Hola!! Ya regrese… después de la carrilla de la escuela, por fin tuve tiempo para escribir y subir un nuevo capitulO!! EsperoO qe lo disfruten!! Gracias por los Reviews!!

Majo Black:que bueno que te gusto el capitulo anterior! xD

Fanel Gril: esperoO qe te gustee!!

Kl4u: qe chido qe te gustoO!! Ii espera, después dabras qe le paso a Orik

Hao-yandrak: aki esta la continuación!!

Hany Blackswan: Ia veremos qe pasa con Aymie y Eragon. Y qe decisiones tomará Aymie para ser feliz!!


Du Weldenvarden

El Idioma Antiguo

Du Weldenvarden.- El Bosque Guardián

Gedwëy Ignasia.- Palma reluciente

Vodhr.- Título honorífico masculino de mediana categoría.

Svit-kona.- Titulo formal y honorífico para una elfa de gran sabiduría

Agaetí Blödhren.- Celebración del Juramento de Sangre

Zar´roc.- Suplicio

Andlát thiste.- Muerte fugaz


Como sus cálculos lo habrían predicho, al atardecer estaban cerca de Ceris. Eragon había notado que Aymie se ponía unos guantes de ceda. Aterrizaron peligrosamente entre los árboles. Aymie desmontó a Saphira y dijo con voz fuerte y clara.

-Salid hermanos míos! Soy Aymie de Ellesméra y los que me acompañan son nuestros amigos, Eragon y Saphira!- con una rapideza sin igual, varios elfos salieron de las entrañas de los árboles. Eragon se puso los dedos en la boca en señal de saludo.

Todos con armaduras, espadas y arcos. Una fila se hizo alrededor de los nuevos y recién llegados. Varios elfos empezaron a abrazar y saludar a Aymie, después se dirigieron a Eragon y a Saphira. Eragon alzó la vista para ver a Blasse. La dragona estaba tan excitada que le recordó a él cuando acababa de llegar.

Los elfos empezaron a bailar y a cantar en torno a Eragon. Dio las gracias por volver a escuchar aquel hermoso sonido. Los elfos empezaron a centrar su atención en Blasse. La dragona se movía de un lado a otro mirándolos. Aymie acercó a ella y dijo en el idioma antiguo.

-Ella es Blasse, no les hará daño- dijo pacientemente

La alegría irradió los rostros de los elfos. Se llevaron los dedos a la boca y ofrecieron reverencias delicadas a Blasse, Saphira y Eragon. A Saphira y a Eragon les sorprendió el hecho que Aymie no había mencionado que ella era el nuevo y tercer Jinete.

Entonces los elfos se empezaron a meter más adentro del bosque. Los invitaban a pasar con gestos. Blasse no se perdía de ningún movimiento de los elfos. Aymie al verla tan feliz sonrió. A esa altura los árboles dejaban que poca luz pasará. De vez en cuando rayos perdidos de sol atravesaban los huecos de las copas de los árboles. Eragon vio tres pequeñas cabañas apiñadas en torno a la base de un gran roble.

Tres elfos desaparecieron en las casa del roble para aparecer nuevamente con grandes charolas llenas de comida para los recién llegados. Eragon reconoció a Lifaen, Edurna, Celdin y Narí. Los cuatro elfos llegaron apresurados para saludarlos. Abrazaron con fuerza a Aymie y le susurraban cosas al oído, que por lo visto eran graciosas por que la elfa no dejaba de reír. A Eragon le fascinaba la risa de Aymie, tan pura y agradable.

Los elfos sacaron una enorme mesa de encino finamente tallada. A Eragon le sorprendió aquel acabado. En las cuatro patas de la mesa había un dragón, en la parte de arriba tenia tallados animales, elfos y dragones. Pusieron toda la comida en la mesa y todos se sentaron a comer y compartir un rato. Otros elfos cantaban y danzaban en torno a una fogata que habían hecho.

Eragon y Saphira estaban rodeados de preguntas y comentarios, de una viva conversación. De vez en cuando Eragon buscaba a Aymie para ver como estaba. Le sorprendió que estuviera tan viva y feliz con los demás elfos, iba de un lado al otro platicando con cualquiera que se le plantara enfrente.

