Mañana sin falta (te quedas sin esposa)

Por Katsumi Kurosawa

Capítulo 9

Olvidarse de él

Cuando Yoh abrió la puerta no tuvo ni la menor sospecha de que la rubia se le arrojaría encima y se aferraría a su cuerpo llorando amargamente.

Lo ama, pensó dolorido mientras empujaba la puerta y tomaba a Anna entre sus brazos, fuerte, muy fuerte.

La joven no paró de llorar en todo el día. Cada cosa le recordaba a su aun marido… desde los colores y las sombras, desde las cosas que nada tenían que ver, hasta las que sí, como la cara que tenía Yoh Asakura, idéntica a la de él…

Los brazos del menor de los gemelos fueron pacientes, no pedían nada, daban todo, y ella simplemente los recibía con agradecimiento.

—Te juro que es ahora cuando tengo la necesidad de los labios de mi marido… —susurró cuando estuvo más tranquila, mirando los ojos marrones de Yoh.

Él sólo sonrió algo triste. Sabía que aquella incoherencia que acababa de decir la rubia era tan cierta como que dos más dos son cuatro.

—Lo que duele mucho es el hecho de que no los tengo, hace mucho que no los tengo… y no quiero ir a por ellos —aquel susurro frío y a la vez sentimental, hacían que Yoh acariciara la delicada cara de la actriz en busca de trasmitirle su amor.

Anna lo miró fijamente. Era como él… tan atractivo, casi hecho a mano con esos hermosos ojos marrones, dulces profundos. Aquellos labios tentadores y sus manos eran dignas de ser invitadas a acariciarla completa.

Como Hao Asakura.

Yoh la miró con ternura. Esa fue una diferencia evidente talvez, pero en ese momento Anna sólo estaba hipnotizada por las facciones de Hao Asakura en su rostro como para notarlo.

Se acercó atraída por el hombre que amaba. Yoh se quedó estático viéndola acercarse a su boca… sus labios tocaron los suyos y él no hizo más que perder la cabeza por aquella mujer que le hacía perder la noción del tiempo.

Eran tan dulces… los labios que hacía años no probaba…

El castaño le abrazó con más fuerza, como si ella fuese a esfumarse en ese instante. Tomó aquellos labios, bebió de ellos… simplemente sublime.

—Perdóname… —musitó cuando soltó los necesitados labios de su acompañante— No fue mi intención… confundirte así…

—No hay problema —la voz de Yoh sonó tranquila— A estas alturas, puedo ser lo que tú quieras con tal de que seas feliz…

………………………

A dos meses del incidente, los medios no se habían enterado de que Anna Kyouyama ahora vivía en la casa de Yoh Asakura. Tampoco sabían que a Hao le había llegado el primer citatorio del abogado de la Kyouyama.

No lo sabían ni que ese mismo día, ambos se miraban las caras en lo que los abogados hablaban.

Hao parecía desmejorado. Según las noticias había dejado de ser el capitán del real Madrid a petición propia. Tao Ren era el capitán ahora.

Los abogados discutían arduamente.

La sesión no acabó bien… y una nueva cita fue acordada.

Al salir de la sala, Yoh esperaba a Anna y esta simplemente se dirigió a sus brazos. Aquel abrazo, a los ojos del mayor de los gemelos, había sido prueba suficiente de que ellos eran ahora más que amigos aunque no era así realmente.

—Anna es mía, nunca te la cederé—le gritó Hao pálido de ira, a su gemelo quien se sobresaltó con aquel arrebato—Fui el primero… y seré el último.

Yoh ocultó su mirada en la sombra que formaba su cabello. Tomó fuertemente la mano de Anna, quien estaba igual de sorprendida.

—En engañarla —terminó la frase dándose la vuelta y dejando a su hermano con la palabra en la boca, casi pavoneándose con la mano de Anna unida a la suya.

El corazón de la mujer estaba acelerado por semejante muestra de afecto por parte de Yoh hacia ella. Había sido algo brusco el encuentro pero a ella le pareció halagador.

Cuando llegaron a la casa del castaño, ella sólo pudo notar que el humor de este parecía haberse terminado, cosa increíble, que aquella sonrisa gentil desapareciera.

La rubia se limitó a ver la tele en lo que el timbre sonó. Sus ojos negros recorrieron la estancia y pudo notar que Yoh corrió a abrir la puerta.

¡Yoh! —escuchó la voz femenina y armoniosa que provenía del pórtico.

¿Qué fue lo que te dije, Tamao? —suspiró el castaño.

Anna se acercó a escuchar lo que ambos conversaban. Espió hacia la puerta y pudo ver a la pelirosada aferrada al pecho de Yoh en un abrazo dolorido.

—No quiero… no quiero alejarme de ti… —dijo por fin la niña, con una voz quebrada—No es justo… sabes que yo… yo sí…

Yoh atinó a abrazarla fuerte. Aquello provocó en la rubia un sentimiento amorfo, frío y talvez filoso.

—Pero Yoh… creí que cuando viviera aquí contigo…

—Te lo expliqué ese día cuando fuimos a cenar… el día que vine a vivir aquí… —sonó exasperado, vio a los ojos a la pelirosada.

La niña lloraba. Le miró entre tranquila y dolida, sin soltarse de su abrazo, las lágrimas se escabullían en sus mejillas, pero se acercaba a sus labios peligrosamente.

Le besó.

Él la dejó…

Anna simplemente se sintió traicionada… pero cayó en la cuenta de que ella no era más que una amiga de Yoh, y que no tenía por qué sentirse así.

