Mañana sin falta (te quedas sin esposa)
Por Katsumi Kurosawa
Capítulo 2
El instructor de Piano
Ella abrió los ojos. Su querido esposo dormía como un bebé a su lado.
Lo observó por un rato. Sus rasgos armoniosos suavizados por sus sueños, su cabello castaño, su naricita… Los sutiles músculos que se marcaban en las transparencias de la camiseta que portaba, su delicado perfil, los preciosos ojos marrones que en aquel instante estaban sumergidos en la obscuridad de sus sueños.
Era muy atractivo. No era una aberración haberse fijado en él, de cualquier manera. Pero así como era bien parecido, también era un desgraciado hijo de…
Aún su brazo extendido indicaba que la abrazó toda la noche. ¿Por qué lo hizo? ¿Un signo de ternura o de propiedad?
Ya ni siquiera conocía a ese chico.
A sus veintitrés años era ya la súper estrella del Real Madrid y habían tenido que mudarse de Japón…
Tenía tantos contratos con marcas reconocidas para hacer comerciales. Hasta a ella le ofrecían trabajo por ser la esposa del gran jugador Asakura…
Salió de sus pensamientos antes de decir el nombre de su esposo en voz alta porque el susodicho había hecho un ruidito como si estuviera apunto de despertar.
Tomó un baño, se arregló. Salió.
No quería encontrarlo despierto.
Él debía pensar que ella estaba furiosa porque se le olvidó el aniversario.
Se metió a su coche y manejó hasta la casa de uno de los compañeros de equipo de su querido esposo.
Tocó el timbre de la lujosa casa.
— ¿Anna? –susurró el joven de los ojos ambarinos cuando abrió la puerta y la encontró parada con la cadera ladeada y un cigarrillo en la mano.
— ¿Puedo pasar? —le dijo seria y el joven le hizo un ademán para que entrara.
Ella no esperó el permiso y se sentó en uno de los ostentosos sillones de la sala
El joven estaba listo ya para ir al entrenamiento de Football soccer, con sus maletas y todo.
—Tu sabes tocar el piano ¿No es así, Ren? —musitó y besó su cigarrillo para luego expulsar el humo elegantemente.
—Sí… —pasó su mano por el cabello violáceo sin saber que demonios pretendía la esposa de Asakura.
—Quiero que me ayudes en mi venganza, Tao Ren…
—Así que ya sabes de… ella —sonrió y miró hacia un lado.
Anna levantó una ceja y tomó más humo de lo común de su cigarrillo y lo mantuvo más tiempo en sus pulmones para luego expulsarlo muy, pero muy suavemente.
—Siempre lo he sabido pero quería engañarme a mi misma—respondió suspirando como si no le diera importancia al asunto— ¿Qué sabes de ella? —le preguntó sin gota de emoción ni en su cara ni en su voz.
—Pues… nada… yo sólo los vi un par de veces —dijo sincero mientras continuaba con esa sonrisa sarcástica—Creo que ella ni siquiera sabe que él es futbolista, me parece que es Chef y lo conoció en un Restaurante.
Ella cerró los ojos mientras disfrutaba como el cigarrillo ysus componentes entre ellos el alquitrán y tabaco, tranquilizaban aparentemente su ser aunque a un alto precio.
—…Ah con que no sabes nada –musitó sarcástica.
Miró al techo. No podía reprocharle nada al chino. No era de su incumbencia pero ahora… lo sería.
—Quiero que me ayudes a vengarme —pronunció con una sonrisa cruel—. Quiero "Lecciones de piano"
El chico Tao levantó una ceja y se cruzó de brazos.
— ¿Y qué gano yo con eso? —susurró puesto que había entendido perfectamente que Anna se refería a que le ayudaría a que el Asakura creyera que la joven rubia tenía un amante y en el peor de los casos, él.
—Ser el capitán del Real Madrid —su sonrisa satisfecha era imborrable—: él se quedará pensando y las dudas harán efecto cuando esté jugando así que la calidad de juego será dudosa. El entrenador decidirá que alguien más apto debe ser el capitán y sabes que eres tú. Puedo pagarte si gustas…
Tao se quedó pensando. Era una muy buena idea y desde un principio el debió haber sido el capitán, eral el mejor… pero ese Asakura y su sonrisa confiada…
—Muy bien —curvó sus sensuales labios mientras miraba los preciosos ojos negros de la rubia fijamente—Tenemos un trato —y le ofreció la mano para estrecharla.