Blasse y Saphira tenían mucha atención, los elfos no dejaban de alabar sus atributos, les hacían plática y las dragonas eran felices por tanta atención.

Eragon divisó a Aymie platicando con Narí y Lifaen. Los tres estaban hablando casi en susurro.

-Y el dragón blanco, es tuyo?- dijo Narí impresionado

-Si…- dijo cohibida Aymie

-Entonces, tu eres el tercer Jinete?- El asombro y la curiosidad llenaba el rostro anguloso de Lifaen. Aymie asintió. Eragon vio como sus mejillas se tornaban rojizas- déjanos ver la Gedwëy Ignasia- pidió. Aymie se quitó el guante derecho y dejó ver su palma. Los elfos estaban apunte de un shock de alegría. Aymie se volvió a poner el guante con delicadeza.

-Qué gran alegría para la reina, alguien de su cuna sea un Jinete!- exclamó Narí.

-Shhh!!- lo cayó Aymie- esto no lo debe de saber por ahora nadie! La reina debe de ser la primera en enterarse… este es un cambio radical y ella es la única persona sabia para manejarlo.

-Si, eso ya lo sabemos, pero bendita sea Islanzadí por tener a un Jinete en su familia!- el orgullo se reflejaba en las caras de los elfos.

-Es de mal gusto que otros se metan en conversaciones privadas- lo reprendió Saphira. Eragon apenado agacho la cabeza.

Un sonido de una campaña retumbo en el bosque, todos los elfos se sentaron para comer. La comida era deliciosa, así que Eragon y Saphira se hartaron. Un elfo alto y con el cabello plateado, alguien que Eragon no reconoció sacó un par de flautas y se puso a tocar, otro elfo mas bajo y de cabello negro empezó a cantar con una voz celestial.

Oh! Damos las gracias al cielo

De que nuestros hermanos

Y los poderosos dragones

Hayan regresado con nosotros

No temeremos mal alguno

Por que tenemos la bendición del bosque

Y de todos nuestros ancestros

El bosque entero

Se viste con su mejor atuendo

De lino fino y púrpura su vestido

Y la gran fiesta ha de empezad!

Los dragones abren sus alas con orgullo

Los elfos cantaremos y bailaremos

Sin dudar toda la noche

Y la gran fiesta ha de empezad!

Al terminar, los aplausos y los gritos de alegría llenaron todo el bosque. El elfo agradecido se sentó junto a Aymie y Blasse y enfrente de Eragon y Saphira.

-Ha sido hermoso, Alcathö- vodhr- dijo Aymie sin dejar de aplaudir.

-Oh! Gracias, ha sido solo una composición improvisada, Aymie-Svit-kona- terminaron de comer y varios elfos se pararon a bailar.

Bailaban rebosantes de gozo y con movimientos tan finos y delicados, que hasta a Saphira le daban ganas de bailar. La música, era otra cosa exquisita de la cual Eragon y su compañía disfrutaban. Eragon fijó su mirada en la fogata, parecía que tenía vida propia y bailaba en compás de los elfos.

Eragon distinguió una figura que bailaba estupendamente bien, tenía movimientos elegantes pero a la vez eran salvajes y puros. Su cabello era muy distinto al de los demás. En vez de tenerlo negro o plateado lo tenía de un castaño sin igual. Eragon quedó hechizado por la manera de bailar de aquella figura, pero no identificaba quien era. El lugar donde estaba bailando estaba muy poco iluminado por la fogata, y todo el bosque había quedado en una oscuridad aterciopelada. El personaje se percató que Eragon lo miraba y se empezó a acercar. Cuando ya estaba cerca de él la sombra cubrió su cara.

-Quieres bailar?- su voz era tan peculiar y conocida ya por Eragon. El singular bailarín no era nadie más que la propia Aymie.