Pero sus manos temblaban dolidas. Sus labios también… como si el calor de su cuerpo se hubiese evaporado.

—Trataré de entenderlo… —le dijo ella finalmente—, porque te amo… trataré de entenderlo, que a la que quieres no es a mí…

Se fue. Yoh cerró la puerta con debilidad, se dio media vuelta y se encontró a Anna, pensativa, con una mano en la boca.

Aquello se tornó bochornoso. Él sabía que ella le había visto… y lo único que él le quiso probar a Tamao, era que nada sentía por ella, por eso el beso.

Una mirada desolada fue lo que Anna le regaló, mas se dio la vuelta y regresó a ver la tele.

Yoh se dirigió a su recámara con la idea de que ella no lo seguiría. Nunca lo hacía, dormían en cuartos separados y ambos procuraban no pararse en el dormitorio del otro. ¿Por qué? Por parte de Yoh, seguramente era el hecho de que si la veía sentada en la cama o algo así, acabaría haciéndole el amor en un par de segundos. Y las razones de ella eran desconocidas.

Los pensamientos fluían. Anna le vio… y eso no le agradaba… y estaba dubitativo en ello cuando la puerta se abrió sin delicadeza alguna.

Él, estaba recostado en su cama, tratando de calmarse para volver a darle a Anna su gentil sonrisa. La mirada de la joven estaba fija en él cuando pudo percatarse de que la puerta se abrió.

Yoh la miró sorprendido. Ella se acercó al inmóvil joven y se recostó con él, abrazándolo fuerte.

Los brazos del moreno atinaron a entrelazarse en la diminuta figura de la mujer.

—Quiero olvidarme de él… por favor… haz que me olvide de él —musitó contra el pecho de Yoh mientras este acariciaba su espalda con parsimonia.

Sus miradas se conectaron. Era como un acuerdo silencioso entre aquella pareja, uniendo sus labios con sumo deseo.

Yoh la tomó en sus brazos sin pensar que esa mujer le pertenecía aun a su hermano, ante los hombres puesto que el divorcio aun no estaba firmado.

Besó su cuello, sólo dejándose llevar por ese deseo incontenible de su persona ante aquella piel embriagante y dulce aroma.

Anna ladeó la cabeza tratando de darle un mayor acceso al chico de los ojos castaños.

Este le desabrochó el vestido de manera tranquila mientras ella disfrutaba aquel divino rose de las manos masculinas en su cuerpo frágil, enredada a su cuello, suspirando levemente.

¿Por qué lo hacía? ¿Por qué así de fácil?

El castaño buscó al tacto el broche del sujetador, sin perder la oportunidad de deslizar sus manos por la blanca espalda. Lo haló para revelar lo que escondía y besó la piel descubierta, como si llevara años deseando hacerlo, como si sólo hubiese vivido ese momento para eso.

Tomó sus bragas y las deslizó mientras besaba aquel abdomen femenino, mostrando la expectación de lo que en ese instante descubría.

¿Acaso ella lo había hecho por celos? ¿Celos?

Anna besó su cuello mientras desabrochaba la camisa del chico con premura. La deslizó parcialmente y se deshizo de aquel broche del pantalón que le estorbaba

Tómame… Fue el susurro de la rubia como una súplica inyectada en lascivia.

Él acomodó entre sus piernas y se deslizó sin preocuparse de algún daño que pudiera causar. Sabía que no le causaría, obvias las razones.

La mujer soltó un suspiro, mientras deslizaba las manos por la espalda de su amante tratando de retenerlo entre sus largas piernas.

Las embestidas del castaño se hicieron bruscas, cargadas de todo aquello que él se guardó antes.

Ella acariciaba la espalda del muchacho, besando lo que alcanzaba y el movimiento le permitía, sus hombros, su cuello, lo que le robaba suspiros a su amante improvisado.

Sus labios se encontraron nuevamente, pero había algo distinto en aquel beso que ahora compartían… aquel beso teñido de lujuria se había ido, ahora era algo parecido a la necesidad… pero la necesidad de saber si uno sentía el mismo amor por el otro.

Lo compartieron. Aquellos sentimientos mutuos se revelaron el las siguientes caricias que viajaron por sus cuerpos, el los besos que no parecían saciar la necesidad de los mismos, las envestidas armoniosas y profundas, los gemidos de satisfacción.

Un suspiro pesado se escapó de los labios del muchacho mientras con los ojos cerrados llegaba al éxtasis completo, arrastrando a la rubia consigo a aquel éxtasis.

Ella se arqueó, revelando su deliciosa voz por última vez en aquel acorde sensual.

Yoh se recostó a su lado, tomándola entre sus brazos, para que no huyera… para besarla nuevamente, para cuidarla y quizá… observarla dormir…

Continuará...

Notas del autor:

Ay por Dios xDDDD bueno en fin, es T pero no quiero abusar de la clasificación.

Ash!! Ya a unos capítulos del final! xD

He aquí el YohXAnna que me pidieron ñ_ñ las que no lo querían… no se preocupen! Creo que será todo el YohXAnna de este fic xD bueno, así de fuerte al menos (y eso que no lo fue tanto)

Muchas gracias por los reviews, se agradece que no hayan olvidado esta tonta historia xD

Gracias a:

Seyram Asakura, Annasak2, Mesic, Itako no Nardi, Penny Asakura Li, Naliamel, Melii y Flor440

xDDDDD me largo *--* ash!

y…

Que los ilumine la eterna luz *--*!!!!