—Esta tarde, cuando regreses del entrenamiento, te espero en mis casa… llega lo más deseable que puedas —se levantó y se dirigió a la puerta diciendo adiós con su mano.
Ren bufó entre divertido e indignado ya que no podía ser más deseable, lo era demasiado. Pero qué ego…
Eran las ocho y media de la mañana. El esposo modelo ya no estaba allí porque su entrenamiento comenzaba muy temprano.
Así que se dedicó a embellecerse.
Se ató una coleta alta. Sabía que a su querido esposo le gustaba que su cuello estuviera lo más descubierto que se pudiera. Según él, su cuello era muy sexy.
Se puso aquel embriagador perfume de Channel, que él adoraba. Además, ella era la imagen del perfume de esa temporada, gracias a la fama de su marido y su apariencia singular, cual modelo que no es la belleza que está de moda.
Siempre fue actriz de películas, ahora gracias a su flamante cónyuge, tenía el contrato con el Shampoo más caro del mundo. La crema corporal más cara del mundo, el labial más caro y hasta la mascara más cara del mundo.
¿Qué importaba?
Se colocó el sensual vestido de lycra negra, maravilloso y corto, simplemente suculento.
Sus ojos delineados discretamente y el gloss de sus labios resaltaban su belleza.
Tanto corría el tiempo que y eran las seis de la tarde. Él regresaría de su entrenamiento, pero calculando que compraría un regalo de emergencia para disculparse, eso le tomaría una media hora más.
Un mensaje de su esposo en su celular la hizo sonreír. Decía que tenía otra junta en el equipo para elegir la nueva posición de un jugador recién adquirido de Nueva York.
¿A quién quería engañar? No sabía que regalo elegir y le quería dar una tonta sorpresa para compensar su error.
El timbre sonó dejando ver al sensual chico en la puerta quien con una vestimenta china resaltaba de lo interesante. La miró con sus lindos ojos ambarinos y su sonrisa sensual.
—De todas maneras siempre quise aprender más de lo básico —le dijo ella en lo que lo condujo al piano de la casa el cual había comprado hacía mucho y en momentos aislados practicaba.
Estaba en uno de los solitarios cuartos de la casa del matrimonio Asakura. Era hermoso y sin duda caro.
Ren se sentó frente al instrumento y comenzó a acariciar las teclas digitando una maravillosa melodía, sólo para medir el sonido melancólico del piano.
El interesante joven suspiró deteniéndose.
—Sé sólo un poco pero necesito que me dirijan ya que tengo muchos errores —le dijo la rubia sentándose a su lado—. Es bueno que nos estemos dejando llevar por la música, así será mas creíble.
Ninguno de los dos sentía atracción por el otro. Aunque admitían que tenían ambos una imagen singular.
Él era ambicioso, ella vengativa y ahora tocaban juntos Para Elisa del maravilloso Beethoven
—Es cierto. Te falta mucha práctica —dijo él sincero—, Pero para eso estoy aquí…
El coche del hombre de la casa se escuchó, aunque suave.
Ella se deslizó ligeramente en la banca del piano a lo que Ren sonrió. Estaban tan descaradamente cerca…
—Creo que en vez de ser delantero del Real Madrid, debería ser un actor de películas, como tú —le susurró a la chica—, ahora, que comience la actuación.
El castaño giró la perilla con suavidad.
Había hecho lo posible para no hacer ruido y sorprender a su querida esposa.
Mas las luces apagadas lo dejaron perplejo y por un momento pensó que ella no estaba en casa.
Recordó que el auto de la mujer estaba afuera, y notó que había otro más ligeramente retirado.
Frunció el ceño. No parecía el auto de una mujer y no pudo evitar sospechar aquello de lo que él era culpable.
—Kopperia no Hitsugi —cantó la chica dentro del solitario salón en donde se hallaba el piano y él estaba cerca.
Aquella maravillosa voz que tenía la mujer tan sólo acarició su audio y le hizo reaccionar.
Sus divinos ojos marrones se clavaron en el pasillo mientras que dejó el regalo improvisado que le llevaba a su pareja en una mesita, el cual compró caro ya que no tenía el valor para disculparse (quizá era el orgullo) o es que no lo había hecho en su vida.