-No sé, soy muy torpe con los pies…- se disculpó Eragon. La última vez que había bailado había sido en el Agaetí Blödhren, bajo el hechizo de su transformación; cosa que no lo hacía al cien por ciento consiente. Aymie dejó ver su cara. Si Eragon no la hubiera visto tan enferma el día anterior no hubiera pensado que estaba enferma. Se veía sana y su aspecto había cambiado notablemente.

-No importa, ven- lo agarró de una muñeca y lo jaló hasta la fogata.

Ahí Aymie empezó a bailar como los demás elfos. Al principio Eragon se sentía como un tonto por no saber bailar como los demás. Miró a Saphira que lo seguía detenidamente con sus ojos de zafiro.

-Estoy haciendo el ridículo- dijo Eragon

-No te preocupes, disfruta la velada- le respondió Saphira. Y luego se le escapó una risita burlona.

Aymie parecía que entendía como él se sentía. Agarró una de sus manos y lo empezó a mover, le daba vueltas, lo movía de un lado hacía el otro. Eragon empezó agarrar el ritmo de la canción y se sintió más vivo. Poco a poco empezó a bailar sin la ayuda de Aymie. Sus movimientos pasaron de rígidos y estáticos a ser fluidos y elegantes. Se divirtió tanto aquella noche bailando y cantando con Aymie, que deseaba que el tiempo no avanzara más.

Eragon se le había perdido la noción del tiempo, sus pies le dolían y su cuerpo estaba cansado. Pero eso no le importaba, lo único que quería hacer era estar junto a Aymie, bailar y seguir escuchando aquella música tan hermosa.

A lo lejos unos finos rayos de sol empezaron a filtrarse por los árboles. Ya estaba amaneciendo! Eragon había bailado toda la noche sin detenerse. Cuando ya todo se había iluminado. Los elfos apagaron la fogata, pararon de bailar y de cantar. Todos se veían felices y llenos de vida.

-Qué te ha parecido?- le dijo Aymie cuando estaban recogiendo todo.

-Muy bien- Eragon no podía hablar de la emoción que tenía- ha sido increíble.

-Si- Aymie rió- Bueno, creo que ya es hora de irnos, estas cansado?- la pregunta sorprendió a Eragon, en condiciones normales estaría muerto del cansancio, pero en esos momentos estaba tan despierto, el sueño y el cansancio habían desaparecido.

-No, no lo estoy- Aymie se dio la vuelta. Blasse y Saphira se acercaron lentamente.

-Ya nos vamos?- preguntó Saphira

-Están cansadas? Pueden seguir volando un día más?- les pregunto Aymie

-Si, dormimos un buen tiempo, y ustedes no están cansados?- dijo Blasse. La pregunta iba cargada de asombro.

-No- dijo finalmente Eragon.

-Entonces que no se hable más y vamonos- dijo Aymie. Lifaen y Narí se acercaron.

-Cuándo piensan dejar Ceris?- pregunto campante Narí

-Queremos irnos en esta mañana- dijo Aymie.

-Qué?-la cara de Lifaen se entristeció- acaban de llegar…

-Si, pero la reina nos espera, debemos llegar lo más pronto posible a Ellesméra…

-Comprendemos- dijo Narí- necesitan provisiones o guardias?

-No, traemos todo lo necesario, gracias- dijo Aymie amablemente. Se despidieron de los elfos y siguieron su camino hacia la capital de los elfos. Ellesméra.

Eragon se había perdido, no sabía para donde era el norte. Sin la ayuda de Aymie se hubieran perdido en ese mar verde que tenían debajo. Volaron todo un día y al anochecer aterrizaron con dificultad entre los árboles. Estos ya eran más altos y anchos. Eso quería decir que Ellesméra no estaba lejos. Acamparon y comieron. Eragon estaba sorprendido, todavía no tenía ni pizca de cansancio.

-Cuánto falta para Ellesméra?- pregunto Blasse impaciente

-Si no me equivocó estaremos mañana en la mañana- dijo Aymie feliz- te ha gustado Ceris?

-Claro, me ha sorprendido. Los elfos son unas criaturas sin igual, sus canciones y su modo de bailar…- la voz de la dragona esta llena de gozo- es mejor de cómo me la imaginaba

-Me alegra que te haya gustado… Ellesméra te fascinará.

