes más confianza en ti mismo… "
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"Por los poderes que me son conferidos, los declaro Marido y Mujer, unidos por los lazos sagrados del matrimonio."
Draco no escuchaba nada de lo que el mago casamentero estaba diciendo. Estaba muy ocupado en espiar a Harry y a Ginny. El primero lloraba de alegría, y la segunda, viendo la emoción del moreno, le pasó un pañuelo, con el cual Potter se sonó poco elegantemente, con un ruido solo comparable al que hace un elefante.
Draco se moría de los celos. No había puesto nada de atención a la ceremonia que unificaba a aquellos dos locos frente a Merlin. Estaba planeando la pronta muerte de Potter y de la Weasley hembra. De repente, algo cayó en sus manos, era nada más y nada menos que el ramo de flores de Luna.
"Están todos invitados a la futura boda de Draco!" bromeó alguien.
Porque, en el mundo mágico, como en el muggle, el que atrapaba el ramo de la novia sería el próximo en casarse. Draco fusiló con la mirada a Luna Weasley, y deseó fervientemente hacerle tragar su maldito ramo. Pero vio, en su visión periférica, a Harry Potter estallar de risa y levantar su pulgar en dirección del rubio, significando victoria.
Ron invitó a todo el mundo a reunirse en la pista de baile, donde los Black5 (un nuevo grupo, de moda en el mundo mágico), iban a dar un pequeño concierto.
Draco observó cómo Ginny tomaba la mano de Potter amorosamente. El rubio arrancó delicadamente cada uno de los pétalos del ramo. Cuando alguien obstruyó su campo de visión, el cerebro de Malfoy se puso en alerte roja. Conocía muy bien ese perfume repugnante. Pero, por más que buscara en su memoria, no podía asignarle cara.
"Draco! ¿No te acuerdas de mi? Soy yo, Nadia! Salimos juntos, ¿te acuerdas? A cenar!"
"Ah si… me acuerdo perfectamente… Perdón, tengo que…" intentó decir Draco, antes de tratar de darse a la fuga.
«Por piedad, ¡ELLA NO!» imploraba el Slytherin. Las lágrimas empezaban a llenarle los ojos: el perfume comenzaba a asfixiarlo. Intentó desparecerse, eclipsarse de la vista de la mujer, pero Nadia lo tomó del brazo y decidió quedarse a su lado por el resto de la jornada. Draco había perdido de vista al duo Potter/Weasley. Rogó a todos los dioses que un rayo le cayera a la estúpida esta en la cabeza.
"Y… qué carajos… digo, ¿qué haces aquí?" le preguntó amablemente a Nadia, buscando desesperadamente una cabellera color negro azabache entre el gentío.
"Soy colega de Ron!" excalmó, como si fuera obvio. "Confieso que al principio no quería venir… Toda esta gente desconocida! Pero tú también estás aquí Draco… El destino la está jugando por nosotros…"
Draco cesó de escanear la fiesta y se volteó hacia Nadia, la garganta se le había secado en un santiamén.
"¿El destino?"
Nadia movía sus pestañas tan que Draco creyó que de un momento a otro, la mujer iba a despegar, estilo helicóptero.
"Veamos, Draco," le murmuró, "me entendiste bien… Desde el día en el que nos conocimos, supe de inmediato que nuestras vidas se iban a enlazar…"
« ¿Enlazarse?», se preguntaba Draco, sus ojos volviendo a escanear la muchedumbre. Súbitamente los vio. Ahí estaban. Y, como siempre, la gata de Ginny andaba colgada del cuello del moreno. Le iba a dar un ataque, de eso estaba seguro.
Pero algo le impidió seguir acechando a la parejita. Bueno, alguien: una mano llena de uñas de color rojo lo tomó de la barbilla y lo obligó a mirar un par de ojos azules.
"Bésame…" le ordenó Nadia.
Estaba muy cerca… Demasiado cerca. La mujerzuela había atrapado las manos de Draco, quien veía venir su hora final y las había colocado en sus caderas. Acto seguido, se acercó peligrosamente al rubio y aplastó sus labios rojos sobre los de Draco. Quien se asfixiaba. Quien contaba sus segundos. Quien hacía su testamento.
"¿Draco? ¿No nos presentas? Oh, Dios mio…"
Nadia se separó de Draco, este último completamente atónito y nauseabundo. Harry contemplaba al joven Sllytherin, creyendo seriamente que éste había perdido su sentido común.