Cuando estuvo tras la puerta, el piano hacía un solo excelente a lo que el Asakura supo que no era la rubia puesto que tocaba algo inexperta.
Aquello hizo que su puño se cerrara y aquella filosa sensación apareciera en su pecho.
Giró suavemente la perilla y se asomó para encontrar a Tao Ren tocando con suavidad el piano y a su mujer al lado quien cantaba acompañándolo en lo que podía.
Parecían muy juntos y ella muy feliz.
Aquello fue como patearle el hígado. Abrió la puerta algo torpemente para que se percataran de su presencia.
Anna se giró bruscamente y se levantó de su asiento temblando, algo nerviosa.
Debía ganarse un Oscar…
—AH… amor, llegaste, creí que tendrías una junta… —susurró con los ojos descoloridos de la falsa sorpresa.
El castaño cerró los ojos y sonrió. Trataba de ocultar su coraje puesto que la reacción de su mujer no fue precisamente un pastel, sino una razón para sospechar.
Y el Oscar es para… ¡Anna Kyouyama! Mejor actriz, protagónico y descarado…
— ¿Junta?—susurró Ren levantándose perfectamente tranquilo y dirigiéndose hacia el castaño—. Sé que eres el capitán pero no había ninguna junta…
—Pero me dijiste que no ibas a ir a ella —la rubia se dirigió al chino.
—No, sólo quería no herirte —susurró sonriéndole a Anna como si le coqueteara evidentemente—. Ya deja de mentirle —sus últimas palabras fueron dirigidas al furibundo chico a lo que él hizo una mueca de molestia.
—Quería darte una sorpresa —se dirigió a su mujer intentando sin éxito suavizar sus facciones.
—Ayer tampoco hubo una junta —susurró el chico y se despidió con un ademán de la joven y retirándose de la casa.
— ¿Qué hacía ese aquí? —susurró con dificultad el moreno conteniendo sus ganas de perseguir a Tao y darle muerte.
—Me enseñaba piano —parecía mentira.
—Tú ya sabes tocar —levantó una ceja.
—Sabes que me gusta ser dueña de las cosas por completo y si no puedo dominar algo que quiero, me pongo muy rencorosa… —aquel tono en su voz fue lo único que no actuó en toda la noche.
Al moreno le dieron escalofríos.
—Que raro, creí que estabas enojada…
El plan iba a la perfección. Él pensaba obvio que ella tenía un amante porque sino, seguiría actuando molesta… si no tuviera un delito.
Ya sabía que ella estaba peor que furibunda cuando no la encontró por la mañana.
Sin embargo ella sonrió media burlona y se fue a la sala a mirar la televisión.
Un comercial de su querido esposo paso en el acto. Este la miraba desde detrás del sillón en el cual estaba sentada.
—No confío en Tao —le dijo sincero—. Le gustas, Anna.
—Estás paranoico —el tono de ella dijo: "Ya lo sé, de hecho somos amantes y me acosté con él antes de que llegaras".
El muchacho tan sólo calló y se dirigió a su habitación para dormirse y sacar de su cabeza esos celos incontrolables.
Continuará.
Notas del autor:
Sigo sin saber quien es este Asakura. Las votaciones dicen que debe ser Yoh, algunos alegan que debe serlo porque ya están cansados del YohXAnna4ever (Bueno eso entendí). Cuando tenga veinticinco votos lo decidiré xDDDD
Hao tiene cerca de tres (hasta lo que he leído) votos contra cinco de Yoh (descalifico el tuyo pato-kun porque siempre quieres joderle la existencia al de los audífonos porque sabes que lo adoro [pero que crees, tb adoro a Hao xDDD, lo siento amor xD)
La sonrisa confiada puede ser de los dos. Tonta como la de Yoh, o autosuficiente como Hao.
Sin embargo algunos aseguran que es Hao por lo de la ropa de encaje rojo. xDD bueno, eso no lo pensé con intención de insinuar que sería Hao, si no que a Anna le queda muy bien el rojo o.o
¿Qué personalidad le quedaría mejor al fic?
Bueno…
Nos vemos en el siguiente cap, no sé cuando revelaré quien es, si lo piden será más pronto de lo que creen…
Ciao
Y que los ilumine la eterna luz!!!!!!!!!!!!!