-Me muero de ganas conocerla, y conocer a tu familia- dijo Blasse

-Te amarán!- dijo Aymie y abrazó el cuello de la dragona, aunque con cuidado para no enterrarse las puntas puntiagudas que tenía.

Aymie se quedó observando a Eragon tender sus mantas. Seguía cuidadosamente cada movimiento del muchacho con sus ojos verdes, no se perdía ningún detalle.

Eragon sintió algo en su espalda. Volteó sin pensarlo mucho. Se encontró con la mirada fija de Aymie. Sonrió sin pensarlo. Empezó a sentir que su sangre subía hacia su cabeza.

Aymie observó a Eragon de pies a cabeza, de pronto el joven volteó. Ella no pudo desviar su mirada. En unos pocos segundos sus dos miradas se entrelazaron. Aymie se sentía a gusto al estarlo mirando. De pronto los ojos azules de Eragon empezaron a cambiar a unos castaños. Su cabello castaño claro empezó a cambiar a un negro demasiado conocido por ella. Aymie se asustó y cerró su mente ante esos cambios. No puede ser… calma… de nuevo era atormentada por sus vividos recuerdos. Aymie se volteó y miró hacia la 

hierba que crecía en el suelo. Varias lágrimas brotaron de sus ojos. Aymie se durmió muy rápido para escapar de los recuerdos.

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Murtagh veía sin interés a Iden hojeando un gran libro. Sus hojas estaban amarillentas y muy a menudo el Sombra las tenía que despegar unas de otras.

La razón de que él estuviese ahí, era por que el Rey Galbatorix se lo había ordenado. El Sombra le daría lecciones, aunque él no sabía a que tipo de lecciones el rey se refería. Hasta ese momento sólo había recibido comentarios groseros e irrespetuosos del Sombra, además de que lo torturaba, ordenándole que le causase un mal a alguna persona.

Se sentía solo, ya que Espina estaba en el calabozo de la gran torre de Gil´ead, donde era la residencia del Sombra, día noche estaba encerrado. Aunque tenían un lazo mental fuerte, eran pocas veces que dejaban que él visitará a Espina. Al principio se había enojado con Iden y se había ido a quejar con el Rey. Una sensata estupidez de su parte, cómo pudo haber pensado que el Rey se preocuparía por el bienestar de él y su dragón? Por hacer ello el Rey le había bajado el tiempo de visita de Espina. Sería fácil que el poderoso dragón saliese de aquel encierro pero, el mismo Rey había hecho que los dos jurarán que no escaparían, si lo intentaban, lo pagaban caro.

Había un estante con cosas extrañas para la vista de Murtagh, se empezó a pasear por el estante, observando y calificando. Frascos de todos los tamaños y formas que se pudieran imaginar, todos con una densa capa de polvo. El contenido de estos era también muy variado. Había insectos en jugos, entrañas de humanos y animales por igual. Líquidos de diferentes colores y densidades. Al último encontró una botella con un líquido púrpura. Este a diferencia de los demás frascos, no tenía la capa de polvo. Lo tomó y lo abrió. Movió el líquido de un lado a otro, era muy denso. Se lo acercó a la nariz, un olor nauseabundo y de podrido lo azotó. Lo tapó de nuevo y lo dejó donde lo había tomado. Se volteó para ver si Iden había notado su acción. Se topó con unos ojos negros.

-Menuda estupidez lo que haz hecho…- lo regañó- creía que eras más inteligente…

-Cuida tus palabras- le advirtió altivamente Murtagh. El Sombra se levantó de su silla y empezó a acercarse a él. El chico empuñó a Zar´roc instintivamente. El Sombra de dio una vuelta y tomó un frasco con un líquido verde que estaba junto al frasco que Murtagh había dejado minutos atrás.

-Mira…- le enseño el Sombra

-Qué es?- preguntó Murtagh.

-Es… Andlát thiste…- Murtagh se quedó pensando en esas palabras. Andlát la conocía, significaba muerte… pero thiste, esa no le sonaba.