"¿Acaso estás loco?" comenzó el moreno…
Nadia pareció reconocer en Harry al mesero que se había burlado de ella a causa del agua suiza, ya que su siguiente movimiento fue apoderarse del trasero de Draco y pellizcarlo fuertemente, como para marcar su territorio… Bueno, más bien como diciendo «Esto me pertenece y si, de pura casualidad, te importan tus pelotas, no lo toques.».
"Le presento a mi novio…" ronroneó Nadia.
La boca de Potter se cerró herméticamente en un santiamén. La imagen de Nadia desnuda le era insoportable. Se dio cuenta de que Draco le estaba lanzando miradas suplicantes, del estilo « ¡Ayuda! Esto es un atentado contra mi vida». Harry entendió el mensaje, y, acto seguido, tomó al rubio del brazo y lo forzó a despegarse de Nadia-el-chicle.
"¡¿Qué ? Galletita de mi corazón, ¿me estás engañando con ella?" exclamó Harry.
Nadia paró de masajear el trasero de Malfoy y se volteó hacia el que había sido el blanco de Voldemort. Parecía que sus cejas eran inexistentes de tanto que se confundían en el cuero cabelludo. Draco también dejó de hacer lo que estaba haciendo, y eso era intentar separarse de la morena. Su expresión era hilarante: los ojos redondos como monedas miraban sorprendidos a Potter.
"¡Ya estoy harto!" gritó Harry jalándose el pelo, "Primero me engañas con Leia, después con Sonia, ¿y ahora con ella? Draco, mi amor de mi vidita de todos los días, ¡esto se acabó!".
Draco se preguntó súbitamente si alguien había puesto un poco, o mucho, alcohol en el jugo de calabaza. Harry debía haber perdido todos sus tornillos para andar haciendo tales declaraciones.
"Draco…" cuestionó finalemente Nadia, mientras se alejaba del rubio, "no me habías dicho nunca… que… en fin… que… te… gustan… los… hombres…"
Draco abrió la boca para protestar, pero una mirada esmeralda lo convenció de lo contrario: de mala gana (bueno, tal vez no de tan mala gana), Draco tomó el partido del chef. El efecto fue inmediato: Nadia se disculpó diciendo haber visto a un colega al cual era imperativo que fuera a saludar, nos vemos pronto, adiós.
Cuando desapareció del campo visual de los hombres, Harry estalló en risas. Draco dejó entrever una pequeña sonrisa, pero se recuperó rápidamente.
"-Jódete, Potter.
-¿Qué? Pero, ¡en fin! Acabo de salvarte la vida! -le respondió un Harry medio sorprendido.
-Podía perfectamente arreglármelas yo solo.
-¡Tu solo! Te recuerdo que tenías una sanguijuela pegada a tus pompas.
-No te pedí que fueras mi caballero en armadura dorada, Potter.
-Hubiera sido tu caballero en armadura si tuvieras largas trenzas rubias, los ojos azules, las mejillas rosadas, un busto prominente y si te pudiera llamar Princesa Draco…
-Caballero Potter… ¡ja! Déjame reír. ¿Tu hermoso corcel sería Granger, y tu fiel compañero Weasley?
-No los metas a la conversación…"
Drago soltó una carcajada. Se sentía de un humor especialmente arrasador.
"-De hecho, no me habías dicho que salías con una doncella! La Weasley, además. No la vayas a engordar mucho porque sino la vas a confundir con su madre…"
Vio cómo los puños de Harry se crispaban. Draco andaba desatado.
"Y dime, tu casa es lo suficientemente grande para contener a la prole Potter… Seguro no ven la tele en tu casa, y hay que ocupar las noches…
-La tuya, Malfoy… -lanzó Harry, rojo de ira.
-Alguna vez escuché que la familia más numerosa contaba con quince hijos… ¿Estás intentando romper el récord?
-CALLATE MALFOY! ¡CALLATE, CALLATE, CALLATE!
Draco cerró el pico. Potter estaba verdaderamente enojado. Este último intentó calmarse, pero sus ojos emanaban una rabia fría y un profundo disgusto.
"Creía que habías cambiado, -murmuró finalmente-. Creí que eras más simpático. Fue por eso que te invité a la boda. Era importante para mí. Era la filosofía de Dumbledore: dale una segunda oportunidad a todos. Pero me doy cuenta de que no has cambiado, Malfoy… Eres igual de pendejo que cuando estábamos en Hogwarts… Es una pérdida de tiempo estar contigo."
Malfoy miró a Harry dar la media vuelta e irse. Y, por un avez, el Slytherin se sintió mal… culpable.
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"¿Todo bien, Harry?"