-Andlát, significa muerte y thiste, significa fugaz…- Explicó el Sombra- Este veneno se llama Muerte fugaz…

-Y por qué ese nombre?- se interesó el chico.

-Porque…- Iden avanzó hacia la ventana donde tenía una flor, que estaba mal cuidada. Al chico le sorprendió que un monstruo como Iden tuviera algo vivo en su estudio. Abrió el frasco junto a la flor. Un humo verde salió del frasco, al instante al flor se marchito y quedó reducida a cenizas. Murtagh entendió el significado del nombre. Iden tapó el frasco y lo guardó- Si hubieras abierto este frasco como aquel- apuntó al frasco púrpura- ya no estarías aquí- Murtagh sabía aunque no le gustará que le Sombra tenía la razón. No sabia exactamente que extrañas pociones poseyera el Sombra, debía ser cauteloso.

-Gracias por tus enseñanzas- y torció la boca como si lo que acababa de decir le produjera un mal sabor en la boca, y así era. Iden miró a Murtagh satisfecho- Qué es ese líquido púrpura?

-Eso es… lo que nos ayudará a deshacernos de la elfa- y soltó una risa malévola.

Murtagh se estremeció al oír esas carcajadas. Quería capturar a al elfa, pero no la quería muerta. Había pasado tiempo perdido en su mágica y exótica belleza, por ningún motivo quería que dejara de existir. Pensar en ella era lo único que lo sacaba de la tristeza de no tener a Espina cerca.

-Me puedo retirar?

-Si, mañana iremos a Helgrind- A Murtagh le desagrado aquella palabra, Helgrind que era la madriguera de los Ra´zac- para qué?

-Tenemos que ir para ver a un rehén…- se volteó y miró al cielo que se oscurecía. El chico iba a protestar- Ya te puedes ir…

-Puedo comunicarle esto a Espina?- Murtagh quiso ocultar su desesperación por ver a su dragón.

-Si, pero que sea rápido- y se sentó a escudriñar de nuevo el libro.

Murtagh casi salió corriendo de la habitación. Bajó corriendo las escaleras. Jadeando llegó a los calabozo. Ahí echado sobre paja estaba su gran dragón rojo, durmiendo inocentemente. Estaba en un espacio reducido que solo podía pararse y dar un paso hacia delante y otro hacia atrás. Miró el tazón de Espina. Tenía restos de sangre, pero parecía que hacia bastante que no lo alimentaban bien. Pasó su delicada mirada sobre el dragón. Se le podían ver un poco las costillas, sus escamas no brillaban tanto como antes, se veía cansado y agobiado. Se hincó enfrente de él sin despertarlo. Agarró fuertemente uno de los barrotes que los separaban. Una lágrima rodó por su mejilla y cayó en el piso, como todas las veces que lo visitaba. El dolor de ver a su majestuoso compañero, es más su otra mitad en esas condiciones hacía trisas su corazón. Espina abrió uno de sus grandes ojos y alzó la cabeza adormilado. Murtagh se limpió rápidamente la lágrima. Los ojos compasivos de Espina lo miraron. Auque no estaban enlazados mentalmente, Espina sabía exactamente como Murtagh se sentía.

-Calma, pronto saldremos de esto…- lo reconfortó

-Cómo puedes aguantar esta humillación?- dijo Murtagh enojado

-La aguanto porque sé que cuando esta guerra se acabe, el primero que va a pagar esto será Galbatorix!- gruñó Espina- Tal vez nos tiene como perros falderos, pero pronto eso acabará!- dijo decidido. Aquellas palabras de un cierto modo ayudaban a Murtagh a no darse por vencido- Cómo te ha ido?

-Igual que siempre… y a ti? Te han alimentado?

-Hace cinco días que no he comido…- Murtagh se le erizó los cabellos de la nuca, cómo era posible que Galbatorix tratara tan mal a un dragón? No quería imaginarse como debía de tratar a Skuikam, su negro dragón.

-Le diré a Iden, tal vez se apiade de nosotros y te de algo que comer…

-Y te ha dejado bajar?

-Si, mañana iremos a Helgrid… a ver a un rehén…

-Qué bien, así podré salir de esta jaula!- el regocijo de Espina se notaba en su voz.

-Si, saldremos de nuestra prisión…- metió sus brazos entre los barrotes de hierro y abrazó a Espina. Un guardia abrió la puerta del calabozo.

-Iden ha ordenado que regreses a tus aposentos…- Murtagh miró con tristeza a Espina que estaba entre sus brazos, tardaron un poco en separarse y Murtagh subió las escaleras. Empezó a ir al estudio de Iden. Tocó la puerta y la rasposa voz del Sombra contestó.

-Pasa…- se sorprendió de ver a Murtagh- Qué haces aquí?- dijo molesto.

-Se trata de Espina…- dijo tímidamente, tenía que escoger las palabras correctas para que el Sombra accediera.

-Qué tiene?- dijo fastidiado del muchacho.

-No ha comido durante cinco días, esta débil…- Iden miro a Murtagh. Se levantó despacio y se plantó enfrente de él. El joven sintió su apestoso aliento. El Sombra lo examinó por un largo tiempo, hasta que grito.

-Guardia!- un guardia entró a la habitación torpemente- denle de comer al dragón! Y que sea abundantemente!- el guardia asintió y trasmitió la orden- Estás satisfecho?- dijo con sarcasmo.

-Gracias- y el chico se fue a sus aposentos.

Murtagh se acostó en su cama. Miró el papel tapiz que se desprendía de las paredes. A sus lados tenía dos mesitas de noche, empolvadas y astilladas. Enfrente tenía un ropero viejo donde tenía guardadas sus pocas pertenencias. Desenfundó a Zar´roc, miró con extremo cuidado cada centímetro de su espada. Esa espada era fiera y sedienta de sangre. Un escalofrío le pasó por el espinazo, esto hizo que se encogiera. El recuerdo vago de cómo la había conseguido le llegó a la mente. Se preguntaba como había tomado Eragon la noticia que eran hermanos. Guardó la espada y la colocó a los pies de la cama. Miró el techo de nuevo.

Una nueva pregunta lo azotó. Para qué tenían que ver al rehén? Los Ra´zac nunca tenían rehenes, eso significaba que era alguien importante. Se preguntó de quien se trataría. Podría ser un comandante de los Vardenos o algo parecido. Sintió a Espina aproximarse a él.

-Ya te han dado de comer?- preguntó abriendo su enlace mental.

-Si, me estoy dando un banquete a comparación de estas últimas veces…- dijo el dragón. Murtagh sintió que Espina estaba mordiendo un gran muslo de res.

-Me alegro por ti- dejó escapar una leve sonrisa- Espina, por qué los Ra´zac tienen un rehén?- El dragón se tomó tiempo en responder.

-No es su costumbre tener rehenes, ellos matan con alegría… debe de ser alguien importante, o alguien para sacarle recuerdos…

-De quién?

-Eso no lo sé, puede ser de los elfos, de los Vardenos, de Orrin, de Eragon… es muy variado, el Imperio tiene muchos enemigos- dijo y mordió el otro muslo que tenía entre las zarpas.

-Creo que eso lo descubriremos mañana… sigue disfrutando tu comida, buenas noches- dijo y se sacó la camiseta.

-Buenas noches…- Murtagh se quedó dormido rápidamente.

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Auque no le agradará el cuidar al dragón de aquel joven, Iden sabía que debía de estar sano, ya que ellos eran grandes armas contra los Vardenos y que los necesitaban. Con el hecho que los úrgalos hubieran unido sus fuerzas a los Vardenos no se podía dar el lujo de que su arma estuviera en malas condiciones. Sin más miramientos se adentró de nuevo a su libro.

Su plan estaba marchando como lo había planeado, pero había una parte que todavía no estaba bien acabada. Se mantenía leyendo el libro por que todavía una parte de veneno no la entendía. Frustrado aventó el libro. El libro fue escrito en una época muy lejana, y algunos símbolos le eran difíciles de interpretar. Malhumorado tomó el libro y lo siguió estudiando.

-- F I N --