Harry, sentado en el sillón de la sala, veía un album de fotos. Era el famoso album que Hagrid le había dado en su primer año en Hogwarts. A pesar de que había memorizado todas las fotos, para él era un verdadero confort verlo y volverlo a ver. Y cuando Hermione lo cachó con el álbum entre las manos, supo de inmediato que algo no andaba bien.
"¿Harry?"
El joven levantó la mirada hacia Hermione y le regaló una inmensa sonrisa.
"-¿Te acuerdas de nuestras reuniones del Ejercito de Dumbledore en quinto año? En esa época, creíamos que nuestras reuniones eran secretas, cuando en realidad, todo mundo sabía de ellas…"
Harry sonrió ligeramente, pero una sombra vovlió a cruzar su cara.
"-Es por Malfoy, ¿Verdad?
-En verdad creía que había cambiado. Pero en realidad, Malfoy es igual de arrogante, de presumido y de irritante que antes.
-No creo… -murmuró ella al tiempo que una extraña sonrisa se apoderaba de sus labios.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Creo que está… celoso.
-¿Celoso de quién? –inquirió Harry, mirándola con los ojos redondos como platos.
-De ti, Harry.
-¿Qué? Pero no… ¡No es posible!
Hermione asintió de un gesto grave.
-¿Ya ves? Hasta tú estás dudando. Ginny me contó de su episodio con Draco. Enfureció cuando supo que salías con ella. Es por esa misma razón que se portó asi en la boda.
-No me gusta Draco Malfoy –declaró Harry-. No hay nadie más que Ginny, a quién amo con todo mi corazón.
-Para ya de mentir, Harry. Tú fuiste el que me dijo que estaba contento de haberlo vuelto a ver… Y le contaste a todo mundo que te había gustado desayunar con él."
Harry observó pensativamente la portada del album. No podía negar que le gustaba estar con Draco. Pero de ahí a enamorarse de su antiguo enemigo… Eso ya era sintonizar a Romeo y Julieta.
Pero, ¿cómo explicar entonces las miradas 'casuales' que le había lanzado al Slytherin en el restaurante? ¿Podía acaso negar que soñaba con él todas las noches? ¿Y que su corazón se aceleraba un poco nada más de verlo…?
Harry amortiguó un grito de desesperación y de impotencia entre sus manos.
¿Y Ginny, entonces? La quería… mucho. Eso era todo. No era ella quien hacía latir su corazón a mil por hora, tan fuerte que por poco se sale de su pecho. No hubo ningún efecto como de cine cuando la besó por primera vez. Nada.
Se dio cuenta de que estaba perdidamente enamorado de Draco Malfoy.
Harry Potter tomó entonces una decisión. Se levantó de un brinco, salió de la sala, agarró su chamarra y abrió la puerta, dejando tras de sí a una Hermione que ojeaba tranquilamente el álbum de fotos, la sonrisa extraña volviendo a apoderarse de sus labios.
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Harry corrió hasta el metro. Vio de manera rápida el enorme reloj que colgaba en una de las paredes. 19h48. Todavía tenía tiempo. Bajó a toda velocidad las escaleras eléctricas y subió al metro que llegó justo a tiempo. Observó el plan del metro. Tres estaciones más. No podía estarse quieto. Al fin arribó a su destino. Salió de volada del metro, evitó a la abuelita que le impedía el paso y subió hacia la superficie.
Llegado al aire libre, recibió en su cara una tormenta espantosa. Mentando madres contra el clima inglés, corrió por las calles londinenses hasta llegar a cierta cuadra situada en Kensigton Road. Cuando encontró en número doce, maldijo y tocó a la puerta. Se necesitaba un código. ¿Cómo iba a entrar?
Un rayo de genialidad atravesó la cabeza de Harry. Sacó discretamente su varita y murmuró «Alohomora». Oyó cómo la cerradura se abría y entró en el edificio, empapado de la cabeza a los pies. Habiendo visto que Draco vivía en el cuarto piso, en la puerta 26, se lanzó hacia el elevador y apretó frenéticamente sobre el 4. La puerta se cerró y el elevador subió despacio.
«Ding!»
Harry atravesó el pasillo en pocos pasos y, al llegar al 26, emprendió la laor de hacerse más presentable. Y tocó a la puerta.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Golpeó levemente sus dedos contra la puerta.
De nuevo nada.
Oyó una puerta abrirse detrás de él, y vio a una mujer rubia que le sonreía.
"-¿Puedo ayudarle? -le preguntó a Harry.
-Si… Draco Malfoy…¿Está?
-Oh! Se acaba de ir. Se fue de vacaciones… A Paris, creo…"
